06 mayo 2026

¿PUEDE LA ASPIRINA PREVENIR EL CÁNCER?

 

Artículo de Guillermo López Lluch, Catedrático del área de Biología Celular. Investigador asociado del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunológicos y antioxidantes., Universidad Pablo de Olavide. Publicado en la revista digital The Conversation.

En estos tiempos, muchos creen que la salud puede depender de un suplemento o una pastilla. De hecho, desde múltiples webs y redes sociales se nos dice que tal o cual enfermedad puede ser prevenida e incluso curada con tratamientos simples y naturales. Pero no, la biología es mucho más compleja y ni hay compuestos para todas las dolencias ni todo es prevenible con una pastilla o un suplemento.

El cáncer, diana de los reclamos “milagrosos”

El cáncer, o mejor dicho los diferentes tipos de cáncer, constituyen las dianas más llamativas para reclamos de todo tipo. Considerada una enfermedad de la que antes apenas se hablaba, ahora ya parece ser algo común, una dolencia más que se ha cronificado en muchos casos.

Así, frente a los avances científicos basados en pruebas, ensayos, resultados, comprobaciones y conclusiones, podemos encontrarnos con consejos de lo más variopinto para “prevenir” o “curar” cualquier cáncer. Y no todos se basan en las evidencias. Mientras que la ciencia va mejorando la quimioterapia y añadiendo tratamientos exitosos como los controles hormonales y las inmunoterapias basadas en anticuerpos, vacunas o células inmunitarias modificadas, otros enfoques no convencionales afirman tener cierto éxito aunque sin haber seguido los controles clínicos necesarios para convertirse en terapias.

En cuanto a la prevención, la ciencia ha demostrado que ciertos comportamientos como el sedentarismo, el tabaquismo, la ingesta de alcohol o ciertas dietas o someterse a ciertos ambientes contaminados aumentan la incidencia de determinados cánceres. Es obvio que evitarlos reduce las posibilidades, aunque no las anula completamente, de sufrirlos.

Sin embargo, otros tipos de cáncer dependen de factores que no podemos controlar, como contraer infecciones por virus que insertan su genoma en nuestras células (Epstein-Barr, herpes, VIH, VPH…). O haber nacido con cierta predisposición al heredar una versión alterada de un gen esencial para reparar el ADN: mutación del gen BRCA1 en el caso del cáncer de mama, útero y ovario o síndrome de Lynch en el caso del cáncer colorrectal, endometrio, ovario, estómago e intestino delgado.

Si tenemos en cuenta todas las causas que pueden desencadenar un cáncer, nos podemos hacer una idea de que seguir la recomendación de tomar tal o cual cosa para prevenirlo carece de base científica suficiente. Es el caso de la aspirina.

¿Hay alguna relación entre la aspirina y el cáncer?

Se ha puesto de moda tomar aspirina para prevenir el cáncer de colon, y así lo indican muchas páginas con aspecto científico. Eso sí, la práctica, genuinamente efectiva, de moderar la ingesta de carne roja y procesados brilla por su ausencia.

Desde los puntos de vista biológico y clínico debemos preguntarnos en qué se basa el supuesto de que ese medicamento disminuye el riesgo de sufrir la enfermedad si no afecta a los procesos esenciales que lo inducen.

La aspirina, o ácido acetilsalicílico, es un antipirético y analgésico, sintetizado de forma estable y pura allá por 1897 en los conocidos laboratorios de una empresa farmacéutica. Su aislamiento se basó en el efecto analgésico de la corteza de sauce, ya indicado por la farmacología egipcia hace más de 2 000 años. Lo que hizo la ciencia fue aislar el compuesto activo.

Su mecanismo de acción consiste en inhibir unas enzimas (las ciclooxigenasas-1 y -2) para bloquear la producción de las prostaglandinas. Estos compuestos naturales, como el tromboxano A2, inducen fiebre, inflamación y dolor mediante la activación de células del sistema inmunitario y las plaquetas. Al inhibir esas enzimas, la aspirina impide que dicha activación se produzca y reduce los síntomas. Poco más.

Teniendo en cuenta este mecanismo de acción, es difícil entender que la ingesta crónica de dosis bajas o moderadas de aspirina vayan a afectar a la progresión de un cáncer (al margen de que reducir el componente inflamatorio sí puede influir positivamente, pero solo en algunas modalidades de la dolencia).

Y no, la aspirina no previene el cáncer

Si bien ciertos estudios han indicado que puede haber cierto efecto secundario de la aspirina en la prevención del cáncer, lo cierto es que los trabajos con grandes grupos de personas indican que ese efecto, de haber alguno, es muy bajo.

De hecho, la más reciente revisión sistemática, que analiza todos los estudios clínicos al efecto, demuestra que esa relación no existe.

Es más, el uso crónico del célebre medicamento puede afectar negativamente, aumentando el riesgo de contraer otros tipos de cáncer dependiendo de la edad del paciente o incluso de sufrir hemorragias intestinales y cerebrales.

Seguir confiando en las soluciones farmacológicas sencillas o de suplementos para el cáncer o enfermedades muy complejas sin atender a los mecanismos de acción de los fármacos y a la naturaleza de las patologías es un gran error. No hay varitas mágicas y todos los medicamentos, e incluso los suplementos nutricionales, tienen sus efectos secundarios. Consulten con sus facultativos antes de meter nada en su organismo.

 


UN SILBIDO

Un cuento de Vicente Blasco Ibáñez

 

El entusiasmo caldeaba el teatro. ¡Qué debut! ¡Qué Lohengrin! ¡Qué tiple aquella!

Sobre el rojo de las butacas destacábanse en el patio las cabezas descubiertas o las torres de lazos, flores y tules, inmóviles, sin que las aproximara el cuchicheo ni el fastidio; en los palcos silencio absoluto; nada de tertulias y conversaciones a media voz; arriba, en el infierno de la filarmonía rabiosa, llamado irónicamente paraíso, el entusiasmo se escapaba prolongado y ruidoso, como un inmenso suspiro de satisfacción, cada vez que sonaba la voz de la tiple, dulce, poderosa y robusta. ¡Qué noche! Todo parecía nuevo en el teatro. La orquesta era de ángeles: hasta la araña del centro daba más luz.

En aquel entusiasmo tomaba no poca parte el patriotismo satisfecho. La tiple era española, la López, sólo que ahora se anunciaba con el apellido de su esposo el tenor Franchetti; un gran artista que, casándose con ella, la había hecho ascender a la categoría de estrella. ¡Vaya una mujer! Legítima de la tierra. Esbelta, arrogante; brazos y garganta con adorables redondeces, y los blancos tules de Elsa amplios en la cintura, pero estrechos y casi estallando con la presión de soberbias curvas. Sus ojos negros, rasgados, de sombrío fuego, contrastaban con la rubia peluca de la condesa de Brabante. La hermosa española era en la escena la mujer tímida, dulce y resignada que soñó Wágner, confiando en la fuerza de su inocencia, esperando el auxilio de lo desconocido.

Al relatar su ensueño ante el emperador y su corte, cantó con expresión tan vagorosa y dulce, los brazos caídos y la extática mirada en lo alto, como si viese llegar montado en una nube al misterioso paladín, que el público no pudo contenerse ya, y como la retumbante descarga de una fila de cañones, salió de todos los huecos del teatro, hasta de los pasillos, la atronadora detonación de aplausos y gritos.

La modestia y la gracia con que saludaba enardeció aún más al público. ¡Qué mujer! Una verdadera señora; y en cuanto a buenos sentimientos, todos recordaban detalles de su biografía. Aquel padre anciano, al que todos los meses enviaba una pensión para que viviera con decencia: un viejo feliz, que desde Madrid seguía la carrera de triunfos de su hija por todo el mundo.

Aquello era conmovedor. Algunas señoras se llevaban a los ojos una punta del guante, y en el paraíso, un vejete lloriqueaba metiendo la nariz en el embozo de la capa para sofocar sus gemidos. Los vecinos se reían.

¡Vamos hombre, que no era para tanto!

La representación seguía su curso en medio de los ecos del entusiasmo. Ahora el heraldo invitaba a los presentes, por si alguno quería defender a Elsa. Bueno, adelante. Aquel público, que se sabía de memoria la ópera, estaba en el secreto. No se presentaría ningún guapo. Después, con acompañamiento de tétrica música, avanzaron las damas veladas para llevarse la condesa al suplicio. Todo era broma; Elsa estaba segura. Pero cuando los bravos guerreros brabanzones se agitaron en la escena, viendo a lo lejos el misterioso cisne y su barquilla, y se fue armando en la imperial corte una batahola de dos mil demonios, el público, por acción refleja, se movió ruidosamente, arrellanándose en el asiento, tosiendo, suspirando, revolviéndose para hacer provisión de silencio. ¡Qué emoción! Iba a presentarse Franchetti, el famoso tenor, un gran artista de quien se murmuraba que habíase casado con la López buscando una compensación a sus facultades decadentes en la frescura y valentía de su mujer. Aparte de esto, un maestrazo que sabía salir triunfante con auxilio del arte.

¡Ah!… Ya estaba allí, de pie en el esquife, apoyado en larga espada, el escudo embrazado, cubierto el pecho de escamas de acero, irguiendo su arrogante figura de buen mozo festejado por toda la aristocracia de Europa, y deslumbrando de cabeza a pies, cual un pescado de plata envuelto en seda.

Silencio absoluto; aquello parecía una iglesia. El tenor miraba su cisne, como si allí no hubiese otro ser digno de atención, y en el místico ambiente fue desarrollándose un hilo de voz tenue, dulce, vagoroso, cual si viniera de una distancia invisible.

¡Mercè, mercè, cigno gentile!…

¿Qué fue lo que estremeció todo el teatro, poniendo de pie a los espectadores? Algo estridente, como si acabara de rasgarse la vieja decoración del fondo; un silbido rabioso, feroz, desesperado, que pareció hacer oscilar las luces de la sala.

¡Silbar a Franchetti antes de oírle! ¡Un tenor de cuatro mil francos! La gente de palcos y butacas miró al paraíso con el ceño fruncido; pero arriba la protesta fue más ruidosa. ¡Granuja! ¡Canalla! ¡Golfo! ¡A la cárcel con él! Y todo el público, arremolinándose, de pie y con el puño amenazante, señalaba al vejete que, cuando cantaba la tiple, metía la nariz en la capa para llorar, y ahora se erguía intentando en vano hacerse oír. ¡A la cárcel! ¡A la cárcel!

Pisando gente entró la pareja, y el viejo pasó a empujones de banco en banco, abofeteando a todos con su capa caída y contestando con desesperados manoteos a los insultos y amenazas, mientras que el público rompía a aplaudir estrepitosamente, para animar a Franchetti, que había interrumpido su canto.

En el pasillo detuviéronse el viejo y los guardias, respirando ansiosamente, magullados por el gentío. Algunos espectadores les siguieron.

—¡Parece imposible!—dijo uno de los guardias—. Una persona de edad y que parece decente…

—¿Y usted qué sabe?—gritó el viejo con expresión agresiva—. Mis razones tengo para hacer lo que he hecho. ¿Sabe usted quién soy yo? Pues soy el padre de Conchita, de esa que se llama en el cartel la Franchetti, de la que aplauden con tanto entusiasmo los imbéciles. ¡Qué tal!… ¿Les parece raro que silbe?… También yo he leído los periódicos; ¡qué modo de mentir! «La hija amantísima…» «El padre querido y feliz…» ¡Mentira, todo mentira! Mi hija ya no es mi hija, es un culebrón, y ese italiano un granuja. Sólo se acuerda de mí para enviarme una limosna, ¡como si el corazón comiera y le contentase el dinero! Yo no tomo un cuarto de ellos: primero morir; prefiero molestar a los amigos.

Ahora sí que era oído el viejo. Los que le rodeaban sentían hambrienta curiosidad ante una historia que tan de cerca tocaba a dos celebridades artísticas. Y el señor López, insultado por todo un público, deseaba comunicar a alguien su indignación, aunque fuese a los guardias.

—No tengo más familia que esa. Comprendan mi situación. Se crió en mis brazos: la pobrecita no conoció a su madre. Sacó voz; dijo que quería ser tiple o morir, y aquí tienen ustedes al bonachón de su padre decidido a que fuese una celebridad o a morir con ella. Los maestros dijeron: ¡a Milán! Y allá va el señor López con su niña, después de dimitir su empleo y vender los cuatro terrones heredados de su padre. ¡Válgame Dios y cuánto he sufrido! ¡Cuanto he trotado antes del debut, de maestro en maestro y de empresario en empresario! ¡Qué humillaciones, qué vigilancias para guardar a mi niña, y qué privaciones; sí, señores, privaciones y hasta hambre, cuidadosamente ocultada, para que nada faltase a la señorita! Y cuando cantó por fin y comenzó a sonar su nombre, cuando yo me extasiaba ante los resultados de mi sacrificio, llega ese fantasmón de Franchetti, y cantando sobre las tablas dúos y más dúos de amor, acaban por enamoricarse, y tengo que casar a la niña para que no me ponga mal gesto ni me parta el alma con sus lloros. Ustedes no saben lo que es un matrimonio de cantantes. El egoísmo haciendo gorgoritos. Ni cariño, ni corazón, ni nada; la voz, sólo la voz. Al ladrón de mi yerno le molesté desde el primer momento; tenía celos de mí, quería alejarme para dominar en absoluto a su mujer; y ella, que ama a ese payaso, que cada vez está más unida a él por las ovaciones, dijo que sí a todo. ¡Las exigencias del arte! ¡Su modo de vivir, que no les permite deberse a la familia, sino al arte! Estas fueron sus excusas, y me enviaron a España; y yo, por reñir con ese farsante, reñí con mi hija. Hasta hoy no les había visto… Señores, llévenme ustedes donde quieran, pero declaro que siempre que pueda vendré a silbar a ese ladrón italiano… He estado enfermo, estoy solo: pues revienta, viejo, como si no tuvieras hija. Tu Conchita no es tuya; es de Franchetti… pero no; es del arte. Y ahora digo yo: Si el arte consiste en que las hijas olviden a los padres que por ellas se sacrificaron, digo que me futro en el arte y que más me alegraría encontrarme a mi Concha al entrar en casa remendando mis calcetines.

*FIN*

  

02 mayo 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: CARLOS EDMUNDO DE ORY

 

Los amantes

Como estatuas de lluvia con los nervios azules
secretos en sus leyes de llaves que abren túneles
sucios de fuego y de cansancio reyes
han guardado sus gritos ya no más.


Cada uno en el otro engacelados
de noches tiernas en atroz gimnasio
viven actos de baile horizontal
no caminan de noche ya no más.


Se rigen de deseo y no se hablan
y no se escriben cartas nada dicen
juntos se alejan y huyen juntos juntos.


Ojos y pies dos cuerpos negros llagan
fosforescentes olas animales
se ponen a dormir y ya no más.

 

De: Miserable ternura – Cabaña

 

Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, 27 de abril de 1923 - Thézy-Glimont, Francia, 11 de noviembre de 2010). Fue un poeta, narrador, ensayista y traductor español, uno de los principales representantes del Postismo, movimiento vinculado a las vanguardias literarias.

Su labor literaria comienza con los poemas Sombras y pájaros (1940) y Canciones amargas (1942). En 1951 publica, en colaboración con el pintor dominicano Darío Suro, el manifiesto introrrealista, en el que defiende que la poesía debe partir de la realidad subjetiva del individuo y expresarse con el lenguaje que nace de los diferentes estados de conciencia.

De su obra poética destacan:

Los sonetos (1963), Música de lobo (1970), Poesía:1949-1969 (1970). Técnica y llanto (1971), Poesía abierta: 1945-1973 (1974).

Lee sin temor (1976), Metanoia (1978), Energeia (1978), La flauta prohibida (1979) y Soneto vivo (1988), son también obras suyas.

En el año 2006 recibió el Título Honorífico de “Hijo Predilecto de Andalucía” concedido por la Junta de Andalucía.

El 6 de noviembre de 2007 dejó un mensaje en la Caja de las Letras en el Instituto Cervantes que no se abrirá hasta este año 2022. Su archivo fue donado por su esposa Laure Lachéroy de Ory a la ciudad de Cádiz, en una fundación que lleva su nombre.  

 


01 mayo 2026

RECURSOS PERSONALES CONTRA LA BARBARIE

 

Los medios de autodefensa que apliquemos para sobrevivir, en esta sociedad viciada que protagonizamos, son necesarios, posibles, imprescindibles y compensatorios pues estamos conviviendo con respuestas y comportamientos “selváticos”, absurdos, violentos e irracionales, que paulatinamente van empobreciendo la irrenunciable dignidad de lo humano.


Cuando abrimos la mirada a este mundo descontrolado que nos rodea, sentimos el aturdimiento subsiguiente de convivir con muy numerosas realidades que marchan “al revés. De manera especial nos decepciona la sorprendente inacción, el cobarde silencio, la tolerancia vergonzosa, mostrada por prestigiosos y antiguos órganos supranacionales, creados para regir la coexistencia mundial. Sin embargo, estas instituciones parecen estar mirando hacia “otro lado”, cuando no en connivencia con los desvaríos bélicos y genocidas de caracterizados e impasibles líderes políticos, deseosos de construir otro mundo a su antojo. El descaro, el cinismo, la arrogancia “tabernaria”, la desvergüenza, la ambición y la impunidad de estos dirigentes, atroces e inhumanos en su lesivo proceder contra la racionalidad y la humanidad, generan el asombro y el miedo más desalentador.

En su laxa conciencia, los ejércitos de estos crueles y repulsivos dirigentes llevan la violencia, el sufrimiento, el miedo y la muerte a centenares y miles de vidas, ya sean niños, mujeres, ancianos, hombres y mujeres inocentes ante tan crispada y sangrienta barbarie. Destruyen con sus potentes misiles y bombas mortíferas, ciudades, aldeas, fábricas, hospitales, riquezas monumentales, cultivos, viviendas, sembrando la desesperación en tantas vidas carentes de esa mínima felicidad que todo ser humano debe disfrutar. ¿Y qué hace la ONU, la OTAN, la Unión Europea y la Justicia internacional? ¿Y qué hacen los ángeles y los dioses, desde su críptico e ignoto “Paraíso? ¿y la propia Humanidad, sojuzgada y envilecida?


Frente a este desolador panorama, el ser individual o colectivo se pregunta ¿Cómo sobrevivir en medio de tanta inmundicia? Sólo nos puede salvar nuestra generosa bondad, nuestra valiosa racionalidad y nuestra fértil imaginación. Resulta obvio que no nos podemos quedar con los brazos cruzados. La autoprotección es innegociable y pragmáticamente terapéutica.

 

INFORMACIÓN. Es necesaria e imprescindible, para cualquier buen ciudadano. Pero no resulta útil, para la salud de nuestro estado anímico, seguir leyendo y escuchando, de continuo, esas deprimentes noticias que los medios de comunicación (muchas veces viradas de inconfesables intereses) nos ofrecen. Bastante dolor nos proporciona la aventura de vivir, para que encima suframos con esas injusticias, violencias, maldades y atrocidades generadas por desquiciadas voluntades, con las que los mass media rellenan sus titulares y artículos de opinión, ilustradas con un material gráfico que repugna cualquier sensatez. Para compaginar información y autoprotección anímica lo más aconsejable podría ser reducir, en lo posible, la “vorágine informativa”, centrándonos en titulares y en resúmenes ofrecidos por medios responsables y no interesados en ideologías extremistas.  

LITERATURA. Una vez informados en lo estrictamente básico, hay que buscar compensaciones y sustitutivos que nos ofrezcan lo mejor y más estimulante de la existencia. La lectura de libros puede ser un muy adecuado e inocuo “Lorazepam” con efectos secundarios vitalizadores. Novela, ensayo, biografía, memorias, Historia, ciencia, etc. El ejercicio lector proporciona una fascinante inmersión en un mundo ficticio o real, a través de diálogo mágico que mantenemos con el escritor o creador literario.


NATURALEZA VEGETAL. Trasladarnos con frecuencia a un ambiente rural, rodeados de árboles, montañas, colinas, hierbas y flores naturales, en la inmensidad de un horizonte que se une con la cúpula celeste, nos genera esa satisfacción de sentirnos pequeños y grandes a la vez. Respirar el aroma de la vegetación, escuchar la acústica delicada de las aves o de ese fluido hídrico que discurre buscando hidratar los elementos físicos con los que se encuentra, es un delicado placer, muy próximo a esa cuota de felicidad que el ser humano necesita, como medicina paliativa, para sonreír y vivir.

NATURALEZA MARÍTIMA. Muchos tenemos la suerte de poder desplazarnos fácilmente a las playas o a las zonas portuarias. La grata sensación de caminar por la arena, Gozar con las formas y acústicas encadenadas de las olas, oler el aroma salobre del mar, con la posibilidad de viajar con el vaivén lúdico sobre las aguas, favorece nuestra proximidad a esa naturaleza a la que pertenecemos. La natación, practicada en el mar o en las piscinas aclimatadas, es un juicioso método para “olvidar” las crueles miserias que otros provocan.




En esta larga lista de recursos compensatorios, no podría faltar la MAGIA DEL CINE, proyectado en las salas o en la pequeña pantalla de nuestros hogares. Empatizar con los protagonistas de historias narradas durante 90 o más minutos, nos lleva al conocimiento de otros mundos, otras vidas y otros comportamientos posibles. Nos enseña, nos distrae, nos ilusiona, nos hace pensar y reflexionar sobre un mundo que necesita acudir con urgencia a la clínica terapéutica de la sensatez.

 


Por supuesto que, en este breve listado de recursos compensatorios disponibles, faltarían otros a los que también podríamos recurrir para el objetivo que nos ocupa. Pero cada persona conoce, en lo íntimo de ser, aquello que más necesita y favorece, en el noble e inteligente objetivo de compensar tiempos acremente nublados. Hágase la luz. –

 

José L. Casado Toro

Abril 2026


29 abril 2026

CUANDO LA TRADICIÓN SE CONVIERTE EN SALUD: LOS BENEFICIOS DE LOS BAILES FOLCLÓRICOS

 

Artículo de Lorenzo Antonio Justo Cousiño, Profesor de la Facultad de Fisioterapia. Fisioterapeuta, Doctor en Neurociencia, Universidade de Vigo y Mª Mercedes Soto González, Profesora en la Facultad de Fisioterapia. Fisioterapeuta, Universidade de Vigo. Publicado en The Conversation.

Está demostrado que bailar es una actividad que “pone en danza” diversas dimensiones del ser humano: físicas, cognitivas, emocionales y sociales.

En primer lugar, requiere que mantengamos la atención, nos sincronicemos con la música y ejecutemos diferentes tipos de pasos. Pero además, facilita la expresión y regulación de emociones, así como una mayor interacción social. En el caso de la población mayor, promueve la participación tanto de las personas sanas como la de aquellas que adolecen de limitaciones.

Terapia de danza

La ciencia ha evidenciado que el baile genera importantes cambios en el cuerpo: favorece la estimulación del sistema sensoriomotor, el ejercicio cardiovascular, la coordinación motora y la activación de redes cerebrales ligadas al movimiento y la cognición.

Se llama terapia de danza a una intervención de psicoterapia a que emplea el movimiento y el baile para mejorar la salud y el bienestar del individuo. Este concepto surgió en la década de 1940 cuando sus creadores, en gran parte bailarines y bailarinas, se percataron de los beneficios psicológicos de su actividad.

Un estudio realizado en Finlandia reveló que incorporar terapia de danza al tratamiento habitual de la depresión provoca una mejoría mucho mayor que con una terapia convencional aislada. En este punto es necesario recordar que cualquier intervención en una patología psicológica debe ser abordada por psicólogos o psiquiatras y que una intervención basada en movimiento (ejercicio terapéutico) ha de ser pautada por fisioterapeutas.

Cerebros más moldeables

La neuroplasticidad es la capacidad de nuestro cerebro de adaptarse y cambiar en base al aprendizaje, experiencias o reparación de lesiones. Se ha observado que la danza mejora esta propiedad: tiene la capacidad de integrar movimiento y sonido y favorece la conexión entre los dos hemisferios del cerebro. Además, los movimientos complejos del baile estimulan múltiples áreas cerebrales: motoras, sensoriales y cognitivas.

Una investigación realizada en adultos mayores en los que se comparó el baile frente a una intervención basada en ejercicio repetitivo observó un mayor impacto cerebral asociado a la danza. Esto podría estar asociado a una demanda mucho más variada –cognitiva, física y de coordinación–, lo que podría tener potencial para neutralizar la pérdida de materia gris relacionada con la edad.

También se estudia su efecto en enfermedades neurodegenerativas. De hecho, una publicación reciente describe que la danza es una práctica multitarea que cumple los estándares clínicos requeridos para la enfermedad de Parkinson: capacidad aeróbica, equilibrio, ritmo, marcha, control postural y habilidades cognitivas.

Tradiciones saludables

Pero ¿esto se aplica a todo tipo de bailes? ¿También a los tradicionales y folclóricos? En un estudio de 2025 se explica que cualquier modalidad tradicional que implique desempeño físico tendrá beneficios para la salud. También considera que su eficacia en el ámbito cardiovascular, funcional y metabólico es comparable a la de otras formas de ejercicio estructurado.

Además, las danzas folclóricas ofrecen una ventaja añadida: transmiten identidad e historia. Por ejemplo, el baile tradicional gallego ha sido declarado bien de interés cultural.

Otra publicación reciente refuerza estas ideas, concluyendo que el baile tradicional español (que incluye la jota, el flamenco y las sevillanas) contribuye al bienestar físico y emocional, con un impacto positivo en la calidad de vida. Adicionalmente, la danza tradicional estimula un sentimiento de unidad y acompañamiento en los participantes, ayudando a conectar a las personas.

Entre los beneficios de los bailes tradicionales destacan los cardiovasculares y del equilibrio, ya que incorporan pasos ágiles, cambios de dirección y elevación de la frecuencia cardíaca. También se asocia una mejora en la musculatura, pues muchas modalidades implican movimientos vigorosos que movilizan grandes extensiones corporales.

Las exigencias posturales y la coordinación del movimiento favorecen el equilibrio y la coordinación, mientras que las amplitudes motoras en los diferentes patrones de baile favorecen la movilidad articular.

Para todas las edades

En 2019, un estudio realizado en 130 personas mayores de 60 años demostró que practicar baile tradicional (en este trabajo era griego) durante 32 semanas mejoraba la condición física en todas las pruebas evaluada por el Senior Fitness Test, una batería de 6 pruebas que evalúa la fuerza en miembros, flexibilidad, resistencia aeróbica y equilibrio dinámico.

Acorde a los resultados observados, la danza folclórica se mostró como una herramienta eficaz para mejorar la funcionalidad y prevenir las caídas. Y no es solo cosa de mayores: también ha demostrado efectos positivos en estudiantes de secundaria y universitarios, generando mejorías en el estado de ánimo y la condición física.

Más allá del baile: políticas sanitarias

En la actualidad ya existen programas de salud pública que buscan actuar por medio del baile. Estos proyectos, denominados Dance for Health (Baile para la Salud) son proyectos comunitarios que buscan promover la implicación ciudadana en la salud y en la sociedad por medio del baile.

Dicha iniciativa, que ya ha demostrado altos niveles de participación y adherencia, propone en definitiva a la danza como un un método de bajo coste, divertido y culturalmente significativo para favorecer la actividad física en la sociedad.

27 abril 2026

LA SEÑAL

Un cuento de Inés Arredondo

 

El sol denso, inmóvil, imponía su presencia; la realidad estaba paralizada bajo su crueldad sin tregua. Flotaba el anuncio de una muerte suspensa, ardiente, sin podredumbre pero también sin ternura. Eran las tres de la tarde.

Pedro, aplastado, casi vencido, caminaba bajo el sol. Las calles vacías perdían su sentido en el deslumbramiento. El calor, seco y terrible como un castigo sin verdugo, le cortaba la respiración. Pero no importaba: dentro de sí hallaba siempre un lugar agudo, helado, mortificante que era peor que el sol, pero también un refugio, una especie de venganza contra él.

Llegó a la placita y se sentó debajo del gran laurel de la India. El silencio hacía un hueco alrededor del pensamiento. Era necesario estirar las piernas, mover un brazo, para no prolongar en uno mismo la quietud de las plantas y del aire. Se levantó y dando vuelta alrededor del árbol se quedó mirando la catedral.

Siempre había estado ahí, pero solo ahora veía que estaba en otro clima, en un clima fresco que comprendía su aspecto ausente de adolescente que sueña. Lo de adolescente no era difícil descubrirlo, le venía de la gracia desgarbada de su desproporción: era demasiado alta y demasiado delgada. Pedro sabía desde niño que ese defecto tenía una historia humilde: proyectada para tener tres naves, el dinero apenas había alcanzado para terminar la mayor; y esa pobreza inicial se continuaba fielmente en su carácter limpio de capilla de montaña —de ahí su aire de pinos. Cruzó la calle y entró, sin pensar que entraba en una iglesia.

No había nadie, solo el sacristán se movía como una sombra en la penumbra del presbiterio. No se oía ningún ruido. Se sentó a mitad de la nave cómodamente, mirando los altares, las flores de papel… pensó en la oración distraída que haría otro, el que se sentaba habitualmente en aquella banca, y hubo un instante en que llegó casi a desear creer así, en el fondo, tibiamente, pero lo suficiente para vivir.

El sol entraba por las vidrieras altas, amarillo, suave, y el ambiente era fresco. Se podía estar sin pensar, descansar de sí mismo, de la desesperación y de la esperanza. Y se quedó vacío, tranquilo, envuelto en la frescura y mirando al sol apaciguado deslizarse por las vidrieras.

Entonces oyó los pasos de alguien que entraba tímida, furtivamente. No se inquietó ni cambió de postura siquiera; siguió abandonado a su indiferente bienestar hasta que el que había entrado estuvo a su lado y le habló.

Al principio creyó no haber entendido bien y se volvió a mirarlo. Su rostro estaba tan cerca que pudo ver hasta los poros sudorosos, hasta las arrugas junto a la boca cansada. Era un obrero. Su cara, esa cara que después le pareció que había visto más cerca que ninguna otra, era una cara como hay miles, millones: curtida, ancha. Pero también vio los ojos grises y los párpados casi transparentes, de pestañas cortas, y la mirada, aquella mirada inexpresiva, desnuda.

—¿Me permite besarle los pies?

Lo repitió implacable. En su voz había algo tenso, pero la sostenía con decisión; había asumido su parte plenamente y esperaba que él estuviera a la altura, sin explicaciones. No estaba bien, no tenía por qué mezclarlo, ¡no podía ser! Era todo tan inesperado, tan absurdo.

Pero el sol estaba ahí, quieto y dulce, y el sacristán comenzó a encender con calma unas velas. Pedro balbuceó algo para excusarse. El hombre volvió a mirarlo. Sus ojos podían obligar a cualquier cosa, pero solo pedían.

—Perdóneme usted. Para mí también es penoso, pero tengo que hacerlo.

Él tenía. Y si Pedro no lo ayudaba, ¿quién iba a hacerlo? ¿Quién iba a consentir en tragarse la humillación inhumana de que otro le besara los pies? Qué dosis tan exigua de caridad y de pureza cabe en el alma de un hombre… Tuvo piedad de él.

—Está bien.

—¿Quiere descalzarse?

Era demasiado. La sangre le zumbaba en los oídos, estaba fuera de sí, pero lucido, tan lucido que presentía el asco del contacto, la vergüenza de la desnudez, y después el remordimiento y el tormento múltiple y sin cabeza. Lo sabía, pero se descalzó.

Estar descalzo así, como él, inerme y humillado, aceptando ser fuente de humillación para otro… nadie sabría nunca lo que eso era… era como morir en la ignominia, algo eternamente cruel.

No miró al obrero, pero sintió su asco, asco de sus pies y de él, de todos los hombres. Y aún así se había arrodillado con un respeto tal que lo hizo pensar que en ese momento, para ese ser, había dejado de ser un hombre y era la imagen de algo más sagrado.

Un escalofrío lo recorrió y cerró los ojos… Pero los labios calientes lo tocaron, se pegaron a su piel… Era amor, un amor expresado de carne a carne, de hombre a hombre, pero que tal vez… El asco estaba presente, el asco de los dos. Porque en el primer segundo, cuando lo rozaba apenas con su boca caliente, había pensado en una aberración. Hasta eso había llegado para después tener más tormento… No, no, los dos sentían asco, solo que por encima de él estaba el amor. Había que decirlo, que atreverse a pensar una vez, tan solo una vez, en la crucifixión.

El hombre se levantó y dijo: “Gracias”; lo miró con sus ojos limpios y se marchó.

Pedro se quedo ahí, solo ya con sus pies desnudos, tan suyos y tan ajenos ahora. Pies con estigma.

Para siempre en mí esta señal, que no sé si es la del mundo y su pecado o la de una desolada redención.

¿Por que yo? Los pies tenían una apariencia tan inocente, eran como los de todo el mundo, pero estaban llagados y él solo lo sabía. Tenía que mirarlos, tenía que ponerse los calcetines, los zapatos… Ahora le parecía que en eso residía su mayor vergüenza, en no poder ir descalzo, sin ocultar, fiel. No lo merezco, no soy digno. Estaba llorando.

Cuando salió de la iglesia el sol se había puesto ya. Nunca recordaría cabalmente lo que había pensado y sufrido en ese tiempo. Solamente sabía que tenía que aceptar que un hombre le había besado los pies y que eso lo cambiaba todo, que era, para siempre, lo más importante y lo más entrañable de su vida, pero que nunca sabría, en ningún sentido, lo que significaba.

FIN 

25 abril 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: WILLIAM SHAKESPEARE

            


                                                        Soneto LXXI

Cuando haya muerto, llórame tan sólo
mientras escuches la campana triste,
anunciadora al mundo de mi fuga
del mundo vil hacia el gusano infame.

Y no evoques, si lees esta rima,
la mano que la escribe, pues te quiero
tanto que hasta tu olvido prefiriera
a saber que te amarga mi memoria.

Pero si acaso miras estos versos
cuando del barro nada me separe,
ni siquiera mi pobre nombre digas
y que tu amor conmigo se marchite,

para que el sabio en tu llorar no indague
y se burle de ti por el ausente.


Traducción de Manuel Mujica Láinez

 

William Shakespeare (Stratford-Upon-Avon, Warwickshire, Reino Unido -23 de abril de 1564./Londres, 3 de mayo de 1516. (23 de abril en el calendario juliano)

Dramaturgo, poeta y actor, considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más notables de la literatura universal.

Aunque venerado ya en su tiempo, su reputación no alcanzó las altísimas cotas actuales hasta el siglo XIX. Los románticos, particularmente, aclamaron su genio, y los victorianos le adoraban con una devoción que George Bernard Shaw denominó bardolatría. Es conocido en ocasiones como el Bardo (el Bardo de Avon)

En el siglo XX, sus obras fueron adaptadas y redescubiertas en multitud de ocasiones por todo tipo de movimientos artísticos, intelectuales y de arte dramático. Las comedias y tragedias shakespearianas han sido traducidas a las principales lenguas, y constantemente son objeto de estudios y se representan en diversos contextos culturales y políticos de todo el mundo. Por otra parte, muchas de las citas y aforismos que salpican sus obras han pasado a formar parte del uso cotidiano, tanto en inglés como en otros idiomas.

En lo personal, con el paso del tiempo, se ha especulado mucho sobre su vida, cuestionando su sexualidad, su filiación religiosa, e incluso la autoría de sus obras. Únicamente tuvo una esposa, Anne Hathaway, mayor que él, con la que tuvo una hija, Susanna y dos gemelos, Judith y Hamnet.

 

Los Sonetos de Shakespeare son un conjunto de 154 poemas escritos en la forma del soneto inglés, en los que el poeta trata temas tales como el amor, la belleza, la política y la muerte, publicados entre 1599 y 1609.

La única edición de los sonetos de Shakespeare publicada en vida del autor, El Quarto, de 1609, está dedicada a un tal Mr. W.H.

La realidad, identidad y edad de esta persona es un misterio y ha provocado un gran número de especulacion

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