25 febrero 2026

PAUTA PARA SEGUIR UNA VERDADERA DIETA MEDITERRÁNEA

 

Artículo de Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología - Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández. Y de Marta Beltrá García-Calvo, Profesora de Nutrición y Bromatología. Colaboradora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández. Publicado en la revista digital The Conversation.

Inscrita en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO desde 2013, la dieta mediterránea es una parte esencial de nuestra cultura que, además, produce efectos beneficiosos en la salud. Pero su poder protector no reside en los hábitos alimentarios actuales o en los productos manufacturados en la región mediterránea. En realidad, proviene del patrón dietético clásico cuyos efectos han sido validados por decenas de estudios científicos con la participación de miles de personas.

Entonces, ¿a qué podemos llamar dieta mediterránea?

Según la definición de la UNESCO, “comprende un conjunto de conocimientos, competencias prácticas, rituales, tradiciones y símbolos relacionados con los cultivos y cosechas agrícolas, la pesca y la cría de animales, y también con la forma de conservar, transformar, cocinar, compartir y consumir los alimentos”. Por lo tanto, constituye también un patrón social.

De todos modos, el componente fundamental de este patrimonio cultural es, como su nombre indica, la dieta propiamente dicha. Para saber cómo de mediterránea es nuestra alimentación, debemos tener en cuenta 14 puntos. A mayor puntuación, más se le parece.

En primer lugar, los alimentos recomendados que suman puntos son:

·         El aceite de oliva.

·         Las verduras y hortalizas.

·         Las frutas.

·         Las legumbres.

·         El pescado y el marisco.

·         Los frutos secos.

·         La carne blanca (pollo, pavo, conejo).

·         El tradicional sofrito para acompañar platos principales.

Y los productos a evitar, los que nos alejan de la dieta mediterránea, son:

·         Las carnes rojas y procesadas.

·         La mantequilla, margarina o nata.

·         Las bebidas carbonatadas, ya sean azucaradas o no.

·         La repostería comercial.

Beneficios probados para la salud

El primer estudio sobre la dieta mediterránea se publicó en 1970, pero tuvieron que pasar aún más de 20 años para que volviera a despertar interés. Desde entonces ha sido foco de intensa investigación en nutrición.

Uno de los principales trabajos es español y en él participaron más de 90 investigadores. Se trata del estudio PREDIMED, diseñado para evaluar los efectos de este patrón alimentario en personas mayores con alto riesgo de enfermedad cardiovascular. Las conclusiones fueron inapelables: la incidencia de eventos cardiovasculares era claramente menor en los grupos de dieta mediterránea.

Ahora, después de décadas de investigaciones, los resultados no dejan lugar a dudas: la dieta mediterránea es una firme aliada para nuestra salud. Seguirla reduce el riesgo de mortalidad y de sufrir tres de las enfermedades más frecuentes de nuestro tiempo: las dolencias cardiovasculares, el cáncer y la diabetes tipo 2. Además, también protege contra el deterioro cognitivo, la demencia y el alzhéimer.

Menús poco mediterráneos

A pesar de todas estas evidencias, la realidad es que nuestra alimentación actual se parece poco o nada a la dieta mediterránea. Además, solemos creer erróneamente que alimentos muy consumidos, como el cerdo, el jamón o el queso, forman parte de ella.

Si echamos un vistazo a los 14 puntos mencionados en el estudio PREDIMED, leemos que uno de ellos es: “¿consume usted preferentemente carne de pollo, pavo o conejo en vez de ternera, cerdo, hamburguesas o salchichas?”. Para obtener un punto, la respuesta debe ser sí. Además, una de las recomendaciones adicionales es no tomar más de una ración de jamón curado o de carne roja a la semana.

La principal razón para esta restricción es que tanto el jamón curado como cualquier otro embutido son carnes procesadas, y estas aumentan las probabilidades de sufrir cáncer colorrectal, el segundo cáncer más mortal del mundo. Otra razón es su alto contenido de sal, que incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares y renales.

Además, en términos de salud, el cerdo se clasifica como carne roja, un riesgo adicional para contraer el citado cáncer colorrectal. Por si fuera poco, tomar mucha carne roja y procesada también aumenta las posibilidades de morir por problemas cardiovasculares.

En lo que se refiere a los quesos, los bajos en grasa no tienen límites estrictos en la dieta mediterránea, mientras que los curados o grasos (la gran mayoría) están restringidos a un máximo de una ración semanal. Esto se debe a su elevado contenido de sal y a que predominan las grasas saturadas, dos riesgos considerables para la salud.

¿Vino sí o vino no?

Uno de los aspectos más controvertidos de la dieta mediterránea es el vino. Aunque puntúa positivamente en el estudio PREDIMED, no se fomenta su consumo, sino que se limita la cantidad a quienes ya son consumidores habituales.

El vino, particularmente el tinto, goza de buena fama por la presencia de polifenoles procedentes de la uva. De hecho, en el propio estudio PREDIMED se observó que tomar más polifenoles puede disminuir el riesgo de mortalidad. Sin embargo, estos compuestos naturales también se encuentran en alimentos muy consumidos, como el aceite de oliva virgen, los frutos secos, las frutas y las verduras.

Además, el vino no deja de ser una bebida alcohólica y la conclusión de la Organización Mundial de la Salud al respecto es que beber alcohol puede causar más de 200 problemas de salud. De hecho, esta institución considera que no hay un nivel que no suponga un riesgo, por bajo que sea.

Lo positivo es que siempre estamos a tiempo de mejorar nuestra salud. No importa la edad a la que lo hagamos: cualquier momento es bueno para acercar nuestra alimentación a los 14 puntos de la dieta mediterránea. Cada paso que demos hacia un mayor cumplimiento de este patrón alimentario, por pequeño que sea, supone un beneficio en la prevención de enfermedades.

 


23 febrero 2026

EL CORAZÓN PERDIDO

Un cuento de Emilia Pardo Bazán

 

Yendo una tardecita de paseo por las calles de la ciudad, vi en el suelo un objeto rojo; me bajé: era un sangriento y vivo corazón que recogí cuidadosamente. «Debe de habérsele perdido a alguna mujer», pensé al observar la blancura y delicadeza de la tierna víscera, que, al contacto de mis dedos, palpitaba como si estuviese dentro del pecho de su dueño. Lo envolví con esmero dentro de un blanco paño, lo abrigué, lo escondí bajo mi ropa, y me dediqué a averiguar quién era la mujer que había perdido el corazón en la calle. Para indagar mejor, adquirí unos maravillosos anteojos que permitían ver, al través del corpiño, de la ropa interior, de la carne y de las costillas -como por esos relicarios que son el busto de una santa y tienen en el pecho una ventanita de cristal-, el lugar que ocupa el corazón.

Apenas me hube calado mis anteojos mágicos, miré ansiosamente a la primera mujer que pasaba, y ¡oh asombro!, la mujer no tenía corazón. Ella debía de ser, sin duda, la propietaria de mi hallazgo. Lo raro fue que, al decirle yo cómo había encontrado su corazón y lo conservaba a sus órdenes de si gustaba recogerlo, la mujer, indignada, juró y perjuró que no había perdido cosa alguna; que su corazón estaba donde solía y que lo sentía perfectamente pulsar, recibir y expeler la sangre. En vista de la terquedad de la mujer, la dejé y me volví hacia otra, joven, linda, seductora, alegre. ¡Dios santo! En su blanco pecho vi la misma oquedad, el mismo agujero rosado, sin nada allá dentro, nada, nada. ¡Tampoco ésta tenía corazón! Y cuando le ofrecí respetuosamente el que yo llevaba guardadito, menos aún lo quiso admitir, alegando que era ofenderla de un modo grave suponer que, o le faltaba el corazón, o era tan descuidada que había podido perderlo así en la vía pública sin que lo advirtiese.

Y pasaron centenares de mujeres, viejas y mozas, lindas y feas, morenas y pelirrubias, melancólicas y vivarachas; y a todas les eché los anteojos, y en todas noté que del corazón sólo tenían el sitio, pero que el órgano, o no había existido nunca, o se había perdido tiempo atrás. Y todas, todas sin excepción alguna, al querer yo devolverles el corazón de que carecían, negábanse a aceptarlo, ya porque creían tenerlo, ya porque sin él se encontraban divinamente, ya porque se juzgaban injuriadas por la oferta, ya porque no se atrevían a arrostrar el peligro de poseer un corazón. Iba desesperando de restituir a un pecho de mujer el pobre corazón abandonado, cuando, por casualidad, con ayuda de mis prodigiosos lentes, acerté a ver que pasaba por la calle una niña pálida, y en su pecho, ¡por fin!, distinguí un corazón, un verdadero corazón de carne, que saltaba, latía y sentía. No sé por qué -pues reconozco que era un absurdo brindar corazón a quien lo tenía tan vivo y tan despierto- se me ocurrió hacer la prueba de presentarle el que habían desechado todas, y he aquí que la niña, en vez de rechazarme como las demás, abrió el seno y recibió el corazón que yo, en mi fatiga, iba a dejar otra vez caído sobre los guijarros.

Enriquecida con dos corazones, la niña pálida se puso mucho más pálida aún: las emociones, por insignificantes que fuesen, la estremecían hasta la médula; los afectos vibraban en ella con cruel intensidad; la amistad, la compasión, la tristeza, la alegría, el amor, los celos, todo era en ella profundo y terrible; y la muy necia, en vez de resolverse a suprimir uno de sus dos corazones, o los dos a un tiempo, diríase que se complacía en vivir doble vida espiritual, queriendo, gozando y sufriendo por duplicado, sumando impresiones de esas que bastan para extinguir la vida. La criatura era como vela encendida por los dos cabos, que se consume en breves instantes. Y, en efecto, se consumió. Tendida en su lecho de muerte, lívida y tan demacrada y delgada que parecía un pajarillo, vinieron los médicos y aseguraron que lo que la arrebataba de este mundo era la rotura de un aneurisma. Ninguno (¡son tan torpes!) supo adivinar la verdad: ninguno comprendió que la niña se había muerto por cometer la imprudencia de dar asilo en su pecho a un corazón perdido en la calle.


21 febrero 2026

CITAS PARA REFLEXIONAR

 

“Habrá paz, cuando nos sepamos poner en el lugar de los que sufren.”



Papa León XIV: Robert Francis Prevost ; Chicago EEUU 1955; Religioso agustino fue ordenado sacerdote en 1982 y enviado a Perú como misionero, aprendiendo el español y adquiriendo la nacionalidad peruana; su elección como Papa fue inesperada para los observadores que no esperaban un Papa americano; hoy es el Soberano de la Ciudad del Vaticano.


UN POEMA PARA EL SÁBADO: OCTAVIO PAZ


Olvido

Cierra los ojos y a obscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
Húndete en esas espirales
del sonido que zumba y cae
y suena allá, remoto,
hacia el sitio del tímpano,
como una catarata ensordecida.

Hunde tu ser a obscuras,
anégate en tu piel,
y más, en tus entrañas;
que te deslumbre y ciegue
el hueso, lívida centella,
y entre simas y golfos de tiniebla
abra su azul penacho al fuego fatuo.

En esa sombra líquida del sueño
moja tu desnudez;
abandona tu forma, espuma
que no sabe quien dejó en la orilla;
piérdete en ti, infinita,
en tu infinito ser,
mar que se pierde en otro mar:
olvídate y olvídame.

 

 

De: «Libertad bajo palabra» 1935-1957

 

 

Octavio Paz Lozano fue  un destacado escritor y diplomático nacido en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914, y fallecido en la misma ciudad el 19 de abril de 1998. Dadas las actividades políticas del padre, que lo mantenían fuera de casa por largos períodos, su crianza estuvo a cargo de su madre, una tía y su abuelo paterno, novelista, que influyó mucho en sus primeros contactos con la Literatura. Su variada vida profesional abarcó desde la participación en la Embajada de México en la India hasta la docencia en numerosas universidades estadounidenses.

Su obra, influenciada desde temprano por poetas europeos de la talla de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, comprende tanto denuncias de carácter social como análisis de naturaleza existencial. Entre sus poemarios destacan " Libertad bajo palabra" y " Salamandra".

A su extensa y rica producción literaria deben sumarse las traducciones, como su versión en español de "Antología de Fernando Pessoa", sobre poemas del escritor portugués. Su estilo se ha transformado a lo largo de los años, producto de la apertura mental e ideológica del escritor, que nunca dudó en experimentar y adaptarse a las nuevas tendencias.

Obtuvo el premio Nobel de literatura en 1990 y el premio Cervantes en 1981. Se le considera uno de los más influyentes autores del siglo XX y uno de los grandes poetas de todos los tiempos.

  

20 febrero 2026

TIEMPO FELIZ DE LECTURA

 


Parece lógico que una saludable forma de sustentar argumentos, entre otras opciones, es la valiosa y directa experiencia personal. Una opinión o apreciación, que sobrevuela en los comportamientos sociales, es que actualmente se compran y se leen menos libros, con respecto a otras etapas de pasado. Se achaca esta percepción, que cada vez se lee menos, a la competencia digital de las redes sociales. Jóvenes y mayores carecen de tiempo para ponerse un libro en las manos, dedicando horas a la plácida lectura. Es cierto que practicamos una vida acelerada y competitiva, en la que los relojes marcan nuestros quehaceres. Recordamos con nostalgia cómo se escribían y leían aquellas cartas del pasado. Hoy prevalecen los mensajes cortos del Whatsapp, incluso por encima de los e-mails o correos electrónicos. De hecho, es el signo de los tiempos para la inmediatez, en muchos países están quitando los buzones de correo en las calles, en donde se “echaban” aquellas cartas caligráficas, que nos ayudaban tanto a comunicar. Cuando miramos en nuestros buzones domiciliarios, sólo hay sobres de bancos y publicidad. Eso de “ponerse a escribir” con bolígrafo y papel son comportamientos obsoletos del pasado, en nuestros estresados hábitos.

Por supuesto que los editores se van adaptando a los tiempos digitales. Además de ofertar sus libros y novedades bibliográficas en soporte papel, también están utilizando la posibilidad de los e-books, los libros digitales, que pueden ser leídos en las pantallas de los tablets, móviles y ordenadores personales, portátiles o fijos. Es una realidad que los libros digitales tienen un precio algo menor que los editados en papel.



El mundo de la prensa en papel también está sufriendo el “vendaval” digital. En los antiguos puestos callejeros de periódicos, aún podemos ver las portados de las revistas semanales del corazón, pero cada vez se vende menos prensa en papel. Las antiguas y voluminosas rotativas van desapareciendo, a causa del avance de los periódicos instantáneos en la información, optimizando las vías digitales. Las empresas mediáticas de la comunicación ofertan atractivos incentivos a los nuevos suscriptores (que tienen acceso a los mejores artículos) sobre los simples lectores que entran en sus páginas web. Tienen que luchar contra una muy dura competencia, pues está en juego el reparto de los vitales ingresos del “pastel” publicitario.

En este contexto, también hay que plantear el siguiente interrogante: ¿Cuántas librerías hay en nuestra localidad? Compárese este número con los establecimientos dedicados a la venta de ropa, restauración, productos electrodomésticos y de alimentación. Sin embargo, vamos a aplicar a esta supuesta “crisis comercial bibliográfica” la experiencia personal que hemos vivido en las pasadas navidades. Al visitar librerías en Málaga capital (Casa del Libro, FNAC, Luces, Corte Inglés, Proteo, Agapea, Rayuela etc) buscando determinadas obras y autores, era sorpresivo ver “colas” de clientes para pagar los libros que habían adquirido o para recoger otros ejemplares que habían encargado por Internet. Estar rodeado de libros y personas, que consultaban las novedades y especialidades temáticas, era verdaderamente alentador. Habría que entender que, si se estaban vendiendo tantos libros, sería para disfrutar con su lectura o regalarlos.

Hablando con algunas personas, mientras esperábamos que nos llegara el turno, me comentaban: “Para mí no es lo mismo leer en papel, tener el libro entre mis manos, poder subrayarlo, que tener que leer en pantalla”. El olor a tinta y a papel impreso, con esos contenidos llenos de magia y lucidez, es algo que potencia el amor a los libros y a la cultura. Desde luego es evidente que la relación Navidad-regalo puede justificar esta densificación de clientes en los establecimientos libreros. Pero en otras fechas del calendario, difícilmente hemos entrado en una librería vacía de clientes.


Una imagen que me ha quedado grabada en la memoria, durante estas fechas navideñas, es la expresión de intensa desilusión que ofrecía aquel joven o aquel cliente de más edad, cuando preguntaba por una determinada obra y el vendedor le decía (incluso sin consultar en la base de datos del ordenados) “lo siento, ese título está agotado. Ha sido muy demandado por el público lector”. La entristecida imagen contrastaba con el rostro pleno de alegría de otro cliente, cuando a éste le respondían “ha tenido suerte. Nos queda en la tienda un solo ejemplar”. Es esperanzador comprobar cómo los libros siguen llegando a nuestros hogares.

Un aspecto interesante es que, al consultar por Internet, algunas editoriales suelen añadir, entre la información sobre un determinado libro, un dato interesante: el tiempo en minutos que se tarda en leer esa novela, ensayo o biografía. Obviamente, es un dato “medio” o aproximativo. Hay personas que leen más rápido que otras. Hay que contar también con el número de páginas impresas. Y entiendo que se refieren al tiempo total, pues no creo que se pueda leer un libro que supere las cien páginas “de un tirón” o estar tres o cuatro horas sin levantarse del asiento con un determinado libro.


El ritmo de lectura es variado en cada persona. Además, existen métodos de “lectura rápida”, captándose la información más notoria. Personalmente me agrada realizar una lectura lenta, deteniéndome en las palabras o frases más relevantes. Es conveniente detener la lectura, para realizar una reflexión de lo más relevante o trascendente acerca de lo que se acaba de leer. Es conveniente hacer breves descansos, a fin de relajar o reestructurar nuestra mente. Y al volver al punto en el que nos habíamos quedado (gracias al señalador) “rebobinar” los párrafos o páginas previas, para entrar mejor en situación.  También resulta muy útil analizar las fotos, láminas o dibujos que acompañen al texto. Al llegar al final de los capítulos del libro, resulta aconsejable construir mentalmente una síntesis, destacando los valores más interesantes que el escritor nos haya transmitido en los contenidos de la obra. Hay libros que necesitan o merecen una segunda lectura, para entender o fijarnos en detalles que durante primera lectura no hayamos captado. Si se tiene tiempo para hacerlo, puede ser también interesante subrayar frases o datos, con ese señalizador de colores, que nos ayudan en una posterior consulta. Hay que reiterar que la lectura pausada, como en los buenos menús, resulta más sana y digestiva. Lo verdaderamente importante es dedicar tiempo a una feliz lectura. LEER, pero también ESCRIBIR.


 José L. Casado Toro

Febrero, 2026




18 febrero 2026

¿EL CUENTO DE LA VIEJA? CÓMO MARGARET ATWOOD DESMONTA EL EDADISMO Y LA ANTIPATÍA INTERGENERACIONAL

 


Artículo de Daniel Nisa Cáceres, Profesor Titular de Filología Inglesa, Departamento de Filología y Traducción, Universidad Pablo de Olavide. Publicado en la revista digital The Conversation

Dice el refranero que “Más sabe el diablo por viejo que por diablo” y “Cuanto más vieja, más pelleja”, en alusión a que la edad no siempre trae virtud, sino a veces más astucia o picardía.

Ciertamente, la experiencia femenina siempre ha sido peligrosa e incómoda para las estructuras de poder. En esa línea, la escritora canadiense Margaret Atwood afirma que a partir de cierta edad se etiqueta a las mujeres como sabias ancianitas o brujas malvadas. De ahí que quiera poner orden con su Libro de mis vidas. Como unas memorias (2025).

La tendencia de agrupar a las sociedades en grupos estereotipados enfrentados entre sí es muy cuestionada por los estudios feministas, culturales y decoloniales. En concreto, se critican los llamados binarismos jerárquicos, tales como hombre/mujer, cultura/naturaleza o mente/cuerpo.

Ahora, jóvenes y viejos son la yesca para encender otra hoguera polarizada más. Hay quien la define como guerra, antipatía o brecha intergeneracional entre los mayores (silent generation y boomers) y los jóvenes (millennials o generación Z). Pero culpar a unos, por ejemplo, de la falta de viviendas y tachar a otros de indolencia es, cuando menos, una simplificación.

 

Atwood frente al edadismo

Si alguien posee pericia imaginativa para arrojar luz sobre estos y otros problemas actuales, esa es Margaret Atwood. En sus ensayos recientes sobre feminismo, cultura contemporánea y el cambio climático, también aborda la discriminación por cuestión de edad. En Cuestiones candentes (2022) reflexiona sobre cómo la sociedad invisibiliza a las personas mayores. En particular a las mujeres, al usar una doble vara de medir en lo que respecta al físico o su valía laboral. Además, critica la expectativa cultural de que la edad limite la relevancia intelectual, la autoridad o la presencia pública.

En paralelo, su ficción dialoga directamente con estas ideas. Baste el ejemplo de cómo la narradora entrada en años de El asesino ciego (2000) hace frente a los prejuicios sociales que minimizan o tergiversan su experiencia vivida. Y cómo en Los testamentos (2019), la secuela de El cuento de la criada (1985), se otorga a una ya anciana tía Lydia un papel central de poder, agencia y subversión del orden misógino y totalitario de la República de Gilead.

 

Quemar a una generación

Mención aparte merece el relato “A la hoguera con los carcamales” (Nueve cuentos malvados, 2014). En él, una organización internacional llamada “Nuestro turno” se dedica a quemar residencias de la tercera edad con sus ocupantes dentro. Los jóvenes les culpan, sin hacer distinciones, de las desigualdades y la crisis climática que han heredado.

A Wilma, la protagonista, apenas le queda visión y padece el síndrome de Charles Bonnet: ve liliputienses bailando allá donde va. Para colmo, cientos de activistas desaforados asedian su residencia –llamada con sorna “Ambrosia Manor”, como el alimento que da inmortalidad y brío divino a los dioses griegos–. En un desenlace propio de un capítulo final de temporada de The Walking Dead, Wilma y su añoso noviete Tobias logran huir del edificio antes de que lo consuman las llamas.

Vista la deriva distópica del mundo actual y la capacidad de Atwood para anticipar acontecimientos, quizás debiéramos preocuparnos. Por supuesto se trata de una sátira grotesca pero, como ella apunta, la historia no está exenta de coloridos precedentes. Los necropolíticos deciden, por acción u omisión, quién vive y quién muere en sus estados. Y lo personal es político, como Atwood no se ha cansado de repetir desde que publicara su poemario Juegos de poder (1973). La ética, como la envidia, puede ser sana o no. Considerar a los ancianos como prescindibles en momentos de crisis obviamente no lo es (como por desgracia ocurrió durante la pandemia).

Tampoco es ético sacar provecho de preocupaciones legítimas sobre el acceso a la vivienda, el empleo, las pensiones, la educación y una atención sanitaria digna para enfrentar a grupos sociales. La realidad acaso supera a la ficción, pero esta nos ayuda a entender ‘la fricción’. Y no es solo un juego de palabras. Tanto la injusticia social como los prejuicios entre generaciones pueden ir a más.

Desde la última vuelta del camino: Atwood y el arte de no dejarse engañar

Ahí es donde Atwood desentumece nuestros sentidos, apela a nuestra inteligencia y desarma estos discursos de confrontación. Sobre todo porque desoír o quitar hierro a la sabiduría de la edad es osado.

La protagonista de El cuento de la criada (1985) y la serie homónima subestima las advertencias de su madre, feminista de la segunda ola, quien alerta sobre la pérdida de libertades y derechos ganados a pulso por millones de mujeres. Craso error. Sus temores se confirman con la instauración de una lúgubre dictadura teocrática y la desaparición de Estados Unidos, país que parece acercarse a pasos agigantados a esta realidad que dibuja la Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008.

En efecto, en sus ensayos, entrevistas y obras de ficción la vejez ocupa un espacio de lucidez crítica y resistencia. Desde aquí, Atwood examina las tensiones que acompañan el paso del tiempo. Observar y escuchar no implica credulidad ni sumisión. Y fiel a su habitual elocuencia e ingenio, nos deja una perla para que tomemos nota: “Soy toda oídos, pero a mí no me timan”.


16 febrero 2026

REFLEXIONES BAJO LA LLUVIA

 

En este siglo XXI en el que estamos instalados de modo obligatorio -no podemos retroceder ni avanzar aunque queramos- los cambios que se han producido (tanto en nuestro país como en nuestro planeta) han dado un giro al panorama mundial, tan brutal e incomprensible que, al menos en mi caso, me colocan en un plano de sorpresa permanente y, en ocasiones, hasta de estupor.

       El mundo estaba  organizado (o desorganizado), de una forma quizá injusta, pero sujeta a determinadas leyes o parámetros internacionales que se respetaban y a los que estábamos acostumbrados. Transitábamos por sendas conocidas y eso nos daba una cierta seguridad. El imperio norteamericano nos “mangoneaba” pero nos protegía  y  Europa, aunque sometida en parte a sus dictados,  lo utilizaba en su defensa como “al primo de Zumosol”

       En el lado contrario teníamos a Rusia y a su peligroso zar, el terrible Putin –un dictador elegido por las urnas- y durante un tiempo su ambición estuvo más o menos solapada, aunque no sus formas de gobierno y su sibilina y criminal manera de suprimir a los adversarios. Al invadir Ucrania se rompió el status establecido (al menos en este siglo) y se inició la vía libre para imponer la arbitrariedad más absoluta.  Los argumentos del Kremlin han sido buscarse una excusa peregrina para invadir el Dombás y así  iniciar una guerra que causa dolor y pérdida de vidas humanas y que se prolonga desde hace cuatro años. Con ella ha desmantelado el orden internacional y ha creado un sinfín de problemas a la propia Europa. Los que más sufren, por supuesto, son los propios ucranianos y los jóvenes rusos que Putin (sin ningún pudor) envía al “matadero”. Las vías de solución de este conflicto se presentan muy difíciles, como no sean las de aceptar sus exigencias y admitir ese precedente para el futuro.

       Y como las desgracias nunca vienen solas otro “vocacional” dictador detenta ahora la presidencia de los Estados Unidos: Donald Trump. Un ser engreído, pagado de sí mismo, bravucón, con una incontinencia verbal provocadora, convencido de que el mundo le pertenece y debe someterse a sus intereses e incluso a sus caprichos. Su lema: “esto veo esto quiero y si no me lo dan lo tomo” lo aplica sin ningún tipo de anestesia. Nada parece frenar su afán expansionista y no hablemos de los métodos brutales que emplea contra la emigración. La violencia que practica esa “policía paralela” para controlar este tema le pone a cualquiera los vellos de punta. Y sin embargo, tras el espectacular secuestro por los norteamericanos de otro dictador de libro, Nicolás Maduro, y sin conocer los acuerdos a los que ha llegado Trump con la recién nombrada presidenta de Venezuela, Delcy Rodriguez, se ha abierto una vía de esperanza en ese país para los maltratados presos políticos. Los están liberando. Algo impensable hace muy pocos meses ante la represión implacable de Maduro.

       Ignoro cómo se han de ir desarrollando los acontecimientos y si los venezolanos podrán volver a votar con libertad y alcanzar la democracia algún día, pero ante este cambio que parece se ha iniciado recurro al título de un libro que leí en mi primera juventud “¿Dios escribe con renglones torcidos?”

       En la próxima reflexión le tocará el turno al tercer componente del trío de dictadores Xi Jinping.

 

Mayte Tudea


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