Artículo
de Guillermo López Lluch, Catedrático
del área de Biología Celular. Investigador asociado del Centro Andaluz de
Biología del Desarrollo. Investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas
inmunológicos y antioxidantes., Universidad Pablo de Olavide. Publicado en la revista digital The Conversation.
En estos tiempos, muchos creen que la
salud puede depender de un suplemento o una pastilla. De hecho, desde múltiples
webs y redes sociales se nos dice que tal o cual enfermedad puede ser prevenida
e incluso curada con tratamientos simples y naturales. Pero no, la biología es
mucho más compleja y ni hay compuestos para todas las dolencias ni todo es
prevenible con una pastilla o un suplemento.
El cáncer, diana de los reclamos
“milagrosos”
El cáncer, o mejor dicho los diferentes
tipos de cáncer, constituyen las dianas más llamativas para reclamos de todo
tipo. Considerada una enfermedad de la que antes apenas se hablaba, ahora ya
parece ser algo común, una dolencia más que se ha cronificado en muchos casos.
Así, frente a los avances científicos
basados en pruebas, ensayos, resultados, comprobaciones y conclusiones, podemos
encontrarnos con consejos de lo más variopinto para “prevenir” o “curar”
cualquier cáncer. Y no todos se basan en las evidencias. Mientras que la
ciencia va mejorando la quimioterapia y añadiendo tratamientos exitosos como
los controles hormonales y las inmunoterapias basadas en
anticuerpos, vacunas o células inmunitarias modificadas, otros enfoques no
convencionales afirman tener cierto éxito aunque sin haber seguido los controles clínicos necesarios para
convertirse en terapias.
En cuanto a la prevención, la ciencia ha
demostrado que ciertos comportamientos como el sedentarismo, el tabaquismo, la
ingesta de alcohol o ciertas dietas o someterse a ciertos ambientes
contaminados aumentan la incidencia de determinados cánceres. Es obvio que
evitarlos reduce las posibilidades, aunque no las anula
completamente, de sufrirlos.
Sin embargo, otros tipos de cáncer
dependen de factores que no podemos controlar, como contraer infecciones
por virus que insertan su genoma en nuestras células (Epstein-Barr,
herpes, VIH, VPH…). O haber nacido con cierta predisposición al heredar una
versión alterada de un gen esencial para reparar el ADN: mutación
del gen BRCA1 en el caso del cáncer de mama, útero y ovario o síndrome de Lynch en el caso del cáncer
colorrectal, endometrio, ovario, estómago e intestino delgado.
Si tenemos en cuenta todas las causas que
pueden desencadenar un cáncer, nos podemos hacer una idea de que seguir la
recomendación de tomar tal o cual cosa para prevenirlo carece de base
científica suficiente. Es el caso de la aspirina.
¿Hay alguna relación entre la aspirina y
el cáncer?
Se ha puesto de moda tomar aspirina para
prevenir el cáncer de colon, y así lo indican muchas páginas con aspecto científico. Eso sí, la
práctica, genuinamente efectiva, de moderar la ingesta de carne roja y
procesados brilla por su ausencia.
Desde los puntos de vista biológico y
clínico debemos preguntarnos en qué se basa el supuesto de que ese medicamento
disminuye el riesgo de sufrir la enfermedad si no afecta a los procesos
esenciales que lo inducen.
La aspirina, o ácido acetilsalicílico, es un
antipirético y analgésico, sintetizado de forma estable y pura allá por 1897 en
los conocidos laboratorios de una empresa farmacéutica. Su aislamiento se basó
en el efecto analgésico de la corteza de sauce, ya indicado por la farmacología
egipcia hace más de 2 000 años. Lo que hizo la ciencia fue aislar el compuesto
activo.
Su mecanismo de acción consiste en inhibir
unas enzimas (las ciclooxigenasas-1 y -2) para bloquear la producción de las
prostaglandinas. Estos compuestos naturales, como el tromboxano A2, inducen
fiebre, inflamación y dolor mediante la activación de células del sistema
inmunitario y las plaquetas. Al inhibir esas enzimas, la aspirina impide que
dicha activación se produzca y reduce los síntomas. Poco más.
Teniendo en cuenta este mecanismo de
acción, es difícil entender que la ingesta crónica de dosis bajas o moderadas
de aspirina vayan a afectar a la progresión de un cáncer (al margen de que reducir
el componente inflamatorio sí puede influir positivamente, pero solo en algunas
modalidades de la dolencia).
Y no, la aspirina no previene el cáncer
Si bien ciertos estudios han indicado que
puede haber cierto efecto secundario de la aspirina en la prevención del
cáncer, lo cierto es que los trabajos con grandes grupos de personas indican
que ese efecto, de haber alguno, es muy
bajo.
De hecho, la más reciente revisión
sistemática, que analiza todos los estudios clínicos al efecto, demuestra
que esa relación no existe.
Es más, el uso crónico del célebre
medicamento puede afectar negativamente, aumentando el riesgo de contraer otros tipos de cáncer dependiendo de la
edad del paciente o incluso de sufrir hemorragias intestinales y cerebrales.
Seguir confiando en las soluciones
farmacológicas sencillas o de suplementos para el cáncer o enfermedades muy
complejas sin atender a los mecanismos de acción de los fármacos y a la
naturaleza de las patologías es un gran error. No hay varitas mágicas y todos
los medicamentos, e incluso los suplementos nutricionales, tienen sus efectos
secundarios. Consulten con sus facultativos antes de meter nada en su
organismo.