13 marzo 2026

EL CULTURAL (31)

   

    Cuando   pensamos en Francisco Umbral (1932-2007) nos asalta la imagen del hombre adusto con bufanda, abrigo de Pierre Cardin y gafas de pasta, de semblante cínico, algo desafiante y voz grave, casi cavernosa.. Umbral fue, sobre todo, un gran articulista del que se han recopilado más de 200 escritos en dos libros recientes. Algunos extractos los recojo a continuación.

Embrión de Mortal y Rosa (1971)

     Estoy oyendo crecer a mi hijo y quisiera para él un mundo mejor, más justo y más libre. Cuando yo me haya muerto quisiera que los hombres hubiesen dejado de matar niños y los niños hubiesen dejado de pensar en matar hombres el día de mañana. Decía Camus que entre su madre y la justicia se quedaba con su madre. Decía Madariaga que un día dejó de creer en la justicia para creer en la libertad.

Ellas, las columnistas (1994)

      La primera que se metió en el lío fue Rosa Montero, Mafalda de Cuatro Caminos, padre banderillero y actriz con los Goliardos. Fumaba porros, se pintaba estrellitas y hablaba como Forges.

      Carmen Rigalt venía de la Universidad de Navarra y empezó en Madrid escribiendo en la tercera de “Pueblo” con Manuel Alcántara, Cándido y otros consagrados.

      Las mujeres son criaturas muy narrativas y por eso el mejor columnismo lo hacen hoy unas cuantas chicas que saben contar, cantar y encantar.

Toros (1972)

   Admiro el rito, la liturgia, el color, el minué de sangre, pero me repugna que haya una víctima inocente llenando de sangre el crepúsculo con su muerte. Yo soy el espontáneo que se tiraría al ruedo para darle un beso al toro.

Vejez (1995)

    A la juventud le espanta envejecer, pero con la edad se aprende que el envejecimiento es un confort, una instalación en la vida. El hombre, a partir de los 60, sabe que ha vivido y que la vida consiste en versos, políticas, amantes, alcoholes y algunos minicines.

Vejez (1996)

   Aprendamos despacio que envejecer es bello, aprendamos despacio que morir no es un rayo, que morir es oficio como vivir y amar, oficio de vivir, oficio de septiembre, oficio de morir, largo oficio del hombre. Seamos los artesanos de nuestra vejez larga, seamos los viejos gremios que trabajan el tiempo, que barroquizan lentos la luz de cada día, que tejen con su lino nuestra inmortal mortaja porque sabemos siempre que muriendo felices seremos recordados por todos los vecinos y vendrán de otros barrios a pegarnos un beso y vendrán de otros barrios con grandes padrenuestros.

Nota 1.- Mortal y Rosa, publicada en 1975, es una obra híbrida de elementos de memorias, diarios personales, y monólogos. Escrito en prosa poética relata la muerte de su hijo fallecido a los 5 años.

Nota 2.- El segundo texto de Vejez es un ejemplo perfecto del estilo literario de Umbral. Está escrito en versos alejandrinos; es decir, versos de 14 sílabas divididos en dos partes (hemistiquios) de 7+7

José Ramón Torres Gil

 

 

11 marzo 2026

¿POR QUÉ NOS GUSTA TANTO MARIANA ENRIQUEZ(TAMBIÉN A LOS ACADÉMICOS)?

 

Artículo de Enrique Ferrari, Vicedecano de investigación de la Facultad de Artes y Ciencias Sociales, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja. Publicado en la revista digital The Conversation

Estos años la escritora argentina Mariana Enriquez (sin tilde) parece estar en todas partes: en las librerías, en los medios de comunicación, en la academia. No es lo habitual que, a un mismo tiempo, se lea y estudie tanto a una escritora que solo tiene 50 años.

Pero su éxito sorprende aún más porque escribe literatura de género, terror fantástico casi siempre, una temática que genera suspicacias en muchos y que ella defiende con uñas y dientes. Y la defiende por su interés personal (como lectora es un género que siempre le ha gustado), pero también como punta de lanza de una reflexión de más calado en torno a su misión en la literatura, que parece tener muy clara.

Por qué gusta a los lectores

Quienes leemos cuentos conocimos a Mariana Enriquez con Los peligros de fumar en la cama (2009) y Las cosas que perdimos en el fuego (2016). Quienes no leen narraciones breves llegaron a ella con Nuestra parte de noche, Premio Herralde de Novela en 2019. En 2024 publicó los relatos Un lugar soleado para gente sombría y también ha escrito crónicas y ensayos, además de lanzar reediciones de sus novelas anteriores.

Nacida en Buenos Aires en 1973, es una de las autoras más leídas y valoradas de la narrativa contemporánea en español pero también tiene éxito en otros países, como Reino Unido o Estados Unidos. Entonces, ¿a qué viene este interés?

En primer lugar, a los lectores les gusta Mariana Enriquez por su destreza técnica para resolver las tramas, esquivando los lugares comunes, y también por su habilidad para construir personajes complejos.

Les atrae mucho su actualización del terror fantástico, en la que usa escrupulosamente los elementos del género para crear historias nuevas, no previsibles. Enriquez renueva cada tópico al hacerlo suyo.

Además, su uso de esas tramas ofrece un enfoque demoledor de los problemas sociales en la actualidad. Cada argumento es parte de un diagnóstico muy bien pensado, que remite siempre al miedo como una de las emociones más insistentes de nuestro tiempo. Se ha estudiado ya, por ejemplo, cómo trata la violencia machistael maltrato a los niñosla aporofobiala incomprensión social hacia las víctimasla enfermedad o el trauma de la dictadura militar en Argentina.

Por qué gusta a los académicos

Con todo, Enriquez no solo tiene éxito entre los lectores. Google Scholar devuelve más de 3 200 resultados con su búsqueda. Scopus y Web of Science recogen ya más de 70 artículos sobre ella (los dos últimos Premios Cervantes, juntos, no llegan a cinco).

¿Qué es lo que ve el mundo académico en su literatura?

Valora su poética, su teoría literaria, que es desacomplejada, renovadora, retadora, audaz. También su reconstrucción de su propia genealogía literaria; su propuesta de renovación del canon literario, sin deudas sobrevenidas. Nuestra parte de noche, por ejemplo, es un verso de Emily Dickinson, traducido por la escritora argentina Silvina Ocampo, mientras que “Las cosas que perdimos en el fuego” es el título de una canción de Bastille, la banda indie británica.

Destaca también su papel prescriptor. Enriquez ejerce de introductora y guía de otros autores que le son cercanos o que le gustan, fundamentalmente iberoamericanos y mucho más desconocidos que ella, en un ejercicio que es de proselitismo (por qué no) pero también de crítica literaria y de literatura comparada, aunque sea en primera persona. Es una lectora abrumadora, certera y entusiasta.

Fantasmas de la sociedad

No hemos pasado por alto ni los lectores ni los académicos la ambición de su escritura. Esta pretende dar una explicación compleja de la realidad, sobre todo a partir de su comprensión de algo tan difícil de analizar como el miedo como emoción primaria del sujeto al enfrentarse al mundo.

Por ejemplo, casi todos sus cuentos fantásticos son historias de fantasmas. De estos, aproximadamente la mitad narran cómo los personajes son poseídos por espectros que controlan su voluntad, obligándolos a agredirse a sí mismos. En el plano técnico, esto le permite construir la historia con dos niveles –el real y el fantástico– y sostener una ambigüedad bien consistente que habilita ambas lecturas: pensar que el personaje padece un trastorno mental o que realmente está poseído.

Pero, al mismo tiempo, abre la posibilidad de plantear un tratamiento más complejo de la víctima, centrado en cómo la perciben y atienden los otros personajes. Al confundirse víctima y agresor en un mismo cuerpo, se vuelve más difícil solidarizarse con el poseído: para los testigos solo hay un individuo haciéndose daño. Así, el personaje inicialmente agredido por el fantasma recibe una segunda agresión por la falta de comprensión y el abandono de su entorno, que lo identifica con el atacante. La víctima no es reconocida como tal; incluso se presenta ante los demás como una amenaza.

El terror como marcador social

Lo que hay detrás de estas posesiones es la incomprensión hacia quien sufre, un tema central en su narrativa. En su último libro de cuentos le da otra vuelta de tuerca a esta tesis al proponer también que los fantasmas son sujetos necesitados de cuidado, demandantes de cariño: ellos mismos son víctimas de una estructura social incapaz de ocuparse de los más vulnerables.

Sin embargo, que muchos de sus protagonistas sean espectros no encajona la narrativa de Mariana Enriquez en la literatura fantástica. Ella ha dicho que lo que le interesa es narrar el miedo, en cualquiera de sus formas. Y lo hace con una narrativa decididamente liminar: en la frontera de los géneros, esas zonas tan prometedoras, colmadas de posibilidades pero también de desasosiego; en esa franja de tierra de nadie que queda entre los puestos de control (con la fórmula que toma del escritor inglés de ciencia ficción J. G. Ballard). Eso es lo que nos gusta de su literatura: su capacidad para desquiciar la realidad y mostrárnosla más desprevenida.

09 marzo 2026

NUEVA REFLEXIÓN ¿PRIMAVERAL?

 

Tras estas largas semanas —escandalosamente lluviosas—  ha salido de nuevo el sol y hemos disfrutado durante  unos pocos días de un adelanto primaveral que lo cambia (casi) todo. La luz de esta tierra ilumina de una forma especial el panorama y aleja los pensamientos negativos. Pero ¡ay! la realidad, la cruda realidad, siempre termina por imponerse. Todo cuanto percibimos a través de las distintas pantallas: las de los teléfonos, la televisión, o lo nos llega por los oídos: la radio, los comentarios de compañeros y amigos, etc. no animan a ilusionarse con la situación que nos rodea.

       Ucrania sigue ahí: sin calefacción y con varios grados bajo cero, y los drones rusos sobrevolando y causando víctimas. Y también Gaza, que ha perdido la terrible actualidad que nos encogía el ánimo y que sigue sufriendo el abandono, el hambre y unas miserables condiciones de vida, y otros muchos lugares de este planeta a los que ni se nombra y que sufren males parecidos.


      Y desde hace varios días otra vez tenemos “galleando” al primo de Zumosol (leáse Trump) con el objetivo dirigido, ahora, hacia Irán. Y no es que esta teocracia indigna no merezca ser destituida —las mujeres iraníes en especial pueden confirmarlo— pero el papel de “salvador de países” que se atribuye el presidente norteamericano, hace temer que se equivoque de enemigo y cualquier día ataque a quien menos se espera y merezca. Sin valorar las consecuencias que una acción de guerra en el país iraní puede significar en el menguado equilibrio internacional.




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Los párrafos anteriores los escribí hace una semana (el viernes pasado) y en estos siete días transcurridos se ha confirmado lo que muchos temíamos. Y casi me he quedado bloqueada, incapaz de continuar con el artículo que me había propuesto escribir y sin conseguir hilvanar los argumentos necesarios para terminarlo. El laberinto que supone reflexionar sobre la actualidad mundial resulta inextricable. Y empleo este adjetivo porque me parece que la confusión se eleva a límites superlativos.

Trump y Netanyahu, encantados de haberse conocido y sumergidos en esta ola destructiva que se amplía cada vez más, no parecen mantener un discurso lógico sobre el fin que persiguen con esta guerra. (Imagino que, como siempre, habrá importantes intereses detrás). Israel, o su cruel gobernante, trata de limpiar de enemigos sus fronteras y Trump enriquecer, aún más, la industria armamentística americana y aprovecharse de las riquezas (leáse petróleo) de la antigua Persia.



Y tenemos a Europa, con el paso cambiado, titubeante y en la difícil tarea de armonizar veintiocho voluntades, las de los países que la integran. Y mientras unos gritan ¡no a la guerra! envían fragatas en son de paz y otros se muestran discretos pero también colaboran en el “batiburrillo” de esta actualidad perturbada. El mundo es un enorme manicomio y a muchos de sus dirigentes convendría ponerles una camisa de fuerza.




Y me queda por analizar al tercer dictador tal y como prometí en un artículo anterior: Xi Jinping.  Pero dada su actitud cautelosa en el momento presente y haberse alejado del foco que nos deslumbra le voy a dar “cuartelillo”, al menos durante un par de semanas más.

Quiero recordarles que “siempre que llueve escampa”, que “tras la tempestad llega la calma”. Confiemos, por tanto, en que las “aguas vuelvan a su cauce”. Y en otro caso, como último recurso, nos queda Marte. En la tierra que extrajeron de este planeta ha germinado la planta de los garbanzos. Al menos allí no pasaremos hambre.


Mayte Tudea

08 marzo 2026

DÍA DE LA MUJER

 


El origen de conmemorar este día se remonta a marzo de 1909, en Estados Unidos: era una huelga pacífica de mujeres por la reclamación de salarios más dignos, reducción de jornada a diez horas diarias y el fín del trabajo infantil. Por esta reivindicación, 129 mujeres obreras murieron abrasadas por el fuego en la fábrica Cotton Textile Factory, en un incendio provocado por sus propios dueños.

De ahí a 1975, la Organización de las Naciones Unidas instauró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Está claro que se tomaron su tiempo en decidirlo.

Con los años ha pasado a ser el Día Internacional de la Mujer, lo de trabajadora se ha apeado del título porque ya se nos supone…

Desde entonces hasta ahora ha habido diferentes cambios, pocos para unas y muchos para otros, pero algo innegable es que ese camino las mujeres lo han labrado desde muy atrás y no por añadir algunos ismos, como recién inventados, palabras novedosas como cosificación, empoderamiento o sororidad, pancartas y lazos morados, se es más mujer o más feminista.

Ser mujer es la condición humana que llevamos con orgullo desde nuestro nacimiento. Podría decir que todas, en todos los momentos de la historia, cada una a su manera, ha sabido defender. Aunque la Justicia no es capaz de parar tantas muertes de mujeres inocentes con sus vidas y las de sus hijos truncadas. Es una asignatura pendiente que las leyes no resuelven.   

Aun así, me atrevería a asegurar que la genética nos provee de habilidades especiales para haber llegado hasta nuestros días sorteando muchísimas dificultades. Generación tras generación los logros nos hacen más hábiles para conseguir, a base de trabajo y esfuerzo, lo que cada mujer considera digno para ella como persona, con independencia de colores o escarapelas.

Como ejemplo, y por aquello de la fuerza de las palabras, transcribo un párrafo sobre las mujeres ventaneras: las que contemplaban el mundo a través de los cierres acristalados de sus casas o ventanas. La gran escritora Carmen Martín Gaite en su libro Desde la ventana, ensayo publicado en 1987, no pudo contarlo mejor. 

 

 Esperanza Liñán Gálvez


DESDE LA VENTANA de Carmen Martín Gaite 

                                                                                         

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. En todos los claustros, cocinas, estrados y gabinetes de la literatura universal donde viven las mujeres existe una ventana fundamental para la narración, de la misma manera que la suele haber también en los cuartos inhóspitos de hotel que pintó Edward Hopper y en las estancias embaldosadas de blanco y negro de los cuadros flamencos. Basta con eso para que se produzca a veces el prodigio: la mujer que leía una carta o que estaba guisando o hablando con una amiga mira de soslayo hacia los cristales, levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que solo se sabe que está lejos, que no lo ha visto nadie y que acoge a todos los pájaros ateridos y audaces, brindándoles terreno para que hagan su nido en él unos instantes.


07 marzo 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: IDEA VILARIÑO

 

Si muriera esta noche

 

Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera

De: Nocturnos, 1952


Idea Vilariño  (Montevideo, 18 de agosto de 1929-Montevideo 28 de abril de 2009) fue una poeta, ensayista y crítica literaria uruguaya perteneciente al grupo de escritores denominado Generación del 45, donde también se sitúan Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti entre otros. Dentro de sus facetas menos conocidas se encuentran la de  traductora, compositora y docente.

Escribió desde muy joven; y sus primeros poemas ya maduros fueron concebidos entre los 17 y los 21 años. Su primera obra poética, La suplicante, fue editada en 1945 solo con su nombre. En años siguientes sería reconocida internacionalmente y premiada con distintos galardones. Sus poemas están marcados por una experiencia íntima, intensa y angustiosa, muy coherente siempre. Un particular estilo que los expertos atribuyen a los continuos problemas de salud que la aquejaban y a su infancia.

Muchas de las obras de Idea Vilariño reflejan la tormentosa relación de amor que mantuvo con el también literato Juan Carlos Onetti. La obra Poemas de Amor de la poeta uruguaya, asimismo, plasma a la perfección la indecisión de Onetti. Uno de los más representativos es el que se titula Ya no será(ya publicado en el Blog de Amaduma). Y es que en medio de la relación él la dejó para casarse con otra mujer: Dorothea Muhr, que le acompañó hasta el final de sus días. Sin embargo, el enlace no acabó con el romance entre ambos, pero se tradujo en recelos, celos y en temor.


06 marzo 2026

REGRESO SENTIMENTAL AL PRINCIPIO

 



A muchas personas les agrada volver, si las circunstancias favorecen esos reencuentros, a los espacios que han sustentado los capítulos inolvidables de la infancia y juventud. Son lugares que suelen generarnos emocionantes e incluso fascinantes recuerdos. Cuando volvemos a recorrer aquellas calles, plazas y edificios y rincones, las imágenes, en las que somos protagonistas anónimos, se van amontonando en nuestros sentimientos, mientras los latidos cardiacos percuten con la fuerza de la ilusionada nostalgia.

Lógicamente, han pasado varias décadas por esa rancia urbanística a la que volvemos. Nos encontramos con numerosos y “sorprendentes” cambios, en ocasiones muy radicales para el asombro. Se ha ido conformando una nueva urbanística, con diferentes usos de los espacios, pero se mantienen restos inamovibles de esa otra época pretérita. ¿Mejores o peores, esos cambios con respecto al pasado?  Lo más justo sería decir “diferentes” de acuerdo con múltiples factores y necesidades.

A pesar de las transformaciones, en nuestro paseo recordatorio conseguiremos ver algunos establecimientos y negocios que han logrado subsistir, superando el ímpetu cambiante del avance cronológico (cinco o más décadas). Destacan los cambios de uso en los bajos de los vetustos edificios, que nos proporcionan contrastes curiosos, en función de los latidos socioeconómicos, técnicos y habituales de cada ciclo histórico. Citemos algunos ejemplos.

El protagonista, JAVIER, observa pensativo que aquella aromática panadería, muy popular durante varias generaciones, se ha transformado en unos importantes baños árabes, con piscinas de aguas termales e idílicas salas de masajes. Una conocida carbonería, muy visitada por los clientes en los años cincuenta y sesenta, hoy se ha adaptado en un atractivo restaurante, vinculado en la decoración a la Semana Santa malagueña. Aquella funeraria, cuya imagen hacía recelar a los críos que jugaban en la calle, hoy luce como un bohemio bar de copas, repleto de una juventud amante de la vida, especialmente en horas nocturnas.  Toda la zona se halla poblada de restaurantes, bares, cafeterías, que ocupan los espacios que antes utilizaban tiendas de ultramarinos, relojerías, portales para vender la prensa e incluso farmacias o boticas. Dos importantes colegios, por el número de alumnos que allí cursaban, son hoy sede una cofradía con sus tronos montados y una “oKupación” de grupos contraculturales, respectivamente. Javier también se detiene ante pequeños bloques de viviendas, que se han ido construyendo en donde antes estaban unos míseros “lugares de mancebía” muy visitados por espíritus solitarios, en donde se vendía y practicaba “el amor”. Un rancio y lúgubre anticuario, repleto de los objetos más variados, con una atmósfera de añejo pergamino, lucía ahora como una de las escasas teterías que pueblan la ciudad, en donde actuaban cantautores de canciones con especial contenido y mensajes en sus estrofas.





Muchas de aquellas antiguas vías céntricas, por donde circulaban los carros y los vehículos y donde los niños realizaban sus juegos callejeros, hoy las ve peatonalizadas y sin aquella chiquillería ruidosa que tanto alegraba, para la severa austeridad en los años de la posguerra española. Las vetustas edificaciones que aún permanecen en pie se han ido adaptando para uso de viviendas turísticas, a pie de calle o en plantas más elevadas. Los descendientes de las familias tradicionales que las habitaban han ido buscando acomodo en barrios de la periferia, con mayor salubridad y comodidad en las viviendas (cuartos de baños, ascensores, garajes, motores para el agua) y una mayor funcionalidad arquitectónica.

Pero el ciudadano Javier, ya muy veterano en la vida, tenía hoy especial interés por visitar un lugar emblemático en su modesta biografía. Ese lugar significó el paso, desde una infancia sencilla y feliz a una etapa juvenil, en el que las vivencias ya no eran tan fáciles y por el contrario la dura realidad de la vida se iba descubriendo y protagonizandola. Su primer puesto laboral.


Eran años, los 50/60, en los que la normativa legal establecía el comienzo de la edad laboral a partir de los catorce años cumplidos. Ello no iba a impedir que en determinadas actividades hubiera trabajadores aprendices con menos edad que la legal autorizada. Con el bachillerato elemental superado y dadas las circunstancias que su familia afrontaba, como otros muchos adolescentes de su entorno, lo importante era buscar una “colocación”. Unas madres a otras se decían, con desigual alborozo, “mi hijo ya está “colocado” de aprendiz, en el comercio o taller del Sr. Venancio, que es un trabajo seguro. A ver si conseguimos que se haga un hombre de provecho”. “Pues mi Merceditas hace ya un mes que ha entrado de aprendiza en el taller de costura de la Srta. Eloisa. Está muy contenta, pues ahí tiene un porvenir”. 

En el caso de Javi, esa primera “colocación” fue en una gestoría administrativa y de seguros sociales, oferta laboral que su madre había visto anunciada (el padre estaba severamente enfermo) en las páginas del diario local SUR. La oficina se encontraba ubicada en pleno centro de la ciudad, muy próxima a la Alameda Principal del Generalísimo Franco, paralela a la transitada calle Córdoba. Madre e hijo subieron al primer piso de un bloque de viviendas recién construido, en la calle Blasco de Garay y allí solicitaron hablar con el dueño de la pequeña empresa, dirigida por un antiguo seminarista que cambió su vocación antes de “cantar misa”. Era don José, casado y con hijos, que tenía la titulación de graduado social y gestor administrativo. Después de conversar durante unos 30 minutos, en los que el jefe gestor hizo una serie de preguntas al adolescente, el chico de 14 año quedó contratado como aprendiz ayudante, comenzando a trabajar al día siguiente. Con una espontaneidad, propia de la edad, Javi manifestó que su ilusión futura era poder estudiar magisterio, en la Escuela Normal. Don José, persona muy respetable, le prometió, con la veteranía propia de sus años, “aquí te vas a convertir en un buen profesional administrativo”.

Javi estuvo trabajando en esa oficina durante algunos meses, cumpliendo bastante bien los encargos y órdenes que iba recibiendo de las personas que en la oficina desarrollaban su tarea laboral. Sus compañeros, a los que veía muy “mayores” eran el padre y los dos cuñados del jefe, don José, Ángeles y Joaquín, respectivamente, además de un representante de la empresa de seguros Lepanto que tenía su sede en la misma oficina, el Sr. Fernández, originario de Murcia.

Para Javi fue un importante y contrastado aprendizaje pasar de los distraídos juegos del balón en la calle, a las rígidas obligaciones horarias (44 horas semanales) y de trato educacional hacia las personas ya mayores con respecto a su adolescencia. En esos meses conoció y aprendió cómo había que preparar un cliché de texto y el funcionamiento de una multicopista, el adecuado sistema para archivar y clasificar centenares de documentos, manejar el teclado de las distintas máquinas de escribir que había en la oficina, la ubicación y procedimientos normativos de los principales organismos administrativos, oficiales y privados, existentes en la ciudad, cumpliendo fielmente (con los errores propios de la edad) las funciones que se le encomendaban. Fue una “dura” transición del niño adolescente al joven responsable, que ha de luchar con las dificultades que proporciona la vida. 



Cuando hoy camina por los aledaños viarios de esa oficina, en donde aprendió el valor y el esfuerzo necesario para conocer y desarrollar el trabajo por cuenta ajena, a sus 14 años de vida, un nostálgico y afectivo sentimiento le embarga. La fachada del edificio prácticamente sigue igual. Tras esas ventanas del primer piso (en las que actualmente no hay gestoría) aprendió a ir sustentando esa personalidad que con los años hoy le caracteriza. Pero la vida tiene muchos vaivenes y el destino abre y cierra muchos caminos. Cuando Javi rememora, en la lejanía de los recuerdos pretéritos, aquel principio, toma conciencia de lo mucho que atesora en su veterana persona, valores que ya germinaban en el joven adolescente que fue, allá en la Málaga añorada de los años sesenta. –

 

José L. Casado Toro

Marzo 2026


 


04 marzo 2026

NUTRICIÓN Y OÍDO: COMER BIEN PARA ESCUCHAR BIEN

 

Artículo de Humberto Yévenes Briones, Profesor en la Facultad de Medicina. Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública y Microbiología., Universidad Autónoma de Madrid, Esther Lopez-Garcia, Professor of Epidemiology, Universidad Autónoma de Madrid y Francisco Félix Caballero Díaz, Profesor de Bioestadística, Universidad Autónoma de Madrid. Publicado en la revista digital The Conversation

La pérdida de audición afecta a millones de personas en todo el mundo, y las proyecciones de la OMS indican que más de 2 500 millones vivirán con algún grado de discapacidad auditiva para 2050. Esta merma sensorial no solo compromete la capacidad para comunicarse, sino que también tiene un impacto profundo en la calidad de vida, el bienestar emocional y la participación social de quienes la padecen. Además, se asocia de manera importante con la demencia y el síndrome de fragilidad, dos condiciones que incrementan significativamente el riesgo de enfermedad, dependencia y mortalidad.

Lamentablemente, aún no tiene cura, y los tratamientos disponibles ofrecen una eficacia limitada. A esto hay que añadir que opciones como los audífonos o los implantes cocleares son costosos y suelen presentar un uso deficiente o escaso entre quienes los necesitan. De hecho, se ha estimado que un audífono clínico suele ser la tercera compra más cara que realiza una persona, solo después de una vivienda o un automóvil. Por si fuera poco, la financiación pública en muchos países, incluido España, continúa siendo restringida y no garantiza un acceso equitativo a todos los ciudadanos.

El peso de los buenos hábitos

Entonces, ¿cómo podemos prevenir la pérdida de audición? La primera medida es proteger nuestros oídos del ruido excesivo. Por ejemplo, cuando trabajamos en ambientes ruidosos, hay que usar protección auditiva adecuada, y si asistimos a conciertos o eventos con música alta, no está de más ponernos tapones o protectores de oído.

Pero, además, está comprobado que llevar estilos de vida saludables –dormir bien, realizar actividad física regularmente, moderar el consumo de alcohol…– ayuda a cuidar nuestra audición. Y en este capítulo, la alimentación se revela como un pilar fundamental.

Últimamente, los investigadores han comprobado que mantener una dieta sana y equilibrada no solo beneficia nuestra salud en general: seguir patrones nutricionales ricos en frutas, verduras, legumbres y pescado, y con bajo consumo de sal, carnes rojas y productos procesados, puede contribuir a reducir el riesgo de pérdida de audición.

Pescado y vitaminas

Si ponemos el foco en componentes específicos para incluir en el menú, se muestran especialmente beneficiosos los ácidos grasos poliinsaturados que encontramos en pescados como el salmón o las sardinas, así como los presentes en el aguacate y los frutos secos. Además, consumir al menos dos raciones de pescado a la semana podría reducir el riesgo de perder audición hasta en un 20 %.

Y recientemente, un estudio que hemos llevado a cabo con población española revela que cumplir con las recomendaciones de ingesta de vitaminas como A, C, D, E y folato (también llamado vitamina B9), además de minerales como calcio, magnesio, potasio, zinc y yodo, podría dismunuir de manera significativa la prevalencia de la merma auditiva, especialmente en las personas mayores.

Disfrutar de los sonidos y las conversaciones sin trabas

En definitiva, comer bien no es solo una cuestión de prevención de enfermedades: es una manera de cuidar de nosotros mismos a múltiples niveles, desde el corazón hasta los oídos, garantizando una vida más saludable, plena y con la posibilidad de disfrutar sin trabas de los sonidos y conversaciones que nos rodean cada día. Nutrirnos correctamente es un acto de autocuidado integral, en el que proteger nuestra audición va de la mano con fortalecer nuestra salud general.

Pero al margen de la alimentación, no debemos olvidar otros factores que influyen en la salud auditiva, como evitar la automedicación, realizar revisiones periódicas con el especialista –la detección precoz es básica– y mantener un control adecuado de enfermedades como la hipertensión y la diabetes, que también pueden deteriorar la audición. Cuidar nuestros oídos es cuidar nuestra calidad de vida.


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