26 septiembre 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: YANNIS RITSOS

 

                     Sonata del Claro de Luna

(Una noche de primavera. La habitación grande de una vieja casa. Una mujer de edad, vestida de negro, le habla a un hombre joven. No han encendido la luz. Por ambas ventanas entra una despiadada luz de luna. Olvidé decir que la Mujer de Negro ha publicado dos o tres interesantes colecciones de poesía sacra. Y bien, la Mujer de Negro le habla al joven):

 

Déjame ir contigo
Qué luna esta noche…
Es buena esta luna, no se marcarán mis canas
La luna hará que mi pelo vuelva a ser dorado –no te darás cuenta

Déjame ir contigo
En noches bañadas por la luna
las sombras se engrandecen en mi casa
Manos invisibles corren las cortinas
Un dedo tenue escribe palabras olvidadas en el polvo que cubre el piano
No quiero oírlas… Cállate

Déjame ir contigo
Sólo un rato, hasta la valla de la fábrica de ladrillos
Hasta donde la calle se esconde tras la curva y aparece la ciudad de cemento, de aire
Blanqueada de cal lunar
Tan indiferente y etérea
Tan positiva que parece metafísica
Tanto, que finalmente puedes creer que existes y que no existes
que jamás has existido, que el tiempo y sus secuelas no han existido.

 

Déjame ir contigo

Nos sentaremos un momento arriba, en lo alto,

Y con el soplo de la primavera

Podremos incluso imaginar que volamos….

 

Fragmento de: Sonata Claro de Luna

 

Yannis Ritsos (Monemvasia, Grecia; 1 de mayo de 1909-Atenas, 11 de noviembre de 1990) fue un poeta y político griego. Su obra más famosa es Grecidad (Romiosini, Ρωμιοσύνη), la cual fue musicalizada por Mikis Theodorakis.

Tanto Ritsos como Elytis y Séferis pertenecen a la Generación del 30 y son considerados los tres poetas griegos más importantes del siglo XX, siendo él el único en no recibir el Premio Nobel de Literatura. A cambio, fue el único de los tres en recibir el Premio Lenin de la Paz. Por su reconocida militancia comunista, su obra fue prohibida en varias ocasiones en su país, especialmente durante las Dictaduras de Metaxas y de Papadopoulus.

En 1977 recibió el Premio Lenin de la Paz, siendo uno de los dos griegos, junto con Costa-Gavras, en recibir el equivalente soviético del occidental Nobel, del cual, a pesar de estar muchas veces nominado, jamás pudo alcanzar, a diferencia de Elytis y Séferis.

En 1966, había publicado “Grecidad”, un canto a la resistencia de los guerrilleros comunistas durante la invasión nazi.

Durante la Transición, el poeta añadirá a su rica producción poética la publicación de novelas, unidas bajo el título común de “Iconostasio de los Santos Anónimos” (1983-85). Su último libro fue “Tarde en la noche” (1987-1989), que destila tristeza, conciencia de pérdida, pero también una gran esperanza en la creatividad y en la vida, siendo considerado una forma de la premonición de su muerte.

Finalmente, fallece en Atenas el 12 de noviembre de 1990.

Recibió el Premio Nacional Griego de Poesía por su obra: La Sonata Claro de luna.

La Sonata es un largo poema en el que el sujeto poético es una mujer de edad que habla a un hombre joven con el constante ruego - "Deja que vaya yo contigo" - de que le acompañe a abandonar su vieja casa para contemplar la vida. En el fondo, es una alegoría, pues, del cansancio de la ruina y decadencia de un mundo, de un país y de una época.

24 septiembre 2026

DOS DESTINOS

 


Una gitanilla de unos catorce o quince años acababa de dar a luz en el Convento de Santa Catalina, unos mellizos tan distintos como la noche y el día, perdiendo la vida en el parto. Las monjas que la asistieron se miraban extrañadas mientras envolvían el cuerpo de la joven y arreglaban  su entierro. No era, ni sería la última vez que una joven embarazada y repudiada por su familia moría al dar a luz y nadie reclamaba sus hijos.   

        Su extrañeza radicaba en el color de los recién nacidos: uno blanco como la leche y una pelusa rubia por cabellera. El otro de color aceitunado, como su madre, y el pelo negro ensortijado. Solo tenían algo en común: una mancha en forma de pequeño corazón debajo del lóbulo de su oreja izquierda. Un payo y un gitano en el mismo alumbramiento.

        No iba a ser fácil encontrarles un hogar. Los hermanos crecieron, ya bautizados como Ángel y Manuel Expósito, aunque entre las paredes del convento  los conocían como el rubio y el aceituno. Sus diferencias de carácter también eran evidentes: el rubio, amable y obediente. El aceituno, arisco y peleón, sobre todo cuando defendía a su hermano porque se querían y ayudaban como solo lo hacen dos almas huérfanas.

       Un año dio paso al otro y ya habían cumplido los seis. Las familias adoptivas no deseaban llevárselos juntos, solo querían al rubio de ojos celestes. Cuando intentaban separarlos, gritaban y pataleaban ante el espanto de los posibles padres. Luego, el aceituno calmaba a su hermano con algún cante que había escuchado tararear a los jardineros, con su voz profunda y sentida como pocas y le tocaba las palmas por lo bajito; casi nadie sabía el origen de ese don. Entonces el rubio dejaba de llorar abrazándose a su hermano, que ya le sacaba un palmo de estatura.

        El último matrimonio interesado en el rubio no le disgustó al aceituno y pensó en no seguir siendo un lastre para su hermano. Con ellos tendría una vida mejor, aunque eso significara perderlo, quizá para siempre. Y lo convenció diciéndole que viviría cerca y podía ir a visitarlo cuando acompañara a las monjas con los recados. Le susurró al oído la estrofa de su seguiriya preferida. Sellaron la despedida tocándose las manchas de corazones con los ojos empañados y un fuerte abrazo.

        Manuel Expósito aguantó hasta los quince años entre hábitos y crucifijos. Con su genio de mecha corta no podía seguir allí. De pelo azabache, piel tostada y un rostro afilado de nariz prominente, mostraba orgulloso su raza. Ayudaba a los vendedores de mercadillos, entre los que se sentía uno más. Con ellos se ganaba el pan y algunas pesetas más a cambio de animar con sus cantes la clientela de los puestos. Por las noches recorría los tablaos  de Jerez para unirse a los cantaores y bailaoras. Se sentía a gusto en ese ambiente y cantaba con ellos esos palos del cante hondo tan difíciles como los tientos, martinetes o malagueñas. Pronto convirtió esa habilidad en su profesión con el nombre artístico de El Aceituno y creándose una bien merecida fama por su arte, incluso entre los flamencólogos.

        Ya habían pasado veinte años, toda una vida para él, y a pesar de su insistencia, las monjas nunca le dijeron el paradero de su hermano.

        Mientras tanto, Ángel Expósito, rebautizado en Buenos Aires, gracias a las influencias de su papá como Marcelo Avellaneda, viaja cruzando el Atlántico para celebrar su fin de carrera en Ingeniería con sus compañeros. Su memoria se nubló al poco de pisar la ciudad bonaerense; esa fue la misión que cada día se propuso la familia al adoptarlo. Y él con los recuerdos difusos, como de otra existencia, se había convertido en un auténtico porteño.

        En su tour por Andalucía, Marcelo y sus amigos recalaron en un tablao de Jerez, para escuchar a uno de los mejores cantaores de flamenco, según la guía del viaje. Y allí estaba el rubio, entre pocos forasteros y muchos entendidos, sentado alrededor de una mesa con varias copas de fino.

        De pronto, anunciaron la actuación de El Aceituno. El público hizo el silencio más absoluto cuando subió al escenario, saludó y se sentó erguido. Unas palmas sordas y un ligero carraspeo para afinar la voz. Enseguida su sonido armonioso y profundo a la vez envolvió los sentidos de todos los presentes. Desde las primeras notas, el duende del cante hondo se adueñó de su garganta.

        Al rubio se le erizó la piel y empezó a palpitarle, como si tuviera vida propia, esa olvidada marca de nacimiento. Se llevó la mano a ella y en ese mismo instante vio como El Aceituno, con los ojos entornados, hizo un gesto idéntico. La letra de la seguiriya, la forma de ahuecar las manos, el son de sus palmas sordas cuando le cantaba al oído y aquel carraspeo inconfundible. En ese antiguo tablao, a miles de kilómetros de su presunta tierra, se le abrió la espita de la memoria, que permanecía oculta bajo siete llaves desde su niñez.


                                                           Esperanza Liñán Gálvez

 

 

22 septiembre 2026

JOSÉ CALVO: LA NOVELA HISTÓRICA EXIGE LIBERTAD PARA FICCIONAR, PERO JAMÁS PARA ALTERAR LOS HECHOS.

 

El doctor en Historia moderna fija el respeto al acontecimiento real como la línea roja de la narrativa y advierte contra la manipulación ideológica del pasado.

La literatura tiene la capacidad de revivir épocas lejanas, pero la libertad creativa no justifica la falsificación del pasado. Esta es la advertencia principal que ha realizado José Calvo, doctor en Historia moderna por la Universidad de Granada (UGR) y director del encuentro Historia y novela histórica, que se celebra en Jerez de la Frontera dentro de la programación de los Cursos de Verano de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) y en colaboración con el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera y la Universidad de Cádiz (UCA).

En este sentido, Calvo aborda las fronteras éticas y metodológicas que separan la investigación académica de la recreación literaria. «En un libro de historia no se puede alterar lo que la documentación y los medios arqueológicos señalan. El historiador tiene la obligación de ser honrado y transmitir al público únicamente aquello que la documentación le permite afirmar», explica el especialista.

En contraste, el historiador precisa que en la narrativa ambientada en el pasado «existe mucha más libertad para ficcionar y crear elementos no reales», aunque siempre bajo una condición innegociable. «El límite que no se puede cruzar jamás en una novela histórica es alterar el hecho histórico. Aunque se puedan escribir ucronías sobre lo que habría ocurrido si el pasado hubiese sido distinto, en la novela histórica hay que mantenerse fiel al acontecimiento real», apunta.

Esta servidumbre a la realidad exige, a juicio de Calvo, una destreza técnica añadida para el escritor: «El lector que conoce la historia sabe de antemano el final del acontecimiento, por lo que el autor debe valerse de todos sus recursos narrativos para mantener la atención».

Rechazo al anacronismo y a la manipulación

Asimismo, alerta sobre los peligros de caer en el anacronismo o en el adoctrinamiento ideológico al ambientar una trama en siglos anteriores. «Una buena novela histórica debe enmarcar la acción dentro del marco real en el que se produce. Se pueden introducir personajes ficticios, pero estos deben estar ambientados según los valores y el perfil de su época. Por ejemplo, en el siglo XV el honor era un valor predominante, mientras que en el siglo XXI prima el dinero», expone. Del mismo modo, subraya el deber de respetar el lenguaje y la espiritualidad de cada era, evitando juzgar a nuestros antepasados con la escala moral del presente.

Como ejemplo, el autor ilustra este compromiso con el rigor factual a través de sus propias obras, recordando cómo en su novela La ruta infinita asumió el reto de visibilizar a Juan Sebastián Elcano como el verdadero artífice de la primera vuelta al mundo tras la muerte de Magallanes. Asimismo, al abordar la Guerra de Sucesión, defiende la necesidad de desligar la contienda de mitos contemporáneos: «No fue una guerra de España contra Cataluña, sino un conflicto dinástico y civil por situar en el trono a un Borbón o a un Austria».

Poner en valor la historia de España

«El historiador no puede tomarse las libertades del novelista, pero el novelista histórico sabe que está condicionado a ser estrictamente respetuoso con los hechos acaecidos», resalta.

Para concluir, el director del encuentro apela a una revisión sin complejos de la trayectoria histórica del país: «La lección principal que debemos extraer es reivindicar los momentos particularmente brillantes de nuestra historia apasionante sin quedarnos únicamente en los momentos oscuros. Somos herederos de un pasado extraordinario del cual no debemos sentirnos avergonzados, sino aprender a poner en valor lo que hicieron nuestros antepasados», finaliza.

Calvo destaca el valor del diálogo entre la universidad y la literatura de consumo masivo que promueven los seminarios de la UNIA.

Historia y novela histórica

El encuentro Historia y novela histórica se celebra del 15 al 17 de septiembre. Su objetivo es valorar en su justa medida la importancia del elemento histórico, además del literario, que nos ofrecen los novelistas que cultivan este género; averiguar hasta dónde llega la libertad del novelista en el tratamiento histórico o hasta donde son admisibles las libertades para no faltar al calificativo de históricas que se da a estas novelas sin perder de vista que para que sean consideradas históricas han de guardar unos determinados cánones.

Cuenta con la participación como ponentes de los escritores Javier Moro, Luis Zueco Jiménez, Rosario Raro, Sandra Aza, Gonzalo Giner, Francisco Javier Negrete y Jorge Molist; y de docentes del ámbito universitario como Gloria Lora, de la Universidad de Sevilla (US), y José Luis Corral Lafuente, de la Universidad de Zaragoza (UNIZAR).

 

Fuente: (UNIA) Universidad Internacional de Andalucía

19 septiembre 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: VICENTE ALEIXANDRE

 

Como la mar, los besos

No importan los emblemas
ni las vanas palabras que son un soplo sólo.
Importa el eco de lo que oí y escucho.
Tu voz, que muerta vive, como yo que al pasar
aquí aún te hablo.

Eras más consistente,
más duradera, no porque te besase,
ni porque en ti asiera firme a la existencia.
Sino porque como la mar
después que arena invade temerosa se ahonda.
En verdes o en espumas la mar, se aleja.
Como ella fue y volvió tú nunca vuelves.

Quizá porque, rodada
sobre playa sin fin, no pude hallarte.
La huella de tu espuma,
cuando el agua se va, queda en los bordes.

Sólo bordes encuentro. Sólo el filo de voz que
en mí quedara.
Como un alga tus besos.
Mágicos en la luz, pues muertos tornan.

 

De: Poemas de la consumación, 1968

 

Vicente Aleixandre nació en Sevilla el 26 de abril de 1898 pero transcurrió toda su infancia y parte de su juventud en la ciudad de Málaga. Posteriormente se mudó a Madrid, ciudad en la que falleció el 13 de diciembre de 1984.

Desde pequeño se sintió atraído por el mundo de las letras, sin embargo estudió derecho y trabajó durante varios años en los juzgados. Su verdadera opción por la literatura tuvo lugar a partir de una enfermedad grave que padeció en 1925, desde entonces ya no pudo separarse de la creación literario.

Durante toda su vida contó con el apoyo y la amistad de ciertas figuras imprescindibles de la lírica malagueña como Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.

Cabe mencionar que Aleixandre fue galardonado con numerosos y prestigiosos premios, entre los que se encontraron el Nacional y el Nobel de Literatura; además fue miembro de la Real Academia Española durante varios años y se lo considera una figura indiscutible de la poesía de la Generación del 27.
Entre sus obras podemos destacar "Ámbito", "Espadas como labios" y "Sombra del paraíso". 

 


18 septiembre 2026

VIVIR EN FESTIVO

 



Unos de los prototipos humanos que suele generarnos “admiración” o más bien reflexión, por lo inusual de sus circunstancias, es el de aquéllos que pasan por la vida sin trabajar. Se ufanan de haber superado aquella maldición bíblica de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Efectivamente, aunque parezca raro o insólito, van pasando los años y nunca han trabajado por cuenta propia o ajena. Lo explican con el mayor desenfado, con una pinta de orgullo, aludiendo a la suerte, la habilidad y el oportunismo para tan desahogado y parásito tipo de vida.

No hay que dudar de que casi todos los que lean estas líneas habrán conocido, de manera directa o a través de los medios de comunicación, alguno de estos personajes, cuyo mayor mérito es haber estado viviendo “del cuento”, sin el menor rubor o pesar, mostrando con orgullo su plácida singularidad. Es evidente que tal estado implica estar viviendo bajo la dependencia de otros.



¿Y cuáles son los prototipos más comunes de este caminar tan singular y cómodo por la existencia terrenal?

El primer lugar aquellos seres beneficiados por haber recibido una opulenta herencia. El HEREDERO suele ser algún hijo “de papá o mamá” beneficiario testamentario de tan importantes bienes. Dado su pasivo sentido del trabajo, normalmente no incrementará dichos bienes, dada su abstinencia para lo laboral, sino que se comportará como un “artista” para dilapidar el rico patrimonio que sus antepasados han logrado juntar, con su esfuerzo, imaginación, valentía y diario trabajo. Este heredero hoy se enorgullece y pavonea de ser un “parásito de la sociedad”. Con su dinero obtiene casi todo lo que desea, salvo la salud. Su lista de amigos y admiradores se incrementa e incluso tiene la posibilidad de hacer un buen matrimonio, dando por descontado el “braguetazo” correspondiente. Son los caraduras de la existencia, mostrando con estruendo la singularidad de su persona, en una sociedad tan contrastada y desigual.

Un segundo tipo son los GIGOLÓS, aquellos que, por su atractivo físico, juventud cronológica, capacidad de palabra, simpatía a raudales, suerte y oportunismo, se “pega” a una mujer u hombre con mucho dinero, resolviendo sus necesidades materiales, aportando para ello sus “cualidades” físicas, su don de gentes y ese saber estar de cara a la galería y en la íntima privacidad. Son los ricos “consortes” que acompañan fielmente al famoso o famosa, teniendo también entre sus virtudes habilidades fascinantes para el ejercicio del sexo. El contraste de edad, entre el gigolo profesional y el famoso o famosa envejecidos es elevado Aparecen en las revistas del corazón, en los festivales y certámenes artísticos o culturales, acompañando a la diva o al divo.


 

Para el tercer lugar hablamos del TREPA PROFESIONAL. Este “humilde” personaje sabe introducirse, con la habilidad del felino, en grupos y sociedades, en los que va escalando puesto, gozando de los incentivos económicos que la elevada jerarquía proporciona. La continua adulación “al jefe o superior”, el empleo de la mentira sistemática, el peloteo bien aplicando en todo tiempo y lugar, son medios aplicados para parasitar en esos grupos, aplicando también la regla de la sonrisa y dándole a cada uno el trato que mejor puede beneficiarle. Mantiene con firmeza que ha “trabajado” con esfuerzo y tesón el modo más adecuado para escalar puestos que le proporcionen el regalo de hacer cada vez menos y cobrar cada vez más. Son verdaderos actores y manipuladores, siempre pensando ambiciones personales.

El 4º tipo es el del parásito adquirido, por FORTUNA EN EL JUEGO DE AZAR. Esta persona ha desempeñado algunos trabajos de carácter modesto, que lo mantienen en una situación económica bastante precaria. Pero llega un día en que la suerte inesperadamente le llega de cara. Su participación en algún sorteo providencial le genera una compensación económica tan cuantiosa que hace posible su integración inmediata en los grupos sociales que no necesitan trabajar, sino que puede vivir cómodamente, aplicando su esfuerzo solo a divertirse y pasarlo bien. Incluso a veces se queja con la mayor hipocresía manifestando “tengo de construir cada uno de los días, a fin de paliar el aburrimiento sobrevenido por no hacer nada”. El destino ha querido premiarle con el privilegio de no necesitar trabajar para vivir “bien”.


No podíamos olvidarnos de un 5º grupo, calificado como los RENTISTAS o caseros propietarios, cuyo mayor esfuerzo supone poner la mano cada esas cuotas abusivas a final de mes, a fin de recibir un dinero cada vez más importante, como pago por el arrendamiento de los pisos, habitaciones, locales y garajes en los que han ido invirtiendo con habilidad y pericia económica. Jóvenes estudiantes, inmigrantes, divorciados, viajeros temporales, etc. son los sufridos “paganos” de esos alquileres abusivos que la necesidad, la desidia administrativa y el egoísmo monetario originan en la sociedad actual. 


Cuando conocemos alguna de estas personas ociosas, en principio podemos sentir hacia ellos una cierta “admiración”, mezclada de “envidia”, ante la suerte que estos seres atesoran. Sin embargo, pasada esta primera impresión, asumimos con sinceridad que no nos agradaría este tipo relajado y ocioso de vida, que derivaría en aburrimiento e inutilidad. Levantarse por la mañana y preguntarse “¿qué voy a hacer hoy pues tengo asegurado las necesidades materiales diarias y la diversión repetitiva llega hasta a aburrirme”.

 En los días no festivos y en horario laboral caminamos por el centro urbano o por las barriadas que pueblan la ciudad. Nos encontramos una gran cantidad de viandantes de todas las edades (salvo escolares) densificando el trasiego urbano. Pueden ser personas que han alcanzado la edad de jubilación, amas de casa que no trabajan fuera del hogar, profesionales de todo signo que se desplazan en función de sus necesidades laborales, turistas nacionales o extranjeros, personas que buscan y no encuentran trabajo. Pero también hay integrantes de estos grupos que “viven en festivo” y que transitan o circulan entre nosotros buscando cómo llenar de contenido el vacío o el aburrimiento de los días y las horas. –

 

José L. Casado Toro

Septiembre 2026



15 septiembre 2026

"SOBREMESA", "FLANER" O "SAUDADE": LA TRADUCCIÓN NO INTERCAMBIA PALABRAS SINO QUE EXPLICA CULTURAS

 

Artículo de Olga Popova, Investigadora predoctoral, Universidad de Cádiz. Publicado en la revista digital The Conversation.

La traducción suele entenderse como un simple cambio de palabras entre lenguas. No obstante, los principales desafíos surgen cuando una lengua expresa conceptos o realidades culturales sin equivalente directo en otra. ¿Cómo traducir la diferencia entre te quiero y te amo? ¿Qué ocurre con palabras como sobremesa, agobio o botellón?

Las lenguas no son sólo comunicación, sino también cultura, y la traducción humana sigue siendo esencial para su comprensión.

No es un simple intercambio de palabras

“Tú, que sabes inglés, tradúceme esta frase” o “¿cómo se dice mariscar en alemán?”. ¿Cuántas veces hemos escuchado preguntas como estas? Todas ellas surgen porque la traducción suele concebirse como algo automático, un simple intercambio entre dos códigos.

Sin embargo, esta va mucho más allá de sustituir unas palabras por otras. Su objetivo es transmitir el significado, la intención comunicativa y el contexto cultural, procurando que el resultado suene natural para quienes lo leen o escuchan. Precisamente por eso, cuando disfrutamos de una novela traducida o vemos una película doblada, rara vez pensamos en el trabajo que hay detrás. Si la traducción funciona, suele pasar desapercibida.

Traducir conlleva interpretar, conocer bien las lenguas y las culturas implicadas y, muy a menudo, saber leer entre líneas. Es una operación lingüística, pero también un acto de comunicación y una forma de mediación entre mundos diferentes.

Las lenguas: una visión del mundo

En español se dice nieve, pero en maorí hablan de huka-rere, “uno de los hijos de la lluvia y el viento”. Cada pueblo y su forma de ver el mundo son únicos, y estas particularidades encuentran un reflejo en las lenguas que hablan.

La relación entre lengua, cultura y pensamiento ha sido ampliamente estudiada desde disciplinas como la lingüística cognitiva o la antropología lingüística. Aunque existe debate sobre hasta qué punto el lenguaje condiciona nuestra forma de pensar, sí hay un amplio consenso en que las lenguas reflejan la experiencia y el contexto cultural de sus hablantes. Esta influencia no solo se aprecia al comparar idiomas diferentes, sino también dentro de una misma lengua.

Un ejemplo muy ilustrativo se encuentra en estos versos de Federico García Lorca:

En la mitad del camino cortó limones redondos,

y los fue tirando al agua hasta que la puso de oro.

Para un lector español, la imagen resulta natural. Sin embargo, para lectores de otros países de habla hispana, la escena puede resultar confusa. Mientras en España los limones suelen asociarse al color amarillo, en gran parte de América Latina son verdes. El propio Gabriel García Márquez recordó esta diferencia al descubrir, durante un viaje a Europa, que “el diccionario tenía razón” y que allí esa fruta tenía, efectivamente, ese color.

Si una misma palabra puede evocar imágenes distintas dentro de una misma lengua, las diferencias son aún más evidentes cuando intervienen lenguas y culturas distintas. Es precisamente ahí donde el traductor debe demostrar su competencia y tomar decisiones.

Si no existe la palabra: los vacíos léxicos

Uno de los principales desafíos de la traducción son los vacíos léxicos, es decir, cuando una lengua dispone de un término concreto para expresar una idea, mientras que otra necesita recurrir a varias palabras para transmitir el mismo significado.

Es el caso de los verbos madrugar y trasnochar. En muchas lenguas no existe un equivalente directo, por lo que es necesario traducirlos mediante expresiones como “levantarse temprano” o “acostarse tarde” (o “estar despierto hasta muy tarde”, según el contexto).

Algo parecido ocurre con sobremesa. En español basta una sola palabra para referirse al tiempo de conversación que sigue a una comida, mientras que en otras lenguas es necesario describir la situación.

Sin embargo, la ausencia de un equivalente léxico no significa que esas realidades no existan. En muchos idiomas no hay un término exacto equivalente a veranear, estrenar o puente, aunque sus hablantes también tengan vacaciones de verano, vistan una camiseta por primera vez o disfruten de un fin de semana largo gracias a un día festivo.

Este fenómeno no es exclusivo del español. Todas las lenguas poseen palabras que condensan significados difíciles de expresar de forma tan concisa en otros idiomas. Es el caso de flâner, en francés, que alude al paseo sin rumbo y contemplativo asociado tradicionalmente a la vida urbana parisina, o de saudade, en portugués, utilizada para expresar una mezcla de nostalgia, añoranza y afecto por algo o alguien ausente.

Ante estos vacíos léxicos, el traductor debe recurrir a distintas estrategias: explicar el concepto mediante una perífrasis, encontrar un equivalente aproximado o adaptar la expresión al contexto para transmitir el mismo significado. El objetivo no es traducir cada palabra de forma aislada, sino conseguir que el receptor de la traducción comprenda la misma idea que el receptor del texto original.

Los ‘realia’: cuando el problema es cultural

Si los vacíos léxicos plantean un desafío lingüístico, los realia suponen un reto cultural. Se trata de palabras que designan objetos, instituciones, costumbres o fenómenos propios de una comunidad y que no tienen un equivalente directo porque la realidad a la que hacen referencia no existe en otras culturas (o no existe de la misma manera).

Uno de los ejemplos más conocidos es siesta, una palabra que ha acabado incorporándose a muchas lenguas como préstamo, conservando prácticamente su forma original. Algo parecido ocurre con botellón, que no solo denomina una reunión para beber alcohol al aire libre, sino un fenómeno social muy característico. Traducir esta palabra exige algo más que encontrar un equivalnte: requiere explicar el contexto cultural que la hace comprensible.

La lista de realia es muy amplia: palabras como tapas, flamenco, patio, oposiciones o jerez remiten a realidades profundamente vinculadas a la cultura hispánica. En estos casos, los traductores suelen optar por mantener el término original (es decir, utilizar un préstamo) y acompañarlo de una explicación que permita al lector comprender su significado.

Los realia ponen de manifiesto que traducir no consiste únicamente en trasladar palabras de una lengua a otra. En muchas ocasiones, el verdadero reto es hacer comprensible una realidad cultural para quienes nunca han formado parte de ella.

Por todas estas razones, la intervención humana sigue siendo fundamental, incluso en una época en la que los traductores automáticos han alcanzado un notable nivel de precisión. El sentido del texto depende a menudo del contexto, de las intenciones del autor, de los conocimientos compartidos con el destinatario o de referencias culturales implícitas que una traducción literal difícilmente puede captar. El humano es capaz de interpretar todos estos elementos y tomar decisiones para que el texto no solo sea correcto desde el punto de vista lingüístico, sino también adecuado desde el punto de vista cultural.

En definitiva, traducir consiste en hacer posible la comprensión entre distintas maneras de ver el mundo.

12 septiembre 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: HENRIK NORDBRANDT

 

Hablo de ti

Hablo de ti

y me es difícil hacerlo.
Así es que hablo de que hablo de ti

cuando hablo del otoño, de telarañas tan delicadas
como perdidas en los surcos por novias olvidadizas
de las pesadas gotas del rocío bajo el tardío sol vespertino

y más tarde de las largas sombras sobre la explanada
de la tormenta que sacude las copas de los tilos
ya antes de que yo empiece a hablar de las estrellas

y del resplandor de las estrellas en los cristales rajados de la casa
que tintinean cuando ataca la helada de la noche
y todos los sonidos devienen penetrantes, cuando hablo

de todo esto, de todo esto que habla de ti
y de lo que es tan difícil hablar.

Así hablo de ti.

 

De "Nuestro amor es como Bizancio"

Henrik Nordbrandt, poeta, novelista y ensayista danés nacido en Copenhague en 1945. Estudió lenguas orientales en la Universidad de Copenhague y a principios de los años sesenta abandonó su país y se trasladó al sur de Europa para buscar nuevas metas.

Considerado como el máximo representante de la poesía danesa actual, publicó en 1966 su primer libro bajo el título "Poemas". Su consagración como poeta mayor de las letras danesas llegó con "Partidas y llegadas" en 1974, seguido, entre otros, de "84 poemas"  y "Armenia" en 1984, "El temblor de la mano en noviembre" en 1986; una antología resumiendo el conjunto de su obra poética, titulada "Nuestro amor es como Bizancio" en 2003 y "Horas de visita" en 2007.

En el año 2000 recibió el prestigioso premio de la Academia sueca para escritores escandinavos conocidos como el pequeño Nobel, por su libro "Puentes de sueños"

Uno de sus temas recurrentes es el amor que, a veces, lo expresa de manera sorprendente. Con una gran fuerza poética, consigue mezclar lo concreto y lo misterioso con un lenguaje nada artificioso no exento de palabras malsonantes.

 

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