Artículo publicado en la revista Quo.
Solo conocemos
el 10% de lo que hay en esta ciudad Fenicia de 3.000 años en Málaga. Un incendio que arrasó un almacén hace casi 3.000 años dejó
intacta, bajo la ceniza, la vida cotidiana de una colonia fenicia en Málaga.
Seis ánforas fenicias seguían en su
sitio cuando los arqueólogos entraron en la habitación. Alrededor, madera
quemada y semillas carbonizadas que el fuego, paradójicamente, había conservado
en vez de destruir. Ocurrió en el Cerro del Villar, junto a la desembocadura
del río Guadalhorce, en Málaga, y ocurrió hace casi 3.000 años.
La quinta campaña de excavación en
este yacimiento, dirigida por el profesor de Prehistoria de la Universidad de
Málaga José Suárez, se cerró la semana pasada con ese hallazgo como pieza
central: un almacén que ardió con la mercancía dentro y que ha llegado hasta
nosotros casi como quien apaga una vela y la deja donde estaba.
Índice
·
Una colina
hecha de ciudades, una encima de otra
·
El incendio
que hizo de fotografía
·
Máscaras, hornos y una ciudad que nunca dejó de trabajar
Una colina hecha de ciudades, una encima de otra
Lo primero que
ha revelado esta campaña, desarrollada entre el 24 de agosto y el 18 de
septiembre, son tres fases arquitectónicas superpuestas, construidas entre
finales del siglo VIII y el siglo VII antes de Cristo. Cada generación de
fenicios levantó sus muros sobre los restos de la anterior, hasta formar lo que
los arqueólogos llaman un tell:
una colina artificial hecha de capas de ocupación humana, la misma técnica
constructiva que dio forma a ciudades del Próximo Oriente como Jericó o Alepo.
En el Cerro del Villar, algunos de esos muros se conservan en pie con más de un
metro y medio de altura, algo inusual para un yacimiento al aire libre de esta
antigüedad.
La región no
es nueva en sorpresas de este tipo. A menos de dos horas de coche, otro reino
sigue resistiéndose a entregar su capital: Tartessos,
la leyenda del nombre sin ciudad, floreció y desapareció en fechas
parecidas a las de esta colonia fenicia, y su rastro comercial se cruzó
probablemente con el de gentes como las que habitaron el Cerro del Villar.
El incendio que hizo de fotografía
El almacén quemado es la pieza que
mejor explica por qué este yacimiento importa. Dentro había ánforas griegas de
Corinto que todavía contenían restos de vino y de aceite de calidad, pesas de balanza
fabricadas en plomo y bronce (el sistema de medida estandarizado que usaban los
fenicios para comerciar sin discutir en cada puerto) y plomo llegado desde
Gádor, en Almería, a más de 100 kilómetros de distancia. Había también marfil
trabajado, convertido en objetos de lujo. Todo ese material cuenta la misma
historia: una ciudad conectada por mar con Grecia, con Etruria y con el resto
de colonias fenicias y púnicas del Mediterráneo occidental.
Algo parecido,
aunque por causas distintas, ocurrió frente a las costas de Túnez, donde un
tsunami sepultó de golpe otra ciudad de esta misma órbita cultural: las ruinas de la mítica ciudad
cartaginesa de Neapolis. En ambos casos, el desastre funcionó como
una fotografía instantánea. Un yacimiento excavado capa a capa muestra cómo
cambió la vida a lo largo de los siglos; un yacimiento congelado por el fuego o
el agua muestra cómo era un solo día concreto, hace miles de años.
Máscaras, hornos y una ciudad que
nunca dejó de trabajar.
Además del almacén, la campaña ha
sacado a la luz un fragmento de máscara de terracota fabricada localmente,
restos de trabajo en plomo, bronce y hierro, y hornos que funcionaron entre los
siglos VI y V antes de Cristo.
Todo apunta a una ocupación
ininterrumpida durante cerca de 400 años, algo poco habitual en asentamientos
coloniales fenicios, que solían tener vidas más cortas y azarosas. ¿Por qué
aguantó tanto este en concreto? La respuesta probable está en su posición: una
isla fluvial en la desembocadura del Guadalhorce, con acceso directo al mar y
protección natural frente a ataques.
Casi 100 personas, entre
investigadoras, estudiantes y personal técnico de universidades de Málaga,
Sevilla, Córdoba, Chicago y Marburgo, además del CSIC, han trabajado este
verano en un yacimiento cuya importancia ya habían adelantado campañas
anteriores.
Algunos
investigadores lo vinculan con Mainake, una colonia citada por autores clásicos
griegos y romanos cuya ubicación exacta se ha discutido durante décadas.
España, en general, tiene la costumbre de guardar este tipo de sorpresas bajo
tierra: este mapa
de yacimientos arqueológicos españoles reúne varios ejemplos de
hallazgos que aparecieron donde nadie los esperaba.
Lo que falta es casi todo.
El dato que pone en perspectiva todo
lo demás es este: pese a cinco campañas de excavación, los arqueólogos calculan
que solo han removido el 10 % de la superficie total del yacimiento. Suárez lo
resumía así al cierre de esta campaña: la investigación de futuro resulta aún
muy prometedora. La Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga ya barajan
convertir el Cerro del Villar en un parque arqueológico periurbano, visitable,
dentro del distrito de Churriana.
Queda pendiente saber si bajo ese 90
% sin tocar hay más habitaciones incendiadas, más talleres, quizá los muros que
confirmen de una vez si esta fue o no la mítica Mainake. ¿Cuántas fotografías
instantáneas de la vida fenicia siguen esperando, sin que nadie las haya visto
todavía, bajo un campo de cultivo a las afueras de Málaga?
REFERENCIAS
·
Universidad
de Málaga, Sala de Prensa: "La V campaña en el Cerro del Villar finaliza esta semana
con hallazgos inéditos y tan solo un 10 % de la superficie desenterrada"
(José Suárez, Área de Prehistoria, UMA), 14 de septiembre de 2026.




