22 agosto 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: FABIO MORÁBITO

 

A tientas

Cada libro que escribo
me envejece,
me vuelve un descreído.
Escribo en contra
de mis pensamientos
y en contra del ruido
de mis hábitos.
Con cada libro
pago un viaje
que no hice.
En cada página que acabo
cumplo con un acuerdo,
me digo adiós
desde lo más recóndito,
pero sin alcanzar a ir muy lejos.
Escribo para no quedar
en medio de mi carne,
para que no me tiente el centro,
para rodear y resistir,
escribo para hacerme a un lado,
pero sin alcanzar a desprenderme.

 

De "De lunes todo el año" 1992

 

Fabio Morábito es un poeta, narrador y ensayista nacido en Alejandría, Egipto, en 1955. De padres italianos, vivió su infancia en Milán. A los quince años se trasladó a México, donde vive desde entonces. A pesar de ser su lengua materna el italiano, ha escrito toda su obra en español. Ha publicado fundamentalmente poesía y cuentos.

Su estilo se destaca por tener como tema recurrente lo cotidiano, lo explora de una manera original para permitir al lector nuevas formas.  

Entre sus libros de poemas podemos señalar Lotes baldíos (Premio Carlos Pellicer, 1985), De lunes todo el año (Premio Aguascalientes, 1992), Alguien de lava (2002), Delante de un prado una vaca (2011), A cada cual su cielo (2021) o Canción segunda ( 2024)

También se han publicado antologías de su obra como Un náufrago jamás se seca (2014) o Ventanas encendidas. Antología poética (2012).

 


21 agosto 2026

LA VOLUNTAD, POR FAVOR

 


Somos conscientes de que, a pesar de la crueldad que lleva aparejado el hecho existencial, la suerte o la generosidad del destino no es igual para los seres humanos. Unas personas realizan el camino con más benevolencia que otras. La suerte, qué duda cabe, influye sobremanera. También, por supuesto, es decisiva la voluntad y el esfuerzo personal. Resulta obvio que el sacrificio aportado a un proyecto de vida suele dar mejores resultados que aquéllos que renuncian al sacrificio para alcanzar determinadas metas en sus vidas.

Unos ciudadanos viven bien o extremadamente bien. Otros sufren carencias o lacerantes carencias. Ninguno está contento con lo que tiene. El que mucho posee, sufre por no tener más. El que prácticamente nada tiene, también sufre por poseer algo. Sólo sería más feliz, el que nada necesitase, fundamente en el aspecto material. Son las palabras del sabio: la persona más rica es la que menos necesita.

Partiendo de todas estas premisas, los seres humanos más desfavorecidos en lo material han de aplicar o arbitrar recursos, en ocasiones muy sofisticados, para “ganarse el pan” de cada día. Tenemos abundantes ejemplos a nuestro alrededor. Comentemos algunos, de especial escenificación y dramatismo.

Paseamos por núcleos urbanos de especial intensidad peatonal. Entonces observamos a personas, de muy diferentes edades, disfrazadas de la manera más curiosa o insólita. Mantienen el equilibrio en posturas de extremada dificultad. Sin moverse lo más mínimo. Durante minutos. Durante horas. Muchos viandantes se detienen al ver a estas posturas humanas inmóviles, reflejando sus rostros asombro y admiración. Unos toman fotos. Otros se fotografían junto a estas estatuas humanas contorsionadas. Los menos arrojan algunas monedas al cestillo que antecede al actor la escena. No has caminado muchos pasos, cuando pronto aparece otra de estas figuras inmovilizadas y a veces recubiertas de cremas, tinturas y apliques, bajo un sol de justicia. O con temperaturas ambiente por encima de los treinta grados centígrados.



Vemos también cómo algunos jóvenes están realizando difíciles piruetas en el aire, saltos acrobáticos o manejando objetos (aros de distintos colores, pelotas de goma, sombreros de amplio calado, etc.) con una destreza malabarista asombrosa. La mayoría de estos malabares, artistas de la destreza, aprovechan la parada de los vehículos ante un semáforo en rojo. Antes que los coches reanuden la marcha, dedican unos segundos para pasar el gorro o sombrero, junto a las ventanillas generalmente cerradas, recogiendo las monedas que los conductores, siempre con prisa, tengan a bien regalarles.


Hay en esas vías muy concurridas de público, en el centro de las ciudades, personas que con el atuendo de los payasos de circo entretienen y divierten, durante abundantes minutos, a la chiquillería que permanece sentada formando un círculo a su alrededor. Escenifican escenas jocosas y sencillas, juegos que motivan las sonrisas y las risas de los pequeños, quienes disfrutan del espectáculo junto a sus progenitores que permanecen de pie. Los aplausos por cada escenificación son continuos. La buena voz del actor es necesaria, aunque lo que más hace reír son las mímicas exageradas y los gestos cómicos de estos payasos callejeros (dicho sea, con todo respeto). Al finalizar cada uno de estos “pases” ofrecen el gran sombrero o gorra que cubre sus cabezas para recoger “la voluntad” de los mayores, monedas que tal vez les permita algún alimento para el almuerzo o la cena. 

Entre los artistas callejeros destaca siempre el juglar guitarrista. En ocasiones, junto al “tocador” instrumental va el “cantaor”. Acuden a las terrazas de los bares, cafeterías y restaurantes, entonando melodías muy conocidas o flamencas, predominando el género romántico. Generalmente el guitarrista se suele “defender” en su labor, pero el cantante las más de las veces deja mucho que desear en su actuación. A veces estos cantantes son personas muy mayores, que apenas tienen potencia de voz para que se les escuche, en medio del sonido ambiente. Cuando pasan el gorro o la propia guitarra para solicitar “la voluntad”, las personas generosas comentan en voz baja “a ver si se calla de una vez, porque me está dando la comida con su forma terrible de desafinar”.



En todos los lugares, y de manera especial en las zonas turísticas, nos encontramos numerosas personas, de todas las edades, que piden limosna o comida, a veces con un cartel escrito en un trozo de cartón, en el que explican algunas circunstancias desgraciadas de sus vidas. “Estoy en la calle sin hogar” “tengo hijos a quien alimentar” “estoy enfermo y necesito ayuda”. Algunos son acompañados por sus mascotas, perros y gatos, en situación de verdadera indigencia. Pueden leerse carteles escritor con el “I am hungry” Tengo hambre. Algunos pedigüeños, incluso bien presentados, con una maleta cercana, se sitúan en las puertas de los supermercados y cuando vas a entrar en el establecimiento te dicen “¿Puedo indicarle lo que necesito?

Dentro de los vagones del metro también aparecen cantautores viajeros que aprovechan los largos trayectos para entonar canciones, pasando de un vagón a otro. Lo usuarios de la línea soportan pacientemente esas breves entonaciones, obligadas porque no puedes “huir” de la situación hasta que no llegues a la próxima estación. En las horas punta, la densidad de viajeros dificulta incluso que el guitarrista “cantaor” pueda sostener su instrumental y lo que menos deseas en ese momento de agobio es escuchar a alguien, no famoso, cantando con dudosa pericia.

Desde luego hay que afirmar que son formas absolutamente honradas de ganarse la vida o de subsistir en la más profunda carencia e infortunio. 

Desde luego hay que afirmar que son formas absolutamente honradas de ganarse la vida o de subsistir en la más profunda carencia e infortunio. Para ello se utiliza y aplica el ingenio, motivando la generosidad o caridad de los viandantes o pasajeros. No siempre las fuerzas de seguridad permiten la actuación de estos artistas ambulantes.



UNA SINGULAR EXPERIENCIA de esta naturaleza, vivencia especialmente insólita, la “soportó” el autor de estas líneas hace escasos días, cuando viajaba en una línea de la empresa municipal de transporte, EMT, Ayuntamiento de Málaga. El trayecto de esta línea de bus era bastante largo, con numerosas paradas, lo cual era una ventaja para el protagonista de la acción. Eran aproximadamente las 18 horas de un caluroso día laborable. Una mujer joven, de color, que hablaba la lengua española aceptablemente para la comprensión, se puso de pie, en medio del autobús y de improviso, en vez de comenzar a cantar se puso a “predicar” con una elevada voz. Los viajeros mostraban en silencio su asombro, pues no esperábamos que se nos diera una homilía, sin interrupciones, en pleno viaje. Desconozco si pertenecía a alguna asociación religiosa (no se presentó como debía) testigo de Jehová o lo que fuese. Desarrollaba bien la lección, marcando los compases, la entonación y las inflexiones de voz, eso sí, “predicando” de una forma acelerada y de una manera bastante fanática. No sé cómo podía respirar esta joven con el ritmo expresivo que utilizaba. El mensaje de su intervención era claro de entender, ya que lo repetía una y otra vez, de forma machacona. Dios te quiere. Dios te protege. Dios murió en la cruz para salvarnos. Adoremos al Señor. Agradezcamos al Señor. Pidamos perdón al Señor. El conductor del vehículo no se inmutó ni intervenido para frenar aquella arenga religiosa no solicitada. Desde el centro del autobús la predicadora empezó a recorrer los sucesivos asientos con la repetitiva jaculatoria del dios de te ama, dios te cuida, dios te salva. Cuando pasaba por los asientos, preguntaba: ¿Amas a Jesucristo? No estábamos en una iglesia, capilla, colegiata, convento o monasterio, sino en el interior de una línea de bus, en un día de terral, con el aire acondicionado puesto a toda pastilla, fluyendo unos chorros de aire gélido lesivo para las gargantas. La morena “misionera”, sin vestimenta clerical, por supuesto, continuaba con su apostolado. Aguanté dos paradas y me bajé del bus con celeridad. Me sentí liberado de un espectáculo inesperado e inadecuado.



Volviendo al principio. La vida no trata a todos por igual. Es una triste e inevitable realidad. Muchos seres humanos son terriblemente infortunados. Y ya no sólo por las carencias materiales básicas, sino por cruentas enfermedades intensamente dolorosas, por genocidios criminales, por instituciones mundiales inoperantes, por guerras injustificables que asolan vidas, sin reparar en la edad o el respeto humano, con destrucción de ciudades enteras, por catástrofes y fenómenos naturales que arrasan todo lo creado, todo ello en un escenario de hipocresías, fanatismos, egoísmos, mentiras e ignominiosa impunidad. Esos infortunados seres, que viven en un mundo “desarrollado” y de consumismo compulsivo y patológico, o en sociedades muy arcaizadas en su atraso, merecen nuestro respeto, nuestra ayuda y nuestra comprensión. Hay que ser receptivo a esa frase de sólo cuatro palabras: LA VOLUNTAD, POR FAVOR. La solidaridad nos hace mejores. –


José L. Casado Toro

Agosto 2026

 


18 agosto 2026

¿ES SEGURO COMER LA PIEL DE LA PATATA? SEGÚN LA CIENCIA, LA CLAVE ESTÁ EN LA VARIEDAD, SU CALIDAD Y LA FORMA DE COCINARLA.

 

Artículo de Isabel Martínez García, Investigador Postdoctoral - Química Analítica, Universidad Rey Juan Carlos, María Isabel Sierra, Catedrática de Química Analítica, Universidad Rey Juan Carlos y de Sonia Morante Zarcero, Profesora Titular de Universidad en el área de Química Analítica, Universidad Rey Juan Carlos. Publicado en la revista digital The Conversation.

Cada vez más recetas recomiendan aprovechar la piel de la patata. Desde chips crujientes hasta caldos y guarniciones, esta parte del tubérculo ha dejado de considerarse un simple subproducto para convertirse en un símbolo de la cocina sostenible. En una época en la que reducir el desperdicio alimentario es una prioridad, reutilizar aquello que antes acababa en la basura parece una decisión lógica. Pero surge una pregunta importante: ¿es completamente seguro consumir la piel de la patata?

La respuesta es más compleja de lo que parece. Aunque contiene fibra dietética, vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes, la piel también concentra la mayor cantidad de glicoalcaloides, unas sustancias naturales producidas por este tubérculo como mecanismo de defensa frente a insectos, hongos y otros agentes externos.

Los compuestos que la patata produce para protegerse

Los principales glicoalcaloides presentes en la patata son la α-solanina y la α-chaconina. Su análisis requiere de métodos avanzados, que combinan tratamiento de muestra y análisis, capaces de detectar concentraciones muy bajas en alimentos y productos derivados, y los avances recientes han permitido comprender mejor cómo se distribuyen estos compuestos en diferentes partes del tubérculo.

Si bien se encuentran en toda la planta, sus concentraciones son especialmente elevadas en la piel y en la pulpa cercana a ésta. La piel puede concentrar niveles mucho más elevados de α-solanina y α-chaconina que la pulpa, lo que explica por qué el consumo de patatas peladas supone una exposición mucho menor a estos compuestos.

En cantidades habituales, como las que se encuentran en una patata correctamente conservada y consumida sin piel o con pequeñas cantidades de esta, estos compuestos no representan un problema para la salud. El riesgo aumenta cuando se consumen cantidades elevadas de pieles o patatas con un contenido alto de glicoalcaloides.

En estos casos, se pueden observar efectos adversos como náuseas, vómitos, dolor abdominal o diarrea. En situaciones extremas, descritas principalmente tras el consumo de patatas muy deterioradas o almacenadas incorrectamente, también se han observado alteraciones neurológicas.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera que los glicoalcaloides constituyen un motivo de preocupación cuando la exposición supera determinados niveles (1 mg de glicoalcaloides por kg de peso corporal al día).

La acumulación de glicoalcaloides puede producirse cuando las patatas se exponen a la luz o sufren daños mecánicos durante la manipulación. La característica coloración verde que aparece en algunos tubérculos suele ser una señal de alerta, ya que frecuentemente indica condiciones que favorecen el incremento de estos compuestos. Por este motivo, las autoridades sanitarias recomiendan evitar el consumo de patatas con zonas verdes, brotadas o deterioradas.

En España, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), siguiendo la evaluación científica de la EFSA, recomienda almacenar las patatas en lugares frescos, secos y oscuros, eliminar bien las zonas verdes y los brotes antes del consumo y desechar los tubérculos excesivamente deteriorados.

¿Qué ocurre con la piel al cocinarla?

La creciente popularidad de las estrategias de aprovechamiento alimentario ha impulsado el interés por conocer si los tratamientos culinarios habituales pueden reducir la presencia de estos compuestos. Con este objetivo, nuestro grupo de investigación evaluó el efecto de distintos tratamientos culinarios sobre el contenido de α-solanina y α-chaconina en pieles de patata, analizando cómo las condiciones de procesado modifican la presencia de estos compuestos.

Analizamos distintas técnicas ampliamente utilizadas tanto en el ámbito doméstico como industrial: hervido, horneado y fritura. Además, evaluamos distintas combinaciones de temperatura y tiempo para determinar qué factores tienen una mayor influencia sobre la reducción de los glicoalcaloides.

Los resultados mostraron que el cocinado disminuye de forma significativa el contenido de estos compuestos, aunque la eficacia depende en gran medida de la intensidad del tratamiento aplicado. Tratamientos como el horneado a 200 °C durante 15 minutos o la fritura a 200 ºC durante 5 minutos consiguieron las mayores reducciones de α-solanina y α-chaconina, mientras que el hervido a 100 °C produjo descensos más moderados a los 10 y 20 minutos.

La temperatura y tiempo marcan la diferencia

Entre los métodos estudiados, los tratamientos culinarios más intensos fueron los que consiguieron las mayores reducciones. Así, la fritura y el horneado a temperaturas elevadas lograron disminuir considerablemente las concentraciones de α-solanina y α-chaconina en el producto. En cambio, los tratamientos más suaves, como algunos procesos de hervido o de calentamiento menos prolongados, resultaron menos eficaces.

La explicación está relacionada con la estabilidad de los glicoalcaloides. Aunque son compuestos relativamente resistentes, pueden degradarse parcialmente cuando se someten a temperaturas suficientemente altas durante periodos adecuados de tiempo. Sin embargo, existe un aspecto importante que conviene destacar: cocinar no equivale a eliminar completamente el riesgo. Incluso en las condiciones más eficaces analizadas, los glicoalcaloides no desaparecieron por completo. Esto significa que la seguridad final del producto sigue dependiendo también de la materia prima utilizada.

No todas las patatas son iguales

La variedad de patata constituye uno de los factores más importantes para explicar las diferencias en el contenido de glicoalcaloides. Las pieles de patata crudas de algunas variedades presentan niveles naturalmente más bajos de glicoalcaloides (aprox. 200 mg/kg peso seco), mientras que otras pueden acumular cantidades mucho mayores (hasta 3 000 mg/kg peso seco).

Por tanto, cocinar correctamente las pieles es una medida útil, pero no suficiente por sí sola. La selección de patatas en buen estado procedentes de variedades con bajos niveles de glicoalcaloides debe ser una práctica esencial para minimizar la exposición a estos compuestos.

Economía circular sí, pero basada en evidencia científica

La valorización de subproductos alimentarios constituye una de las estrategias más prometedoras para avanzar hacia sistemas alimentarios más sostenibles. La piel de la patata es un buen ejemplo: se genera en grandes cantidades tanto en los hogares como en la industria alimentaria y contiene nutrientes y compuestos bioactivos de interés que podrían aprovecharse mejor. Su potencial como materia prima para nuevos ingredientes y productos alimentarios está despertando un creciente interés científico. Sin embargo, la sostenibilidad y la seguridad alimentaria deben avanzar juntas.

La economía circular no consiste simplemente en reutilizar subproductos, sino en identificar qué usos son seguros, viables y beneficiosos para el consumidor. En este contexto, la investigación científica desempeña un papel fundamental: permite determinar bajo qué condiciones determinados subproductos pueden reincorporarse a la cadena alimentaria sin generar riesgos. Aprovechar la piel de la patata puede contribuir a reducir el desperdicio alimentario, pero hacerlo de forma segura requiere aplicar recomendaciones respaldadas por la evidencia científica.

Porque una alimentación verdaderamente sostenible no solo busca reducir el desperdicio, sino también garantizar la seguridad de lo que llega a nuestra mesa.

Esta investigación ha sido posible gracias a los fondos del proyecto EVALKALIM II finaciado por el MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE (código de proyecto PID2022-137278OB-I00).

15 agosto 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: CLARA JANÉS

 

Cayó una estrella verde…

Cayó una estrella verde ante mis ojos
y sus chispas naranjas
señalaron el camino.
Los abedules se apartaron.
En mi vagar solitario por los bosques
acogí la señal.
Hubo sonidos furtivos,
un deslizarse entre las hierbas,
crujir de ramas…
Bajo el ala de la luna,
la maleza me guiaba.
Mi corazón, durante años dormido,
despertó.
Sentía una llamada.
Sentía el fuego más allá de la zarza.

 

De: Los secretos del bosque I, 2002

 

Clara Janés Nadal (Barcelona, 6 de noviembre de 1940) es una escritora española que cultiva diversos géneros literarios. Destaca como poeta y como traductora de diferentes idiomas centro-europeos y orientales. Premio Nacional de Traducción en 1997 por el conjunto de su obra, desde 2015 ocupa la silla «U» de la Real Academia Española. Es la décima mujer electa miembro de la RAE. Presentó su discurso de ingreso en junio de 2016, titulado «Una estrella de puntas infinitas. En torno a Salomón y el Cantar de los cantares».

Hija del editor y poeta Josep Janés y de Ester Nadal, se crió en Pedralbes, a las afueras de Barcelona. Su afición por la poesía comenzó a temprana edad tras leer a Santa Teresa de Jesús. En 1957 comenzó su carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona.

Tras la muerte de su padre en 1960 se trasladó a Pamplona y completó su licenciatura en la Universidad de Navarra. Amplió estudios en la Universidad de la Sorbona, donde obtuvo la maîtrise en Literatura Comparada.

A la edad de 23 años consiguió que el escritor Gerardo Diego, el cual tenía amistad con su madre, leyera uno de sus poemas. El escritor hizo posible que publicara su primera obra Las estrellas vencidas” en 1964. Ese mismo año decidió trasladarse a Madrid, ciudad que ya no abandonaría.

Desde 1983 participó en encuentros literarios nacionales e internacionales. Su poesía ha sido traducida a veinte idiomas. Dirigió la colección Poesía del Oriente y del Mediterráneo.

Catalogar a la autora dentro de una corriente literaria concreta de finales del siglo xx resulta complicado, ya que  posee un lenguaje y un estilo propios.

Es  considerada como una mediadora entre el mundo oriental y occidental.

Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas.

 


13 agosto 2026

RINCÓN MUSICAL: OBERTURA DE GUILLERMO TELL

 

Gioacchino o Gioachino Rossini; (Pésaro, Italia, 1792 - París, 1868), fue un compositor italiano conocido sobre todo por sus 39 óperas, aunque también escribió canciones, algunas piezas de música de cámara y piano y algo de música sacra.

Hijo de un trompetista y de una soprano, la existencia de Rossini se vio ligada desde la infancia, al universo operístico. Alumno del Liceo Musical de Bolonia desde 1806, entró en contacto con la producción sinfónica de los clásicos vieneses, Mozart y Haydn, que ejercerían sobre él una notable influencia sobre todo en la fisonomía instrumental de sus grandes óperas, de una riqueza tímbrica y de recursos (los célebres y característicos crescendi rossinianos) desconocidos en la Italia de su tiempo.

Rossini ocupa un lugar preponderante en el repertorio lírico italiano gracias a óperas bufas como Il barbiere di SivigliaLa Cenerentola o L'italiana in Algeri, (El barbero de Sevilla, La cenicienta o La italiana en Argel) que le han dado fama universal, eclipsando otros títulos no menos valiosos.

También compuso óperas serias como Tancredi, Otelo, La dama del Lago, y  Semiramide.  

El genio de Gioachino Rossini empezó a manifestarse en toda su grandeza a partir de 1813, y en 1829 estrenó la que sería su última ópera “Guillermo Tell”. A partir de entonces sólo compondría cantatas, música sacra y música vocal profana. La última gran composición de Rossini fue su “Petite Messe Solennelle” de 1863.

 

 

 

Obertura de Guillermo Tell

La Obertura de Guillermo Tell (en francés Ouverture  de Guillaume Tell) es la obertura de la ópera del mismo título estrenada  en 1829. Consta de cuatro partes, cada una de las cuales sigue sin pausa.  

Estructura

La obertura, que dura aproximadamente 12 minutos, pinta un cuadro musical de la vida en los Alpes suizos, escenario de la ópera. El personaje titular de esta ópera es un héroe de leyenda de la tradición suiza, similar al Robin Hood inglés. Las hazañas de Guillermo Tell son un símbolo de la resistencia suiza contra la dominación austríaca. He aquí la historia.

La orquestación se compone de 2 flautas, 2 oboes, corno inglés, 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, timbales, percusión (bombo, platillos, triángulo) y cuerdas.

La obertura de Guillermo Tell está estructurada como una pequeña sinfonía: una introducción lenta, un allegro que simboliza la tormenta, un andante y un presto final que describe el triunfo del héroe.

La última parte de la obertura, debido a un uso repetido (y a veces a modo de parodia) tanto en la música clásica como en los medios populares, es plenamente identificable, no así la obra en su conjunto.



Esperamos que os guste.


Nuni Yáñez y José Ramón Vega


11 agosto 2026

¿CUÁL ERA EL SIGNIFICADO DE LOS ECLIPSES EN LA ANTIGUA ROMA?

 

Artículo de Javier Andreu Pintado, Catedrático de Historia Antigua y Director del Diploma en Arqueología, Universidad de Navarra. Publicado en la revista digital  The Conversation.

El próximo mes de agosto en España miraremos al cielo para contemplar un histórico eclipse de Sol. Sabemos cuándo comenzará, cuánto durará y qué parte del disco solar quedará oculto por la Luna. Aplicaciones móviles permiten calcular el instante exacto del máximo oscurecimiento y recomiendan lugares concretos desde los que poder contemplarlo.

Sin embargo, durante buena parte de la historia de la humanidad, gracias a la fascinación que, como astro rey, generaba el Sol, estos fenómenos fueron mucho más que una curiosidad astronómica: eran acontecimientos capaces de alterar el orden del mundo.

La antigua Roma no fue una excepción. Con un notable protagonismo del Sol en su primitiva religiosidad, aunque las élites conocían las explicaciones científicas heredadas de la astronomía griega, los eclipses –etimológicamente, en griego, “desaparición del sol”– siguieron interpretándose como señales de los dioses a las que convenía estar atento dado el carácter religioso de la cultura romana.

Ambas formas de entender el fenómeno –la científica y empírica y la prodigiosa y supersticiosa– convivieron durante siglos y nos permiten comprender cómo concebían los romanos la relación entre naturaleza, religión y poder. Esta relación estaba sintetizada en la voz latina omen, presagio que acompañaba a un personaje o a un acontecimiento, definiéndolo.

 

Tenebrae facta sunt: mucho más que una sombra sobre el Sol

Ya los astrónomos babilonios habían descubierto que los eclipses eran cíclicos y podían ser previstos con métodos que posteriormente heredaron los griegos y, a través de ellos, también Roma. Sobre ellos teorizaron, en la Historia Natural y en Tiestes, los escritores e intelectuales Plinio el Viejo y Séneca. El conocimiento astronómico romano, por tanto, estaba lejos de ser rudimentario y bebía de una tradición que, para el mundo clásico, arranca en la literatura homérica.

Un ejemplo significativo lo ofrece el emperador Claudio. El historiador romano Dion Casio cuenta que, antes de un eclipse ocurrido el 1 de agosto del año 45, el cuarto emperador de la dinastía Julio-Claudia hizo anunciar públicamente el fenómeno para evitar que la población cayera presa del pánico. El poder imperial era, pues, consciente tanto de la posibilidad de predecir el eclipse como del temor que, por su carácter tenebroso, este provocaba en la población.

Prodigia et metum: ciencia y religión no eran incompatibles

Pero conocer la explicación astronómica no significaba renunciar a una interpretación religiosa. Para un romano, el universo estaba gobernado por los dioses y un fenómeno natural podía tener una causa física y, a la vez, transmitir un mensaje divino.

El historiador Plutarco, en la Vida de Rómulo, cuenta como en junio del 708 a. C., la muerte del primer rey de Roma fue acompañada de la conversión del día en noche. Acaso por eso, los eclipses pertenecían con frecuencia al ámbito de los prodigia, anuncios de la ruptura del equilibrio entre dioses y hombres que requerían una respuesta de la religión estatal. Las obras del también historiador Tito Livio están repletas de ejemplos. En el año 340 a. C., un eclipse coincidió con una lluvia de piedras y el Senado decretó rituales para restaurar la paz con los dioses. Otro eclipse, el 17 de julio de 188 a. C., oscureció Roma durante cerca de dos horas. Livio cuenta que el fenómeno provocó tal inquietud que se decretaron tres días de purificación en el sagrado monte Aventino.

La coincidencia entre eclipses y momentos de crisis política reforzó su carácter ominoso. En los años de la expansión romana en Macedonia un eclipse se interpretó como antecedente de la derrota de los griegos en la batalla de Pidna del año 168 a. C. En el 49 a. C., Dion Casio menciona un eclipse total de Sol entre una serie de prodigios que anunciaban desgracias para Roma. El impacto fue tal que algunos magistrados llegaron a retrasar la toma de posesión de sus cargos por considerar desfavorable el momento. El político y filósofo Cicerón interpretó como mal augurio para su consulado del 63 a. C. el eclipse parcial de Sol vivido el 18 de mayo de ese año. Y la tradición evangélica alude al eclipse posterior a la muerte de Jesús en época tiberiana como expresión máxima de los prodigia que siguieron a la crucifixión.

En Roma el interés por los eclipses no residía únicamente en que oscurecieran el cielo durante unos minutos sino en el significado que se atribuía a aquella oscuridad. El cosmos y la historia formaban parte de un mismo orden, y cualquier alteración en el firmamento debía ser adecuadamente interpretada. De hacerlo mejor o peor dependían, en buena medida –o esa era la creencia–, el futuro y la salus del pueblo y, sobre todo, del estado.

 

Mentes hominum: lo que sabía el pueblo

La inmensa mayoría de la población romana nunca había leído a Aristóteles o a Posidonio, ni tenía acceso a los textos de Séneca o Plinio. Su experiencia del eclipse era muy distinta. Garante de la luz, el calendario y el orden cotidiano, el Sol desaparecía inesperadamente en pleno día y era lógico interpretar aquella oscuridad como una temible alteración cósmica.

otros pueblos, que también las emplearon: hacer ruido golpeando calderos para ayudar al Sol a recuperar su luz o ahuyentar las fuerzas que parecían amenazarlo haciéndolo desaparecer del cielo. De ese modo, la población creía contribuir a espantar un fenómeno que alteraba el orden cotidiano y que, por tanto, como todo lo desconocido, generaba incertidumbre.

Ante el eclipse de agosto nuestra reacción no será de temor o de desazón. Sin embargo, como acontecimiento histórico que sin duda viviremos, cuando el próximo día 12 el eclipse nos lleve de nuevo a mirar al cielo podremos pensar que también miraron a él los romanos. Y que, al hacerlo, se preguntaban algo a lo que la astronomía no podía responder: ¿qué querían decir los dioses con aquella repentina desaparición del Sol?

 

08 agosto 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: VLADIMIR HOLAN

 

Un día por la mañana

Un día por la mañana, al abrir la puerta,
encontraste en el umbral los zapatos de baile.
Era para besarlos y tú lo hiciste enseguida
y volviste a sentir alegría después de tantos años,
todas las lágrimas largo tiempo contenidas
ascendieron a tu risa.
Luego te reíste y desde el alma rompiste a cantar
con la tranquilidad de la juventud...
No preguntaste qué hermosa
dejó los zapatos en el umbral.
Nunca lo averiguaste
y, sin embargo, de aquel feliz momento
aún vives con frecuencia...


Versión de Clara Janés

 

Vladimír Holan nació en Praga, el 16 de septiembre de 1905.

Fue miembro de una generación de brillantes y comprometidos poetas, que se podría comparar con la que fue en España la Generación del 27.

En 1948 las autoridades comunistas declararon su obra como decadente. Como reacción ante esta miopía agresiva del Estado, se encierra en su casa de la isla de Kampa, para no volver a salir sino en contadas ocasiones. 

Algunas de sus obras son :Sin título (1939-1942), Avanzando (1943-1948), Dolor (1949-1957), Una noche con Hamlet (1949-1956,1962), Historias(1948-1955), Toscana (1958-1963), En el último trance (1961-1965) y Un gallo para Esculapio (1966-1967).

Durante años, Holan estuvo condenado al silencio y sólo a partir de 1963 se le permitió la publicación de sus obras. Desde entonces llegan los reconocimientos oficiales: “el Gran Premio del Estado Checoslovaco”, el “Premio de la Unión de Escritores” y el “Título de Artista Nacional”. En 1966, se le otorgó el “Premio Etna-Taormina”, en Italia. Rompió su silencio, publicó sus libros, pero nunca quiso salir de su casa para recibir estos premios.

En 1982, tras su muerte acaecida en 1980, se publica su libro Abismo de abismo, que reúne algo más de cuatrocientos poemas.

Está considerado como el más grande poeta checo del siglo XX.

 

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