29 abril 2026

CUANDO LA TRADICIÓN SE CONVIERTE EN SALUD: LOS BENEFICIOS DE LOS BAILES FOLCLÓRICOS

 

Artículo de Lorenzo Antonio Justo Cousiño, Profesor de la Facultad de Fisioterapia. Fisioterapeuta, Doctor en Neurociencia, Universidade de Vigo y Mª Mercedes Soto González, Profesora en la Facultad de Fisioterapia. Fisioterapeuta, Universidade de Vigo. Publicado en The Conversation.

Está demostrado que bailar es una actividad que “pone en danza” diversas dimensiones del ser humano: físicas, cognitivas, emocionales y sociales.

En primer lugar, requiere que mantengamos la atención, nos sincronicemos con la música y ejecutemos diferentes tipos de pasos. Pero además, facilita la expresión y regulación de emociones, así como una mayor interacción social. En el caso de la población mayor, promueve la participación tanto de las personas sanas como la de aquellas que adolecen de limitaciones.

Terapia de danza

La ciencia ha evidenciado que el baile genera importantes cambios en el cuerpo: favorece la estimulación del sistema sensoriomotor, el ejercicio cardiovascular, la coordinación motora y la activación de redes cerebrales ligadas al movimiento y la cognición.

Se llama terapia de danza a una intervención de psicoterapia a que emplea el movimiento y el baile para mejorar la salud y el bienestar del individuo. Este concepto surgió en la década de 1940 cuando sus creadores, en gran parte bailarines y bailarinas, se percataron de los beneficios psicológicos de su actividad.

Un estudio realizado en Finlandia reveló que incorporar terapia de danza al tratamiento habitual de la depresión provoca una mejoría mucho mayor que con una terapia convencional aislada. En este punto es necesario recordar que cualquier intervención en una patología psicológica debe ser abordada por psicólogos o psiquiatras y que una intervención basada en movimiento (ejercicio terapéutico) ha de ser pautada por fisioterapeutas.

Cerebros más moldeables

La neuroplasticidad es la capacidad de nuestro cerebro de adaptarse y cambiar en base al aprendizaje, experiencias o reparación de lesiones. Se ha observado que la danza mejora esta propiedad: tiene la capacidad de integrar movimiento y sonido y favorece la conexión entre los dos hemisferios del cerebro. Además, los movimientos complejos del baile estimulan múltiples áreas cerebrales: motoras, sensoriales y cognitivas.

Una investigación realizada en adultos mayores en los que se comparó el baile frente a una intervención basada en ejercicio repetitivo observó un mayor impacto cerebral asociado a la danza. Esto podría estar asociado a una demanda mucho más variada –cognitiva, física y de coordinación–, lo que podría tener potencial para neutralizar la pérdida de materia gris relacionada con la edad.

También se estudia su efecto en enfermedades neurodegenerativas. De hecho, una publicación reciente describe que la danza es una práctica multitarea que cumple los estándares clínicos requeridos para la enfermedad de Parkinson: capacidad aeróbica, equilibrio, ritmo, marcha, control postural y habilidades cognitivas.

Tradiciones saludables

Pero ¿esto se aplica a todo tipo de bailes? ¿También a los tradicionales y folclóricos? En un estudio de 2025 se explica que cualquier modalidad tradicional que implique desempeño físico tendrá beneficios para la salud. También considera que su eficacia en el ámbito cardiovascular, funcional y metabólico es comparable a la de otras formas de ejercicio estructurado.

Además, las danzas folclóricas ofrecen una ventaja añadida: transmiten identidad e historia. Por ejemplo, el baile tradicional gallego ha sido declarado bien de interés cultural.

Otra publicación reciente refuerza estas ideas, concluyendo que el baile tradicional español (que incluye la jota, el flamenco y las sevillanas) contribuye al bienestar físico y emocional, con un impacto positivo en la calidad de vida. Adicionalmente, la danza tradicional estimula un sentimiento de unidad y acompañamiento en los participantes, ayudando a conectar a las personas.

Entre los beneficios de los bailes tradicionales destacan los cardiovasculares y del equilibrio, ya que incorporan pasos ágiles, cambios de dirección y elevación de la frecuencia cardíaca. También se asocia una mejora en la musculatura, pues muchas modalidades implican movimientos vigorosos que movilizan grandes extensiones corporales.

Las exigencias posturales y la coordinación del movimiento favorecen el equilibrio y la coordinación, mientras que las amplitudes motoras en los diferentes patrones de baile favorecen la movilidad articular.

Para todas las edades

En 2019, un estudio realizado en 130 personas mayores de 60 años demostró que practicar baile tradicional (en este trabajo era griego) durante 32 semanas mejoraba la condición física en todas las pruebas evaluada por el Senior Fitness Test, una batería de 6 pruebas que evalúa la fuerza en miembros, flexibilidad, resistencia aeróbica y equilibrio dinámico.

Acorde a los resultados observados, la danza folclórica se mostró como una herramienta eficaz para mejorar la funcionalidad y prevenir las caídas. Y no es solo cosa de mayores: también ha demostrado efectos positivos en estudiantes de secundaria y universitarios, generando mejorías en el estado de ánimo y la condición física.

Más allá del baile: políticas sanitarias

En la actualidad ya existen programas de salud pública que buscan actuar por medio del baile. Estos proyectos, denominados Dance for Health (Baile para la Salud) son proyectos comunitarios que buscan promover la implicación ciudadana en la salud y en la sociedad por medio del baile.

Dicha iniciativa, que ya ha demostrado altos niveles de participación y adherencia, propone en definitiva a la danza como un un método de bajo coste, divertido y culturalmente significativo para favorecer la actividad física en la sociedad.

27 abril 2026

LA SEÑAL

Un cuento de Inés Arredondo

 

El sol denso, inmóvil, imponía su presencia; la realidad estaba paralizada bajo su crueldad sin tregua. Flotaba el anuncio de una muerte suspensa, ardiente, sin podredumbre pero también sin ternura. Eran las tres de la tarde.

Pedro, aplastado, casi vencido, caminaba bajo el sol. Las calles vacías perdían su sentido en el deslumbramiento. El calor, seco y terrible como un castigo sin verdugo, le cortaba la respiración. Pero no importaba: dentro de sí hallaba siempre un lugar agudo, helado, mortificante que era peor que el sol, pero también un refugio, una especie de venganza contra él.

Llegó a la placita y se sentó debajo del gran laurel de la India. El silencio hacía un hueco alrededor del pensamiento. Era necesario estirar las piernas, mover un brazo, para no prolongar en uno mismo la quietud de las plantas y del aire. Se levantó y dando vuelta alrededor del árbol se quedó mirando la catedral.

Siempre había estado ahí, pero solo ahora veía que estaba en otro clima, en un clima fresco que comprendía su aspecto ausente de adolescente que sueña. Lo de adolescente no era difícil descubrirlo, le venía de la gracia desgarbada de su desproporción: era demasiado alta y demasiado delgada. Pedro sabía desde niño que ese defecto tenía una historia humilde: proyectada para tener tres naves, el dinero apenas había alcanzado para terminar la mayor; y esa pobreza inicial se continuaba fielmente en su carácter limpio de capilla de montaña —de ahí su aire de pinos. Cruzó la calle y entró, sin pensar que entraba en una iglesia.

No había nadie, solo el sacristán se movía como una sombra en la penumbra del presbiterio. No se oía ningún ruido. Se sentó a mitad de la nave cómodamente, mirando los altares, las flores de papel… pensó en la oración distraída que haría otro, el que se sentaba habitualmente en aquella banca, y hubo un instante en que llegó casi a desear creer así, en el fondo, tibiamente, pero lo suficiente para vivir.

El sol entraba por las vidrieras altas, amarillo, suave, y el ambiente era fresco. Se podía estar sin pensar, descansar de sí mismo, de la desesperación y de la esperanza. Y se quedó vacío, tranquilo, envuelto en la frescura y mirando al sol apaciguado deslizarse por las vidrieras.

Entonces oyó los pasos de alguien que entraba tímida, furtivamente. No se inquietó ni cambió de postura siquiera; siguió abandonado a su indiferente bienestar hasta que el que había entrado estuvo a su lado y le habló.

Al principio creyó no haber entendido bien y se volvió a mirarlo. Su rostro estaba tan cerca que pudo ver hasta los poros sudorosos, hasta las arrugas junto a la boca cansada. Era un obrero. Su cara, esa cara que después le pareció que había visto más cerca que ninguna otra, era una cara como hay miles, millones: curtida, ancha. Pero también vio los ojos grises y los párpados casi transparentes, de pestañas cortas, y la mirada, aquella mirada inexpresiva, desnuda.

—¿Me permite besarle los pies?

Lo repitió implacable. En su voz había algo tenso, pero la sostenía con decisión; había asumido su parte plenamente y esperaba que él estuviera a la altura, sin explicaciones. No estaba bien, no tenía por qué mezclarlo, ¡no podía ser! Era todo tan inesperado, tan absurdo.

Pero el sol estaba ahí, quieto y dulce, y el sacristán comenzó a encender con calma unas velas. Pedro balbuceó algo para excusarse. El hombre volvió a mirarlo. Sus ojos podían obligar a cualquier cosa, pero solo pedían.

—Perdóneme usted. Para mí también es penoso, pero tengo que hacerlo.

Él tenía. Y si Pedro no lo ayudaba, ¿quién iba a hacerlo? ¿Quién iba a consentir en tragarse la humillación inhumana de que otro le besara los pies? Qué dosis tan exigua de caridad y de pureza cabe en el alma de un hombre… Tuvo piedad de él.

—Está bien.

—¿Quiere descalzarse?

Era demasiado. La sangre le zumbaba en los oídos, estaba fuera de sí, pero lucido, tan lucido que presentía el asco del contacto, la vergüenza de la desnudez, y después el remordimiento y el tormento múltiple y sin cabeza. Lo sabía, pero se descalzó.

Estar descalzo así, como él, inerme y humillado, aceptando ser fuente de humillación para otro… nadie sabría nunca lo que eso era… era como morir en la ignominia, algo eternamente cruel.

No miró al obrero, pero sintió su asco, asco de sus pies y de él, de todos los hombres. Y aún así se había arrodillado con un respeto tal que lo hizo pensar que en ese momento, para ese ser, había dejado de ser un hombre y era la imagen de algo más sagrado.

Un escalofrío lo recorrió y cerró los ojos… Pero los labios calientes lo tocaron, se pegaron a su piel… Era amor, un amor expresado de carne a carne, de hombre a hombre, pero que tal vez… El asco estaba presente, el asco de los dos. Porque en el primer segundo, cuando lo rozaba apenas con su boca caliente, había pensado en una aberración. Hasta eso había llegado para después tener más tormento… No, no, los dos sentían asco, solo que por encima de él estaba el amor. Había que decirlo, que atreverse a pensar una vez, tan solo una vez, en la crucifixión.

El hombre se levantó y dijo: “Gracias”; lo miró con sus ojos limpios y se marchó.

Pedro se quedo ahí, solo ya con sus pies desnudos, tan suyos y tan ajenos ahora. Pies con estigma.

Para siempre en mí esta señal, que no sé si es la del mundo y su pecado o la de una desolada redención.

¿Por que yo? Los pies tenían una apariencia tan inocente, eran como los de todo el mundo, pero estaban llagados y él solo lo sabía. Tenía que mirarlos, tenía que ponerse los calcetines, los zapatos… Ahora le parecía que en eso residía su mayor vergüenza, en no poder ir descalzo, sin ocultar, fiel. No lo merezco, no soy digno. Estaba llorando.

Cuando salió de la iglesia el sol se había puesto ya. Nunca recordaría cabalmente lo que había pensado y sufrido en ese tiempo. Solamente sabía que tenía que aceptar que un hombre le había besado los pies y que eso lo cambiaba todo, que era, para siempre, lo más importante y lo más entrañable de su vida, pero que nunca sabría, en ningún sentido, lo que significaba.

FIN 

25 abril 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: WILLIAM SHAKESPEARE

            


                                                        Soneto LXXI

Cuando haya muerto, llórame tan sólo
mientras escuches la campana triste,
anunciadora al mundo de mi fuga
del mundo vil hacia el gusano infame.

Y no evoques, si lees esta rima,
la mano que la escribe, pues te quiero
tanto que hasta tu olvido prefiriera
a saber que te amarga mi memoria.

Pero si acaso miras estos versos
cuando del barro nada me separe,
ni siquiera mi pobre nombre digas
y que tu amor conmigo se marchite,

para que el sabio en tu llorar no indague
y se burle de ti por el ausente.


Traducción de Manuel Mujica Láinez

 

William Shakespeare (Stratford-Upon-Avon, Warwickshire, Reino Unido -23 de abril de 1564./Londres, 3 de mayo de 1516. (23 de abril en el calendario juliano)

Dramaturgo, poeta y actor, considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más notables de la literatura universal.

Aunque venerado ya en su tiempo, su reputación no alcanzó las altísimas cotas actuales hasta el siglo XIX. Los románticos, particularmente, aclamaron su genio, y los victorianos le adoraban con una devoción que George Bernard Shaw denominó bardolatría. Es conocido en ocasiones como el Bardo (el Bardo de Avon)

En el siglo XX, sus obras fueron adaptadas y redescubiertas en multitud de ocasiones por todo tipo de movimientos artísticos, intelectuales y de arte dramático. Las comedias y tragedias shakespearianas han sido traducidas a las principales lenguas, y constantemente son objeto de estudios y se representan en diversos contextos culturales y políticos de todo el mundo. Por otra parte, muchas de las citas y aforismos que salpican sus obras han pasado a formar parte del uso cotidiano, tanto en inglés como en otros idiomas.

En lo personal, con el paso del tiempo, se ha especulado mucho sobre su vida, cuestionando su sexualidad, su filiación religiosa, e incluso la autoría de sus obras. Únicamente tuvo una esposa, Anne Hathaway, mayor que él, con la que tuvo una hija, Susanna y dos gemelos, Judith y Hamnet.

 

Los Sonetos de Shakespeare son un conjunto de 154 poemas escritos en la forma del soneto inglés, en los que el poeta trata temas tales como el amor, la belleza, la política y la muerte, publicados entre 1599 y 1609.

La única edición de los sonetos de Shakespeare publicada en vida del autor, El Quarto, de 1609, está dedicada a un tal Mr. W.H.

La realidad, identidad y edad de esta persona es un misterio y ha provocado un gran número de especulacion

24 abril 2026

EL CULTURAL (33)

 

                  A MARTINA, EN LA MEMORIA.

    Nota 1.- Cuando en la reseña 32 me referí a la guerra de las Malvinas, prólogo del final de la dictadura que gobernó Argentina durante 7 años, no valoré que estaba por llegar la fecha que nos recordaría los 50 años pasados desde el 24/03/76, justo el día del golpe de Estado “más feroz” que recuerdan aquellas tierras.

   Ese 24 de marzo Argentina se debatía en una grave crisis económica, política y de seguridad, acentuada por la inexperiencia de la Presidenta María Estela  Martínez que asumió el cargo tras la muerte de su esposo, el general Perón. Un durísimo plan de ajuste con una devaluación de la moneda al cien por cien y la congelación salarial tuvo un efecto devastador en las clases más humildes. Además, se habían multiplicado los atentados de la guerrilla (Montoneros y Ejército del Pueblo) y los paramilitares de la Triple A. De hecho hubo algunos avisos: en 1975 varios aviones ametrallaron la Casa Rosada, sede de Gobierno; pocos días después se produjo un ultimátum del general Videla y a final de año, se produjeron peticiones formales de dimisión. El 24 de marzo el golpe fue imparable.

     La Junta Militar que derrocó la democracia la integraron los jefes de los tres ejércitos, Videla, Masera y Agustí con el propósito de refundar el país. Fue un golpe mesiánico y regeneracionista que tuvo un amplio respaldo político y social, y contó con la complicidad de parte del empresariado, de la Iglesia Católica y de los partidos políticos, incluso parte del peronismo y el Partido Comunista. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en Chile con el golpe de Pinochet, el triunvirato no tuvo el apoyo de USA; de hecho, el presidente Carter mantuvo siempre una clara distancia con la cúpula militar.

      Pocos intuyeron el horror que los acechaba porque desde el primer momento, la Junta decidió eliminar a quienes consideraba opositores políticos, y creó centros clandestinos de detención por todo el país, con especial mención para la siniestra Escuela de Mecánica de la Armada. Y no se trataba solo de secuestrar, torturar o matar sino de borrar cualquier señal de que los opositores hubieran existido haciendo desaparecer su rastro y sus cadáveres, incluso arrojándolos vivos al océano desde aviones. En el informe “Nunca más”, encargado por el presidente Raúl Alfonsín, se documentan 340 centros de detención clandestinos y más de 30.000 desaparecidos, espantosa cifra comparada con los 1000 que se adjudican al gobierno de  Pinochet en Chile.

   A pesar del miedo, a partir de 1977 un grupo de mujeres comenzaron a manifestarse en la plaza de Mayo reclamando la libertad de los presos o al menos conocer sus paraderos y los de sus restos. Con los pañuelos blancos en la cabeza, las Madres de la Plaza de Mayo comenzaron a dinamitar el régimen y se convirtieron en símbolo de resistencia contra los milicos.

    La invasión de las islas Malvinas fue el principio del fin. Pasada la euforia inicial y los gritos patrióticos, el convencimiento de que un pequeño ejército venido de las Islas Británicas ponía al descubierto la incompetencia de las propias Fuerzas Armadas, llevó a la dimisión del general Galtieri y a la celebración en1983 de unas elecciones libres que eligieron a Alfonsín como Presidente.

   Sería interesante hacer un catálogo de los artistas que se exiliaron y se integraron en nuestro cine teatro y literatura. Unos pocos nombres elegidos al azar: Héctor Alterio y sus hijos Ernesto y Malena; Cristina Rota, profesora de actores, y sus hijos Juan Diego y María Botto (el padre de la familia fue uno de los desaparecidos), Cecilia Roth y su hermano Ariel…

Nota 2.- A Martina Inchauspe la conocí cuando se incoporó a mi Instituto de Ceuta como profesora de Filosofía. En el tiempo que fuimos compañeros conocí parte de su historia y me impactó la peripecia que la llevó desde la Universidad de Buenos Aires a ganarse la vida en Madrid fregando escaleras. Su exilio fue una huida propiciada por los rumores de que “algunos” se interesaban por sus ideas políticas. Conseguida la nacionalidad española y ganada la correspondiente oposición, pudo retomar una vida digna como la que perdió.

    Su historia me llevó componer un cuento que titulé  -con escasa originalidad- “No llores por mí, Argentina”, publicado en el número 22 de nuestra revista, en octubre del 2010, y cuyas líneas finales copio para cerrar este escrito: El agua es limpia ahora, cuando se dispone a comenzar la faena de la tarde, el primer tramo de escalera. Enseguida será oscura, como la del Paraná, como el rostro de los desaparecidos, como la nostalgia que se colgará de su brazo para siempre.

José Ramón Torres Gil.


22 abril 2026

LA ALGARROBA: UNA SORPRESA NUTRICIONAL CON PROFUNDAS RAICES MEDITERRÁNEAS

 

Artículo de Jara Pérez Jiménez, Doctora en Ciencia y Tecnología de los Alimentos. Científico Titular en el ICTAN-CSIC. Centro de Investigación Biomédica en Red en Diabetes y Enfermedades Metabólicas, Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN - CSIC). Antonio Peralta-Gómez, Estudiante de doctorado (Arqueobotánica), Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS - CSIC). Leonor Peña-Chocarro, Profesora de Investigación (arqueobotánica), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), María Ángeles Martín Arribas, INVESTIGADORA, Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN - CSIC) y Sonia Ramos, Científico Titular (CSIC), Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN - CSIC). Publicado en la revista digital The Conversation.

Puede que, paseando por alguna ciudad española, haya visto en el suelo unas vainas marrones. Igual las ha identificado como vainas de algarroba. Pero ¿sabía que se trata del fruto de un cultivo muy mediterráneo, el algarrobo, con una composición nutricional muy interesante? Vayamos por partes…

Lo que la arqueobotánica nos ha enseñado sobre el algarrobo

El algarrobo (Ceratonia siliqua) es un árbol perenne y longevo, capaz de soportar temperaturas cercanas a 40 °C y periodos de sequía. Esto explica su presencia frecuente en suelos pobres y zonas marginales, allí donde otros cultivos no sobreviven.

Durante mucho tiempo se creyó que había sido introducido en el Mediterráneo occidental desde Oriente Próximo por fenicios, griegos o romanos. Sin embargo, los avances en genética vegetal y aleoecología han modificado esta visión. La evidencia muestra hoy que el algarrobo silvestre es autóctono del sur de la península ibérica y del noroeste de África. Su domesticación implicó selecciones locales e hibridaciones entre poblaciones silvestres y cultivadas en diferentes regiones mediterráneas.

La arqueobotánica ha contribuido a reforzar esta nueva perspectiva. Los análisis de carbones documentan la presencia de Ceratonia siliqua en yacimientos ya desde la Edad del Bronce en el área valenciana, el sureste peninsular y zonas de Extremadura. En cuanto a semillas, hasta ahora solo se ha identificado un conjunto procedente del yacimiento medieval de Mojácar la Vieja (Almería).

Respecto a las fuentes escritas, autores romanos ya mencionan su cultivo. Pero fue durante la etapa andalusí cuando el algarrobo alcanzó una mayor expansión y atención en los tratados agronómicos.

Los agrónomos de Al-Ándalus describieron distintas variedades y detallaron prácticas de cultivo, mostrando su importancia en los sistemas agrícolas medievales. Las vainas fueron utilizadas tradicionalmente como forraje, mientras que las semillas, algo dulces, se consumieron confitadas, mezcladas con zumo de uva como edulcorante o empleadas con fines medicinales; en épocas de escasez podían molerse y mezclarse con harina para elaborar panes de subsistencia.

Entre sus derivados figura también la llamada “miel de algarrobo”, una melaza obtenida mediante la cocción y reducción de las vainas. Se empleaba como edulcorante alternativo y se valoraba por sus propiedades astringentes y su utilidad en el tratamiento de trastornos digestivos.

Estas evidencias muestran que la historia del algarrobo es más antigua, compleja y mediterránea de lo que se creía. Además, su potencial vuelve a ser relevante en el contexto actual de creciente aridez.

La harina de algarroba: un ingrediente desconocido y sostenible

Pero ¿es posible consumir hoy harina de algarroba? Sí, podemos encontrarla como tal o como ingrediente en distintos alimentos, muchas veces reemplazando al cacao por sus propiedades singulares. No obstante, sigue siendo una gran desconocida, a pesar de sus dos grandes virtudes: su valor nutricional y su carácter sostenible.

La harina de algarroba, obtenida de la vaina, es uno de los alimentos con mayor contenido en fibra (hasta el 40 %). Por otro lado, sus azúcares tienen dos características muy relevantes. La primera es que su asociación con la fibra hace que sean absorbidos más lentamente, generando una baja carga glicémica. Y la segunda es que incluyen D-pinitolun azúcar característico de la algarroba y que se asocia con alguna de las propiedades que mencionaremos después.

Finalmente, esta harina tiene un alto contenido en polifenoles, compuestos antioxidantes y antiinflamatorios.

Además, el uso de harina de algarroba permite aprovechar la vaina, un subproducto de la industria alimentaria. Y es que el algarrobo suele cultivarse por sus semillas (contenidas en dicha vaina) para la obtención de goma garrofín, un aditivo alimentario (E-410) empleado como espesante en yogures o mermeladas. De ahí que tradicionalmente se hayan generado toneladas de vainas, descartadas a pesar de su interesante composición nutricional.

Por tanto, el consumo de harina de algarroba contribuye también a una economía circular.

Beneficios del consumo de harina de algarroba

Para poder tener certeza acerca de los efectos en salud de un alimento es necesario demostrarlos en estudios científicos y no solo deducir sus beneficios a partir de su composición. La harina de algarroba ha mostrado en investigaciones con animales resultados muy prometedores en relación con el metabolismo de la glucosa o de la microbiota intestinal. Esto último se ha visto al usarla añadida a una carne o en combinación con cacaoAlgún estudio en humanos ha obtenido resultados en la misma línea, aunque son todavía muy escasos.

Todo ello anima a continuar las investigaciones para fomentar el cultivo del algarrobo y el uso de la harina de algarroba como ingrediente. Eso sí, sin pretender convertirla en un “superalimento”, término sin validez científica.

Mientras seguimos avanzando en este conocimiento, tal vez pueda empezar a incorporar esta harina en algunas recetas… y a ver con otros ojos esas vainas tiradas en la calle.

20 abril 2026

DE UN LIBRO PARA EL SÁBADO: ELIA BARCELÓ

 


EL ECO DE LA PIEL de ELIA BARCELÓ

 

(Fragmento de: La memoria es un arma cargada de coartadas Recuerdos y reflexiones de Selma Plath-1979)

 

Todo es como se cuenta y sólo permanece lo que se ha narrado, como en los cuentos infantiles, casi con las mismas palabras, una y otra vez, una y otra vez, hasta que esas palabras en ese orden se convierten en la historia de una persona, de un pueblo, de un país, en la Historia con mayúsculas. Todo lo demás –lo que no se ha narrado por olvido, por descuido, porque no parecía tan importante o no se adaptaba al tono general que uno quería conseguir-- se desdibuja, desaparece, llevándose consigo los matices, los tonos grises, las aparentes contradicciones que son lo que realmente hace la vida humana, la realidad de un ser en el tiempo.

Cuando una vida se acaba, lo que queda es el recuerdo en la mente de los que sobreviven al difunto, un recuerdo hecho de palabras; palabras ajenas impuestas sobre la vida de quien se ha ido. No permanece lo que a uno le habría gustado que quedara de su paso por la tierra, sino lo que los demás dicen de él o ella, lo que han seleccionado de ochenta o noventa o cien años de vida. Y ni siquiera ha sido una selección pensada y ponderada, sino la inercia de las frases repetidas, de las anécdotas más intrascendentes de lo banal.

Quedan también los objetos: las cosas de uso cotidiano que de repente se convierten en territorio de nadie, en trastos que se juzgan en función de su posible utilidad y supervivencia en las casas de los que se pasean entre ellos decidiendo qué se guarda y qué se tira; las cosas que uno, erróneamente, llama «recuerdos» pero que solo recuerdan algo a quienes los amaban y que no evocan nada a nadie ajeno a ellos.

¿Cómo saber que aquel pisapapeles tan cursi de cristal veneciano era para la tía Marta una tarde de sol en la laguna, con las góndolas cabeceando suavemente frente al café donde ella y el tío Gonzalo se miraban a los ojos, felices de estar solos por primera vez en el extranjero, en su luna de miel?

Quizá, en alguna ocasión, ella hubiera dicho con una sonrisa: «Esto lo trajimos de nuestro viaje de novios». Quizá no. Pero para nadie que no sea ella es accesible la chispa traviesa en los ojos de un Gonzalo de veintiocho años, su mano acariciando la rodilla de su mujer por debajo de la mesita de mármol, el recuerdo que comparten de la noche anterior, el sabor del vino tinto y de los besos.

Eso nunca lo sabrá nadie y se perderá con la tía Marta, para siempre. El pisapapeles cambiará de manos, con suerte, llegará a una tienda de trastos viejos y alguien se lo llevará a su casa para imbuirlo de recuerdos nuevos que también se perderán. El ciclo de la vida y de la muerte, de la pérdida, de la recuperación… y vuelta a la nada.

Sin embargo… Sin embargo…

Si alguien, la tía Marta misma, o una de sus sobrinas, o incluso alguien ajeno a la familia, pone palabras a ese pisapapeles y de pronto tiene una historia, esa historia permanece; aunque no sea verdad, aunque sea una invención, interesada o no, las palabras lo dignifican, lo ennoblecen, hacen más difícil perderlo, regalarlo, tirarlo a la basura…porque de pronto esa cursilada de pisapapeles pertenece a la historia familiar.

«El padre del tío Gonzalo se lo trajo de la guerra. Un soldado italiano se lo dio en agradecimiento por haberle escrito una carta a sus padres cuando se estaba muriendo en un hospital de campaña.»

«Se lo regalaron a la abuela de la tía Marta, que era cantante de ópera. Una vez, en la Fenice, después de una Butterfly, una señora se le acercó ya en la puerta y, sin palabras y con los ojos llenos de lágrimas, se lo puso en la mano y desapareció en la noche. »

«Lo compraron la tía Marta y el tío Gonzalo en su viaje de bodas, en la tienda de un anciano que iba a cerrar para siempre porque sus dos hijos habían muerto en la guerra y no tenía a quién pasársela. Los dos sabían que era una cursilada, pero les dio pena del viejo. »

¿Importa realmente cuál de esas versiones refleja la verdad cuando los protagonistas de la historia han dejado de existir? ¿Importa el amor y el dolor expresados en una carta antigua cuando ya apenas sabemos quién fue la persona que la escribió?

¿Cómo saber quién es aquel desconocido? ¿Cómo saber quiénes somos nosotros mismos?

Primero somos lo que nos dicen que somos, después, con suerte, lo que nos decimos a nosotros mismos cuando empezamos a poner palabras a nuestro yo, a nuestra identidad. Nada más nacer una criatura, la primera pregunta de todos los padres es: «¿qué es?». Y con eso solo se refieren a si es varón o hembra, la primera marca de una vida. Poco a poco te van marcando cada vez más: «eres una niña», «eres la mayor de tres hermanos», «eres el pequeño y tendrías que haber sido chica», «fuiste un error de Nochevieja», «eres tonto», «eres muy inteligente»,  «eres especial», «nunca llegarás a nada», «serás médico, como todos en esta familia», «eres una marimacho», «pareces mariquita», «eres muy guapa», «no eres gran cosa, pero tienes pase», «no te pareces nada a tus hermanos»

Es difícil salir de las palabras que otros te imponen y conforman tu identidad, tu mundo, tu historia. Y después de muerto es imposible. La muerte te arrebata el control incluso sobre quién fuiste, dejándote en manos de los que te narran, te explican, te definen.

Estamos hechos de palabras, propias y ajenas. De amor y tiempo y palabras. El amor nos da vida, el tiempo nos mata, las palabras nos hacen ser lo que somos y permanecer en el recuerdo de los demás. O morir para siempre.

 

Elia Barceló: (Elda, Alicante, 1957). Se la considera una de las escritoras más versátiles de la narrativa española y es una de las autoras de mayor prestigio en el ámbito del fantástico y la ciencia ficción. Ha publicado treinta novelas: realistas, criminales, históricas…, unas para adultos y otras para jóvenes, y unos setenta relatos, en España y en el extranjero. Ha sido traducida a veinte idiomas con gran éxito de público y crítica, consolidándose como una de las voces españolas más internacionales de la narrativa actual. Es autora de obras como El color del silencio, El secreto del orfebre, Las largas sombras, El eco de la piel, La noche de plata, Disfraces feroces, Muerte en Santa Rita. Le fue concedido el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2020 por el Efecto Frankenstein.

Durante muchos años fue profesora de Estudios Hispánicos en la Universidad de Innsbruck, en Austria. Ahora se dedica a la escritura a tiempo completo.

 

 

     Amaduma


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