28 julio 2026

¿SIRVE DE ALGO REFLEXIONAR?

 

¡Qué pereza, Dios mío, ¡qué pereza! Una quiere cavilar sobre las cosas que pasan y que nos inquietan (corrupción, polarización, casos judiciales que nos mantienen asombrados y desolados), y ahora, hoy, hay que añadir a nuestras preocupaciones estos incendios devastadores de última generación que arrasan con la naturaleza, los bienes de las personas y hasta las vidas humanas, como ocurrió en nuestra Comunidad en fechas recientes. Y con sinceridad, ya no sabes si enfrentarte al ordenador para comentarlos o meter la cabeza en un cubo de agua muy fría y que las ideas se paralicen y el cabreo monumental que a una le domina baje de grados. (El  baño en agua fría es un sistema que apliqué en contadas ocasiones cuando mis hijos tenían fiebre muy alta y el dalsy no lograba controlarla). Y resultaba efectivo.

Los incendios se apagan en invierno. Frase lapidaria pronunciada por alguno de los responsables que en su día estaban obligados a cumplirla. Y, además, dicha sin ningún  rubor. Siempre los otros son los culpables.

       Y uno se pregunta ¿cómo es posible? Hemos tenido un invierno y primavera de lluvias muy abundantes y los bosques, el campo y los caminos se han llenado de maleza.  ¿Nadie ha previsto que esos matorrales se secan con el calor y se convierten en yesca hambrienta de recibir la más mínima chispa para convertirse en llama? Y la terrible experiencia del pasado verano ¿tampoco nos sirve?

       El alegato perfecto para encontrar un culpable a esta situación es el cambio climático. Y lo manosean y lo repiten los responsables políticos hasta la saciedad. Y es cierto. Hemos abusado del planeta y está enfadado con nosotros y lo demuestra a la menor ocasión. Las frecuentes danas que hemos sufrido últimamente son la confirmación de ello.

       Pero ¿es el único responsable? ¿Y los ecologistas de salón que dificultan cualquier labor para regular ríos y barrancos, limpieza de montes y otras acciones que ayudarían a evitar ciertas catástrofes que ahora nos asolan?

       La naturaleza es sagrada. De acuerdo. Pues ayudemos a mantenerla y respetarla con inteligencia y sentido común.

 

MAYTE TUDEA

DORMIR BIEN PARA ENVEJECER MEJOR

 

Artículo de Paula Núñez, Profesora de Fisiología, Universidad de Oviedo. Publicado en la revista digital The Conversation.

Dormir bien es fundamental para mantener una buena salud y resulta especialmente importante en las personas mayores. Mantener un ritmo de vida matutino puede favorecer la movilidad en la vejez, siempre que vaya acompañado de una vida activa. Sin embargo, factores como la contaminación lumínica o el uso de somníferos pueden dificultar un descanso verdaderamente reparador.

En un estudio reciente con 151 personas de entre 62 y 92 años, todas ellas estudiantes del Programa Universitario para Mayores de la Universidad de Oviedo (PUMUO), observamos que incluso en personas físicamente activas, con una intensa vida social y altas puntuaciones en pruebas cognitivas, los ritmos biológicos internos siguen desempeñando un papel determinante en la salud.

En concreto, los sujetos del estudio encarnaban el perfil del envejecimiento activo, realizaban ejercicio físico regular –como caminar, gimnasia de mantenimiento o pilates– y obtenían puntuaciones excelentes en todas las pruebas físicas y cognitivas.

En los test de movilidad, sus medias se situaron en el rango de “bajo riesgo de caídas”, lo que indica una agilidad envidiable. De igual forma, en los test cognitivos sus resultados rozaron el máximo de la escala, lo que demuestra una lucidez y una capacidad mental sobresalientes.

Pero a pesar del envidiable nivel de actividad de los participantes, el sueño seguía siendo el gran talón de Aquiles para muchos de ellos.

¿Alondras o búhos?

Todos conocemos a alguien que salta de la cama con energía al amanecer (llamados “alondras”) y a quien rinde mejor cuando cae el sol (los “búhos”). Esta preferencia natural se llama cronotipo y no es un simple hábito: es la predisposición biológica de nuestro cuerpo para estar alerta o descansar a determinadas horas del día.

Es muy común que, con el paso de los años, las personas experimenten un avance de fase. Esto significa que nuestro reloj biológico se adelanta, empezamos a sentir sueño antes por la noche y nos despertamos de forma natural de madrugada.

Por este motivo, los resultados con nuestros participantes fueron los esperables: casi la mitad de ellos eran del tipo matutino. Lo más revelador es que estas personas demostraron un equilibrio y una movilidad superiores a los de perfil vespertino. Los búhos del grupo obtuvieron puntuaciones satisfactorias, pero más bajas en las pruebas de estabilidad.

Esto sugiere que vivir en sintonía con la luz natural favorece una mejor coordinación motora. En las personas mayores, ese pequeño margen de estabilidad puede ser clave para prevenir caídas.

El sueño no es igual para todos

Dormir bien no es solo un placer: es el “taller” de reparación de nuestro organismo. Durante la noche, el cerebro se limpia de toxinas y los músculos se regeneran para mantenernos ágiles. Sin embargo, este proceso no se desarrolla de la misma manera en todas las personas.

Uno de los hallazgos más llamativos es que las mujeres presentan peor calidad de sueño que los hombres, con más despertares nocturnos asociados, por ejemplo, a dolores físicos o sofocos. Además, se identificaron dos grandes enemigos del descanso:

1.  La luz nocturna. Dormir con claridad en la habitación o usar dispositivos electrónicos antes de acostarse empeora drásticamente la calidad del sueño. Un descanso reparador debe ser ininterrumpido y profundo, permitiendo que el cuerpo complete sus ciclos naturales. Si hay luz, el sueño se vuelve ligero y fragmentado, lo que provoca que nos despertemos con una sensación de agotamiento, como si no hubiéramos descansado.

2.  Los fármacos para dormir. El uso de esta medicación se asocia con un menor rendimiento cognitivo. En términos sencillos, estas pastillas podrían estar nublando la agilidad mental y la memoria de quienes las consumen. Por ello es fundamental que cualquier ajuste o cambio en la medicación se realice siempre bajo supervisión médica.

Claves para un envejecimiento activo

Para que nuestro cuerpo sepa que es hora de dormir, necesitamos mantener una “higiene de luz” un par de horas antes de acostarnos. Lo ideal es usar luces tenues y cálidas en casa y evitar las pantallas de móviles y tablets. En caso de despertarnos a medianoche es importante mantenernos a oscuras lo máximo posible. Esto ayuda a que el cerebro fabrique melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño y facilita el descanso.

En el caso de los adultos mayores, las guías médicas son claras: las pastillas para dormir deben ser la última opción. Si se usan, debe ser por periodos breves y a dosis muy bajas. Lo más recomendable es apostar por estrategias naturales, como rutinas fijas y terapia especializada, que ataquen la raíz del insomnio sin generar dependencia.

Sin duda, para valernos por nosotros mismos -incluso a edades avanzadas- no basta con estudiar y mantenernos activos: también hay que escuchar al reloj biológico y cuidar la calidad del sueño.

25 julio 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: CONCHA MÉNDEZ

 

Los brazos que te han llevado…

Los brazos que te han llevado,
no te dejan escapar
para volver a mi lado.

Nos separa un ancho mar
de difíciles tormentas,
y náufrago has de llegar,
si es que vuelves a mi puerta,
para quererte salvar.

Brazos que te sujetaron
para alejarte de mí,
¡a mí sí que me salvaron!…

Cuando ya no sepa de ti
¡qué bien estaré en la vida!,
cuando ya no sepa de ti.

Cuando no vuelvas a verme
y mis horas sean mías
y yo vuelva a ser quien era
lejos de tu compañía:

Cuando no te vean mis ojos,
¡qué bien me sabrá la vida!

No faltará quien se alegre…
Unos, porque no me quieran,
y alguna porque me quiere…

Tan sola no me has dejado,
que estoy conmigo y me basta
-igual que siempre lo he estado…

 

Concha Méndez nació el 27 de julio de 1898 en España y falleció en México en diciembre de 1986. Es una de las voces femeninas más importantes de la llamada Generación del 27 y además, una mujer con las ideas claras y muchos deseos de vivir libremente.

En su obra se nota una gran influencia de sus amistades de entonces, Luis Cernuda, Rafael Alberti y Federico García Lorca, y fue a través de esas relaciones que se atrevió a publicar su primera obra, "Inquietudes", y más tarde "Canciones de mar y tierra". Estuvo casada con el poeta malagueño Manuel Altolaguirre con quien creó la editorial La Verónica, que publicó la revista Héroe, en la que colaboraron importantes intelectuales de esa época, tales como Miguel de Unamuno y Juan Ramón Jiménez. Con el estallido de la Guerra Civil debió exiliarse, pero no dejó de participar de la poesía.de su tierra.

La segunda etapa de su obra está marcada por su matrimonio, su maternidad, el exilio y su posterior separación matrimonial.  «Vida a vida»«Niño y sombras» y «Lluvias enlazadas», son los tres poemarios que forman parte de esta etapa.

En 1944 se radicó en México hasta su fallecimiento.


24 julio 2026

LA MÍSTICA REPRESENTATIVA DEL UNIFORME

 




El uniforme ha sido desde siempre una cuestión de opiniones controvertidas, especialmente en el sector escolar. La misma palabra o concepto lo explica con suma facilidad. Una forma de organizar externamente a un colectivo, para la igualdad de la imagen, el equilibrio y la semejanza identificativa.

Esa uniformidad distintiva ha sido y es muy utilizada en el ÁMBITO EDUCATIVO, de manera especial en los centros escolares de titularidad privada. Es una de las principales insignias aplicadas para la representatividad del centro escolar. Los alumnos visten un modelo único que los padres pueden comprar en algún céntrico establecimiento de ropa. Suele predominar el color azul marino en la indumentaria, aunque también son usados otros colores, como el verde oscuro, rojo bermellón o el gris. Los zapatos son mayoritariamente de color negro con cordones, aunque el modelo de calzado, cerrado, puede variar según la opción familiar, pero siempre respetando el color oficial.

El uniforme siempre ha resultado muy útil para los padres pues socializaba en la igualdad a todos los alumnos. La familia reducía los gastos de vestimenta escolar, pues el desembolso se realizaba sólo una vez al comienzo del curso. No había distinción “jerárquica” para el vestuario diario. También era una seña de identidad del centro, para lo bueno y lo “malo”. Los profesores les decían a los escolares “si vais a una fiesta o a otro lugar con el uniforme, pensad que estáis representando al buen nombre del colegio al que pertenecéis”.


Con el aumento del poder adquisitivo de las familias, comenzaron los “problemas” Precisamente fueron los alumnos, especialmente a nivel de adolescencia, quienes rechazaban el uniforme, pues deseaban lucir sus propias faldas, pantalones o zapatillas deportivas “de marca”. Muchos centros educativos han ido cediendo y la permisividad fue llegando, especialmente para los alumnos mayores en la etapa formativa secundaria. 

En la actualidad apenas hay uniformes en los centros públicos. Se mantienen en los colegios privados. Realmente los uniformes con diseños y colores atrayentes, sobre todo aquellos que llevan el escudo de la institución en la camisa, jersey o chaqueta, incluso corbata, ofrecen una imagen que prestigia y resalta al centro docente en donde estudian los escolares. 


Pasemos al ÁMBITO CASTRENSE, en donde es imprescindible e indiscutible usar un uniforme. Todo cuerpo de ejército lo tiene y lo ostenta con gallardía y sentimiento. Facilita Identificar perfectamente a cada cuerpo militar o civil. Ejército de tierra, mar o aire. Guardia Civil. Policía Nacional. Policía local. El Tercio de la Legión. En todos estos cuerpos militares, al uniforme se le aplican determinadas insignias, para indicar el grado militar que ostenta el soldado y los méritos adquiridos en el desarrollo de su misión. Durante el combate bélico, esos uniformes identifican a los países enfrentados en guerra, para, además de defender el honor de una bandera no cometer errores o confusión con el “enemigo” que provocaría daños irreparables.

En el ÁMBITO SOCIOECONÓMICO, también podemos ver la utilización de algunos uniformes de empresa, en los centros comerciales, deportivos, técnicos o administrativos. La  presencia física del profesional mejora sobremanera y el cliente se ve favorecido cuando ha de realizar alguna consulta o gestión y el establecimiento se halla con un gran número de clientes, para localizar algún dependiente, comercial o encargado de sección. Hay empresas que establecen normas generales para que sean seguidas por sus empleados: chaquetas, pantalones largos, con tonalidad azul o gris oscura, zapatos cerrados. En ocasiones, también el uso de la corbata. Faldas, pantalones, jersey, con tonalidades discretas, etc. para las empleadas. Zapatos cerrados en invierno y sandalias elegantes para el verano. Las plaquitas ensartadas en el traje, indicando los nombres y el cargo correspondiente en la empresa, también resultan muy necesarias.


Parece fuera de toda duda que un uniforme añade prestancia y honorabilidad a la persona que lo luce. No sólo psicológica, sino también por la actitud “de respeto” que recibe de los demás. Una gorra con el logotipo en la cabeza ofrece genera más respeto que una cabeza “calva” al aire. El uniforme imprime autoridad, seriedad, orden, control, al funcionario o empleado que lo lleva. Cuando se lo quita y viste con ropa “de calle”, su relevancia social se reduce bajo mínimos, y más si el uniforme implica llevar armas o porras defensivas. Fui testigo de una anécdota curiosa, cuando tuve que realizar una gestión en una residencia militar. Un soldado vistiendo uniforme me indicó que en unos minutos “el capitán” me atendería, aplicando un lenguaje autoritario. Esperé pacientemente en la sala castrense, hasta que el oficial del ejército me llamara. Pasados unos largos minutos vi entrar en la oficina un hombre de baja estatura, con muy escaso cabello, vistiendo un pantalón de pana marrón, una camisa de franela a cuadros y un pequeño bigotillo en la cara. Calzaba unas deportivas de color negro. Entendí que se trataba de era otra persona que deseaba realizar alguna gestión administrativa en la sección en que nos hallábamos. El modesto ciudadano portaba en la mano un diario nacional, concretamente el ABC. De inmediato el soldado se “cuadró” al verlo y saludó llevándose la mano a la sien, dando un golpe en suelo con los tacones de sus botas. “¡A sus órdenes, mi capitán! Este señor desea realizar una consulta”. Por alguna circunstancia, aquel militar no llevaba puesto su uniforme castrense en ese momento. La impresión que ofrecía era la de una persona corriente, humilde, modesta, de las muchas con las que nos cruzamos diariamente por la calle.

Además de los valores estéticos y psicológicos, el elemento identificativo es primordial para el uso útil de los uniformes. En una competición deportiva, fútbol, baloncesto, etc. si los participantes no fueran agrupados por el uniforme propio, los errores en el juego serían numerosos y en ocasiones cómicos. “¿A quién le has pasado el balón?”

Aunque no siempre es fácil distinguirlo, las personas llevamos también el uniforme inmaterial de nuestro carácter. Lo mostramos en la forma de ser y en el trato que deparamos a las demás personas y con nosotros mismos. Se trata de un precioso atuendo: el UNIFORME DE LA BONDAD. –


José L. Casado Toro

Julio 2026


22 julio 2026

HACE MÁS DE UN SIGLO, BENITO PÉREZ GALDÓS SUBIÓ LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER A UN ESCENARIO

 

Artículo de Carmen Márquez Montes, Profesora Titular de Literatura española, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Publicado en la revista digital The Conversation.

Cuando hoy hablamos de violencia de género, maltrato psicológico, coerción emocional o dependencia afectiva, pensamos de inmediato en conceptos construidos desde la sociología, la psicología clínica o el derecho contemporáneo. Los asociamos a un vocabulario nacido en las últimas décadas, fruto de la investigación científica, la evolución legislativa y una creciente conciencia social.

Pero la literatura –y, de manera muy especial, el teatro– suele adelantarse a la historia. Antes de que la sociedad encuentre palabras para nombrar determinadas heridas, algunos creadores ya han sabido reconocerlas, observarlas y convertirlas en materia dramática.

Así sucede con una de las obras menos frecuentadas y, paradójicamente, más modernas de Benito Pérez Galdós: Bárbara (1905).

Es cierto que no podemos afirmar que fuese el primer autor en mostrar sobre un escenario aquello que hoy identificamos como violencia contra la mujer. La escena europea de finales del siglo XIX había comenzado ya a cuestionar la institución matrimonial, la autoridad patriarcal y la posición social de la mujer, especialmente las obras de Henrik Ibsen y August Strindberg. Sin embargo, sí puede sostenerse con fundamento que Galdós figura entre los primeros dramaturgos europeos –y, con seguridad, entre los pioneros de la escena española– en representar con singular profundidad los mecanismos psicológicos, emocionales y sociales del maltrato ejercido contra una mujer.

Un estreno que su tiempo no pudo leer del todo

El 28 de marzo de 1905, el Teatro Español de Madrid acogió el estreno de Bárbara, con María Guerrero al frente del reparto. No era una obra más dentro de la producción dramática galdosiana. Llegaba en un momento de plena madurez teatral, cuando el escritor canario llevaba más de una década entregado intensamente a la escena tras el estreno de Realidad en 1892, también protagonizada por Guerrero.

 

A primera vista podría parecer un drama de pasiones, redención moral o conflictos matrimoniales. Pero una lectura atenta revela algo mucho más incómodo y profundamente moderno: Galdós está representando el progresivo proceso de destrucción interior de una mujer sometida durante años a una relación marcada por la violencia, el control y la humillación.

En 1905 no existía la expresión “violencia de género”. Tampoco había protocolos de protección, estudios clínicos sobre relaciones abusivas ni un lenguaje jurídico capaz de nombrar la violencia psicológica. Y, sin embargo, Galdós parece reconocerla con extraordinaria lucidez.

Bárbara no aparece únicamente como una esposa desgraciada o una mujer atrapada en un matrimonio infeliz. Es una mujer emocionalmente erosionada, insegura, culpabilizada, aislada y, en muchos momentos, incapaz de reconocerse fuera de la estructura que la oprime.

Su relación con Lotario –su esposo– no responde simplemente al modelo tradicional del marido autoritario. Lotario controla, humilla, desacredita, ridiculiza, aísla y, finalmente, consigue que Bárbara termine dudando incluso de su propia percepción de la realidad, uno

Lo verdaderamente sorprendente es que Galdós no necesita construir grandes escenas de violencia explícita para transmitir esa opresión. Le bastan la palabra, el tono, la pausa, la repetición, el silenciamiento: la mirada del otro convertida en juicio permanente. Sobre todo, le interesan los demás, ya que, en el primer acto, en un acto de defensa, Bárbara, sin desearlo, mata a Lotario. Los restantes tres actos muestran cómo reaccionan Bárbara y la sociedad ante una tragedia de este tipo.

Quien hoy se acerque a la obra reconocerá con inquietante claridad comportamientos que la psicología contemporánea describe con términos como manipulación emocional, pérdida progresiva de autoestima, dependencia afectiva o normalización del abuso.

No estamos, por tanto, ante una lectura anacrónica proyectada desde el presente; diversas investigaciones filológicas han puesto de relieve esta dimensión de la obra. Precisamente, Carolina Melini y yo hemos estudiado la extraordinaria modernidad de Bárbara como representación dramática del maltrato y de los micromachismos.

 

Una preocupación constante en la obra de Galdós

Esta pieza no surge por casualidad. Casi desde los inicios de su creación Galdós había convertido a las mujeres en uno de los centros de gravedad de su universo. Fortunata, JacintaTristana o Marianela demuestran el interés del autor por explorar la condición femenina dentro de una sociedad profundamente patriarcal, con mujeres condicionadas por matrimonios de conveniencia, dependencias económicas, limitaciones educativas, estructuras morales que restringían su libertad, etc.

Cuando Galdós llega al teatro, esa preocupación se intensifica: de las veintidós obras de teatro estrenadas, diecisiete de ellas tienen a una mujer como protagonista absoluta. La escena no solo permite contar el conflicto, sino compartirlo, hacerlo visible y convertirlo en experiencia colectiva. Por ello, Bárbara fue una obra especialmente incómoda para la España de comienzos del siglo XX.

 

¿Por qué sigue interpelándonos más de un siglo después?

Los mecanismos esenciales del abuso han cambiado menos de lo que quisiéramos pensar. Se han modificado el lenguaje, la legislación o los sistemas de protección, pero la culpa, el miedo, la dependencia, la manipulación emocional y la destrucción de la autoestima siguen formando parte de demasiadas historias.

Y ahí reside la extraordinaria modernidad de Galdós, quien nunca escribió sobre una moda intelectual de su tiempo. No construyó una simple denuncia coyuntural, sino que identificó una de las formas más persistentes de violencia dentro de la intimidad humana y tuvo la valentía de colocarla en el centro del escenario.

Por ello reivindicamos que esta obra entre en el canon. Igual que su autor, debería ser un clásico. Los clásicos no sobreviven porque hablen del pasado. Lo hacen porque siguen poniendo nombre a aquello que una sociedad, en ocasiones, todavía no se atreve a mirar de frente.

Más de ciento veinte años después del estreno de Bárbara, la pregunta no es si Galdós fue uno de los primeros dramaturgos en mostrar la violencia contra la mujer desde un escenario. La pregunta sería: si él fue capaz de verla con tanta claridad en 1905, ¿qué excusa puede permitirse nuestra sociedad para no reconocerla hoy?

Quizá haya llegado el momento de devolver Bárbara al debate público.

18 julio 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: GERARDO DIEGO

 

Versos

Versos, versos, más versos,
versos
para los hombres buenos, sublimes de ideales
y para los perversos;
versos
para los filisteos, torpes e irremisibles
y los poetas de los lagos tersos.
Versos
en los anversos
y en los reversos
de los papeles sueltos y dispersos.
Versos
para los infieles, para los apóstatas
para los conversos,
para los hombres justos
y para los inversos;
versos, versos, más versos,
poetas, siempre versos.
Ahoguemos con versos
a los positivistas
dejándolos sumersos
bajo la enorme ola de los versos,
en ella hundidos, náufragos, inmersos.
Versos
en el santo trabajo cotidiano
y en los momentos tránsfugas, transversos.
Versos tradicionales
y versos nuevos, raros, diversos.
Versos,
versos,
más versos,
versos,
versos,
Y versos,
siempre versos.

De: Evasión, 1918-1919

 

Gerardo Diego Cendoya. (Santander, 3 de octubre de 1896 - Madrid, 8 de julio de 1987). Poeta español miembro de la Generación del 27. En 1920 obtiene la plaza de Catedrático de Lengua y Literatura e imparte clases como profesor de instituto en distintas ciudades españolas. Su actividad literaria comienza a una edad muy temprana, publicando en 1918 su primera obra, el cuento La caja del abuelo, en El Diario Montañés. Su primer libro de poesías, El romancero de la novia, ve la luz en 1920.

En 1924 le conceden el “Premio Nacional de Literatura”. En Santander dirigió dos de las más importantes revistas del 27, Lola y Carmen; eso le sirvió para entablar relaciones con la plana mayor de la generación del 27 y darla a conocer en su posterior famosa antología, Poesía española: 1915-1931, publicada en 1932.

Durante los siguientes años, ya en la posguerra, el poeta continúa con su actividad poética con obras como Ángeles de Compostela, Alondra de verdad o Romances. Mantendrá una intensa actividad, publicando nuevos libros, viajando y recibiendo numerosos homenajes y premios. En 1962 obtiene el “Calderón de la Barca” por su retablo escénico El cerezo y la palmera, su incursión en el teatro.

El gran reconocimiento del autor llega en 1979 con la concesión del “Premio Miguel de Cervantes”, que comparte con Jorge Luis Borges.

Representó el ideal del 27 al alternar con maestría la poesía tradicional y la vanguardista, dentro, sobre todo, del creacionismo, del que se convirtió en uno de los máximos exponentes.

16 julio 2026

EL BESO, DE GUSTAV KLIMT



Gustav Klimt  (Baumgarten, Austria, 14 de julio de 1862- Alsergrund, Austria,  6 de febrero de 1918)  fue un pintor simbolista, y uno de los más prestigiosos representantes del movimiento modernista de Viena.

Klimt pintó lienzos y murales con un estilo personal muy ornamentado, que también manifestó a través de objetos de artesanía, reunidos  en la Galería de la Secesión Vienesa. Klimt encontró en el desnudo femenino una de sus más recurrentes fuentes de inspiración.

Las mujeres (preferiblemente pelirrojas) eran musas, amantes y catalizadores del simbolismo de Klimt. Símbolos de la vida y de la muerte; amenazantes y seductoras al mismo tiempo (las conocidas como femmes fatales). En este sentido su obra se calificó de «pornográfica» por su lenguaje abiertamente sexual.

 Sus obras están dotadas de una intensa energía sensual. En sus inicios, se formó dentro de la tradición académica vienesa, desarrollando un estilo ecléctico y detallista, con un fuerte interés por los temas históricos y alegóricos. Sin embargo, su búsqueda personal lo llevó a romper con las convenciones del academicismo y a convertirse en una de las figuras centrales del movimiento que definiría la modernidad artística del cambio de siglo: el Modernismo (Art Nouveau).

A partir de 1909, Klimt inició una etapa de experimentación en la que perfeccionó el uso del oro, los mosaicos y las texturas ornamentales inspiradas en el arte bizantino. Este lenguaje visual, lleno de simbolismo y sensualidad, alcanzó su máxima expresión en obras como El beso (1907–1908) o Judit (1901), que son la cima del Modernismo vienés. Su dominio del detalle y la composición transformó el retrato en una experiencia estética que unía cuerpo, espíritu y decoración.

Los grandes temas de la obra de Klimt —la sexualidad, el amor y la muerte— reflejan su visión profundamente humana del arte. Uno de sus cuadros más célebres, el Retrato de Adele Bloch-Bauer I (1907), sintetiza esa fusión entre erotismo y espiritualidad.

Klimt fue también uno de los fundadores de la Secesión de Viena, movimiento que defendía la libertad creativa frente a las normas académicas.  Su influencia se extendió a artistas como Egon Schiele y Oskar Kokoschka, marcando el inicio de una nueva sensibilidad en el arte europeo, más introspectiva y emocional.

Hoy, más de un siglo después, el universo dorado de Gustav Klimt sigue fascinando al mundo. Sus mujeres miran desde los lienzos con la misma intensidad con la que fueron pintadas, y sus obras —infinitamente reproducidas en redes, moda y diseño— demuestran que el tiempo no ha podido borrar su fulgor. 

 

 

Título original: Der Kuß (El beso) 

 Museo: Österreichische Galerie Belvedere, Viena (Austria)

Técnica: Óleo (180 × 180 cm.)

 

Tesoro nacional austríaco, El beso de Gustav Klimt es además la obra más conocida del artista, y una de las estrellas del Österreichische Belvedere de Viena, donde miles de personas se reúnen cada día para verlo cara a cara y quedar deslumbrados por esta magnífica creación del ser humano.

La obra representa a dos amantes a tamaño natural que están rodeados de oro. Es un ejemplo claro del “Periodo Dorado” de Klimt, inspirado en los mosaicos bizantinos que tanto habían impresionado al artista en su viaje a Rávena.

Los dos amantes se besan entre una lluvia de oro y una naturaleza que los cubre de arriba a abajo. Flores y plantas proliferan en sus cabezas y a sus pies, evocando que todo terreno es fértil si en él se besan dos apasionados enamorados.

Él viste un manto con motivos geométricos de rectángulos verticales negros y grises, muy masculino. Ella tiene una vestimenta mucho más suavizada, sin aristas, en definitiva más femenina, con círculos y adornos florales, muy del estilo de otras obras de Klimt 

 Es un poco inusual que el artista metiera a una figura masculina en una de sus obras, pero hay quien quiere ver en este sujeto sin rostro un autorretrato de Klimt y a la mujer a Emilie Flöge o quizás a Adele Bloch-Bauer. Ambas mujeres ya habías sido sus modelos.


 

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