09 junio 2026

EL CULTURAL (34)

 

GRANADOS.

    El pasado 31 de mayo, sobre el escenario del Teatro Cervantes, el violinista Jesús Reina (Málaga, 1986) y su grupo de excelentes músicos pusieron el broche a la XIV edición de Málaga Clásica con la interpretación del “Quinteto para cuerda y piano” de Enrique Granados. Y precisamente en el número de esa semana de El Cultural se publicaba la recensión del libro de Marta San Miguel, Última escala, de la que extraigo unas líneas:

   En el ensanche de Barcelona está la calle dedicada a Enric Granados y en una placa de mármol se lee: Compositor i pianista, Lleida,1867-En mar, 1916. La fecha final recuerda que el músico y su mujer murieron ahogados cuando volvían de Nueva York en el buque británico Sussex que se hundió alcanzado por el torpedo que lanzó un submarino alemán.

   Granados lo tiene todo como personaje. Genio precoz y autodidacta, dejó obras inmortales como Goyescas, una suite convertida en ópera, insufló un aire nuevo a la música española y murió, prematura y trágicamente, en la cima de su popularidad.

    En el libro comentado se saca partido a aspectos decisivos de su biografía, como la estancia en París, o la amistad con Pau Casals e Isaac Albéniz. Este último desempeñaría un papel central en la consagración madrileña de Granados, ya que, gracias a su mediación, el catalán interpretó en el Ateneo, centro de la élite cultural de la Villa, sus Danzas españolas, que ya habían causado sensación en Barcelona dos años antes en el Teatro Lírico donde el público pidió la repetición hasta nueve veces de la Danza nº2, Oriental.

   Granados armonizaba el pianismo más refinado con las canciones populares españolas, fruto de un trabajo de campo que exigía viajar por España, pidiendo a los campesinos que le cantasen sus coplas para notar él la letra y las músicas. Fue capaz de viajar a Murcia solo para escuchar los “auroros”, unas coplillas de la calle que se cantaban al alba para invitar a los vecinos a participar del rosario.

Con este método el autor componía después delicadas pìezas basadas en el fandango, la zambra granadina o la rondalla aragonesa, integrando el folclore español con el romanticismo y el modernismo de la época.

  El el libro se retrata la Barcelona modernista con las protestas violentas contra la guerra de Cuba mientras en casi cada local de la ciudad había un piano a disposición de los numerosos intérpretes, de Albéniz a Parera, de Nogués a Picó. Granados participa a su modo en la Renaixença  -colabora en la fundación del Orfeó Català-  pero sufre la intransigencia de los nacionalistas que le acusan, con desprecio, de “escribir danzas andaluzas”, de lo que él se defiende en una carta: “A mi me parece que el arte no tiene nada que ver con la política”.

    La autora dibuja el perfil de artista predestinado a triunfar y da importancia a los dos años de estudio en Paris, tras los cuales “sus dedos parecen más largos y ha adoptado la elegancia de Bériot sobre el teclado; se ha dejado bigote, ha aprendido francés, se ha hecho amigo de Saint-Säens, Debussy y Ravel”.

    El ataque alemán   sobre el Sussex abrió una crisis diplomática en el curso de la I Gran Guerra y nos dejó la imagen del músico y su mujer Amparo Gal, arrastrados por un mar que dejó seis huérfanos y privó a la música española de  uno de sus talentos más brillantes.

JOSÉ RAMÓN TORRES GIL.

06 junio 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: SOPHIA DE MELLO

 

El hospital y la playa

Y anduve por el hospital
Donde el blanco es desolado y sucio
Donde el blanco es el color que queda donde no hay color
Y donde la luz es ceniza

Y anduve por las playas y los campos
El azul del mar y el púrpura de la distancia
Los enrollé alrededor de mi cuello
Anduve por la playa casi libre como un dios

No pregunté por ti a la piedra de mi Señor
Ni te recordé bebiendo el viento
El viento era viento y la piedra piedra
Y eso enteramente me bastaba

Y en los espacios de la mañana marina
Casi libre como un dios andaba

Y todo el día viví como una ciega

Pero en el hospital he visto el rostro
Que no es pinar ni es roquedo
Y he visto la luz como ceniza en la pared
Y he visto el dolor absurdo y desmedido

 

De: «Libro VI» – 1962

 

Sophia de Mello Breyner Andresen (Oporto 6 de noviembre de 1919 - Lisboa, 2 de julio de 2004) fue una de las poetisas portuguesas más importantes del siglo xx.

 

Sophia de Mello escribió quince libros de poesía, publicados entre 1944 y 1997. Su obra poética se caracteriza por la sobriedad expresiva, compatible con la intensidad de los sentimientos; se trata de "una poesía contenida, de raigambre clásica y a la vez oriental, elíptica, que calla más que dice y sugiere más que afirma". La propia autora recordaba su descubrimiento de que "en un poema es preciso que cada palabra sea necesaria. Las palabras no pueden ser decorativas, no pueden servir sólo para ganar tiempo hasta el final del endecasílabo, las palabras tienen que estar ahí porque son absolutamente indispensables."

Distinguida con el Prémio Camões en 1999, fue la primera mujer portuguesa en recibir el más importante galardón de la literatura en lengua lusa. En 2003 obtuvo también el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Desde 2005, algunos de sus poemas más ligados al mar figuran colocados en las zonas de descanso del Oceanário de Lisboa, para que los visitantes puedan leerlos con el mar de fondo. Del mismo modo, junto a la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, desde la que se divisa una bella perspectiva de la ciudad, una lápida recoge su poema Lisboa. La plaza da Graça ha pasado a tener el nombre de plaza Sophia de Mello Breyner Andresen.

 

 

04 junio 2026

MATERNITÉ, DE TAMARA DE LEMPICKA

 


Tamara Rosalia Gurwik-Górska (Varsovia, Polonia, 1898 – Cuernavaca, México, 1980), también conocida como Tamara de Lempicka y como Tamara Lempicka, fue una pintora polaca que alcanzó una gran  fama en Europa, sobre todo en Francia y en  Estados Unidos, con sus retratos y desnudos de estilo art déco.

Tamara de Lempicka nació en el seno de una familia acomodada que le permitió desde muy joven conocer el arte y la cultura europea. Durante su adolescencia se trasladó a Italia, donde descubrió su pasión por la pintura al contemplar las obras del Renacimiento. Aquella primera fascinación por los maestros italianos marcaría profundamente su estilo, caracterizado por la elegancia geométrica y el dominio del cuerpo femenino.

Su vida cambió radicalmente con el estallido de la Revolución Rusa. Tras el encarcelamiento y posterior exilio de su esposo, el abogado polaco Tadeusz Lempicki, Tamara se estableció en París. Fue en la capital francesa donde consolidó su identidad artística, y se  relacionó con el vibrante círculo de intelectuales y aristócratas que definieron los años veinte.

En la década de 1920, Tamara de Lempicka alcanzó la cima de su carrera. Su pintura, una síntesis entre la vanguardia moderna y el refinamiento clásico, se convirtió en emblema del Art Déco. Retrató a la alta sociedad parisina con un estilo inconfundible: figuras angulosas, pieles nacaradas y un aura de lujo cosmopolita. Cada retrato parecía una escultura pulida por la luz, reflejando la ambición, el deseo y la independencia de una nueva mujer moderna.

Tras su divorcio, Tamara se trasladó a Estados Unidos, donde se integró plenamente en la jet set neoyorquina. Su vida se entrelazó con la de artistas, mecenas y celebridades, mientras su obra seguía evolucionando hacia composiciones más abstractas.

 A finales de los años cincuenta, buscando un clima más cálido, tranquilidad y una vida más íntima lejos del bullicio de las grandes ciudades, se estableció en Cuernavaca, México, entonces un refugio de intelectuales y artistas europeos, donde continuó pintando hasta su muerte en 1980.

Hoy, Tamara de Lempicka es reconocida como una de las figuras más brillantes del modernismo del siglo XX y una de las máximas exponentes del Art Déco. Su estilo, sensual y arquitectónico, sigue inspirando a diseñadores, fotógrafos y creadores contemporáneos.

 

Título original: Maternité. (1928)

Colección particular

Técnica: Óleo (35 x 27 cm.)

La pintura pertenece a la época en la que la artista fue madre, y también en la que tuvo sus mayores éxitos, cuando el art-decó reinaba en un mundo en paz y Lempicka era una de sus mayores exponentes.

La obra es un ejemplo claro del hacer de Tamara  (telas, encuadre, retrato neo-cubista, texturas…), aunque llama la atención que una artista caracterizada por la «frialdad» de sus retratos pintara un tema tan emocional como el de la maternidad, y consiga mezclar magníficamente estos dos factores.

 


02 junio 2026

POR QUÉ SEGUIMOS NECESITANDO EL LATÍN

Artículo de Pablo Toribio, Científico Titular (Filología Latina), Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS - CSIC). Publicado en la revista digital The Conversation.

 

El latín es una lengua familiar y extraña al mismo tiempo. Si a alguien que hable español se le pone por delante un párrafo escrito en latín, podrá adivinar parentescos entre buena parte de las palabras ahí presentes y muchas palabras de su lengua nativa, y todavía más si tiene competencias en otras lenguas romances. Ahora bien, si esta persona no ha estudiado latín con una mínima profundidad, es casi imposible que pueda dar con el significado del párrafo.

Con algunas lenguas hermanas nos basta un trato más o menos superficial para entender a grandes rasgos qué quieren decirnos: no sólo venimos de la misma familia sino que, sobre todo, pertenecemos a la misma generación. Pero nuestra anciana lengua madre pertenece a una generación remota. Su modo de razonar y de hacer las cosas es muy diferente al nuestro, y además nos cuesta comprender el mundo al que se refiere.

El latín como lengua antigua

Efectivamente, el mundo que de inmediato se asocia al latín, el de los antiguos romanos, no es ya –¡afortunadamente!– el nuestro. Los filólogos clásicos siempre han entendido como una parte fundamental de su trabajo entender el mundo cultural de las sociedades antiguas. “Pasar del idioma a los hechos materiales e ideales que en ese idioma se expresaron”, según las palabras de Menéndez Pidal en su presentación de la revista Emerita (1933).

Lo que escribieron los antiguos no es cristalino, incluso cuando parece serlo, y por eso el mejor aprendizaje que se extrae de la filología es la necesidad de someter cualquier texto a un escrutinio profundo antes de darlo por comprendido –si es que esto último es posible.

Esa idea humanística la encontramos en lugares que nos pueden parecer tan inverosímiles como estos apuntes de Isaac Newton (1726):

“Tal era el verdadero significado de las palabras "theos” y “deus” (“dios”) para todos los griegos y latinos antiguos, pero nosotros, cambiando el significado de sus palabras, hablamos de forma corrupta sus lenguas".

De manera análoga a cuando un filólogo explica que, por ejemplo, “cálculo” significa originalmente “piedrecita”, Newton quiere decir aquí que la palabra “dios” significa originalmente “dueño”.

El latín como lengua europea común

Pero Newton escribió esas palabras… en latín. En el primer tercio del siglo XVIII, esa práctica estaba empezando poco a poco a abandonarse, pero hasta entonces, escribir en latín había sido la primera opción razonable para quien escribía sobre ciencia o filosofía.

El latín había sido hasta entonces la lengua europea de cultura, incluso la lengua práctica de comunicación internacional en muchos contextos y regiones. En latín se escribió más que en ninguna otra lengua europea durante toda la Edad Media y la primera Edad Moderna, cuando hacía siglos que no quedaba vivo ningún hablante nativo.

Además, fue la lengua que más influyó en la estandarización de las vernáculas europeas –no sólo de las lenguas romances, sobre las que el latín ha ejercido un efecto doble, el “genético” o etimológico y también el sincrónico (semejante a la influencia actual del inglés sobre el español, por ejemplo).

Teniendo en cuenta todo esto, el latín ha llegado a calificarse como “la lengua con más éxito del mundo”. Las cifras que habitualmente se manejan para esbozar sus dimensiones resultan apabullantes: en la estimación –muy conservadora– de Jürgen Leonhardt, el 95% de los textos conservados en latín se escribieron después de la Edad Media y casi todo el 5% restante en la propia Edad Media. Sólo una proporción muy inferior al 1% procede de la Antigüedad. Es una cantidad comparativamente exigua que, además, está constituida en sus cuatro quintas partes por literatura cristiana.

Estos números generan una mezcla de asombro y suspicacia en el auditorio, incluso –o sobre todo– cuando está compuesto de clasicistas. Aquí el latín se muestra de nuevo como una lengua familiar y extraña al mismo tiempo.

Nuevos documentos en latín

Dichas consideraciones rara vez se mencionan a la hora de insistir en la necesidad de estudiar latín. Por supuesto, siempre será necesario que exista alguien capaz de leer a Tácito –y a Spinoza– en su latín original, pero también será imprescindible que exista siempre alguien capaz de leer cada nuevo documento latino que a diario se rescata de los archivos. De estos últimos, no existirá con seguridad ninguna traducción a la que recurrir.

Existe el “mundo clásico”, cuya relevancia para nuestros horizontes culturales cabe reivindicar en muchos aspectos –y que en otros resulta muy saludable cuestionar. Pero el mundo clásico no es el único mundo del latín.

El mundo de los cronistas y amanuenses, profesores y filósofos, experimentalistas y teólogos, inquisidores y herejes, librepensadores y censores, son también mundos legítimamente latinos. Comparten sin duda la Antigüedad como referente ineludible, pero no pueden entenderse sin más como mera prolongación o “pervivencia” de ésta.

Como “signo europeo” –mucho más que como signo de los antiguos romanos–, el latín es rico en luces y sombras que nos ayudan a comprender nuestro pasado y aun nuestro presente.


30 mayo 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: ANTONIO GALA


El arma que te di pronto la usaste…

El arma que te di pronto la usaste
para herirme a traición y sangre fría.
Hoy te reclamo el arma, otra vez mía,
y el corazón en el que la clavaste.

Si en tu poder y fuerza confiaste,
de ahora en adelante desconfía:
era mi amor el que te permitía
triunfar en la batalla en que triunfaste.

Aunque aún mane la sangre del costado
donde melló su filo tu imprudencia,
ya el tiempo terminó de tu reinado.

Hecho a los gestos de la violencia,
con tu mala costumbre ten cuidado;
tú sólo no te hieras en mi ausencia.

 

De: «Poemas de Amor» – «Perseo»

 

 

Antonio Gala Velasco nació en Brazatortas, Ciudad Real, el 2 de octubre de 1930.

A los 9 años, en 1939 se traslado junto a su familia a Córdoba, donde escribió sus primeras obras, dando a los catorce años una conferencia en el Círculo de la Amistad.

Lector precoz de Rainer Maria Rilke, Garcilaso  de la Vega, San Juan de la Cruz y otros autores, estudió desde la temprana edad de 15 años la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla y, como alumno libre, Filosofía y Letras, Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Madrid, obteniendo licenciaturas en todas ellas.

En 1959 comenzó a impartir clases de Filosofía e Historia del Arte y recibió un accésit del Premio Adonáis de poesía por su obra Enemigo íntimo, empezando una exitosa carrera teatral y periodística, que le posibilitó desde 1963 vivir sólo de la escritura.

Convertido ya en un personaje altamente popular de la literatura española, comenzó a escribir novelas en los años noventa, iniciándose con El manuscrito carmesí, que ganó el Premio Planeta en 1990.

Fue un autor de gran éxito entre los lectores en cualquiera de los géneros que cultiva: teatro, columnismo, novela o lírica. Su estilo abunda en imágenes y recursos líricos, y muy elaborado en lo formal. Practicó todos los géneros literarios.
Murió en Córdoba, el 28 de mayo de 2023.

 

 

 


29 mayo 2026

HOMENAJE A UNA INOLVIDABLE TIENDA DE JUGUETES

 


El paso de los años nos habitúa a observar los cambios de imagen que van adoptando las ciudades, con las que hemos convivido en nuestro “caminar” por la vida. Cambios positivos o negativos, según los criterios de cada cual. Pero todas estas transformaciones, importantes o nimias, nos dejan un poso de nostalgia, al recordar tiempos, personas e imágenes que ya no volverán. Es ese tiempo “perdido” que nunca podremos recuperar.

Muchos de las personas mayores solemos recordar múltiples vivencias de nuestra infancia, que sentimos como felices e imborrables. Entre estas imágenes recurrentes, tienen especial significación los amplios tiempos que dedicábamos para jugar y, obviamente, todos aquellos juguetes que tanto nos hacían disfrutar.

En los pretéritos y “felices” años 50 y 60, los comercios que más motivación y fascinación nos producías eran los puestos de chucherías y las tiendas de juguetes. En Málaga, por encima de todos los comercios, destacaba en esta faceta lúdica infantil la tienda de JUGUETES CARRIÓN. Aunque esta marca nació en calle Compañía en 1953, como tienda de prendas de vestir y juguetes, esquina con el pasaje de los Mártires, posteriormente se especializó en ofrecer toda una inmensa juguetería, en un local cercano, en el mismo pasaje de los Mártires, espacio hoy ocupado por las instalaciones del Museo Thyssen, inaugurado en el 2011.  

Una de las diversiones de la chIquillería de aquellos años de posguerra consistía, por ejemplo, en ir a los dos grandes escaparates de Juguetes Carrión, para deleitarnos durante muchos minutos en contemplar aquel “reino de los juguetes”, construido en nuestra sencilla imaginación infantil. Los trenes eléctricos, que sólo podían tener los niños de familias acomodadas en lo económico, los inolvidables Meccanos, los Juegos Reunidos Jeyper, los balones y pelotas de todo tipo de calidad, desde las de goma hasta los balones de “reglamento” hechos de piel de badana, los saltadores, las cocinitas, las muñecas de trapo de pasta, los rompecabezas, las arquitecturas de madera coloreada, las acuarelas, los camiones y coches de madera, latón y de cuerda, las escopetas y las pistolas (los balines eran pequeños tapones de corcho), las “caretas” de cartón pintado con múltiples figuras para pasarlo bien, los cubos y las paletas para jugar en la playa, los tanques y los aviones, etc. Sobra añadir que en aquellos años no había llegado todavía la “invasión cibernética” a todos los órdenes de la vida.


Como la “economía” de la mayoría de los niños era muy modesta o casi nula, en aquellos tiempos de escasez, se improvisaba una pelota para jugar al fútbol con un simple taco de madera, una chapa o un cierre de latón de una botella de refresco o cerveza. También servía un trozo de ladrillo, que no fuese especialmente voluminoso. Se vendían cartones, periódicos usados e incluso trozos de pan duro, para recoger unas pesetas o céntimos, con los que poder comprar una pelota de goma para el juego en las calles, plazas y jardines. Se improvisaban porterías de fútbol, utilizando los portales de las casas, aunque las protestas de sus inquilinos eran constantes. Lo verdaderamente importante era jugar y tratar de pasarlo bien, durante aquellos largos tiempos de escasez y aburrimiento.

Cuando se acercaban las muy esperadas fechas navideñas y la llegada de “los Reyes Magos de Oriente”, las visitas a los escaparates de la tienda de juguetes Carrión eran frecuentes e intensamente emocionantes. Cada niño tenía su juguete preferido y anhelado en su crédula imaginación. Había que escribir la carta a los Reyes y posteriormente echarla sin franqueo o incluso con un sello “matado” al buzón que se instalaba en la puerta del gran establecimiento donde los juguetes esperaban “la recogida” por SS.MM. El autor de estas líneas para la nostalgia ha de confesar que su mayor deseo era jugar con un fuerte de madera, provisto de empalizadas y torretas de vigía en los cuatro ángulos del espacio militar, lugar donde los soldados americanos de goma, con sus casacas azules, su gorro del mismo color y su pañuelo amarillo al cuello, se defendían de los ataques que realizaban los indios, con sus tatuajes de guerra, arcos de flecha y gorros alargados de plumas. El juego de los soldados y los indios emocionaba a tantos niños que habían visto en las pantallas de los viejos cines de barrio, las películas de antiguo oeste americano. La creencia en que los RR MM pudieran traen en las alforjas mágicas de sus camellos ese fuerte de soldados e indios u otros juguetes era una fuerte esperanza que motivaba e ilusionaba, hasta el amanecer con las sorpresas del 6 de enero. La noche del día cinco, en la que había que poner un zapato cerca del nacimiento, junto al que los Reyes dejaban sus mágicos regalos, era difícil poder conciliar el sueño, por la emoción que suponía pensar el “qué me traerán los Reyes”.  Al levantarse de la cama por la mañana, la emoción y sorpresa de los niños era inenarrable. Por supuesto no sólo los niños jugaban en esa fecha emblemática del primer mes del año, sino que también sus padres participaban en esos juegos, convirtiéndose, especialmente en ese día de Reyes, en “niños grandes” que competían con los juguetes que les habían dejado a los pequeños de la casa.


Las tiendas de juguetes Carrión, con el prestigio merecido para los juegos de los niños de distintas generaciones, se fueron multiplicando en distintos puntos del callejero malagueño: Alarcón Luján, Santa Lucía, Mármoles, Juan Sebastián Elcano. Avda de Plutarco y calle Nueva. También fueron instaladas sucursales en algunos puntos de Andalucía, como en la vecina Granada y Córdoba.

Pero con la llegada de la informática y los juguetes electrónicos, la venta de juguetes tradicionales fue decayendo paulatinamente. Y las tiendas de Carrión se vieron abocadas al cierre. La competencia de precio en los grandes centros comerciales, Internet, Temu, Amazón … fueron ocupando y dominando el ilusionado mercado de juguetes. Hace escasos días, la prensa local nos trajo una triste noticia, especialmente para los niños vivos de los años 50 y 60. El último paraíso de los juguetes, la última tienda abierta de Juguetes Carrión en la popular y transitada calle Nueva, a dos pasos de Larios y la plaza de la Constitución, echaba también el cierre, el día 30 de abril. Arturo, 49, nieto del fundador de la empresa, don Francisco Carrión Ruiz, explicaba las causas que le habían llevado a tomar tan dolorosa decisión. “No vendemos lo suficiente, como para poder mantener la tienda abierta. El saldo comercial no cubre los gastos. ¿Por qué vendemos tan poco? Hay menos niños y los niños juegan mucho menos en las calles. Desde muy pequeños tienen acceso a sofisticados periféricos informáticos: móviles telefónicos, tabletas electrónicas de prestaciones informáticas sofisticadas, poderosos ordenadores portátiles. El plástico fue el primero que fue avisando de que el mundo lúdico infantil cambiaba. Aquel juguete de madera, metal, latón, goma, algodón, ya no es demandado por los niños. Las grandes superficies comerciales, los gigantes del comercio on-line, servido por el repartidor del transporte urgente en los domicilios, es una competencia imposible para las antiguas y tradicionales tiendas de juguetes.


Este afectivo y nostálgico articulo va dirigido a ese mundo inolvidable de los juguetes de siempre y, en concreto, a todos los buenos comerciantes que tenían vínculos directos con SS MM los Reyes de Oriente. Gracias a su generosa labor, nuestra infancia pudo ser más divertida, ilusionada y fraternal, en unos años difíciles, pero sin embargo más imaginativos y creativos, Un adiós agradecido para siempre en el recuerdo, al inolvidable “paraíso” de los JUGUETES CARRIÓN. –

 

José L. Casado Toro

Mayo 2026

 



27 mayo 2026

GONZALO CELORIO, PREMIO CERVANTES 2025: LA ESCRITURA COMO MEMORIA

 

Artículo de Dulce María Zúñiga Chávez, Profesora investigadora de literatura, Universidad de Guadalajara. Publicado en la revista Digital The Conversation.

Que a Gonzalo Celorio (México, 1948) se le otorgue el Premio Cervantes 2025 no es sólo un reconocimiento a una trayectoria de autor y humanista, es la celebración de una manera de entender la literatura como destino y como arte de la memoria.

Gonzalo Celorio es un hombre de letras “integral”. Así lo califica el jurado del Cervantes. Y estamos de acuerdo. Es narrador, ensayista, hombre de teatro, filólogo y promotor cultural. Pero, sobre todo, es un gran lector y erudito: “nada humano le es ajeno”. Sus conocimientos van más allá de la literatura escrita en español. Sus intereses lo han llevado a conocer de historia, antropología y otras ciencias humanas.

Una obra que abarca géneros y culturas

Gonzalo Celorio ocupa un lugar importante en la literatura contemporánea no sólo por la amplitud y densidad de su obra, sino por la conciencia profunda con la que ha sabido entretejer su historia personal con la de una vasta geografía histórica y cultural que abarca países como España, México, Cuba y Nicaragua. En su escritura, la experiencia individual se dilata hasta volverse memoria compartida, y la memoria, a su vez, se vuelve una forma de conocimiento.

Es autor de las novelas Amor propio (1992), Y retiemble en sus centros la tierra (1999), así como de la trilogía titulada irónicamente “Una familia ejemplar”, integrada por Tres lindas cubanas (2006), El metal y la escoria (2014) y Los apóstatas (2020). En ella despliega una mirada crítica, a la vez lúcida y entrañable, sobre los vínculos familiares y las fisuras de la memoria. Construye una épica familiar que abarca varias épocas y territorios.

A esta obra narrativa se suma una producción ensayística fundamental: El viaje sedentario (1994), México, ciudad de papel (1997), Ensayo de contraconquista (2001), Cánones subversivos (2009), Del esplendor de la lengua española (2016), De la carrera de la edad (2018), Mentideros de la memoria (2022) o Ese montón de espejos rotos (2025).

Varios de sus libros han sido traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, griego y chino, lo que da cuenta de su proyección internacional.

La lengua como memoria

La obra de Gonzalo Celorio se alza como un espacio donde el lenguaje deja de ser sólo un instrumento de comunicación y se convierte en sustancia viva. Su escritura no sólo narra: respira, recuerda, interroga. Hay en ella una convicción profunda de que las palabras no nombran el mundo desde fuera, sino que lo engendran desde dentro. Su conocimiento del idioma le valió ser elegido director de la Academia Mexicana de la Lengua. También tiene vínculos oficiales con la Real Academia Española y con las academias cubana y nicaragüense.

En sus escritos, el español encuentra una de sus modulaciones más sensibles. Su voz no sólo cuenta anécdotas, sino que recuerda por todos nosotros. Y en ese acto de recordar vuelve a fundar –con delicadeza y hondura– un mundo.

De hecho, una de las claves de su obra se encuentra en la tensión entre recordar y dejar atrás. El autor ganador del Premio Cervantes 2025 así lo dijo con sencillez cuando
se encontró con la prensa tras el anuncio del galardón: “Escribo fundamentalmente para olvidar”. Y enseguida reconoció la paradoja: “mis novelas son memorísticas”.

Celorio posee una memoria prodigiosa, a la menor provocación recita poemas de decenas de autores clásicos, o páginas completas de novelas. Esto revela una relación íntima, física y corpórea con el idioma. Así se vio en 2004, durante el homenaje internacional al autor argentino Julio Cortázar, en la Universidad de Guadalajara. Allí, Celorio y el escritor Eduardo Casar maravillaron al público escenificando de memoria el capítulo 68 de la novela Rayuela, escrito en “gíglico” (lenguaje inventado). Fue una sesión inolvidable.

 

El ritmo del lenguaje

Para Gonzalo Celorio, la literatura no es sólo una manera de dar salida a sus recuerdos, sino también una forma de vida. Así, confesó también que escribía “por una necesidad apremiante”.

La escritura del ganador del Premio Cervantes 2025 puede entenderse como una poética de la narración: un modo de concebir el lenguaje como ritmo, como resonancia, como espacio de condensación simbólica donde se insinúa lo esencial. Cada palabra parece elegida no sólo por su significado, sino por su peso y su música.

En este cruce de memoria y lenguaje, de narración y poesía, la obra de Gonzalo Celorio se vuelve una interrogación constante sobre la posibilidad de decir el mundo sin agotarlo. Su voz narrativa no se impone: se despliega, se demora, escucha. Y en esa escucha encuentra su forma más honda de verdad.

¡Enhorabuena, Gonzalo Celorio!


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