Unos de los prototipos humanos que suele generarnos
“admiración” o más bien reflexión, por lo inusual de sus circunstancias, es el
de aquéllos que pasan por la vida sin trabajar.
Se ufanan de haber superado aquella maldición bíblica de “ganarás el pan con el
sudor de tu frente”. Efectivamente, aunque parezca raro o insólito, van pasando
los años y nunca han trabajado por cuenta propia o ajena. Lo explican con el
mayor desenfado, con una pinta de orgullo, aludiendo a la suerte, la habilidad
y el oportunismo para tan desahogado y parásito tipo de vida.
No hay que dudar de que casi todos los que lean
estas líneas habrán conocido, de manera directa o a través de los medios de
comunicación, alguno de estos personajes, cuyo mayor mérito es haber estado viviendo “del cuento”, sin el menor
rubor o pesar, mostrando con orgullo su plácida singularidad. Es evidente que
tal estado implica estar viviendo bajo la dependencia de otros.
¿Y cuáles son los
prototipos más comunes de este caminar tan singular y cómodo por la
existencia terrenal?
El primer lugar aquellos seres beneficiados por
haber recibido una opulenta herencia. El
HEREDERO suele ser algún hijo “de papá o mamá” beneficiario
testamentario de tan importantes bienes. Dado su pasivo sentido del trabajo,
normalmente no incrementará dichos bienes, dada su abstinencia para lo laboral,
sino que se comportará como un “artista” para dilapidar el rico patrimonio que
sus antepasados han logrado juntar, con su esfuerzo, imaginación, valentía y diario
trabajo. Este heredero hoy se enorgullece y pavonea de ser un “parásito de la
sociedad”. Con su dinero obtiene casi todo lo que desea, salvo la salud. Su
lista de amigos y admiradores se incrementa e incluso tiene la posibilidad de
hacer un buen matrimonio, dando por descontado el “braguetazo” correspondiente.
Son los caraduras de la existencia, mostrando con estruendo la singularidad de
su persona, en una sociedad tan contrastada y desigual.
Un segundo tipo son los
GIGOLÓS, aquellos que, por su atractivo físico, juventud cronológica,
capacidad de palabra, simpatía a raudales, suerte y oportunismo, se “pega” a
una mujer u hombre con mucho dinero, resolviendo sus necesidades materiales,
aportando para ello sus “cualidades” físicas, su don de gentes y ese saber
estar de cara a la galería y en la íntima privacidad. Son los ricos “consortes”
que acompañan fielmente al famoso o famosa, teniendo también entre sus virtudes
habilidades fascinantes para el ejercicio del sexo. El contraste de edad, entre
el gigolo profesional y el famoso o famosa envejecidos es elevado Aparecen en
las revistas del corazón, en los festivales y certámenes artísticos o
culturales, acompañando a la diva o al divo.
Para el tercer lugar hablamos del TREPA PROFESIONAL. Este “humilde” personaje
sabe introducirse, con la habilidad del felino, en grupos y sociedades, en los
que va escalando puesto, gozando de los incentivos económicos que la elevada
jerarquía proporciona. La continua adulación “al jefe o superior”, el empleo de
la mentira sistemática, el peloteo bien aplicando en todo tiempo y lugar, son
medios aplicados para parasitar en esos grupos, aplicando también la regla de
la sonrisa y dándole a cada uno el trato que mejor puede beneficiarle. Mantiene
con firmeza que ha “trabajado” con esfuerzo y tesón el modo más adecuado para
escalar puestos que le proporcionen el regalo de hacer cada vez menos y cobrar
cada vez más. Son verdaderos actores y manipuladores, siempre pensando
ambiciones personales.
El 4º tipo es el del parásito adquirido, por FORTUNA EN EL JUEGO DE AZAR. Esta persona ha desempeñado
algunos trabajos de carácter modesto, que lo mantienen en una situación
económica bastante precaria. Pero llega un día en que la suerte inesperadamente
le llega de cara. Su participación en algún sorteo providencial le genera una
compensación económica tan cuantiosa que hace posible su integración inmediata en
los grupos sociales que no necesitan trabajar, sino que puede vivir
cómodamente, aplicando su esfuerzo solo a divertirse y pasarlo bien. Incluso a
veces se queja con la mayor hipocresía manifestando “tengo de construir cada
uno de los días, a fin de paliar el aburrimiento sobrevenido por no hacer
nada”. El destino ha querido premiarle con el privilegio de no necesitar
trabajar para vivir “bien”.
No podíamos olvidarnos de un 5º grupo, calificado
como los RENTISTAS o caseros propietarios, cuyo mayor esfuerzo
supone poner la mano cada esas cuotas abusivas a final de mes, a fin de recibir
un dinero cada vez más importante, como pago por el arrendamiento de los pisos,
habitaciones, locales y garajes en los que han ido invirtiendo con habilidad y
pericia económica. Jóvenes estudiantes, inmigrantes, divorciados, viajeros
temporales, etc. son los sufridos “paganos” de esos alquileres abusivos que la
necesidad, la desidia administrativa y el egoísmo monetario originan en la
sociedad actual.
Cuando conocemos alguna de estas personas ociosas,
en principio podemos sentir hacia ellos una cierta “admiración”, mezclada de
“envidia”, ante la suerte que estos seres atesoran. Sin embargo, pasada esta
primera impresión, asumimos con sinceridad que no nos agradaría este tipo
relajado y ocioso de vida, que derivaría en aburrimiento e inutilidad.
Levantarse por la mañana y preguntarse “¿qué voy a hacer hoy pues tengo asegurado
las necesidades materiales diarias y la diversión repetitiva llega hasta a
aburrirme”.
En los días
no festivos y en horario laboral caminamos por el centro urbano o por las
barriadas que pueblan la ciudad. Nos encontramos una gran cantidad de
viandantes de todas las edades (salvo escolares) densificando el trasiego
urbano. Pueden ser personas que han alcanzado la edad de jubilación, amas de
casa que no trabajan fuera del hogar, profesionales de todo signo que se
desplazan en función de sus necesidades laborales, turistas nacionales o
extranjeros, personas que buscan y no encuentran trabajo. Pero también hay integrantes
de estos grupos que “viven en festivo” y que transitan o circulan entre
nosotros buscando cómo llenar de contenido el vacío o el aburrimiento de los
días y las horas. –
José L. Casado Toro
Septiembre 2026


