20 mayo 2026

LA LUZ MATUTINA Y OTROS TRUCOS PARA QUE LA EDAD NO NOS QUITE EL SUEÑO

 

Artículo de Álvaro Astasio Picado, Profesor de Enfermería Médico-Quirúrgica. Doctor en Biomedicina Aplicada., Universidad de Castilla-La Mancha. Publicado en la revista digital The Conversation.

 

Muchas personas observan que, con el paso de los años, dormir “como un niño” se vuelve más difícil. El sueño parece menos profundo, los despertares nocturnos son más frecuentes y cualquier ruido leve o preocupación puede interrumpir el descanso.

Esta experiencia no es una simple percepción subjetiva: la ciencia del sueño ha demostrado que el envejecimiento se asocia a cambios bien definidos en la estructura y la regulación del sueño.

La arquitectura del sueño cambia con la edad

El sueño humano se organiza en ciclos que incluyen fases de sueño no REM (N1, N2 y N3) y sueño REM. La fase N3, también conocida como sueño de ondas lentas o sueño profundo, es especialmente importante para la recuperación física y cerebral.

Diversos estudios han demostrado que, a partir de la edad adulta media, se produce una reducción progresiva del sueño de ondas lentas, junto con un aumento del número de despertares y del tiempo despierto tras el inicio del sueño. En concreto, un metaanálisis clásico basado en datos de más de 65 estudios y miles de individuos sanos mostró que el porcentaje de sueño profundo disminuye de forma significativa con la edad, a la vez que el sueño se vuelve más fragmentado y menos eficiente.

Este cambio en la arquitectura del sueño explica en gran medida la sensación de “sueño ligero” que refieren muchas personas mayores.

El envejecimiento cerebral desestabiliza el sueño

Dormir no es un proceso pasivo. El cerebro mantiene activamente el estado de sueño mediante redes neuronales que inhiben la vigilia y protegen frente a estímulos externos. Con el envejecimiento, estas redes se vuelven menos eficaces.

Los cambios estructurales y funcionales del cerebro envejecido, especialmente en regiones frontales, reducen la generación de ondas lentas y disminuyen la capacidad del órgano para mantener un sueño profundo y estable. Como consecuencia, el umbral para despertarse baja, haciendo que estímulos menores provoquen microdespertares o despertares completos.

Además, con la edad se altera la microarquitectura del sueño, como los husos del sueño, que desempeñan un papel clave en la consolidación del descanso nocturno y la protección frente a interrupciones.

Estudios con actigrafía también muestran que los patrones de descanso-actividad se vuelven más fragmentados con la edad, reflejando una pérdida de continuidad del sueño. Y somos más vulnerables al insomnio

Amanece más temprano

Otro factor clave es el envejecimiento del sistema circadiano, el “reloj interno” que regula los ciclos de sueño y vigilia. Con la edad, se produce un adelanto de fase circadiana, como si el día comenzase antes para nuestro cerebro. Eso explica por qué muchas personas mayores tienen sueño más temprano por la tarde y se despiertan muy pronto por la mañana.

Además, las señales circadianas que inducen al descanso, como la secreción de melatonina o los cambios de temperatura corporal, se reducen, haciendo que el sueño sea más vulnerable a interrupciones.

Aunque el envejecimiento biológico explica parte del fenómeno, el sueño ligero no debe atribuirse únicamente a la edad. En las personas mayores aumenta la frecuencia del dolor crónico, las enfermedades respiratorias o cardiovasculares y la nicturia (necesidad frecuente de orinar por la noche), que pueden hacernos despertar. Además, es habitual consumir alguno de los múltiples fármacos que alteran el sueño.

¿Por qué necesitamos el sueño profundo?

La pérdida de sueño de ondas lentas no solo afecta a la sensación subjetiva de descanso. Investigaciones recientes sugieren que este tipo de sueño está implicado en procesos de limpieza metabólica cerebral y en la salud cognitiva.

Un estudio longitudinal publicado en JAMA Neurology encontró que la reducción del sueño de ondas lentas se asociaba con un mayor riesgo de desarrollar demencia en adultos mayores, lo que refuerza la importancia de preservar la calidad del sueño en el envejecimiento.

Llegados a este punto, ¿qué se puede hacer para dormir “más profundo” al envejecer (sin caer en mitos)?

Aunque parte de los cambios del sueño forman parte del envejecimiento normal, existen estrategias eficaces para mejorar la continuidad y profundidad del sueño en personas mayores, basadas en mecanismos fisiológicos bien descritos.

Luz matutina: reforzar el reloj biológico

La exposición a luz por la mañana, preferentemente luz natural, es una de las intervenciones no farmacológicas mejor fundamentadas. La luz actúa como el principal sincronizador (zeitgeber) del ritmo circadiano, reforzando la señal de vigilia diurna y ayudando a que el sueño nocturno se consolide.

En adultos mayores, cuya señal circadiana suele ser más débil, la luz matutina ayuda a estabilizar los horarios de sueño y a reducir despertares nocturnos. Estudios y revisiones en cronobiología del envejecimiento subrayan que una adecuada exposición lumínica mejora la alineación circadiana y la calidad del descanso.

Regularidad de horarios: el valor de la rutina

Mantener horarios regulares de acostarse y levantarse, incluso los fines de semana, es especialmente importante con la edad. El cerebro envejecido depende más de señales externas y rutinas conductuales para mantener la estabilidad del sueño.

Los trabajos clásicos de D. J. Dijk y J. F. Duffy demostraron que la interacción entre el ritmo circadiano y la presión homeostática del sueño se vuelve más frágil con la edad. Por ello, la regularidad actúa como un “andamiaje externo” que compensa esta pérdida de robustez circadiana. Por el contrario, un horario irregular hace que el sueño se fragmente.

Ejercicio y actividad diurna: aumentar la presión de sueño

La actividad física regular, especialmente durante el día, contribuye a mejorar la llamada presión homeostática del sueño, es decir, la necesidad biológica de dormir que se acumula durante la vigilia. Llegar a la noche con suficiente “hambre de sueño” facilita un inicio más rápido del sueño y una mayor continuidad nocturna.

Revisiones sistemáticas indican que el ejercicio aeróbico y de fuerza en personas mayores se asocia con mejoras en la eficiencia del sueño y reducción de despertares, además de proporcionar beneficios cardiovasculares y funcionales.

Identificar y tratar las causas de los despertares nocturnos

En cuanto a las señales de alarma, el sueño ligero merece una evaluación clínica cuando se acompaña de somnolencia diurna intensa, ronquidos habituales con pausas respiratorias, despertares por sensación de ahogo, movimientos molestos en piernas al acostarse, empeoramiento progresivo o impacto significativo en la calidad de vida.

En estos casos, la causa subyacente suele ser identificable y potencialmente tratable, lo que puede mejorar de forma sustancial el descanso nocturno y la salud global.

Un principio clave en geriatría del sueño es que despertarse con frecuencia no siempre es un problema primario del sueño. El dolor crónico, el reflujo gastroesofágico, la nicturia, la apnea obstructiva del sueño y el síndrome de piernas inquietas son causas frecuentes de sueño fragmentado en personas mayores.

La evaluación y el tratamiento dirigidos a mejorar estas condiciones pueden contribuir de forma notable a una mejor calidad del sueño sin necesidad de fármacos hipnóticos.

Precaución con los hipnóticos: priorizar intervenciones no farmacológicas

El uso de hipnóticos en personas mayores se asocia a mayor riesgo de caídas, deterioro cognitivo, confusión y dependencia, especialmente cuando se consumen benzodiacepinas y fármacos Z. Por este motivo, las guías clínicas y revisiones recomiendan evitar su uso prolongado en este grupo de edad.

La terapia cognitivo-conductual (TCC-I) es considerada el tratamiento de primera línea para el insomnio crónico en adultos mayores, con eficacia demostrada y un perfil de seguridad claramente superior al de los fármacos.

Por más que el refranero nos asegure que “A la vejez se apoca el dormir y se aumenta el gruñir”, lograr que el cerebro envejecido tenga un buen descanso nocturno es posible.

 

16 mayo 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

 

Primavera Madre

 

¡Madre mía, tierra,
otra vez más verde,
más plena, más bella!

(Y yo, mientras, hijo
tuyo, con más secas
hojas en las venas).

¡Madre mía, tierra,
sé tú siempre joven,
y que yo me muera!

(Y tú, mientras, madre
mía, con más frescas
hojas en las piernas).

 

 

Juan Ramón Jiménez Mantecón (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881-San Juan de Puerto Rico, 29 de mayo de 1958) fue un poeta español. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1956 por el conjunto de su obra, entre la que destaca la obra lírica en prosa “Platero y yo”.

Estudia en la Universidad de Sevilla, pero abandona la carrera de  Derecho y la Pintura para dedicarse a la literatura, influenciado por Rubén Darío y los simbolistas franceses.

Hizo varios viajes a Francia y luego a Estados Unidos, donde en 1916 se casó con Zenobia  Camprubí, a la que había conocido tres años antes.

Este hecho y el redescubrimiento del mar serán decisivos en su obra, e influirán en la escritura de “Diario de un poeta recién casado”. Esta obra marca la frontera entre su etapa sensitiva y la intelectual.

En 1936, al estallar la Guerra Civil española, se exilia a Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico. En este último país recibe la noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1956.

 

La crítica suele dividir su trayectoria poética en tres etapas:

Etapa sensitiva (1898-1915): marcada por la influencia de Bécquer, el Simbolismo y el Modernismo. En ella predominan las descripciones del paisaje, los sentimientos vagos, la melancolía, la música y el color, los recuerdos y ensueños amorosos

Etapa intelectual (1916-1936): descubrimiento del mar como motivo trascendente. El mar simboliza la vida, la soledad, el gozo, el eterno tiempo presente. Se inicia, asimismo, una evolución espiritual que lo lleva a buscar la trascendencia.

Etapa verdadera (1937-1958): todo lo escrito durante su exilio americano.

 

La obra poética de Juan Ramón Jiménez es muy numerosa, con libros que, a lo largo de su vida y en un afán constante de superación, repudia o de los que salva algún poema, casi siempre retocado en sus sucesivas selecciones.

La biblioteca del Instituto Cervantes de Nueva Delhi lleva el nombre de Zenobia-Juan Ramón Jiménez.

 


15 mayo 2026

UN ACERTADO REGALO DE CUMPLEAÑOS

 


Hoy jueves, 23 de abril, se celebra el DIA MUNDIAL DEL LIBRO, anualidad impulsada por la UNESCO desde 1995. Con esta fiesta cultural, trata de fomentarse la afición por la lectura, el desarrollo de la industria editorial y la necesaria protección de la propiedad intelectual. Es una fecha emblemática, pues coincide con el fallecimiento de tres universales literatos, en 1616: Miguel de CERVANTES, William SHAKESPEARE y el inca GARCILASO de la Vega. Destaca la bella costumbre, en algunos lugares, que las mujeres reciban una rosa roja como regalo y los hombres un libro.

Pensamos que “la fiesta del libro” debería estar presente, de forma perenne, en “todos” los días de nuestras vidas. Ya sea mayoritariamente impreso en papel o en archivos digitales, un libro es una ventana mágica abierta a la vida, a la cultura y a la imaginación, siendo además una lúcida terapia para enfrentarnos a la desagradable y angustiosa soledad. Comentemos una breve historia, dedicada a este día gozoso para la significación del libro en nuestro caminar por la existencia.

MAVI, ESTHER, SANDRA y ALMUDENA continúan manteniendo su fraternal amistad, desde que se conocieron de niñas ¡en la escuela infantil! Son coetáneas, pues las cuatro vinieron al mundo el año 2008, curiosamente en el mismo mes, en esa anualidad inestable para la economía mundial. Han querido y sabido permanecer juntas en la amistad, recorriendo los distintos niveles educativos en el mismo centro escolar de titularidad privada, Las Esclavas del Sagrado Corazón, en la capital malagueña. En la actualidad cursan 2º de bachillerato, etapa final de la enseñanza secundaria para, tras realizar las pruebas de acceso, poder acceder a una facultad universitaria en la UMA, Universidad de Málaga.


Sus respectivas familias pertenecen sociológicamente a clases medias, con estudios universitarios o de formación profesional. Maria Victoria es hija de padres maestros, en la educación pública de Andalucía. El padre de Esther ejerce de médico de familia, en la sanidad pública, mientras que su madre es analista clínico en la sanidad privada. En el caso de la familia de Sandra, su padre trabaja como arquitecto técnico, mientras que su madre lo hace como comercial en unos grandes almacenes, en la sección de ropa de mujer. Almudena vive con su madre, que trabaja en una peluquería de señoras, mientras que su padre, mecánico de automóviles formó una nueva familia hace ya una década.

La estupenda amistad entre las cuatro compañeras genera que se relacionen especialmente durante algunos fines de semana, para disfrutar visionando alguna película en cartel, asistiendo a fiestas y guateques o practicando las salidas senderistas a la naturaleza. Muchas noches de estudio las pasan juntas o en parejas, en unos u otros domicilios. Los maravillosos 17 años que las cuatro detentan hace que su carácter, con variaciones personales, se defina con los comportamientos propios de un perfil abierto a la ilusionada juventud. Todas ellas asumen que pese a las lógicas diferencias (expresivas, generosas, presumidas, trabajadores, divertidas, ambiciosas, soñadoras, etc.) debe prevalecer entre ellas esa amistad que han sabido mantener desde que tenían pocos años de vida. Aunque también van teniendo algunos amigos más cercanos, con los que comparten esos sentimientos propios de su evolución cronológica, reservan todos los viernes por las tardes para juntarse (sin parejas) con el objetivo de estar juntas y “hablar de sus cosas” con las meriendas y diversiones subsiguientes.

En un primaveral viernes de abril, las cuatro amigas se encontraban en una popular cafetería /bar de la muy transitada en turistas calle Alcazabilla. Tenían entradas para ver la película, El Extranjero, en el cine Albéniz, cinta que tiene buena puntuación por parte de la crítica especializada. En este mes primaveral, precisamente, se produce la feliz coincidencia de que todas ellas van a cumplir la mayoría de edad, acontecimiento emblemático en la vida de cualquier persona. Se habían reunido, con bastaste antelación al inicio de la proyección, para intercambiar comentarios propios del futuro académico el curso próximo en el campus universitario de Teatinos. Sin embargo, un tema iba a centrar la curiosidad e interés de cada jovencita: ¡El regalo que habían pedido a sus padres, para celebrar el fascinante momento de cumplir los 18!


Mavi, la siempre tenaz dinamizadora y viajera del grupo, es la primera que descubre su petición. “Creo que no me van a defraudar. Les he pedido que los miembros de la familia pasemos una semana o más de vacaciones, recorriendo la Hélade. Quiero revivir la belleza mediterránea de las polis griegas, sentir la sabiduría de los grandes filósofos, disfrutar con la monumentalidad de ese arte imperecedero para la cultura universal. Por supuesto no debe faltar ese mágico recorrido de un crucero visitando algunas de las islas del mar Jónico y el Egeo. Será una experiencia inolvidable. Ya conocéis que intentaré matricularme, si apruebo la selectividad, en Filosofía y Letras para especializarme en Historia Antigua”.  

Tras la brillante y simpática intervención de la joven futura historiadora, con todas disfrutando de los batidos helados que habían pedido, le tocaba el turno a Esther, siempre “luchadora” en contra de la enfermedad, a través de la ciencia y la investigación, a pesar de su fascinante juventud. “Parece que de viajes va a venir la tarde. Les he pedido a mis mayores que el próximo verano me paguen una estancia en los EE. UU., haciendo un cursillo de iniciación a la medicina nuclear. Su coste es elevado, pues está diseñado para estudiantes de secundaria y de los primeros cursos de medicina. El complejo médico, de muy elevado prestigio mundial, es el Cedars-Sinai Medical Center, ubicado en los Ángeles-California. Un mes de estudio y prácticas, además de actividades complementarias recreativas.

¡Vaya suerte que vais a tener las dos! Tendréis un verano de ensueño, comentaban sonrientes las demás amigas. “Bueno ya me toca (intervino Sandra, entre risas). No oculto que soy un poco presumida, pero sin maldad. Así que me he animado a sugerirles que quiero sacarme el carné de conducir, también este verano. Ya le tengo echado el ojo a un coche de segunda mano, pero sólo con un año y medio de antigüedad, que un vecino amigo quiere cambiar por otro más potente. Una vez que pueda conducir, comenzaré a negociar a ver cómo podemos tener un vehículo más en la familia. El coche de mis padres es un veterano Citröen, ya muy vapuleado pues va para los catorce años. ¡Quiero ir motorizada a Teatinos, pues así ligaré mejor!”. La muy “engreída” del grupo, ponía sus ilusiones en poder coquetear mejor entre los chicos.

Las tres miraron, entre cómplices sonrisas, a la siempre sencilla y cariñosa Almudena. “¡Ay! Siempre he sido sincera con vosotras, mis queridas amigas, pero en este caso mucho más. No es un secreto. Ya conocéis que en casa pasamos una mala racha económica. MI padre tiene dificultad para alimentar a su actual familia y ayudarnos a mi madre y a mí, pues en los talleres donde trabajaba, como mecánico de automoción de una concesionaria, lo han dejado en paro, con 49 años, una edad complicada para encontrar trabajo. Está intentando que en la EMT le hagan un hueco, pero no tiene allí “amistades” que le faciliten la entrada. Mi madre echa horas extras en la peluquería. Este verano pienso trabajar “en lo que sea” para ayudar. Así, que, con el mayor realismo y toda la ilusión que me produce, les voy a pedir un regalo que sea asequible a sus bolsillos y me haga enriquecer en los sentimientos y en mi imaginación. Les he rogado que ME REGALEN UN LIBRO de narrativas, que sea interesante, humano, distraído y que me haga soñar, empatizar y luchar por un mundo mejor. Poder dialogar, en los silencios de la mente, con el autor de la obra, os aseguro que, para mí, es el mejor regalo. Me gustaría dedicarme, algún día, a comunicar, a escribir historias, que ayuden a los lectores a descubrir y compartir vivencias que nos acerquen a la realidad de la vida”.  


Sus queridas y asombradas compañeras guardaron silencio y después sonrieron. Se acercaba la hora de inicio para la proyección de la película. Pagaron su consumición y se dirigieron a la cercana puerta del cine Albéniz, mientras esa zona enriquecida de recuerdos y valores históricos estaba “poblada” de centenares de turistas, que deambulaban distraídos con sus cámaras fotográficas. Muchos de ellos formaban corrillo alrededor de los guías turísticos, quienes divulgaban con imaginación la Historia que los rodeaba. –

 

José L. Casado Toro

Mayo 2026


 


EL ARTE MEDIEVAL NO ES OSCURO NI BÁRBARO

 

Artículo de José Alberto Moráis Morán, Profesor Titular de Universidad, Universidad de León y María Dolores Teijeira Pablos, Catedrática de Historia del Arte, Universidad de León. Publicado en la revista digital The Conversation.

La Edad Media es el periodo histórico-artístico comprendido desde el surgimiento del cristianismo en Europa occidental a partir del siglo IV hasta la época del arte gótico, durante los siglos XIII al XV. Es un tiempo que, tradicionalmente, aparece imaginado en el cine, las series de televisión, la literatura y la pintura romántica como una etapa oscura, siniestra, azotada por las enfermedades pandémicas que asolaban Europa, con ciudades y edificios sucios e insalubres y rodeada de una evidente falta de higiene.

En la novela y el filme El nombre de la rosa los edificios son tétricos y lóbregos, en la serie Juego de Tronos (que, aunque situada en un mundo imaginario, bebe de las referencias medievales) la guerra, la violencia y la muerte dominan la sociedad.

Incluso en Los pilares de la Tierra se dice que las construcciones románicas se idearon como ejemplos de una arquitectura tosca y sombría. El Medievo, que comienza con las oleadas atacantes de los mal llamados pueblos bárbaros, se nos ha presentado siempre lleno de calles embarradas, palacios fríos, muros de áspera piedra y un ambiente plomizo.

Sin embargo, la investigación realizada por los medievalistas en las últimas décadas, conjugada con las nuevas técnicas de reconstrucción digital, ha permitido romper esos mitos y presentarnos un mundo más acorde con la realidad. A partir del estudio de las fuentes escritas, las arqueológicas y, sobre todo, los objetos materiales y los edificios, aparece ante nosotros un panorama brillante.

Destellos en la Alta Edad Media

La mayoría de los expertos consideran que el arte y la arquitectura medievales surgen en el siglo IV, con edificios que en muchos casos llegaron hasta nuestros días muy modificados e incluso destruidos.

Desde España, expertos como Pablo Aparicio Resco han reconstruido, por ejemplo, la basílica que el emperador Constantino levantó en San Pedro del Vaticano (Roma), demolida y sepultada por la construcción moderna que hoy vemos. Siguiendo una indagación histórica, los datos obtenidos fueron trasladados a las nuevas tecnologías y así se pudo idear una imagen virtual del edificio.

En su interior todo era color, brillo, suntuosidad, esbeltas proporciones y ventanales que daban luz. El edificio, con sus mármoles, mosaicos, textiles y otros elementos, desmiente rotundamente el mito de la arquitectura medieval como espacio oscuro y siniestro.

Todos los edificios de la Alta Edad Media estaban pintados con colores saturados y resplandecientes, a pesar de que el paso de tiempo ha borrado los frágiles murales.

Un proyecto llevado a cabo por el diario asturiano La Nueva España aunó los esfuerzos de informáticos y diseñadores digitales con expertos internacionales en arte del antiguo reino de Asturias durante el siglo IX. Esta colaboración, puesta en práctica en el interior de la iglesia prerrománica de San Julián de los Prados, dio nueva vida a un conjunto pictórico que, en su estado actual, dista mucho de la exuberancia cromática que tuvo en su día recién pintado. En la iglesia, además, los muros acogieron imágenes de edificios imaginarios, es decir, arquitecturas fingidas y cortinajes hoy muy difíciles de percibir.

No se trata, en ninguno de los casos que mencionamos, de reconstrucciones fantásticas para un público de masas, sino del fruto de trabajos de documentación realizados por los estudiosos durante años.

Las iglesias de los monasterios de estas etapas, las basílicas y las catedrales no fueron lóbregas ni sus muros fríos. Incluso cuando ha desaparecido íntegramente la construcción, como en el caso de la catedral románica de Gerona, los trabajos de Gerardo Boto, Marc Sureda y Pablo Aparicio han generado una imagen esplendorosa de su interior. Allí, todo refulgía: los muros pintados, los baldaquinos de oro y plata, las telas ricas y la luz que, mediante velas y candelas, iluminaba cada recoveco.

El gótico, las catedrales y la luz

Las grandes catedrales góticas aparecen muchas veces presentadas como espacios siniestros. Así se describe la catedral parisina en la novela Nuestra Señora de París de Víctor Hugo (1831) y se visualiza en la adaptación de Disney El jorobado de Notre-Dame (1996).

Pero nada más lejos de la realidad. La arquitectura levantada entre los siglos XII y XV, prodigiosa técnicamente, permitió la apertura de grandes ventanales cubiertos con vidrieras policromadas. Estas proyectaron haces centelleantes en su interior, acariciando los muros, pilares y el mobiliario litúrgico de esos edificios. La luz dentro de los templos góticos generaba una atmósfera que potenciaba la vivencia espiritual del fiel en su acercamiento a Dios.

Los bienes muebles, por su fragilidad, desaparecieron en muchas ocasiones. Pero los concienzudos estudios de investigadores como Fernando Gutiérrez Baños han permitido visualizar cómo eran, por ejemplo, los retablos y tabernáculos de esos espacios. Lo han conseguido aplicando técnicas de reconstrucción digital y recomponiendo elementos dispersos o destruidos.

Las telas, los tapices y textiles, cubrían muros, suelos y altares, generando una imagen suntuosa. Muchos de esos elementos se perdieron fruto de incendios, humedades y robos. Las catedrales de Zamora y Palencia, entre otras muchas, conservan importantes obras artísticas de cronología gótica (siglos XIV y XV), donde los artistas usaron colores –rojos, amarillos y verdes– de gran impacto visual. El uso de las nuevas tecnologías ha permitido ubicarlos en sus lugares originales.

Ese es el caso del trascoro de la catedral palentina, donde se ha revivido el espacio que el obispo Juan Rodríguez de Fonseca ideó en los primeros años del siglo XVI, conjugado con la presencia de tablas pintadas.

El color estaba en todas partes

La pintura medieval, por su delicadeza y fragilidad, ha sido objeto de estudios científicos que buscan reconstruir virtualmente ciclos dañados. Así se hizo con las tablas
del convento de Santa Clara de Toro (Zamora) a partir de técnicas muy útiles para el patrimonio, como el registro fotogramétrico y la renderización, procesos informáticos que permiten generar animaciones a partir de modelos tridimensionales o 3D.

Por otra parte, las grandes catedrales góticas de Francia, entre ellas Notre-Dame de París y Amiens, han sido sometidas a documentadísimas investigaciones por parte de Stephen Murray y Andrew Tallon, sobre las que aplicaron técnicas láser y de análisis estructural. Sus estudios han sido claves a la hora de determinar cómo han de restaurarse esos templos, especialmente para el caso de la catedral parisina, muy dañada tras el incendio en abril de 2019.

Hoy sabemos que el arte medieval destacaba por su color y viveza. No hay más que ver la restitución cromática que se ha hecho de la Fachada de la catedral de Amiens, donde destacaban los potentes colores rojos y azules aplicados sobre las esculturas. La aplicación de técnicas 3D y de renderizado sobre la arquitectura y el arte de la Edad Media es una herramienta muy útil que permite conocer mejor el pasado. Sin embargo, si se pretende crear imágenes cercanas al estado inicial de las obras, esto siempre debe ir acompañado de estudios minuciosos de las fuentes documentales, la arqueología y las obras artísticas en sí mismas.

Cuando ese objetivo se logra, el arte medieval, lleno de claridad, color y luminosidad, se revela ante nosotros. Sin duda, en el futuro la investigación seguirá dando luz a tanta falsa oscuridad.

11 mayo 2026

CABEZA RAPADA

 

Un cuento Jesús Fernández Santos


Era un viento templado. Las hojas volaban llenando la calzada, remontándose hasta caer de nuevo desde las copas de los árboles. Su cabeza rapada al cero, aparecía oscura del sudor y el sol, como las piernas con sus largos pantalones de pana. No había cumplido los diez años; era un chico pequeño. Íbamos andando a través de aquel amplio paseo, mecidos por el rumor de los frondosos eucaliptos, envueltos en remolinos de polvo y hojas secas que lo invadían todo: los rincones de los bancos, las vías… Menudas y rojizas, pardas, como de castaño enano o abedul, llenaban todos los huecos por pequeños que fuesen, pegándose a nosotros como el alma al cuerpo.

Cruzaban sombras negras, luminosas, de los coches; los faros rojos atrás, acentuando su tono hasta el morado. Aunque no hacía frío nos arrimamos a una hoguera en que el guarda de las obras quemaba ramas de eucaliptos esparciendo al aire un agradable olor a monte abierto. Allí estuvimos un buen rato, llenando de él nuestros pulmones, hasta que el chico se puso a toser de nuevo.

-¿Te duele? -le pregunté.

Y contestó:

-Un poco -hablando como con gran trabajo.

-Podemos estar un poco más, si quieres.

Dijo que sí, y nos sentamos. Eran enormes aquellos árboles flotando sobre nosotros, cantando las ráfagas en la copa con un zumbido constante que a intervalos subía; y, más allá del pilón donde el hilo de la fuente saltaba, se veía a la gente cruzar, la ropa pegada al cuerpo, íntimamente unidas las parejas.

El chico volvió a quejarse.

-¿Te duele ahora?

-Aquí, un poco…

Se llevó la mano bajo la camisa. Era la piel blanca, sin rastro de vello, cortada como las manos de los que en invierno trabajan en el agua. Otra vez tenía miedo. Yo también, pero me esforzaba en tranquilizarle.

-No te apures; ya pasará como ayer.

-¿Y si no pasa?

-¿Te duele mucho?

El guarda nos miraba con recelo, pero no dijo nada cuando nos recostamos en el cajón de las herramientas. Freía sardinas en una sartén de juguete. A la luz anaranjada de la llama, el olor de la grasa se mezclaba al aroma de la madera que ardía.

-Ese chico no está bueno…

-¡Qué va! No es más que frío…

El chico no decía palabra. Miraba el fuego pesadamente, casi dormido.

-No está bueno…

Ahora no tenía un gesto tan hosco. El chico escupió al fuego y guardó silencio.

-Va a coger una pulmonía, ahí sentado.

Me levanté y le cogí del brazo, medio dormido como estaba.

-Vamos -dije-; vámonos.

Le fui llevando, poco a poco, lejos del fuego y de la mirada del guarda.

Mientras andábamos, por animarle un poco, froté aquella cabeza monda y suave, con la mano, al tiempo que le decía:

-¡Que no es nada, hombre!

Pero él no se atrevía a creerlo, y por si era poco, vino de atrás las voz del otro:

-¡Le debía ver un médico!

-¡Ya lo vio ayer!

Esto pasó con el médico: como no conocíamos a nadie fuimos al hospital, y nos pusimos a la cola de la consulta, enana habitación alta y blanca, con un ventanillo de cristal mate en lo más alto y dos puertas en los extremos abriéndose constantemente. La gente aguardaba en bancos, a lo largo de las paredes, charlando; algunos en silencio, los ojos fijos, vagos, en la pared de enfrente. La enfermera abrí una de la puertas, diciendo: “Otro”, y el que en aquel momento salía, saludaba: “Buenos días, doctor”.

Una mujer olvidó algo y entró de nuevo en la consulta. Salió aprisa, sin ver a nadie, sin saludar. Exclamaba algo que no entendimos bien. Todos miraron las baldosas, como si cada cual no pudiera soportar la mirada de los otros, y un hombre joven, de cara macilenta, maldijo muchas veces en voz baja.

El médico auscultaba al chico y, al mismo tiempo, me miraba a mí. Nos dio un papel con unas señas para que fuéramos al día siguiente.

-¿Es hermano tuyo?

-No.

Al día siguiente no fuimos adonde el papel decía.

Se inclinó un poco más. Debía sufrir mucho con aquella punzada en el costado. Sudaba por la fiebre y toda su frente brillaba, brotada de menudas gotas. Yo pensaba: “Está muy mal. No tiene dinero. No se pude poner bien porque no tiene dinero. Está del pecho. Está listo. Si pidiera a la gente que pasa no reuniría ni diez pesetas. Se tiene que morir. No conoce a nadie. Se va a morir porque de eso se muere todo el mundo. Aunque pasara el hombre más caritativo del mundo, se moriría.”

Reunimos tres pesetas. Decidimos tomar un café y entrar en calor.

-Con el calor se te quita.

Era un café vacío y mal alumbrado, con sillas en los rincones. La barra estaba al fondo, de muro a muro, cerrando una esquina, con el camarero más viejo sentado porque padecía del corazón, y sólo para los buenos clientes se levantaba. Tres paisanos jugaban al dominó. Llegaban los sones de un tango entre el soplido del exprés y los golpes de fichas sobre el mármol.

Sólo estuvimos un momento; lo justo para tomar el café. Al salir todo continuaba igual: el viejo tras el mostrador, mirando sus pies hinchados; los otros jugando, y el que andaba en la radio con los botones en la mano. La música y la luz parecían ir a desparecer de pronto. Viéndolos por última vez, quedaban como un mal recuerdo, negro y triste.

En el paseo, bajo los árboles, de nuevo empezó a quejarse, y se quiso sentar. Pisábamos el césped a oscuras. Buscó un árbol ancho, frondoso, y apoyando el él su espalda, rompió a llorar. De nuevo acaricié la redonda cabeza, y al bajar la mano me cayó una lágrima. Lloraba sobre sus rodillas, sobre sus puños cerrados en la tierra.

-No llores -le dije.

-Me voy a morir.

-No te vas a morir, no te mueres…

 

Cabeza rapada (1958), Barcelona, Seix Barral, 1982, págs. 11-15.

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