15 abril 2026

DE VIAJE: EL PUEBLO DE ARAGÓN CON LA CUEVA DEL GIGANTE QUE SE ENFRENTÓ A HÉRCULES

 

Artículo publicado en National Geographic.

El gigante Caco era todo un personaje. Según cuentan en este rincón del Somontano del Moncayo, robaba el ganado a las gentes del pueblo, escupía fuego y olía a azufre. Vivía en una cueva que aprovechaba un tajo vertical de piedra de conglomerado rojizo de esta parte de Aragón. Una leyenda que tiene raíces en el mito clásico; pero que aquí se adapta para explicar una geografía propia. Según el relato local, del enfrentamiento entre el gigante y Hércules, se configuró la forma de los valles y ríos de la zona. Tras matarlo, Hércules enterró el cuerpo del gigante bajo el Moncayo, al que antiguamente se referían como "Monte de Caco". Y las aguas del río Queiles corrieron rojas durante una semana por la sangre derramada. En el pueblo lo saben porque el río pasa a sus pies.

135 VECINOS Y UN MITO GLOBAL

Lo local, en realidad, es parte de un eco cosmológico universal. Michel Bréal, el filólogo que fundó la semántica moderna, consideraba que el mito de Hércules y Caco es uno de los más antiguos de los pueblos indoeuropeos. Según señala, la historia del héroe que recupera el ganado robado por un monstruo aparece, en los Vedas del hinduismo, en la tradición griega, en la romana, en la persa, en la germánica. ¿No es asombroso que podamos encontrar también a Caco en un pueblecito de pocos vecinos junto al embalse del Val?

Lo cierto es que el patrimonio de Los Fayos está unido estrechamente a este mito que podemos rastrear en la base de tantas culturas. Pero este viaje empieza un poco antes de llegar a este pequeño pueblo de 135 vecinos. Más que paradoja, se trata de una diferencia de unos siete kilómetros, justificados por la fachada del Ayuntamiento de Tarazona, donde podemos ver tres relieves monumentales conocidos como «los gigantones». Llevan siglos decorando el segundo cuerpo del edificio, a la altura de la balconada y ahora nos valen como preludio viajero: uno lucha contra un león, otro carga un bóvido a sus espaldas, el tercero descansa sobre el tronco de un árbol con gesto pensativo. Los historiadores dicen que son los trabajos de Hércules; pero popularmente se les conoce como Sansón, Pierres y Caco. Ya se sabe, el Moncayo siempre es tierra de gigantes.

UNA ESCALERA ENTRE FARALLONES

Desde Tarazona, Los Fayos quedan a poco menos de siete kilómetros siguiendo el curso del Queiles hacia el oeste. Finalmente, el pueblo aparece al pie de una pared vertical que parece salir de la nada. En el pueblo tienes la sensación de que el tiempo se ha detenido, pero hay detalles que revelan que sí avanza; pequeños, pero significativos. En la esquina junto a un tablón de anuncios municipal, hasta no hace mucho no había la señal que indica cómo subir a las ruinas del castillo y a las cuevas, y al centro de interpretación. 

Lo que sigue inamovible son los impresionantes mallos que asoman sobre los tejados del casco urbano. El nombre del pueblo ya contiene su propia historia geológica: Los Fayos parece derivar de una forma arcaica «Los Fallos», en referencia directa a las visibles fallas tectónicas que fracturan el terreno y crean esa muralla ciclópea de conglomerado que abraza las casas por la parte de atrás. Los lugareños vieron pronto las ventajas que brindaba esa pared y las oquedades naturales se transformaron en hábitats prehistóricos, en cenobios y ermitas medievales y hasta en dependencias militares, en el siglo XII. Lo troglodita contrasta con la Iglesia de Santa María Magdalena —y, sobre todo, con su torre de estilo mudéjar—, que preside la Plaza Mayor. Junto a ella, el Palacio de los Duques de Villahermosa, en ladrillo según canon civil aragonés del XVII, ahora ruinoso; pero donde según la tradición parece ser que pernoctó Felipe IV. 

La torre mudéjar se ve fantástica desde las escaleras metálicas que nos aúpan entre los farallones hasta la entrada de las cuevas. Un centenar de peldaños nos separan de la Cueva de Caco, la más grande de las tres oquedades visitables, junto a la Cueva del Monasterio, donde está la ermita de San Benito, y la Cueva Castillo. Recorriendo las cuevas, uno puede pensar que Los Fayos es una de esas poblaciones de la España vaciada que languidecen; pero los mitos perviven y esa es una forma de resistencia que conviene no ignorar: a veces basta con tener una cueva suficientemente grande a mano y una historia que abrace a toda la humanidad.


14 abril 2026

LA TRISTEZA

 


Un cuento de Rosario Barros Peña

 

 

El profe me ha dado una nota para mi madre. La he leído. Dice que necesita hablar con ella porque yo estoy mal. Se la he puesto en la mesilla, debajo del tazón lleno de leche que le dejé por la mañana. He metido en el microondas la tortilla congelada que compré en el supermercado y me he comido la mitad. La otra mitad la puse en un plato en la mesilla, al lado del tazón de leche. Mi madre sigue igual, con los ojos rojos que miran sin ver y el pelo, que ya no brilla, desparramado sobre la almohada. Huele a sudor la habitación, pero cuando abrí la persiana ella me gritó. Dice que si no se ve el sol es como si no corriesen los días, pero eso no es cierto. Yo sé que los días corren porque la lavadora está llena de ropa sucia y en el lavavajillas no cabe nada más, pero sobre todo lo sé por la tristeza que está encima de los muebles. La tristeza es un polvo blanco que lo llena todo. Al principio es divertida. Se puede escribir sobre ella, “tonto el que lo lea”, pero, al día siguiente, las palabras no se ven porque hay más tristeza sobre ellas. El profesor dice que estoy mal porque en clase me distraigo y es que no puedo dejar de pensar que un día ese polvo blanco cubrirá del todo a mi madre y lo hará conmigo. Y cuando mi padre vuelva, la tristeza habrá borrado el “te quiero” que le escribo cada noche sobre la mesa del comedor.

FIN


11 abril 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: FEDERICO GARCÍA LORCA

 

Gacela de la raíz amarga

Hay una raíz amarga
y un mundo de mil terrazas.

Ni la mano más pequeña
quiebra la puerta del agua.

¿Dónde vas, adónde, dónde?
Hay un cielo de mil ventanas
─batalla de abejas lívidas─
y hay una raíz amarga.

Amarga.

Duele en la planta del pie
el interior de la cara,
y duele en el tronco fresco
de noche recién cortada.

¡Amor, enemigo mío,
muerde tu raíz amarga!

 

De: «Diván del Tamarit» – Gacelas, 1936

 

Federico García Lorca (Fuentevaqueros, 5 de junio de 1898 – camino Víznar a Alfacar, 18 de agosto de 1936). Poeta y dramaturgo español, adscrito a la generación del 27. La semana pasada se cumplió aniversario de su muerte, valga este poema como homenaje.

En 1919 se traslada a Madrid y se instala en la Residencia de Estudiantes, coincidiendo con numerosos literatos e intelectuales. Allí, empieza a florecer su actividad literaria con la publicación de obras como Libro de poemas (1921) o El maleficio de la mariposa (1920). En 1929 viaja a Nueva York, plasmando este viaje en Poeta en Nueva York, que se publicaría en 1940 ya fallecido el autor. Dos años después en 1931, funda el grupo teatral universitario La Barraca, para acercar el teatro al pueblo mediante obras del Siglo de Oro. Escribe tanto poesía como teatro, si bien en los últimos años se vuelca más en este último. En 1933 estrena Bodas de Sangre, a las que seguirán Yerma o La casa de Bernarda Alba (1936). En 1936, en su regreso a Granada es detenido y fusilado por sus ideas liberales.

En sus primeros libros de poesía se muestra más bien modernista, siguiendo la estela de Antonio Machado, Rubén Darío y Salvador Rueda. En una segunda etapa aúna el Modernismo con la Vanguardia, partiendo de una base tradicional.

En cuanto a su labor teatral, Lorca emplea rasgos líricos, míticos y simbólicos, y recurre tanto a la canción popular como a la desmesura calderoniana o al teatro de títeres. En su teatro, lo visual es tan importante como lo lingüístico, y predomina siempre el dramatismo.

En la actualidad Federico García Lorca es el poeta español más leído de todos los tiempos.


10 abril 2026

EL MANGO, EL FRUTO QUE SE PROPAGÓ GRACIAS AL IMPERIO ESPAÑOL (NO, NO EXISTÍA EN AMÉRICA)

 

Artículo publicado en National Geographic.

Gracias a las rutas atlánticas y al famoso galeón de Manila, cultivos americanos llegaron a Europa y Asia, mientras que otros, como el mango, cambiaron el paisaje de América.

 

Hay alimentos que parecen de toda la vida de un país… hasta que echas un vistazo al pasado y descubres que no es así. El mango es uno de esos casos. Hoy lo asociamos con México, el Caribe, Centroamérica o Venezuela pero, históricamente, el mango no es americano. Llegó desde Asia en el contexto de la expansión marítima europea y, de forma muy especial, por las rutas y redes del Imperio español.

La primera pieza del puzle es clara, ya que el mango (Mangifera indica) se originó en la región nororiental del subcontinente indio, en un área que hoy se corresponde con Bangladés, el noreste de India y Myanmar, y se cultiva en el sur y sudeste asiático desde la Antigüedad. En otras palabras, ni por origen puede asociarse al continente americano.

El viaje de una fruta emblemática

¿Y cómo llega el mango a América? Viajando, sobre todo, cuando el mundo empieza a conectarse por rutas oceánicas y redes de intercambio. Inicialmente, los mangos se cultivaban en la región indo-birmana (desde hace más de 5.000 años) y, siglos después, viajaron con comerciantes y exploradores. Fueron precisamente exploradores españoles en el siglo XVII quienes los llevan a Sudamérica y México. En el hemisferio occidental, llega a Brasil alrededor del 1700 y a las Antillas en torno a 1740.

Esto significa que durante la era colonial, el mango se difunde globalmente, introducido en Brasil desde África occidental por los portugueses en los siglos XVI-XVII, así como su expansión al Caribe y México en el XVIII, contando con la famosa vía del galeón de Manila, ruta española para intercambios transpacíficos. Estos galeones transportaban mercancías muy diversas, desde seda, pasando por especias y otros productos y las llevaban desde Filipinas o Manila hasta Acapulco, México.

¿Por qué el Imperio español fue clave?

Queda claro que el Imperio español no fue el único agente propagador de esta fruta, pero sí que es cierto que la Corona española creó (y mantuvo) rutas, puertos, redes y mercados en los que plantas, semillas y cultivos se movían a gran escala. Es, probablemente, la fase más temprana de la globalización, conectando grupos antes aislados y creando un mundo atlántico de contacto, comercio y colonización.

Las plantas viajaban en estos navíos por razones muy simples: para alimentar poblaciones en crecimiento en colonias y ciudades portuarias, para rentabilizar tierras con cultivos comerciables y para sostener un sistema imperial basado en flujos constantes de plata, azúcar, especias, mano de obra... y también frutas, claro está.

¿Por qué pensamos que el mango es de origen latinoamericano?

El mango asiático (Mangifera indica) no existía en América como cultivo conocido y extendido antes del contacto atlántico, lo que no significa que en América no hubiera frutas tropicales; solo que esta especie llegó después. Y cuando llega es todo un éxito, ya que alcanza un continente con tradiciones riquísimas de frutas, fermentos, chiles, maíz y técnicas de conservación. Por eso se integró tan bien en su cultura y dieta, hasta tal punto que se convierte en ingrediente local y muchos creen que procede de allí.

Un fruto que llega como 'exótico' en su origen, como en este caso, puede transformarse en producto local cuando se cultiva de forma masiva, se seleccionan variedades mejores para el suelo y el gusto local, se introduce en recetas populares, se vuelve barato o abundante, y pasa una generación o dos.

En la práctica, el mango terminó siendo tan de la casa que olvidamos su pasaporte histórico. La conclusión es que el mango es latino de adopción pero no de origen, así que tiene una historia doble; por un lado, la de su origen botánico en el noreste del subcontinente indio y por otro, la de su viaje humano en el siglo XVII por la exploración y colonización española. Nació en Asia; cruzó mares en la era de los imperios; se aclimató a los climas americanos; y hoy se ha vuelto símbolo del verano y de las cocinas latinoamericanas.

 

09 abril 2026

EL CULO NOS HIZO HUMANOS

Artículo de A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga. Publicado en la revista digital The Conversation.


Pocas partes de nuestra anatomía recaban más atención que nuestro trasero.

Foco de atracción indiscutible, los artistas han sabido desde siempre que las nalgas actúan como un poderoso imán para nuestras miradas. Por eso sus desnudos siempre han sido especialmente concienzudos a la hora de tratar esa protruyente sección de nuestros cuerpos. Desde la belleza perfecta del trasero de La Venus del Espejo velazquiana a la maravilla gluteica del Perseo de Bevenuto Cellini, tengo que reconocer que esa doble curvatura que corona nuestra porción aboral (en el extremo opuesto a la boca) me parece un prodigio de la naturaleza.


Pero no se confundan, mi veneración no va solo por la vía estética. Mi total fascinación es por lo que supuso su morfología para hacer de los Homo sapiens lo que somos.

 

Monos culones

 

El diseño del trasero humano es bastante peculiar. Si nos fijamos en nuestros primos evolutivos más cercanos (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes), sus traseros no son especialmente globosos ni protuberantes muscularmente (aunque las callosidades, coloraciones o tumefacciones que lo puedan adornar contribuyan a destacarlos desde el punto de vista visual). Haciendo una comparativa proporcionada al tamaño corporal, los culos humanos resultan considerablemente más grandes, más redondeados, más musculosos y más proyectados dorsalmente.

Y eso ¿por qué? Pues el aspecto clave del cambio drástico de los traseros estuvo en el hecho de que nuestros antecesores se pusieron de pie. Algo tan difícil como caminar con dos puntos de apoyo en vez de con cuatro implicó bastantes cambios. Y para evitar darnos de bruces contra el suelo, fue imprescindible cambiar de nalgas.

Un culo nuevo que revolucionó nuestra historia

La bipedestación supuso una remodelación total de nuestro esqueleto. Reorientando el sacro, acortando y girando las crestas ilíacas y remodelando isquiones y pubis, se consiguió una pelvis mucho más adaptada a la posición erguida y capaz de soportar todo el peso que se le vino encima del tronco y la cabeza.

Además de una cadera más resistente, la cabeza del fémur (esférica) y el acetábulo (el hueco donde encaja esa bola) maximizaron su superficie de contacto, lo que redujo la presión sobre una articulación sobrecargada con tanto peso y mejoró nuestra estabilidad.

Pero en anatomía, los cambios nunca son aislados. Los músculos que se insertaban en este nuevo armazón óseo también cambiaron sustancialmente. Así, aunque nuestras nalgas estén constituidas por los mismos músculos que las de nuestros ancestros arborícolas (glúteos, piriforme, obturador externo, obturador interno, gémino inferior y gémino superior), sus formas se transformaron, especialmente las de los tres pares de glúteos. Y este cambio de forma supuso un prodigioso cambio de función.

Para empezar, nuestro gluteus maximus o glúteo mayor sufrió un extraordinario desarrollo que lo proyectó dorsalmente haciéndolo “respingón”. Así, el que hoy es el músculo más grande de nuestra anatomía dejó de ser sólo un estabilizador lateral (como ocurre en el resto de primates) para permitir dos cosas importantísimas. Por una parte, estabilizar el cuerpo erguido (y sin que colapse la pelvis) cuando levantamos una pierna para dar un paso. Por otra, algo muy interesante para un mono que acaba de bajar del árbol: poder salir corriendo teniendo solo dos “patas”.

Sí, tener un espectacular glúteo mayor con gran parte de sus fibras insertas directamente sobre el fémur es lo que posibilita la propulsión del cuerpo durante la carrera. La prueba la tenemos en el poderío de glúteos mayores exhibido en una final olímpica de 100 metros lisos.

Por su parte, el glúteo medio, que abduce la cadera (separa el muslo del eje central del cuerpo), estabiliza la pelvis durante la marcha a dos piernas. Lo consigue porque, cuando un solo pie está apoyado, el glúteo medio del lado de apoyo evita que la pelvis caiga hacia el lado contrario.. Por eso César, el caudillo de la rebelión simiesca en El Planeta de los Simios, camina balanceando bruscamente las caderas. Este andar, como de pato, es el que manifiestan las personas con lesiones en estos músculos, lo que se conoce como la marcha de Trendelenburg.

 

Estables sobre dos patas

El tercer glúteo, el menor, pasa de tener una orientación posterior a otra más lateral, lo que contribuye también a la estabilización al controlar el movimiento “fino” cuando caminamos o corremos. Lo consigue porque, al contraerse, mantiene “la bola” del fémur bien metida en la cavidad del acetábulo mientras el cuerpo se mueve. Así evita que aparezcan dolores laterales de cadera por sobrecarga de la articulación cuando el peso del cuerpo la presiona.

Los glúteos medio y menor consiguieron estos efectos biomecánicos no tanto por un cambio de forma, sino por alterar la orientación de sus fibras. Al disponerlas horizontalmente, facilitaron la abducción y la estabilización bípeda. Su alineación en los simios, mucho más vertical, es lo que les procura esa facilidad pasmosa que tienen para trepar.

En esta auténtica revolución arquitectónica que sufrimos los primates que nos volvimos bípedos, los ligamentos también se reorganizaron funcionalmente. Por poner un ejemplo, el gran desarrollo que experimentó el iliofemoral nos permitió estar de pie sin apenas gasto muscular. Los isquiotibiales, por su parte, se volvieron unos ayudantes estupendos de los glúteos mayores para procurar el esprint.

La guinda del pastel

Pero no nos engañemos. Unas nalgas bonitas requieren del efecto “culito de melocotón”. Es decir, necesitan esfericidad.

De eso se encarga el elemento remodelador por excelencia, esto es, una grasa bien distribuida. Pero ojo, el criterio estético no fue el que primó a la hora de que la selección natural dispusiera “grasa aquí y grasa allá” en nuestros traseros. Fue su polivalente funcionalidad. Y es que el tejido adiposo de las posaderas actúa como un cojín natural protegiendo los huesos de la pelvis (el sacro y el isquion, fundamentalmente), disminuyendo la presión al sentarnos (al mejorar la distribución de fuerzas) y absorbiendo gran parte de los impactos al caminar o correr.

Por si fuera poco, recientemente se ha descubierto que la grasa de las nalgas tiene propiedades protectoras frente a la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y muchas enfermedades cardiovasculares. La grasa, pues, fue la responsable de que el trasero terminara siendo un “invento” redondo.

Ya sabe, a partir de ahora, cuando se le vayan los ojos tras el redondito, proporcionado y aterciopelado trasero del Hermafodito de Villa Borghese, no sienta mucho cargo de conciencia. En realidad, tan solo está corroborando una gran verdad biológica: que el culo nos hizo humanos.

  

06 abril 2026

INCALIFICABLE

 



Reflexionar sobre el panorama actual, tan cruel y engañoso, vamos a dejarnos de eufemismos, es como un salto sin red. No hay fórmula magistral para comprender el amasijo de información sobre todos los acontecimientos que nos rodean.

Cuando se escribe un artículo debe estar basado en hechos fidedignos y documentados. En los cuentos o relatos, muchas y muchos escogemos la ficción, partiendo de casos verídicos pasados por el tamiz de la imaginación. Éstos últimos los manejamos a nuestro albedrío dando vida a unos personajes, más o menos verosímiles, dependiendo de quién los crea. Pueden ser buenos, malos, regulares o bipolares, pero permanecen en el territorio de lo imaginario. Nacen y crecen en el contexto de una historia; a veces mueren, con finales abiertos o cerrados. En muchas ocasiones, al menos en mi caso, con un buen desenlace como una forma de dulcificar el esperpento diario.

Al hilo de este pensamiento recordé una entrevista, que le hicieron a Margaret Atwood, autora, entre otras obras literarias, del magnífico y distópico libro, El cuento de la criada, en la que le preguntaron cómo definiría ella los conceptos de utopía y distopía. Y contestó de una manera muy concisa. Utopía: las cosas podrían ir mejor,  distopía: las cosas podrían ir peor.

Y yo me pregunto, ¿dónde estamos ahora y cómo se llamaría este momento irrealmente real en el que nos encontramos? En un mundo al margen de los parámetros de la justicia, la lógica y la verdad. Al mando de un descerebrado que lo modela golpe a golpe de sus propios intereses; rodeado de otros personajes, no menos peligrosos masacrando a cualquiera impunemente según se le antoja. Es un ser caprichoso y con poder, tan inflado de vanidad como el muñeco de Michelin, en una variedad color naranja. Su falaz vocabulario habla de malvados, fuerza épica para una guerra corta, volverán a la edad de piedra, de amenazas arancelarias, ahora quiero este país, mañana el otro, asegura buscar soluciones pacíficas mientras sus bombas destruyen sin remordimientos, y demás perlas dialécticas que avergonzarían a cualquier corto de mente. Sin embargo, él se siente orgulloso de sí mismo con el mundo en sus manos, porque las reacciones del resto son tibias o inexistentes.

Antes de volver al universo ficcional, mucho más satisfactorio, aunque el natural no deja de inquietarnos y generar incertidumbre, creo haber dado con la palabra que lo definiría. No estará en la RAE, ni falta que hace. Podríamos decir que nos ha tocado vivir, en un género no literario, más allá de la peor de las distopías y tan incalificable como quien lo ha creado, una Trumptopía.


                                         Esperanza Liñán Gálvez


05 abril 2026

PROGRAMA DE ACTIVIDADES DE AMADUMA ABRIL 2026

 


ACTIVIDADES PROGRAMADAS POR “AMADUMA” DURANTE EL MES DE ABRIL DE 2026.

 

DIA 8. MIÉRCOLES. Presentación del viaje al Sur de Italia, Costa Amalfitana para el próximo mes de junio. (Sustitución del que se había proyectado a Uzbekistán). Tendrá lugar en la sede de la Asociación sita en Pasaje de la Trini, nº 6. (En calle Victoria).

 

DÍA  9. JUEVES. Comienzo de la inscripción y reserva del viaje en las oficinas de la Agencia de Viajes Nautalia.  

 

DÍA 9. JUEVES. Visita guiada al Museo del Patrimonio Municipal. Exposición permanente. Hora: 11,30 de la mañana. Lugar: en la entrada del propio Museo. Grupo de treinta personas. Actividad gratuita para los socios.

 

 DIA 22. MIÉRCOLES.  Nueva visita a la exposición “Viaje de la luz” para aquellos compañeros que no han tenido aún la oportunidad de verla. Lugar: Palacio Episcopal. Hora: 11,30 de la mañana. Número de plazas: veinte. Actividad gratuita para los socios.

 

DÍA 24. VIERNES. Excursión a Écija. Visita guiada de la ciudad que detallaremos cuando la agencia de viajes remate el programa. Se os dará información puntual del mismo.

 

Las inscripciones para las actividades gratuitas para socios se deberán hacer por Whatsapp al nª de AMADUMA: 650530091 o por correo electrónico a Amaduma@gmail.com.


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