14 junio 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: OCTAVIO PAZ

 

Escrito con tinta verde

La tinta verde crea jardines, selvas, prados,
follajes donde cantan las letras,
palabras que son árboles,
frases que son verdes constelaciones.

Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran
como una lluvia de hojas a un campo de nieve,
como la yedra a la estatua,
como la tinta a esta página.

Brazos, cintura, cuello, senos,
la frente pura como el mar,
la nuca de bosque en otoño,
los dientes que muerden una brizna de yerba.

Tu cuerpo se constela de signos verdes
como el cuerpo del árbol de renuevos.
No te importe tanta pequeña cicatriz luminosa:
mira al cielo y su verde tatuaje de estrellas.

 

 

De: Semillas para un himno, 1954.

 

 

Octavio Paz Lozano fue  un destacado escritor y diplomático nacido en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914, y fallecido en la misma ciudad el 19 de abril de 1998. Dadas las actividades políticas del padre, que lo mantenían fuera de casa por largos períodos, su crianza estuvo a cargo de su madre, una tía y su abuelo paterno, novelista, que influyó mucho en sus primeros contactos con la Literatura. Su variada vida profesional abarcó desde la participación en la Embajada de México en la India hasta la docencia en numerosas universidades estadounidenses.

Su obra, influenciada desde temprano por poetas europeos de la talla de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, comprende tanto denuncias de carácter social como análisis de naturaleza existencial. Entre sus poemarios destacan " Libertad bajo palabra" y " Salamandra".

A su extensa y rica producción literaria deben sumarse las traducciones, como su versión en español de "Antología de Fernando Pessoa", sobre poemas del escritor portugués. Su estilo se ha transformado a lo largo de los años, producto de la apertura mental e ideológica del escritor, que nunca dudó en experimentar y adaptarse a las nuevas tendencias.

Obtuvo el premio Nobel de literatura en 1990 y el premio Cervantes en 1981. Se le considera uno de los más influyentes autores del siglo XX y uno de los grandes poetas de todos los tiempos.


12 junio 2026

DOS AFORTUNADOS ESPECTADORES DE CINE

 


Nos encontrábamos en una localidad importante de la costa turística almeriense. Era un sábado soleado y agradable, por lo que decidimos desplazarnos al  gran complejo comercial Gran Plaza, en el centro de la localidad, que a esa hora de la tarde estaba abarrotado de personas, que visitaban los numerosos locales de tiendas, cafeterías, heladerías y restaurantes que ofertaban productos típicos de la zona. En realidad, nos apetecía ver una película en la gran pantalla de unos multicines Yelmo de 10 salas, instalado en el propio complejo lúdico comercial.

Elegimos una película española de estreno, avalada con excelentes críticas en la prensa especializada y con el atractivo galardón de la Biznaga de oro del 29 Festival de Cine Español, en Málaga. Faltaban veinte minutos para el inicio de la sesión, por lo que adquirimos con presteza las dos entradas directamente en la taquilla instalada en el Ambigú del cine, al precio de 7,20 € cada una. Entramos en una espaciosa sala con las butacas en graderías, que prometía una perfecta visión de la gran pantalla de proyección. Nos extrañó que no hubiera nadie más en la sala 9, pues la sesión estaba fijada para las 18:25 y faltaban apenas quince minutos. Pensamos que los demás espectadores irían llegando en “tropel” durante esos minutos que faltaban para el inicio de la película.  

Tras unos largos minutos de publicidad, comenzó la proyección que duraba 91 minutos. Tuvimos el curioso honor de que la premiada obra de Marta Matute, directora y guionista de la historia, fue proyectada sólo para dos espectadores: nosotros dos. El aforo de la sala, 130 butacas, sólo tuvo ocupadas dos. Cuando finalizó esa fascinante historia dramática, en la que se narra la alteración de la vida familiar, cuando la madre cae enferma de Alzheimer (situación real que vivió la directora cuando tenía 19 años con su propia madre enferma) eran las 20:25. Nadie estaba esperando en la puerta de la sala para asistir a la siguiente sesión.



Tuve la oportunidad de dialogar unos minutos con el encargado del paso a las diez salas. Me explicó que todas las películas comienzan a proyectarse, pero cuando tras unos diez minutos no ha entrado ningún espectador, se detiene la video proyección, para ahorrar gastos de consumo eléctrico.

Desde mi infancia he visitado muchas salas de cine. La etapa de pandemia de 2020 frenó mi asistencia a las salas. En las páginas de Internet pueden visionarse películas de estreno, pero nunca con la emoción de estar en una gran sala de cine, con las luces apagadas mientras en pantalla se sucede la narración interpretada de muchas otras vidas. Pero nunca había vivido una experiencia de ese calibre, como la de ese sábado vacacional. En la actualidad, para fomentar la asistencia a los cines, hay variados incentivos. Normalmente una entrada tiene un coste de 7,20 €. Pero durante la semana hay un día dedicado al espectador, bajando el precio de la butaca a casi la mitad. Los martes, la población jubilada puede ir al cine por sólo dos euros la localidad. El gobierno subvenciona este precio reducido a la población jubilada. Periódicamente se celebra la fiesta del cine: durante tres días, las entradas cuestan 3,50 euros. Algunas empresas cinematográficas ofertan un carné de espectador, por unos seis euros al año. Con dicha acreditación, puedes ir a ver cualquier película, por el precio de cinco euros, durante 12 meses.



 

Obviamente, la competencia lúdica en determinadas ciudades es muy intensa. Conciertos, entrevistas a personajes famosos, presentaciones de libros, teatros, cine fórums, restauración y cafeterías, exposiciones, tiendas de toda naturaleza, naturaleza vegetal y de playa, etc. Pero el mágico placer de asistir a una gran sala de cine, sintiendo la vibración emocional de ver apagarse las luces, comenzado una perfecta video proyección durante dos horas, pudiendo empatizar con los actores que escenifican otras muchas vivencias, todo ello supone un placer cultural y terapéutico sencillamente fascinante. Una gran pantalla “inmaculada” que cobra vida para permitir al espectador compartir una historia narrada con imágenes y sonidos reales, supone un aporte emocional en valores de no escasa importancia e incluso con trascendencia para nuestra privacidad.

No podemos olvidarnos también de esos “acompañantes” que permiten nuestra ingesta golosa y compulsiva de “palomitas” de maíz, las tradicionales “rosetas”, caramelos, chocolatinas, almendras, refrescos de cola o botellines de agua mineral.

Quedará para la memoria esa vacacional tarde de sábado, durante el mes de las flores, en que una hermosa y dramática historia real, llevada a la pantalla, fue visionada por sólo dos espectadores, de los 130 posibles. Fue todo un privilegio y una curiosa y simpática experiencia anclada en la memoria, de dos cinéfilos permanentes. –



José L. Casado Toro

Junio 2026.




09 junio 2026

EL CULTURAL (34)

 

GRANADOS.

    El pasado 31 de mayo, sobre el escenario del Teatro Cervantes, el violinista Jesús Reina (Málaga, 1986) y su grupo de excelentes músicos pusieron el broche a la XIV edición de Málaga Clásica con la interpretación del “Quinteto para cuerda y piano” de Enrique Granados. Y precisamente en el número de esa semana de El Cultural se publicaba la recensión del libro de Marta San Miguel, Última escala, de la que extraigo unas líneas:

   En el ensanche de Barcelona está la calle dedicada a Enric Granados y en una placa de mármol se lee: Compositor i pianista, Lleida,1867-En mar, 1916. La fecha final recuerda que el músico y su mujer murieron ahogados cuando volvían de Nueva York en el buque británico Sussex que se hundió alcanzado por el torpedo que lanzó un submarino alemán.

   Granados lo tiene todo como personaje. Genio precoz y autodidacta, dejó obras inmortales como Goyescas, una suite convertida en ópera, insufló un aire nuevo a la música española y murió, prematura y trágicamente, en la cima de su popularidad.

    En el libro comentado se saca partido a aspectos decisivos de su biografía, como la estancia en París, o la amistad con Pau Casals e Isaac Albéniz. Este último desempeñaría un papel central en la consagración madrileña de Granados, ya que, gracias a su mediación, el catalán interpretó en el Ateneo, centro de la élite cultural de la Villa, sus Danzas españolas, que ya habían causado sensación en Barcelona dos años antes en el Teatro Lírico donde el público pidió la repetición hasta nueve veces de la Danza nº2, Oriental.

   Granados armonizaba el pianismo más refinado con las canciones populares españolas, fruto de un trabajo de campo que exigía viajar por España, pidiendo a los campesinos que le cantasen sus coplas para notar él la letra y las músicas. Fue capaz de viajar a Murcia solo para escuchar los “auroros”, unas coplillas de la calle que se cantaban al alba para invitar a los vecinos a participar del rosario.

Con este método el autor componía después delicadas pìezas basadas en el fandango, la zambra granadina o la rondalla aragonesa, integrando el folclore español con el romanticismo y el modernismo de la época.

  El el libro se retrata la Barcelona modernista con las protestas violentas contra la guerra de Cuba mientras en casi cada local de la ciudad había un piano a disposición de los numerosos intérpretes, de Albéniz a Parera, de Nogués a Picó. Granados participa a su modo en la Renaixença  -colabora en la fundación del Orfeó Català-  pero sufre la intransigencia de los nacionalistas que le acusan, con desprecio, de “escribir danzas andaluzas”, de lo que él se defiende en una carta: “A mi me parece que el arte no tiene nada que ver con la política”.

    La autora dibuja el perfil de artista predestinado a triunfar y da importancia a los dos años de estudio en Paris, tras los cuales “sus dedos parecen más largos y ha adoptado la elegancia de Bériot sobre el teclado; se ha dejado bigote, ha aprendido francés, se ha hecho amigo de Saint-Säens, Debussy y Ravel”.

    El ataque alemán   sobre el Sussex abrió una crisis diplomática en el curso de la I Gran Guerra y nos dejó la imagen del músico y su mujer Amparo Gal, arrastrados por un mar que dejó seis huérfanos y privó a la música española de  uno de sus talentos más brillantes.

JOSÉ RAMÓN TORRES GIL.

06 junio 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: SOPHIA DE MELLO

 

El hospital y la playa

Y anduve por el hospital
Donde el blanco es desolado y sucio
Donde el blanco es el color que queda donde no hay color
Y donde la luz es ceniza

Y anduve por las playas y los campos
El azul del mar y el púrpura de la distancia
Los enrollé alrededor de mi cuello
Anduve por la playa casi libre como un dios

No pregunté por ti a la piedra de mi Señor
Ni te recordé bebiendo el viento
El viento era viento y la piedra piedra
Y eso enteramente me bastaba

Y en los espacios de la mañana marina
Casi libre como un dios andaba

Y todo el día viví como una ciega

Pero en el hospital he visto el rostro
Que no es pinar ni es roquedo
Y he visto la luz como ceniza en la pared
Y he visto el dolor absurdo y desmedido

 

De: «Libro VI» – 1962

 

Sophia de Mello Breyner Andresen (Oporto 6 de noviembre de 1919 - Lisboa, 2 de julio de 2004) fue una de las poetisas portuguesas más importantes del siglo xx.

 

Sophia de Mello escribió quince libros de poesía, publicados entre 1944 y 1997. Su obra poética se caracteriza por la sobriedad expresiva, compatible con la intensidad de los sentimientos; se trata de "una poesía contenida, de raigambre clásica y a la vez oriental, elíptica, que calla más que dice y sugiere más que afirma". La propia autora recordaba su descubrimiento de que "en un poema es preciso que cada palabra sea necesaria. Las palabras no pueden ser decorativas, no pueden servir sólo para ganar tiempo hasta el final del endecasílabo, las palabras tienen que estar ahí porque son absolutamente indispensables."

Distinguida con el Prémio Camões en 1999, fue la primera mujer portuguesa en recibir el más importante galardón de la literatura en lengua lusa. En 2003 obtuvo también el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Desde 2005, algunos de sus poemas más ligados al mar figuran colocados en las zonas de descanso del Oceanário de Lisboa, para que los visitantes puedan leerlos con el mar de fondo. Del mismo modo, junto a la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, desde la que se divisa una bella perspectiva de la ciudad, una lápida recoge su poema Lisboa. La plaza da Graça ha pasado a tener el nombre de plaza Sophia de Mello Breyner Andresen.

 

 

04 junio 2026

MATERNITÉ, DE TAMARA DE LEMPICKA

 


Tamara Rosalia Gurwik-Górska (Varsovia, Polonia, 1898 – Cuernavaca, México, 1980), también conocida como Tamara de Lempicka y como Tamara Lempicka, fue una pintora polaca que alcanzó una gran  fama en Europa, sobre todo en Francia y en  Estados Unidos, con sus retratos y desnudos de estilo art déco.

Tamara de Lempicka nació en el seno de una familia acomodada que le permitió desde muy joven conocer el arte y la cultura europea. Durante su adolescencia se trasladó a Italia, donde descubrió su pasión por la pintura al contemplar las obras del Renacimiento. Aquella primera fascinación por los maestros italianos marcaría profundamente su estilo, caracterizado por la elegancia geométrica y el dominio del cuerpo femenino.

Su vida cambió radicalmente con el estallido de la Revolución Rusa. Tras el encarcelamiento y posterior exilio de su esposo, el abogado polaco Tadeusz Lempicki, Tamara se estableció en París. Fue en la capital francesa donde consolidó su identidad artística, y se  relacionó con el vibrante círculo de intelectuales y aristócratas que definieron los años veinte.

En la década de 1920, Tamara de Lempicka alcanzó la cima de su carrera. Su pintura, una síntesis entre la vanguardia moderna y el refinamiento clásico, se convirtió en emblema del Art Déco. Retrató a la alta sociedad parisina con un estilo inconfundible: figuras angulosas, pieles nacaradas y un aura de lujo cosmopolita. Cada retrato parecía una escultura pulida por la luz, reflejando la ambición, el deseo y la independencia de una nueva mujer moderna.

Tras su divorcio, Tamara se trasladó a Estados Unidos, donde se integró plenamente en la jet set neoyorquina. Su vida se entrelazó con la de artistas, mecenas y celebridades, mientras su obra seguía evolucionando hacia composiciones más abstractas.

 A finales de los años cincuenta, buscando un clima más cálido, tranquilidad y una vida más íntima lejos del bullicio de las grandes ciudades, se estableció en Cuernavaca, México, entonces un refugio de intelectuales y artistas europeos, donde continuó pintando hasta su muerte en 1980.

Hoy, Tamara de Lempicka es reconocida como una de las figuras más brillantes del modernismo del siglo XX y una de las máximas exponentes del Art Déco. Su estilo, sensual y arquitectónico, sigue inspirando a diseñadores, fotógrafos y creadores contemporáneos.

 

Título original: Maternité. (1928)

Colección particular

Técnica: Óleo (35 x 27 cm.)

La pintura pertenece a la época en la que la artista fue madre, y también en la que tuvo sus mayores éxitos, cuando el art-decó reinaba en un mundo en paz y Lempicka era una de sus mayores exponentes.

La obra es un ejemplo claro del hacer de Tamara  (telas, encuadre, retrato neo-cubista, texturas…), aunque llama la atención que una artista caracterizada por la «frialdad» de sus retratos pintara un tema tan emocional como el de la maternidad, y consiga mezclar magníficamente estos dos factores.

 


02 junio 2026

POR QUÉ SEGUIMOS NECESITANDO EL LATÍN

Artículo de Pablo Toribio, Científico Titular (Filología Latina), Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS - CSIC). Publicado en la revista digital The Conversation.

 

El latín es una lengua familiar y extraña al mismo tiempo. Si a alguien que hable español se le pone por delante un párrafo escrito en latín, podrá adivinar parentescos entre buena parte de las palabras ahí presentes y muchas palabras de su lengua nativa, y todavía más si tiene competencias en otras lenguas romances. Ahora bien, si esta persona no ha estudiado latín con una mínima profundidad, es casi imposible que pueda dar con el significado del párrafo.

Con algunas lenguas hermanas nos basta un trato más o menos superficial para entender a grandes rasgos qué quieren decirnos: no sólo venimos de la misma familia sino que, sobre todo, pertenecemos a la misma generación. Pero nuestra anciana lengua madre pertenece a una generación remota. Su modo de razonar y de hacer las cosas es muy diferente al nuestro, y además nos cuesta comprender el mundo al que se refiere.

El latín como lengua antigua

Efectivamente, el mundo que de inmediato se asocia al latín, el de los antiguos romanos, no es ya –¡afortunadamente!– el nuestro. Los filólogos clásicos siempre han entendido como una parte fundamental de su trabajo entender el mundo cultural de las sociedades antiguas. “Pasar del idioma a los hechos materiales e ideales que en ese idioma se expresaron”, según las palabras de Menéndez Pidal en su presentación de la revista Emerita (1933).

Lo que escribieron los antiguos no es cristalino, incluso cuando parece serlo, y por eso el mejor aprendizaje que se extrae de la filología es la necesidad de someter cualquier texto a un escrutinio profundo antes de darlo por comprendido –si es que esto último es posible.

Esa idea humanística la encontramos en lugares que nos pueden parecer tan inverosímiles como estos apuntes de Isaac Newton (1726):

“Tal era el verdadero significado de las palabras "theos” y “deus” (“dios”) para todos los griegos y latinos antiguos, pero nosotros, cambiando el significado de sus palabras, hablamos de forma corrupta sus lenguas".

De manera análoga a cuando un filólogo explica que, por ejemplo, “cálculo” significa originalmente “piedrecita”, Newton quiere decir aquí que la palabra “dios” significa originalmente “dueño”.

El latín como lengua europea común

Pero Newton escribió esas palabras… en latín. En el primer tercio del siglo XVIII, esa práctica estaba empezando poco a poco a abandonarse, pero hasta entonces, escribir en latín había sido la primera opción razonable para quien escribía sobre ciencia o filosofía.

El latín había sido hasta entonces la lengua europea de cultura, incluso la lengua práctica de comunicación internacional en muchos contextos y regiones. En latín se escribió más que en ninguna otra lengua europea durante toda la Edad Media y la primera Edad Moderna, cuando hacía siglos que no quedaba vivo ningún hablante nativo.

Además, fue la lengua que más influyó en la estandarización de las vernáculas europeas –no sólo de las lenguas romances, sobre las que el latín ha ejercido un efecto doble, el “genético” o etimológico y también el sincrónico (semejante a la influencia actual del inglés sobre el español, por ejemplo).

Teniendo en cuenta todo esto, el latín ha llegado a calificarse como “la lengua con más éxito del mundo”. Las cifras que habitualmente se manejan para esbozar sus dimensiones resultan apabullantes: en la estimación –muy conservadora– de Jürgen Leonhardt, el 95% de los textos conservados en latín se escribieron después de la Edad Media y casi todo el 5% restante en la propia Edad Media. Sólo una proporción muy inferior al 1% procede de la Antigüedad. Es una cantidad comparativamente exigua que, además, está constituida en sus cuatro quintas partes por literatura cristiana.

Estos números generan una mezcla de asombro y suspicacia en el auditorio, incluso –o sobre todo– cuando está compuesto de clasicistas. Aquí el latín se muestra de nuevo como una lengua familiar y extraña al mismo tiempo.

Nuevos documentos en latín

Dichas consideraciones rara vez se mencionan a la hora de insistir en la necesidad de estudiar latín. Por supuesto, siempre será necesario que exista alguien capaz de leer a Tácito –y a Spinoza– en su latín original, pero también será imprescindible que exista siempre alguien capaz de leer cada nuevo documento latino que a diario se rescata de los archivos. De estos últimos, no existirá con seguridad ninguna traducción a la que recurrir.

Existe el “mundo clásico”, cuya relevancia para nuestros horizontes culturales cabe reivindicar en muchos aspectos –y que en otros resulta muy saludable cuestionar. Pero el mundo clásico no es el único mundo del latín.

El mundo de los cronistas y amanuenses, profesores y filósofos, experimentalistas y teólogos, inquisidores y herejes, librepensadores y censores, son también mundos legítimamente latinos. Comparten sin duda la Antigüedad como referente ineludible, pero no pueden entenderse sin más como mera prolongación o “pervivencia” de ésta.

Como “signo europeo” –mucho más que como signo de los antiguos romanos–, el latín es rico en luces y sombras que nos ayudan a comprender nuestro pasado y aun nuestro presente.


30 mayo 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: ANTONIO GALA


El arma que te di pronto la usaste…

El arma que te di pronto la usaste
para herirme a traición y sangre fría.
Hoy te reclamo el arma, otra vez mía,
y el corazón en el que la clavaste.

Si en tu poder y fuerza confiaste,
de ahora en adelante desconfía:
era mi amor el que te permitía
triunfar en la batalla en que triunfaste.

Aunque aún mane la sangre del costado
donde melló su filo tu imprudencia,
ya el tiempo terminó de tu reinado.

Hecho a los gestos de la violencia,
con tu mala costumbre ten cuidado;
tú sólo no te hieras en mi ausencia.

 

De: «Poemas de Amor» – «Perseo»

 

 

Antonio Gala Velasco nació en Brazatortas, Ciudad Real, el 2 de octubre de 1930.

A los 9 años, en 1939 se traslado junto a su familia a Córdoba, donde escribió sus primeras obras, dando a los catorce años una conferencia en el Círculo de la Amistad.

Lector precoz de Rainer Maria Rilke, Garcilaso  de la Vega, San Juan de la Cruz y otros autores, estudió desde la temprana edad de 15 años la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla y, como alumno libre, Filosofía y Letras, Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Madrid, obteniendo licenciaturas en todas ellas.

En 1959 comenzó a impartir clases de Filosofía e Historia del Arte y recibió un accésit del Premio Adonáis de poesía por su obra Enemigo íntimo, empezando una exitosa carrera teatral y periodística, que le posibilitó desde 1963 vivir sólo de la escritura.

Convertido ya en un personaje altamente popular de la literatura española, comenzó a escribir novelas en los años noventa, iniciándose con El manuscrito carmesí, que ganó el Premio Planeta en 1990.

Fue un autor de gran éxito entre los lectores en cualquiera de los géneros que cultiva: teatro, columnismo, novela o lírica. Su estilo abunda en imágenes y recursos líricos, y muy elaborado en lo formal. Practicó todos los géneros literarios.
Murió en Córdoba, el 28 de mayo de 2023.

 

 

 


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