El Blog de AMADUMA
04 agosto 2026
¿POR QUÉ ESTÁ DE MODA EL MAGNESIO?
Artículo
de Maria Izquierdo-Pulido,
Catedrática del Departamento de Nutrición, Ciencias de la Alimentación y
Gastronomía, Universitat de Barcelona,
Isabella Parilli Moser, Profesora lectora e investigadora del Departamento
de Enfermería Fundamental y Clínica, Universitat de Barcelona y Maria Fernanda Zeron Rugerio, Profesora
Lectora del Departamento de Enfermeria Fundamental y Clínica. Facultad de
Enfiermeria. Universidad de Barcelona, Universitat de Barcelona. Publicado en
la revista digital The Conversation.
El magnesio se ha convertido en uno de los suplementos estrella.
Las motivaciones para consumirlo son múltiples: dormir mejor, reducir el
estrés, evitar calambres, tener más energía o prevenir carencias. Las redes
sociales han amplificado su popularidad y muchas personas lo toman con la idea
de que es una solución sencilla para sentirse mejor. El problema es que a
menudo se confunden funciones fisiológicas reales con beneficios clínicos que,
en personas sanas, están poco demostrados.
Pero ¿qué dice realmente la ciencia?
Un suplemento no mejora
una dieta pobre
El magnesio es un mineral esencial. Participa en centenares de reacciones enzimáticas y es necesario
para el metabolismo energético, la función muscular y nerviosa, la síntesis de
proteínas, el mantenimiento de los huesos y el equilibrio electrolítico.
Una ingesta insuficiente puede asociarse a fatiga, debilidad o
alteraciones neuromusculares. Pero una cosa es que el magnesio sea
imprescindible y otra muy diferente es que suplementarlo resulte útil para todo
el mundo. En nutrición, más no siempre quiere decir mejor. De hecho, el beneficio
de un suplemento, ya sean vitaminas o minerales, es claro cuando hay un
déficit; en cambio, el efecto es mucho menos evidente cuando las necesidades ya
se cubren con la alimentación.
Las mejores fuentes dietéticas de magnesio son los cereales
integrales, las verduras de hoja verde, las legumbres, los frutos secos, las
semillas y el cacao puro. En muchas personas, incorporar más de estos alimentos
tendría más sentido que añadir una cápsula. Un suplemento no mejora una dieta
pobre: la sustituye de manera ilusoria. Confiar en que una píldora compensará
lo que no comemos es engañarse a uno mismo. Y una idea que, por desgracia,
resulta muy rentable para quien la vende.
En la Unión Europea hay alegaciones de salud autorizadas para el magnesio: que contribuye a reducir el cansancio, al metabolismo energético
normal y a la función muscular y nerviosa. Son declaraciones ciertas en sentido
fisiológico, pero no significan que un suplemento de magnesio actúe como un
energizante o relajante universal. Indican, simplemente, que el organismo
necesita este mineral para funcionar bien.
Promesas del magnesio
versus qué dice la ciencia
También se ha popularizado la idea de que cada problema requiere
una forma concreta de magnesio: citrato para el estreñimiento, bisglicinato
para el sueño, malato para el cansancio, treonato para el cerebro.
Es cierto que
las distintas sales varían en su absorción y tolerancia digestiva, pero
demostrar que una sal concreta es clínicamente superior para dormir o para
reducir el estrés en personas sanas es otro tema. Este “recetario de sales” es
hoy más una estrategia de marketing que
una conclusión científica.
La ciencia matiza cada una de estas promesas. El sueño es uno de
los reclamos más populares: el magnesio interviene en la excitabilidad
neuromuscular y en procesos de relajación, lo que le proporciona una base
biológica plausible.
Aun así, la evidencia clínica es bastante limitada: un ensayo clínico reciente en
adultos con mala calidad del sueño apunta a una reducción modesta del tiempo
necesario para conciliar el sueño. No obstante, hacen falta más estudios
clínicos, con muestras más amplias y medidas objetivas del sueño, antes de
poder afirmar con solidez que el magnesio mejora la calidad del descanso. De
hecho, la Unión Europea no tiene aprobada ninguna declaración de propiedades
saludables que relacione este mineral con la mejora del sueño.
Con los calambres musculares para algo parecido. Las revisiones disponibles no
muestran un beneficio claro en personas que los experimentan de forma habitual,
y la idea de que “el magnesio elimina los calambres” es demasiado simplista.
En cuanto a la energía, el organismo no funciona como un depósito
que se llena indefinidamente: si las necesidades ya están cubiertas, añadir más
magnesio no produce más energía. El beneficio esperable es corregir una
deficiencia, no convertir un mineral en un estimulante.
Tampoco es inocuo en
cualquier cantidad
Lo que obtenemos de los alimentos rara vez causa problemas,
pero los suplementos en dosis altas, en cambio, pueden provocar diarrea, náuseas y dolor abdominal.
En personas con enfermedad renal o que toman determinados
medicamentos el riesgo es mayor. Además, puede interferir con algunos
antibióticos y fármacos para la osteoporosis si se toman al mismo tiempo.
Todo junto invita a una reflexión más amplia. En una población
sana, la mayoría de complementos alimentarios no son necesarios si la dieta es suficiente, completa y equilibrada. Algunos pueden ser útiles en situaciones concretas –déficits diagnosticados,
necesidades aumentadas o indicaciones clínicas–, pero eso no justifica su uso
generalizado.
El problema no es solo el producto, sino también el mensaje que lo
acompaña. La idea de que una cápsula puede compensar la falta de sueño, el
estrés crónico o unos hábitos poco saludables resulta muy atractiva desde el
punto de vista comercial, pero responde más a intereses de mercado que a
necesidades reales de salud pública.
El magnesio no es una moda sin fundamento: es un nutriente
esencial con funciones muy importantes. La pregunta no debería ser “¿qué
suplemento me falta?”, sino “¿realmente lo necesito o simplemente me lo han
vendido bien?”. La mejor recomendación sigue siendo la que parece “menos
atractiva”, pero también la más sólida: primero, los alimentos y, solo cuando
sea necesario, una suplementación bien indicada por un profesional sanitario.
01 agosto 2026
UN POEMA PARA EL SÁBADO: JOSÉ ÁNGEL VALENTE
El adiós
|
Entró y se inclinó hasta besarla
porque de ella recibía la fuerza. (La mujer lo miraba sin respuesta) Había un espejo humedecido que
imitaba la vida vagamente. Se apretó la corbata, el corazón, sorbió un café
desvanecido y turbio, explicó sus proyectos para hoy, sus sueños para ayer y
sus deseos para nunca jamás (Ella lo contemplaba silenciosa) Habló de nuevo. Recordó la lucha
de tantos días y el amor pasado. La vida es algo inesperado, dijo. (Más frágiles que nunca las
palabras.) Al fin calló con el silencio de
ella, se acercó hasta sus labios y lloró simplemente sobre aquellos labios ya
para siempre sin respuesta. |
José Ángel Valente es un poeta español representativo
de la poesía social de la década de 1950. Nació en Ourense el 25 de abril de
1929 y murió en Ginebra el 18 de julio de 2000.
Estudió Derecho en la Universidad de Santiago de
Compostela y obtuvo la licenciatura de Filología Románica en la Complutense de
Madrid. Dio clases en la Universidad de Oxford y en Ginebra ejerce de traductor
de organizaciones internacionales; posteriormente trabajará en París en la sede
de la UNESCO. En sus últimos años alternará su residencia suiza con la
española, y recibe múltiples distinciones como el Premio Príncipe de
Asturias de las Letras o el Premio Nacional de Poesía.
Cultivador
de la más rigurosa prosa poética y narrativa, su primera obra de este
género, Número trece (1971), fue secuestrada por la censura
franquista y le ocasionó un auto de procesamiento, pero pudo ser parcialmente
reunida en El fin de la Edad de Plata (1973), ciclo
complementado más adelante con Nueve enunciaciones (1982).
El
reconocimiento crítico de la obra en verso y en prosa de José Ángel Valente fue
inmediato y perdurable, aunque no siempre estuvo a la altura de su calidad
literaria. Su primer libro, A modo de esperanza, obtuvo
el Premio Adonais, mientras que el segundo, Poemas a Lázaro,
recibió el Premio de la Crítica, galardón que volvería a obtener en
1980 con Tres lecciones de tinieblas. Ocho años más tarde recibiría
el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
31 julio 2026
DE UN LIBRO PARA EL SÁBADO: SANDOR MARAI
El general se
entretuvo casi toda la mañana en la bodega del lagar. Había salido al viñedo de
madrugada, junto con el vinatero, para ver qué se podía hacer con dos barriles
de vino que habían empezado a fermentar. Eran las once pasadas cuando
terminaron de embotellar el vino; entonces regresó a la casa. Bajo las columnas
del porche de piedras húmedas que olían a moho le esperaba el montero, para
entregar a su señor una carta que acababa de llegar.
—¿Qué quieres? —le
preguntó, y se detuvo con fastidio. Se echó atrás el sombrero de paja de ala
ancha que le cubría la frente y le oscurecía totalmente la cara rojiza. Hacía
años que no leía ni abría ninguna carta. El correo lo abría, examinaba y
seleccionaba uno de sus sirvientes de confianza, en la oficina del administrador.
—Un recadero acaba de
traerla —dijo el montero, que se mantenía en posición de firme en el porche.
Reconoció la letra, cogió la carta y la
guardó en el bolsillo. Entró en el frescor del vestíbulo y entregó al montero
su sombrero y su bastón, sin musitar palabra. Sacó las gafas del bolsillo donde
guardaba también los puros, se acercó a la ventana y se puso a leer la carta en
la sombra rasgada apenas por algunos rayos que penetraban por las rendijas de
las persianas medio echadas.
—Espera —dijo por
encima del hombro al montero, que se disponía a retirarse con el sombrero y el
bastón.
Arrugó la carta y se la guardó en el
bolsillo.
—Que Kálmán prepare el
coche para las seis. El landó, que va a llover. Que se ponga la librea de gala.
Tú también —añadió con énfasis, como si estuviera enfadado por algo —. Que todo
esté limpio y reluciente. Que empiecen ahora mismo a limpiar el coche y el
aparejo. Te vistes de gala, ¿entendido? Y te sientas al lado de Kálmán, en el
pescante.
—Entendido, excelencia
—respondió el montero, mirando a su amo fijamente a los ojos—. A las seis en
punto.
—A las seis y media os
vais —dijo, moviendo a continuación los labios en silencio, como si estuviera
contando—. Os presentáis en el Hotel del Águila Blanca. Solo tienes que decir
que te he enviado yo y que ya está dispuesto el coche del capitán. Repítelo.
El montero repitió las instrucciones.
Entonces el general levantó una mano y miró al techo, como si quisiera añadir
algo más. No dijo nada y subió al primer piso. El montero, firme, lo observó
con ojos vidriosos, lo siguió con la mirada y esperó a que la cuadrada figura
de anchas espaldas desapareciera por el recodo de la escalera de piedra del
primer piso.
El general entró en su habitación, se
lavó las manos y se acercó al pupitre alto y estrecho, cubierto de paño verde,
salpicado de manchas de tinta, donde había cortaplumas, tinteros y cuadernos
con tapas de hule a cuadros, como los que utilizaban los colegiales para hacer
los deberes, todos guardados con un orden milimétrico. En el centro del pupitre
había una lámpara de pantalla verde y la encendió porque la habitación estaba a
oscuras. Detrás de las persianas echadas, el verano quemaba el jardín lleno de
plantas secas y de hojas arrugadas, como un pirómano colérico que incendiara
toda la vegetación antes de desaparecer. El general sacó la carta del bolsillo,
alisó el papel con gran cuidado y, con las gafas caladas, volvió a leer las
frases cortas y rectas, escritas con letra fina, a la luz resplandeciente de la
lámpara. Juntó las manos por detrás mientras leía.
En una pared había un almanaque de
números enormes. Catorce de agosto. El general echó la cabeza hacia atrás, para
contar. Catorce de agosto. Dos de julio. Contaba el tiempo transcurrido entre
una fecha remota y aquel día. Cuarenta y un años, dijo en voz alta. Hacía rato
que hablaba en voz alta, aunque estaba solo en la habitación. Cuarenta y un
años, repitió después, un tanto confundido. Como un niño que se enreda por lo difícil de los deberes,
se puso colorado, echó la cabeza atrás y cerró los ojos humedecidos. Por encima
de la chaquetilla amarilla como el maíz tenía el cuello hinchado y rojo. Dos de
julio de mil ochocientos noventa y nueve, la fecha de aquella cacería, musitó.
Luego guardó silencio. Apoyó los codos en el pupitre, con preocupación, como si
fuera un colegial aplicado, volvió a mirar el texto de la carta, aquellas pocas
líneas. Cuarenta y uno, dijo al final, con voz ronca. Y cuarenta y tres días.
Eso era. (…)
En esta magistral novela, Sándor Márai plantea la búsqueda de la verdad
como fuerza liberadora, como soporte ético imprescindible para sobrellevar el
peso de una vida.
Sándor
Márai nació el 11 de
abril de 1900 en Kassa, una pequeña ciudad húngara que hoy pertenece a
Eslovaquia. Abandonó sus estudios de derecho para dedicarse al periodismo y la
literatura. En los años veinte residió en ciudades como Leipzig, Fráncfort,
Berlín y París. Fue en esta época cuando se decantó por escribir en húngaro, su
lengua materna. Tras regresar a Hungría en 1928, publicó obras clave como "Los rebeldes" (1930) y "Confesiones de un burgués" (1934), alcanzando gran popularidad.
Fue un firme opositor tanto al nazismo como al
posterior régimen comunista. Márai abandonó su país definitivamente en 1948.
Tras vivir en Italia y Suiza, se radicó en Estados Unidos (San Diego,
California). La subsiguiente prohibición de su obra en Hungría hizo caer en el
olvido a quién en ese momento estaba considerado uno de los escritores más
importantes de la literatura centroeuropea. Después de varias décadas, hasta el
ocaso del comunismo, este extraordinario escritor fue redescubierto en su país
y en el mundo entero. Sándor Márai se quitó la vida en 1989 en San Diego,
California, después de varias tragedias familiares y pocos meses antes de la
caída del muro de Berlín.
Otros títulos publicados: La Herencia de Eszter, Divorcio en Buda, La
Amante de Bolzano, La Mujer Justa, La Hermana, La Extraña, La Gaviota,
Liberación, Tierra, tierra, Diarios 1984-1989.
Amaduma
28 julio 2026
¿SIRVE DE ALGO REFLEXIONAR?
¡Qué pereza, Dios mío, ¡qué pereza! Una
quiere cavilar sobre las cosas que pasan y que nos inquietan (corrupción,
polarización, casos judiciales que nos mantienen asombrados y desolados), y
ahora, hoy, hay que añadir a nuestras preocupaciones estos incendios
devastadores de última generación que arrasan con la naturaleza, los bienes de
las personas y hasta las vidas humanas, como ocurrió en nuestra Comunidad en
fechas recientes. Y con sinceridad, ya no sabes si enfrentarte al ordenador
para comentarlos o meter la cabeza en un cubo de agua muy fría y que las ideas
se paralicen y el cabreo monumental
que a una le domina baje de grados. (El
baño en agua fría es un sistema que apliqué en contadas ocasiones cuando
mis hijos tenían fiebre muy alta y el dalsy
no lograba controlarla). Y resultaba efectivo.
Los
incendios se apagan en invierno.
Frase lapidaria pronunciada por alguno de los responsables que en su día estaban
obligados a cumplirla. Y, además, dicha sin ningún rubor. Siempre los otros son los culpables.
Y
uno se pregunta ¿cómo es posible? Hemos tenido un invierno y primavera de
lluvias muy abundantes y los bosques, el campo y los caminos se han llenado de
maleza. ¿Nadie ha previsto que esos
matorrales se secan con el calor y se convierten en yesca hambrienta de recibir
la más mínima chispa para convertirse
en llama? Y la terrible experiencia del pasado verano ¿tampoco nos sirve?
El
alegato perfecto para encontrar un
culpable a esta situación es el cambio climático. Y lo manosean y lo repiten
los responsables políticos hasta la saciedad. Y es cierto. Hemos abusado del
planeta y está enfadado con nosotros y lo demuestra a la menor ocasión. Las
frecuentes danas que hemos sufrido últimamente son la confirmación de ello.
Pero
¿es el único responsable? ¿Y los ecologistas de salón que dificultan cualquier
labor para regular ríos y barrancos, limpieza de montes y otras acciones que
ayudarían a evitar ciertas catástrofes que ahora nos asolan?
La
naturaleza es sagrada. De acuerdo. Pues ayudemos a mantenerla y
respetarla con inteligencia y sentido común.
MAYTE TUDEA
DORMIR BIEN PARA ENVEJECER MEJOR
Artículo
de Paula Núñez, Profesora de
Fisiología, Universidad de Oviedo. Publicado en la revista digital The
Conversation.
Dormir bien es fundamental para mantener una buena salud y resulta
especialmente importante en las personas mayores. Mantener un ritmo de vida
matutino puede favorecer la movilidad en la vejez, siempre que vaya acompañado
de una vida activa. Sin embargo, factores como la contaminación lumínica o el
uso de somníferos pueden dificultar un descanso verdaderamente reparador.
En un estudio reciente con 151
personas de entre 62 y 92 años, todas ellas estudiantes del Programa
Universitario para Mayores de la Universidad de Oviedo (PUMUO), observamos que incluso en personas físicamente activas, con una
intensa vida social y altas puntuaciones en pruebas cognitivas, los ritmos
biológicos internos siguen desempeñando un papel determinante en la salud.
En concreto, los sujetos del estudio encarnaban el perfil del
envejecimiento activo, realizaban ejercicio físico regular –como caminar,
gimnasia de mantenimiento o pilates– y obtenían puntuaciones excelentes en
todas las pruebas físicas y cognitivas.
En los test de movilidad, sus medias
se situaron en el rango de “bajo riesgo de caídas”, lo que indica una agilidad
envidiable. De igual forma, en los test
cognitivos sus resultados rozaron el máximo de
la escala, lo que demuestra una lucidez y una capacidad mental sobresalientes.
Pero a pesar del envidiable nivel de actividad de los
participantes, el sueño seguía siendo el gran talón de Aquiles para muchos de
ellos.
¿Alondras o búhos?
Todos conocemos a alguien que salta de la cama con energía al
amanecer (llamados “alondras”) y a quien rinde mejor cuando cae el sol (los
“búhos”). Esta preferencia natural se llama cronotipo y no es un simple hábito: es la predisposición biológica de
nuestro cuerpo para estar alerta o descansar a determinadas horas del día.
Es muy común que, con el paso de los años, las personas
experimenten un avance de fase. Esto significa que nuestro reloj biológico se
adelanta, empezamos a sentir sueño antes por la noche y nos despertamos de
forma natural de madrugada.
Por este motivo, los resultados con nuestros participantes fueron
los esperables: casi la mitad de ellos eran del tipo matutino. Lo más revelador es que estas personas demostraron un equilibrio
y una movilidad superiores a los de perfil vespertino. Los búhos del grupo
obtuvieron puntuaciones satisfactorias, pero más bajas en las pruebas de
estabilidad.
Esto sugiere que vivir en sintonía con la luz natural favorece una
mejor coordinación motora. En las personas mayores, ese pequeño margen de
estabilidad puede ser clave para prevenir caídas.
El sueño no es igual
para todos
Dormir bien no es solo un placer: es el “taller” de reparación de
nuestro organismo. Durante la noche, el cerebro se limpia de toxinas y los
músculos se regeneran para mantenernos ágiles. Sin embargo, este proceso no se
desarrolla de la misma manera en todas las personas.
Uno de los hallazgos más llamativos es que las mujeres presentan
peor calidad de sueño que los hombres, con más despertares nocturnos asociados,
por ejemplo, a dolores físicos o sofocos. Además, se identificaron dos grandes
enemigos del descanso:
1. La luz nocturna. Dormir con
claridad en la habitación o usar dispositivos electrónicos antes de acostarse
empeora drásticamente la calidad del sueño. Un descanso reparador debe ser
ininterrumpido y profundo, permitiendo que el cuerpo complete sus ciclos
naturales. Si hay luz, el sueño se vuelve ligero y fragmentado, lo que provoca
que nos despertemos con una sensación de agotamiento, como si no hubiéramos
descansado.
2. Los fármacos para dormir. El uso de
esta medicación se asocia con un menor rendimiento cognitivo. En términos
sencillos, estas pastillas podrían estar nublando la agilidad mental y la
memoria de quienes las consumen. Por ello es fundamental que cualquier ajuste o
cambio en la medicación se realice siempre bajo supervisión médica.
Claves para un
envejecimiento activo
Para que nuestro cuerpo sepa que es hora de dormir, necesitamos
mantener una “higiene de luz” un par
de horas antes de acostarnos. Lo ideal es usar luces tenues y cálidas en casa y
evitar las pantallas de móviles y tablets. En caso de despertarnos a medianoche
es importante mantenernos a oscuras lo máximo posible. Esto ayuda a que el
cerebro fabrique melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño y
facilita el descanso.
En el caso de los adultos mayores, las guías médicas son
claras: las pastillas para dormir deben ser la última opción. Si se usan, debe
ser por periodos breves y a dosis muy bajas. Lo más recomendable es apostar por
estrategias naturales, como rutinas fijas y terapia especializada, que ataquen
la raíz del insomnio sin generar dependencia.
Sin duda, para valernos por nosotros mismos -incluso a edades
avanzadas- no basta con estudiar y mantenernos activos: también hay que
escuchar al reloj biológico y cuidar la calidad del sueño.
25 julio 2026
UN POEMA PARA EL SÁBADO: CONCHA MÉNDEZ
Los brazos que te han llevado…
Los brazos que te han llevado,
no te dejan escapar
para volver a mi lado.
Nos separa un ancho mar
de difíciles tormentas,
y náufrago has de llegar,
si es que vuelves a mi puerta,
para quererte salvar.
Brazos que te sujetaron
para alejarte de mí,
¡a mí sí que me salvaron!…
Cuando ya no sepa de ti
¡qué bien estaré en la vida!,
cuando ya no sepa de ti.
Cuando no vuelvas a verme
y mis horas sean mías
y yo vuelva a ser quien era
lejos de tu compañía:
Cuando no te vean mis ojos,
¡qué bien me sabrá la vida!
No faltará quien se alegre…
Unos, porque no me quieran,
y alguna porque me quiere…
Tan sola no me has dejado,
que estoy conmigo y me basta
-igual que siempre lo he estado…
Concha Méndez nació el 27 de julio de 1898 en España y
falleció en México en diciembre de 1986. Es una de las voces femeninas más
importantes de la llamada Generación del 27 y además, una mujer con
las ideas claras y muchos deseos de vivir libremente.
En
su obra se nota una gran influencia de sus amistades de entonces, Luis Cernuda,
Rafael Alberti y Federico García Lorca, y fue a través de esas relaciones que
se atrevió a publicar su primera obra, "Inquietudes", y
más tarde "Canciones de mar y tierra". Estuvo casada con
el poeta malagueño Manuel Altolaguirre con quien creó la editorial La Verónica,
que publicó la revista Héroe, en la que colaboraron importantes
intelectuales de esa época, tales como Miguel de Unamuno y Juan Ramón Jiménez.
Con el estallido de la Guerra Civil debió exiliarse, pero no dejó de participar
de la poesía.de su
tierra.
La
segunda etapa de su obra está marcada por su matrimonio, su maternidad, el
exilio y su posterior separación matrimonial. «Vida a vida», «Niño
y sombras» y «Lluvias enlazadas», son los tres poemarios
que forman parte de esta etapa.
En 1944 se radicó en
México hasta su fallecimiento.

