03 julio 2026

CONVERSAR NO SOLO ES HABLAR POR TURNOS: CÓMO NUESTRAS MENTES CONSTRUYEN UN TERRENO COMÚN

 

Artículo de Javier Marín Serrano, Profesor Titular de Universidad. Psicología del Lenguaje. Psicología del Pensamiento, Universidad de Murcia y de Olena Vasylets, Profesora asociada, Facultad de Filología y Comunicación, Universitat de Barcelona. Publicado en la revista digital The Conversation.

Don Quijote y Sancho Panza avanzan por los caminos de La Mancha mientras mantienen una larga conversación. En su diálogo se corrigen, se malinterpretan, se acompañan y se influyen, y en ese proceso cada uno transita por la mente del otro.

– O yo me engaño, o esta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que allí parecen deben de ser y son sin duda algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi poderío.

– Peor será esto que los molinos de viento –dijo Sancho–. Mire, señor, que aquellos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera. Mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le engañe.

–Ya te he dicho, Sancho —respondió don Quijote—, que sabes poco de achaque de aventuras: lo que yo digo es verdad, y ahora lo verás.

Cervantes convirtió esa larga conversación que se desarrolla entre Don Quijote y Sancho en uno de los grandes escenarios de la literatura, pero también en una magnífica intuición validada por la psicología actual: conversar es construir un espacio común entre dos mentes distintas.

En el pasaje citado, la referencia a “los molinos de viento” funciona como un indicador a un episodio pasado ubicado en el “common ground” o “terreno común”, que es como definen los expertos aquello que los interlocutores comparten: conocimientos, recuerdos, supuestos, experiencias, normas, expectativas y formas de interpretar una situación.

Sancho presupone que ambos comparten la memoria evocada, aunque no compartan su interpretación. El common ground puede incluir también el conocimiento mutuo de un desacuerdo: Sancho presupone que Don Quijote interpretará caballerescamente la escena, mientras que Don Quijote asume que Sancho le corregirá desde su realidad ordinaria y práctica.

 

Más que intercambiar información

La psicolingüística contemporánea ha mostrado que una conversación es mucho más que hablar por turnos. Mientras escuchamos a nuestro interlocutor, anticipamos lo que va a decir, valoramos sus intenciones, recordamos lo ya dicho, calibramos el tono emocional de sus expresiones y vamos preparando nuestra respuesta. Todo eso sucede a una velocidad extraordinaria.

La conversación fluida exige que la comprensión y la producción se superpongan parcialmente: no esperamos a que el otro termine, vamos proyectando posibilidades mientras escuchamos para ir elaborando nuestra respuesta.

En el núcleo de este proceso está el citado concepto del common ground o terreno común. Curiosamente, los expertos advierten que para que funcione ese territorio compartido no basta con que exista (es decir, que se compartan conocimientos, creencias o experiencias y expectativas), sino que se debe reconocer mutuamente, se debe ser consciente de que existe.

Por eso, gracias a ese saber y entender común, muchas conversaciones pueden ser económicas, alusivas y sorprendentemente eficaces entre amigos o familiares: una frase mínima puede activar una historia completa. En cambio, entre desconocidos hay que explicar más, precisar más, construir desde un terreno raso.

Malentendidos y ajustes

El common ground explica también la alta frecuencia de los malentendidos. Ese contexto que suponemos compartido en ocasiones no lo es. Asumimos como evidente una ironía, una alusión o una intención, para luego chocar con la realidad de la incomprensión o estupor ajeno.

La salud conversacional depende en gran medida de la reparación de esas descoordinaciones: preguntar, aclarar, reformular, volver atrás, decir: “no, no quería decir eso”. La conversación no es un mecanismo perfecto, es una práctica frágil que se sostiene mediante ajustes continuos.

Imaginar la mente del otro

Por eso adaptamos nuestras palabras al interlocutor: elegimos ejemplos, nivel de detalle, tono y grado de confianza según quién nos escucha. Esta adaptación, conocida como audience design (“diseño para la audiencia”), exige representarnos la mente del otro. Conversar implica preguntarse qué sabe, qué ignora, qué puede inferir. Decidir qué le puede resultar claro, ofensivo, ambiguo o innecesario.

Cuando dos personas conversan, tienden a establecer, mantener y actualizar permanentemente el terreno común. A esto contribuye también el alineamiento lingüísticopactos implícitos con nuestro interlocutor para utilizar etiquetas que reduzcan el esfuerzo referencial.

Por ejemplo, en una conversación cotidiana podemos preguntar por una camisa que andamos buscando y nos cuesta describir: “una que es de color beige claro, con un bolsillo y los puños…”, hasta que damos con una clave de reconocimiento: “la que llevé a la boda de Julia”. A partir de ese momento, la referencia conversacional a la camisa buscada se resume en “la camisa de la boda de Julia” o quizás simplemente “la camisa de la boda”.

Ese alineamiento reduce el esfuerzo comunicativo, pero también tiene una dimensión afectiva: repetir una palabra del otro, adoptar su ritmo o aceptar su forma de nombrar algo puede ser también una manera sutil de mostrar atención, cercanía o complicidad.

Es interesante mencionar que también existe algo parecido, pero en la propia mente, en el proceso de escritura: cuando escribimos lo que pensamos, estamos de alguna manera alineándonos con nosotros mismos.

¿Y en un segundo idioma?

Cuando la conversación se produce en una segunda lengua, el alineamiento tiende a ser menos automático y más dependiente de factores como el nivel de competencia lingüística o el esfuerzo cognitivo.

Por ejemplo, en una interacción entre un hablante nativo y un estudiante de segunda lengua, el estudiante suele repetir partes de lo oído. Cuando escucha “a blank sheet of paper” (un folio de papel en blanco), el estudiante puede responder “a blank piece of paper” (un trozo de papel en blanco), alineándose en parte, pero evitando la expresión menos segura para él: mientras que la palabra sheet para referirse a un folio de papel puede ser menos conocida, el recurso a la palabra “piece”, trozo, es más accesible.

 

En ocasiones, el hablante de segundo idioma evita alinearse cuando está inseguro de una forma lingüística. Por ejemplo, si su interlocutor usa “they gave you one as a gift” (te dieron uno de regalo), el estudiante puede comprender la estructura pero responder “they gave one to me as a gift” (me dieron a mí uno de regalo), manteniendo su propia construcción más controlada con la partícula “to” para especificar el complemento indirecto, aunque en inglés no sea imprescindible.

En estos casos, el alineamiento no desaparece, pero se vuelve selectivo: el hablante ajusta unas partes del enunciado mientras conserva otras que le resultan más accesibles o seguras.

Miradas opuestas, territorio compartido

Las conversaciones de Don Quijote y Sancho no eliminan la distancia entre ambos. Don Quijote no cesa en su mirada caballeresca del mundo, ni Sancho abandona su prudente saber popular. Pero el diálogo abre entre ellos una zona intermedia y compartida donde esos mundos pueden conocerse sin confundirse. Su encuentro se produce en el terreno común: un espacio verbal donde las diferencias no desaparecen, pero se tornan habitables.

El common ground no es solo un mecanismo cognitivo útil para interpretar frases. Es una de las bases de nuestras relaciones personales y sociales. Las amistades, las familias, las parejas, los grupos profesionales y las comunidades políticas dependen de historias compartidas, palabras comunes, referencias reconocibles y modos relativamente estables de entender lo que se dice.

Cuando ese terreno se empobrece, la conversación se vuelve más costosa, más defensiva y propensa al malentendido. Cuando se cultiva, permite la confianza, la cooperación, la pertenencia y el reconocimiento mutuo.

En una época marcada por la comunicación fragmentaria y la sustitución de la conversación natural por intercambios editados, breves o polarizados, conviene recordar que hablar con otros no es solo transmitir información.

Conversar es crear un espacio para que una mente pueda acercarse a otra. Tal vez ahí resida una de las funciones más profundas de la conversación: construir el suelo común sobre el que puede sostenerse el camino de nuestra vida compartida.

30 junio 2026

CONTRA DECÁLOGO PARA ESCRITORES

 


Augusto Monterroso fue un escritor muy famoso, conocido como el mejor referente en los Talleres de Escritura Creativa, para la enseñanza de los relatos hiperbreves o microrrelatos. Su obra El Dinosaurio es quizá el relato más corto escrito en castellano y con él dio el campanazo literario: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.»

¿Quién despertó? Tampoco nos dice si el dinosaurio estaba vivo, muerto o era el esqueleto de algún museo arqueológico. Según los expertos, en esas incógnitas radica su valor imaginativo. Es cuestión de gustos literarios.

Este famoso autor hondureño, también nos dejó su «Decálogo del escritor.», tan seguido y respetable como toda su obra. Aunque, desde mi opinión y con un punto de humor no exento de realidad, me permito redactar un contra decálogo, solo para quienes desean triunfar como escritores, sin parecerse al del dinosaurio:



Primero.- Si tienes algo que decir, no lo digas. Cállate y cuéntaselo solo a tu psicólogo. Ni se te ocurra escribirlo. Deja esa tarea para los autores consumados.

Segundo.- Escribe para ti mismo o tus antepasados. No lo hagas para el futuro, en el que quizá no vivas para verlo. Sería muy molesto salir de la tumba si, por casualidad, te dieran algún premio literario.

Tercero.- Cuando te entren ganas de emborronar un folio piensa que: «En literatura todo está escrito.»

Cuarto.- Si con doscientas palabras ya has escrito un cuento, añádele toda la paja que creas necesaria. No tienes más que darte una vuelta por las librerías y verás innumerables tochos convertidos en best sellers.

Quinto.- Haz oídos sordos a los que dicen que los escritores son artistas. Más bien son funambulistas o, en el mejor de los casos, personajes de un circo literario de vanidades.

Sexto.- Deja pasar las malas rachas, tanto económicas como mentales. No escribas ni una palabra en esos estados. Muchos lo hicieron y los lectores ya están saturados de miserias humanas, con las propias tienen suficientes para varias reencarnaciones.

Séptimo.- Busca el éxito, incluso acósalo si se resiste. Dicen que el éxito acabó con Cervantes. Esa es otra fake news, puesta en circulación por ciertos escritores para eliminar competencia. Cuando la consigas se volverán tan verdes como las ranas.

Octavo.- No importa que tus lectores sean mediocres. Normalmente a éstos les gusta alardear ponderando los libros que leen. En sus ambientes hay muchos como ellos que querrán imitarlos, lo que te asegurará las ventas.

Noveno.- No tengas tanta confianza en ti mismo. Las dudas te harán ser mejor escritor, si no que se lo digan al manuscrito que guardas hace dos años en un cajón.

Décimo.- Menosprecia al lector de vez en cuando. Tu inteligencia tiene que brillar en cada párrafo, de lo contrario no volverá a leerte.

Undécimo.- Los lectores olvidan sus sentimientos cuando están inmersos en tus historias, así que tienes carta libre para remodelarlos con la carencia de los tuyos. Pero no te quejes si de esa metamorfosis surgen asesinos o psicópatas. 

Duodécimo.- Cuánto peor escribas más lectores tendrás. La autoficción es la piscina a la que se arrojan con vehemencia los junta letras del actual y variopinto mercado literario: pseudoescritores de todas las profesiones. Hoy en día hay más escritores que lectores.

Dejo al libre albedrío del futuro escritor hacer caso omiso a los dos últimos consejos, ya que en un contra decálogo debería haber solo diez.

 

       Esperanza Liñán Gálvez


27 junio 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: ADAM ZAGAJEWSKI

 

Intenta alabar al mundo herido

Intenta alabar al mundo herido.
Recuerda los largos días de junio,
fresas silvestres, gotas rosadas de vino.
Los hierbajos que metódicamente invadían
las casas abandonadas de los desterrados.
Debes alabar al mundo herido.
Mirabas yates y barcos,
uno de ellos tenía que emprender un largo viaje,
al otro le aguardaba sólo la salobre nada.
Veías refugiados caminar hacia ninguna parte,
oías a los verdugos cantar
alegremente.
Deberías alabar al mundo herido.
Recuerda aquellos momentos, en la habitación blanca,
cuando estabais juntos y el visillo se movía.
Vuelve con la mente al concierto, cuando estalló
la música,
Recogías bellotas en el parque en otoño
y las hojas sobrevolaban girando las cicatrices de la tierra.
Alaba al mundo herido
y la pluma gris perdida por un mirlo,
y la luz delicada que vaga y desaparece
y regresa.

 

De: Poemas escogidos

 

Adam Zagajewski (Lwów, 21 de junio de 1945-Cracovia, 21 de marzo de 2021). Poeta, novelista y ensayista polaco, miembro de la generación del 68 de su país y uno de sus más famosos poetas.

Zagajewski es un poeta de una gran profundidad y de una gran sabiduría, y sus poemas están empapados de claridad y de imágenes sensuales que pueden atraer a todos. Creía en la memoria que reconcilia a los vivos con los muertos, y en la música que sabe rescatarnos de la materialidad de la vida.

 Se convirtió en algo así como una celebridad, cuando una semana después de los atentados del 11-S en Nueva York, la revista The New Yorker publicó uno de sus poemas, “Intenta celebrar el mundo mutilado”.

Zagajewski es un poeta que ha sabido crear una poesía meditativa que se inspira en los temas y en las imágenes más comunes de la vida de los seres humanos. En su poesía abundan las vías del tren, las calles empedradas, las avenidas de tilos, la hierba del otoño, los castaños en flor, las pequeñas iglesias vacías, los aeropuertos, los gatos callejeros o las ciudades al amanecer, cuando no pertenecen a nadie ni tienen aún un nombre por el que puedan ser llamadas. Y sus temas son los temas de siempre, los temas sobre los que escribía Safo hace 2500 años y sobre los que escribirán los poetas del siglo XXIII. 

Cuando empezó a escribir, en los años 60, Zagajewski creía que la poesía debía ser una muestra de rebeldía que luchara contra la tiranía. Poco a poco aprendió a cambiar de opinión, y cuando se exilió de Polonia en los años 80 y se fue a vivir a París y a Estados Unidos –donde se ganó la vida dando clases en la universidad empezó a pensar que la poesía debía ser celebración y agradecimiento mucho más que protesta y rebeldía.

Le fue concedido el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2017.

Algunas de sus obras que se han traducido al castellano son: “En la belleza ajena”, “Tierra de fuego”, “En defensa del fervor”, “Poemas escogidos, (antología)”,  “Deseo”, “Dos ciudades”,  “Antenas”, “Solidaridad y soledad”, “Mano invisible” y “Asimetría”.


26 junio 2026

VERANO. EL DINÁMICO FRESCOR DE LA LECTURA

 


Siempre que nos llega una nueva estación estival, fluye en nuestra mente un lúdico conjunto de elementos que despiertan nuestra ilusión y las expectativas vitales para el disfrute. Citemos algunos de esas alegres actividades: VACACIONES. VIAJES DE PLACER. SOL Y PLAYA. FIESTAS POPULARES. HELADOS. ROPA FRESCA. BROCEADO NATURAL. PASEOS AL ATARDECER. GAZPACHOS Y ENSALADAS. CINE AL AIRE LIBRE. FERIAS ANUALES. ATRACCIONES Y CONCIERTOS. DESCANSO. HOGUERAS DE SAN JUAN. 2ª VIVIENDA. REENCUENTROS Y AMISTADES. BARBACOAS NOCTURNAS. NATACIÓN. CAMPAMENTOS INFANTILES. HORARIOS RELAJADOS. CARRICOCHES Y CALESITAS. CURSOS DE VERANO. Etc.

Las expectativas son abundantes y bien fundadas. Las realidades y los “caprichos” del destino, también. Pero la ilusión difícilmente desfallece. El porcentaje de objetivos cumplidos es una cifra traviesamente variable, casi siempre con tendencia a la baja. Lo verdaderamente importante es la ilusión por realizar numerosas actividades que, durante otros meses del año, no son factibles de llevar a cabo. Obviamente, los distintos grupos de edad tienen o potencian objetivos específicos para el disfrute veraniego. No es lo mismo tener 15, 30, 60 o más años, ante la estación vacacional.

Cuando el calendario de nuestras vidas marca cifras avanzadas, se recuerdan con simpatía y nostalgia algunas vivencias que sólo permanecen, viradas en sepia, en las fotografías conservadas y en los archivos de nuestras memorias. Recordamos, con sonrisas y añoranzas, aquellos grupos y pandillas escolares o vecinales, que, al estar libres de obligaciones escolares, procuraban multiplicar las horas de divertimento relacional en las playas, en los paseos, en las fiestas y guateques, prácticas de cromatismo juvenil que se llevaban a cabo en la mayoría de los días de la semana.


Algunas familias, tras el ahorro de muchos meses, podían permitirse el “lujo” de alquilar una casita o piso cercano a las playas, a fin de disfrutar ese mes vacacional en el que el “cabeza de familia” gozaba de las esperadas y legales vacaciones pagadas. En Málaga este desplazamiento mensual o quincenal para el descanso y el goce, tenía tres destinos clásicos a los que se fidelizaban muchas familias de nivel medio: el Rincón de la Victoria, Torre del Mar y Fuengirola. Eran tres importantes localidades que se veían “visitadas” por el turismo “medio” de la capital.

La aparición del utilitario y mítico coche SEAT 600, en 1957 (estuvo fabricándose hasta 1973), permitió “el milagro” de que en él viajaran los padres, hijos e incluso la abuela o la tía, camino de la playa o de unas vacaciones. Resultaba todo un espectáculo ver salir a tantos miembros familiares, con sus playeros enseres, de un utilitario tan pequeño. Las emergentes clases medias tenían que ponerse en lista de espera, durante meses, para conseguir tan versátil vehículo para la movilidad. El precio de ese vehículo rondaba las 60.000 pesetas, que las familias tenían que pagar para acceder a esa señal de distinción de que “papá ya tiene coche”. La llegada del 600 a un hogar suponía todo un acontecimiento. Vecinos y familiares acudían a verlo, “tocarlo” e incluso pedían poder sentarse en su interior. ¡Qué cómodo y espacioso! ¡Con él puedes viajar a cualquier parte, vas a ser el rey de la carretera! ¡A disfrutarlo con salud! ¡Y Vd./tú que lo veas!

Pasar 15 o 30 días de las vacaciones alejado del hogar y cerca de la arena de la playa, viajando en autobús o en el nuevo coche Seat era un objetivo irrenunciable para aquellos que se lo podían permitir.

Al paso de las décadas, los destinos viajeros se han ido amplificando en la distancia y el coste. Europa, Asia, América, con el aumento del poder adquisitivo de las familias, han ido sustituyendo al levante y al sur peninsular. Los viajes organizados por las agencias turísticas ya no son de un mes ni una quincena. Normalmente, 8 días, 7 noches. Según el tipo de estancia en los hoteles (habitación y desayuno, media o pensión completa) una estancia en una zona costera, durante los meses de julio y agosto, puede superar los 1000 € por persona y siempre que no se utilice el transporte aéreo.


Una cómica pantomima, con respecto al turismo veraniego, podía generarse en algunas familias que, por una mala racha económica, no podían realizar el viaje de vacaciones anual. Al disgusto por no poder salir de vacaciones se unía el condicionante vecinal, ya que provocaba vergüenza o pudor que los vecinos del bloque comprobaran que ellos no se iban de vacaciones en verano. Se arbitraban soluciones verdaderamente ingeniosas. Comentaban en voz alta que ese verano iba a viajar en el 600 a la Costa Brava, o a la costa Cantábrica, durante quince o treinta días, “en hoteles de muchas estrellas”. Cuando llegaba el día del desplazamiento, cogían las maletas, cerraban el piso y todos trataban de “acomodarse” en el utilitario familiar. Se despedían de los vecinos, que les decían con fraternales palabras “¡Que bien lo vais a pasar! ¡A disfrutar las vacaciones!”.  Realmente emprendían un viaje corto, a casa de los abuelos, en el campo, o de algún amigo de la oficina, que les dejaba el alojamiento en la casa del pueblo por un precio módico, en donde disfrutarían el agosto vacacional.

Volviendo a la actualidad, estamos a las puertas de un nuevo verano. Por estas tierras del sur el calor aprieta, con numerosas horas de insolación. El aire acondicionado o mejor los ventiladores de techo son soluciones muy útiles y necesarias. La opción de playa o piscina será elegida por cada cual, según sus gustos y preferencias. Realmente, viajar en julio o agosto puede no ser muy conveniente, por los precios y la masificación. Septiembre es un mes ideal. Siempre que el viajero pueda utilizarlo.

Para finalizar este comentario, no podemos olvidarnos de una acción o actividad muy apropiada para los meses vacacionales. Durante el resto del año, los aficionados a la lectura hemos ido comprando libros, por interés, curiosidad, publicidad del “boca a boca” o trayectoria del autor. Muchos de estos ejemplares reposan en las estanterías de nuestros hogares, “adormecidos”, con paciente letargo hasta que, al fin, abramos sus páginas. De otros libros apenas hemos leído sus primeros párrafos. Ahora que llegan los meses del estío, la oportunidad de poder dedicar un tiempo inteligente a la lectura es insoslayable. Además de la distracción y el deleite de sus historias, facilitará el fascinante ejercicio de nuestras neuronas, para la comprensión y el análisis. Cuando estemos empatizando imaginativamente con sus páginas y contenidos, sentiremos la emoción y el dinámico “frescor” anímico que la lectura nos proporciona, en las horas más apropiadas del día o la noche.


 

José L. Casado Toro

Junio 2026

 

 



23 junio 2026

¿UN SILENCIO VALE MÁS QUE MIL PALABRAS? A MENUDO MEJORAMOS EL DEBATE PÚBLICO SI CALLAMOS

 

Artículo de Neftalí Villanueva Fernández, Profesor Titular de Lógica y Filosofía de la Ciencia, Universidad de Granada, Andrea Rodríguez Gómez, Investigadora pre-doctoral en el departamento de Filosofía I., Universidad de Granada y José Luis Liñán, Investigador contratado, FiloLab, Departamento de Filosofía. Publicado en The Conversation.

El silencio tiene mala prensa. En la vida pública, halagos y reproches suelen asociarse con lo que alguien ha dicho. Cuando el silencio aparece en escena, lo hace a menudo bajo fórmulas de derrota: “lo dejó sin palabras”, “no supo qué responder”, “se quedó sin argumentos”. Estas expresiones caracterizan momentos en los que alguien, frente a la fragilidad de sus razones, es incapaz de articular una respuesta.

Sin embargo, hay ocasiones en que el silencio tiene otros efectos. Especialmente en ámbitos públicos, puede cumplir distintas funciones. Permite romper con las expectativas de quienes nos interpelan o comunicarnos de maneras inesperadas para no caer en el juego polarizador. La filosofía del lenguaje ha estudiado algunos de estos casos en los últimos años.

La trampa del sí o no

En un juicio por violación interrogan a la víctima. El abogado defensor le pide responder “sí” o “no” a las preguntas que le va a hacer. Después, reproduce el vídeo de la agresión delante del jurado. Se ve cómo la víctima comienza resistiéndose furiosamente, cómo el acusado la sujeta con brusquedad, forzándola, hasta que deja de resistirse y se queda inmóvil hasta el final.

El abogado defensor pregunta: “¿acaso no es cierto que, pasados unos minutos, dejó usted de mostrar cualquier signo de resistencia?”. La víctima permanece en silencio. Si contesta “sí”, parece admitir que acabó consintiendo. Si contesta que “no”, después de que el jurado vea el vídeo, queda como una mentirosa. En casos como este, analizados por el filósofo Alex Davies, la víctima solo tiene dos opciones: callar o hablar sabiendo que sus palabras serán usadas en su contra.

Silencios elocuentes y no diálogo

Este es un caso de silenciamiento. Pero hay otros silencios que no operan como reacciones condicionadas ante un intento de dominación, sino elecciones comunicativas deliberadas. Las también filósofas Alessandra Tanesini y Anna Klieber han estudiado estos “silencios elocuentes”, que comunican rechazo, distancia o desaprobación ante, por ejemplo, un comentario de mal gusto.

Ahora bien, quienes guardan silencio no siempre pretenden “decir” algo. A veces el silencio se emplea estratégicamente para evitar que, al responder, determinados temas ganen espacio en la esfera pública.

Un caso tuvo lugar en la Asamblea de Ceuta, cuando varios partidos políticos acordaron una política de no diálogo con una formación que frecuentemente hace declaraciones racistas. Otro ejemplo: la OMS refuerza sus políticas de vacunación con campañas formativas dirigidas al personal sanitario, en lugar de convertir a los grupos antivacunas en interlocutores.

Naturalización de la ideología y politización de la ciencia

En la publicación Strategic silence and politicized speech, mostramos la efectividad del silencio estratégico en dos contextos muy concretos, que representan dos formas de propaganda: la naturalización de la ideología y la politización de la ciencia.

En los casos de naturalización de la ideología, actitudes o prejuicios que antes se percibían como sesgos ideológicos empiezan a presentarse como hechos, explicables a través de la ciencia. Ciertas explicaciones biológicas o evolutivas de las brechas de género en disciplinas académicas, ámbitos profesionales o posiciones de autoridad son ejemplos de este fenómeno. La discriminación por razones de género adquiere así apariencia científica.

En los casos de politización de la ciencia ocurre lo contrario: el trabajo de quienes investigan cuestiones empíricas, sociales o naturales, se presenta como una contribución a una agenda política. Las discusiones sobre el aumento de las temperaturas de la Tierra debido a la acción humana son un ejemplo claro. En lugar de discutir la evidencia, los modelos o las medidas adecuadas, se desplaza el foco hacia supuestos intereses ideológicos.

Al defendernos de la naturalización de la ideología o de la politización de la ciencia incurrimos en “desacuerdos cruzados”: situaciones donde las partes parecen discutir sobre lo mismo, pero dan muestras claras de concebir la disputa en términos distintos. Tú y yo discrepamos sobre algo, pero para ti es una cuestión factual, que se resuelve atendiendo exclusivamente a los hechos, mientras que para mí atañe a qué valores queremos potenciar como sociedad.

Los desacuerdos cruzados favorecen la polarización. Cada intervención añade razones a favor de lo que ya defendemos. Quienes ya nos apoyan refuerzan lo que nos separa de los otros. Y, con el tiempo, los argumentos ajenos dejan de verse como razones que merecen atención: pasan a funcionar como señales de pertenencia.

Cuando el aumento de la polarización no nos favorece, puede merecer la pena permanecer en silencio o, al menos, no responder en los términos esperados. Eso no siempre significa callar por completo. A veces consiste en negarse a discutir la provocación tal como ha sido planteada.

“También trabajamos para ti”

La respuesta de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) tras la dana en su cuenta oficial de X ofrece un ejemplo ilustrativo. Cuando una usuaria acusó a la AEMET de no tener credibilidad y de ser “sicarios del sistema” que defienden la “estafa” del cambio climático antropogénico, la Agencia evitó polemizar, respondiendo simplemente: “Cuando veas un aviso rojo de la AEMET, ponte a salvo. A pesar de todo, también trabajamos para ti”.

El silencio estratégico no sustituye a la crítica ni exonera de responder cuando la respuesta sea necesaria. Pero no estamos obligados a responder siempre. Saber cuándo callarse no supone abandonar la deliberación pública. A menudo es la mejor forma de cuidarla.

20 junio 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: PABLO GARCÍA BAENA

 

Viniste sobre mí

Viniste sobre mí…
Hoy es tu aniversario.
No quisiste oírme
y mi voz se rompió
al llegar a tus ojos.
Hoy que no estás aquí
¿llegan a ti mis gritos?
¿Atraviesan mis voces
ese aplastante cielo
de las quietas estrellas?
Hoy es tu aniversario.
Las flores del recuerdo
perfuman mi dolor
con aromas de noche,
y sobre el epitafio
de mi corazón roto,
no temblará la estrella
de la alegre esperanza…
Tus ojos,
en el cielo de aquel día pasado.

 

De: «Rumor oculto» – 1946


Pablo García Baena (Córdoba,29 de junio de 1923- Córdoba, 14 de enero de 2018)

Poeta español perteneciente al Grupo Cántico, comienza su carrera literaria con la publicación de poemas en la prensa local cordobesa, firmando bajo el seudónimo de Luis de Cárdenas o simplemente con una E mayúscula, en periódicos como “Caracola”, “El Español” o “La Estafeta Literaria”.

Su primer poemario, "Rumor oculto", lo publica en 1946 en la revista Fantasía. Al año siguiente, tras haberse presentado sin éxito junto a su amigo Ricardo Molina al Premio Adonais de poesía, deciden fundar la revista Cántico, contando con la colaboración de los también poetas Juan BernierJulio Aumente y Mario López y de los pintores Miguel del Moral y Ginés Liébana. Desde entonces son conocidos como "Grupo Cántico". Ensalzaban la poesía barroca, exaltada y vitalista, influyendo  en las generaciones más jóvenes y  sirviendo de puente entre los Novísimos y la Generación del 27. La revista que funcionó  hasta 1957, se convirtió en una de las más importantes de la Postguerra.

Tras un parón en su producción literaria, retoma la escritura a partir de 1971, compaginando con su trabajo como anticuario en Benalmádena (Málaga), donde residió entre 1965 y 2004, año en el que vuelve a fijar su residencia en Córdoba, su ciudad natal.

Socio fundador del Ateneo de Córdoba, recibió numerosos premios y reconocimientos, siendo sin duda el más importante el premio Príncipe de Asturias de las Letras del año 1984. Hijo Predilecto de Andalucía en 1988, y Premio Andalucía de las Letras en 1992. En 2004 recibió la Medalla de Oro de la Provincia de Málaga, ya que allí pasó una gran parte de su vida. En mayo de 2008 ganó el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En octubre de 2012 recibió el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca. Fue director del Centro Andaluz de las Letras.

Su poesía, llena de sensualidad, tiene un marcado acento gongorino. La temática religiosa de los ritos y las procesiones también está presente en su obra. Su obra poética se halla reunida en "Poesía completa" (1940-2008) (Madrid, Visor, 2008).

 

Buscar