No resulta
fácil hacerlo. Algunos especialistas, como psiquiatras, psicólogos y educadores,
aconsejan a sus pacientes que escriban cada día unos minutos, acerca de cómo les
ha ido el día, los proyectos e ilusiones conseguidos o frustrados, las causas
de los errores y aciertos de los que han sido protagonistas y la proyección organizativa
que tiene para el día siguiente. Pero hay que reconocer con franqueza que
“abrirse” ante la sinceridad del folio vacío, el archivo de texto receptivo en
el escritorio del ordenador o compartir la intimidad ante la persona amiga, es
una decisión muy complicada, casi “heroica” en su adopción.
Desde tiempo
inmemorial un género literario muy interesante, por el contenido del texto y
por la aceptación del público lector o investigador es el de la BIOGRAFÍA. Hay dos tipos de publicaciones
biográficas: aquella que realiza un investigador externo y esa otra que escribe
el propio personaje o AUTOBIOGRAFÍA. En
uno y otro caso, la intervención del protagonista de la vida historiada es
necesaria, casi imprescindible.
Pero ambos
géneros suelen estar lastrados por la subjetividad del escritor. Esa
interpretación inevitable es comprensible. En principio, el autor se esfuerza
en decir la verdad. Pero a pesar de esas nobles intenciones, cuando finalizamos
la lectura de una autobiografía tenemos de inmediato una percepción. La
necesidad, más o menos encubierta, que tiene el autor de “explicar” o de
justificar o incluso mentir acerca de muchos o destacados comportamientos que
jalonan su existencia. Ese es un pequeño o gran lastre, pues se modela los
hechos con los detalles más favorecedores, “olvidándonos” de otros que
enturbiarían la nitidez y veracidad de nuestra imagen. En otro sentido, toda
biografía es un punto de vista acerca de cómo el personaje vivió e interpretó
el contexto social, político y económico en el que le correspondió vivir.
A pesar de
las limitaciones y condicionantes, el género es en sumo atrayente y documental,
también comprensivo, para empatizar con el protagonista de del relato. Es
significativo que leamos, en la crítica especializada, esa destacada frase de
“Es la mejor biografía acerca del personaje histórico, que se ha publicado
hasta el momento”. Aunque tenga elementos novelados o con aportes de ficción, nos
ayudará a conocer y comprender mejor la época y el contexto histórico en donde
transcurre la vida del personaje estudiado.
Y de aquí
pasamos al DIARIO PERSONAL, reflexión
íntima y privada de una parte, más o menos amplia, de la evolución de una vida.
Esta narrativa posee, en la mayoría de las ocasiones, un sentido terapéutico
para superar depresiones o bloqueos anímicos. Hablando con nosotros mismos,
vamos reflexionando acerca de los más significativo que nos ha sucedido en el
día. Resulta comprensible que en esos resúmenes diarios haya habido vivencias
positivas y otras menos afortunadas, aciertos y errores, disgustos y alegrías. De
manera especial nos detenemos en aquellos hechos “problemáticos” en los que
dudamos o nos reafirmamos sobre la calidad de nuestros actos. Rememorar
acontecimientos desagradables nos ayuda a poner las bases para tratar de evitar
su repetición o para aplicar pautas más afortunadas de respuesta. En ocasiones hacemos
un verdadero ejercicio de introspección “desnudándonos” ante nuestra
conciencia. Esos diarios varían según sea la edad del que escribe, junto a las
circunstancias ambientales y familiares que puedan afectarle. Desde luego, las
páginas escritas pertenecen a la absoluta privacidad e intimidad de sus autores.
Tratamos, por todos los medios posibles, que nadie conozca su contenido salvo
que por nuestra voluntad o necesidad sea conocido por algún familiar, amigo o
especialista de salud mental.
Hay una
modalidad especial en estos géneros narrativos. Se trata de ESCRITOS SOBRE NUESTRA VIDA. En este caso
deseamos que alguno de nuestros descendientes conozca una parte, más o menos
amplia y detallada, sobre alguna decisión trascendental que hayamos tomado con
respecto a nuestra existencia. Habrá secretos o acciones, de naturaleza
confidencial, que aceptamos sean conocidos después de nuestra vida. También hay
personas que, sin el ánimo de querer escribir una autobiografía, cuentan
humildemente su existencia, guardando el conjunto de folios. Cuando se les
pregunta, manifiestan con sencillez eso de “aquí está contada mi vida. ¿a quién
puede interesarle? Puede tratarse de una persona viuda, con los hijos
independizados, que no ha tenido o protagonizado grandes logros, sino su
trabajo responsable en la actividad que haya desarrollado. Esos muy humanos y
veraces “papeles” quedan guardados secretamente en el armario e irán adquiriendo
el color amarillento, signo del paso del tiempo. Normalmente, tras su
fallecimiento, alguno de los hijos, ya mayores, descubren el admirable “tocho”
familiar. Su lectura generará sentimientos y emociones inesperadas en sus
descendientes y allegados.
Sí, es bueno y saludable que escribamos. Y que el protagonista
de esas intensas y transparentes líneas sea nuestra propia persona. Es
necesario que esas reflexiones vayan ornadas de valentía, sinceridad y
humildad. Cuando lo hacemos, estamos hablando o dialogando con nosotros mismos.
Esos pensamientos, esos valiosos renglones ayudará a conocernos mejor. En
realidad, somos unos desconocidos, en nuestro microcosmos existencial, siendo
la vida un proceso, un complicado camino para entendernos y hacernos mejores,
pensando con más generosidad en las personas próximas. –
José L. Casado Toro
Octubre 2026

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