05 septiembre 2026

PROGRAMA DE ACTIVIDADES DE AMADUMA PARA EL MES DE SEPTIEMBRE DE 2026

 


ACTIVIDADES PROGRAMADAS POR “AMADUMA” DURANTE EL MES DE SEPTIEMBRE DE 2026.

 

DIA 6. DOMINGO. Inicio del viaje programado para visitar Teruel y las localidades más importantes de esta provincia. Regreso el día 12 del mismo mes.

 

DIA 23. MIÉRCOLES. Visita guiada a la estupenda exposición “Y sonó la música” que se puede admirar en el Palacio Episcopal. Veinte personas. Lugar: en el propio Palacio Episcopal. Hora: 11 de la mañana. Se ruega llegar con diez minutos de antelación.

Actividad gratuita para los socios.

 

Día 25. VIERNES. Repetición de la visita a la exposición “Y sonó la luz”. En esta ocasión, podrán realizarla dos grupos de veinte personas cada uno. Lugar: Palacio Episcopal. Horas 11 y 12 de la mañana.

Actividad gratuita para los socios.

 

Los socios interesados en esta actividad que no puedan incorporarse en los días indicados, podrán hacerlo durante el mes de octubre en las fechas que oportunamente daremos a conocer.

 

El año pasado realizamos en el mes de octubre un viaje a Toledo para, entre otros temas de interés, disfrutar del magnífico espectáculo “Puy de Foi”, “El sueño de Toledo” del que regresamos muy satisfechos.

Como hubo un número de socios que no pudo llevarlo a cabo, y prometimos repetirlo, rogamos a los compañeros que estén interesados en el mismo nos envíen un wassap para conocer el número de los que deseen hacerlo y valorar si el viaje es realizable o no.

 

Para el próximo mes de octubre tenemos proyectadas diversas actividades, algunas novedosas, y se os informará cumplidamente de ellas al finalizar el presente mes.


UN POEMA PARA EL SÁBADO: MARIO BENEDETTI

 

Piedritas en la ventana

De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas

quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos

está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca

está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana.

 

 

Mario Benedetti, poeta uruguayo (14 de septiembre de 1920 - 17 de mayo de 2009). Formó parte de la generación del 45 de ese  país junto a nombres como Juan Carlos Onetti, Ángel Rama e Ida Vitale.

Estudió la primaria en una escuela alemana, aunque cuando la ideología nazi empezó a ser difundida, la dejó.   Gracias a su conocimiento de la lengua alemana, pudo trabajar más adelante como traductor de Kafka.

Tuvo que abandonar la escuela secundaria pues la economía familiar no lo permitía, y estudiar por su cuenta. Desde entonces, trabajó en diferentes oficios como vendedor, taquígrafo y contable, además de traductor.

Se formó finalmente como periodista y fue ganando poco a poco notoriedad en la escena intelectual del país.

Tras el golpe militar de 1973, abandonó su cargo  de jefe del Departamento de Literatura Hispanoamericana, en la Facultad de Humanidades y Ciencias de Montevideo, y se fue a vivir en el exilio. A lo largo de diez años vivió en países como Argentina, Cuba, Perú y España, separado circunstancialmente de su mujer,  Luz López Alegre, con quien estuvo casado más de 60 años.

Su obra, traducida a más de 25 idiomas, abarca géneros como poesía, novela, cuento, crítica y ensayo. Además, su estilo se adapta muy bien a la musicalización, por lo que sus poemas  han sido inmortalizados en las voces de  cantantes como Joan Manuel Serrat, Pablo Milanés, Soledad Bravo y muchos más.

Recibió numerosos reconocimientos, entre los que podemos nombrar: la Orden Félix Varela (Cuba, 1982), el Premio Llama de Oro de Amnistía Internacional (Bruselas, 1987), la medalla Gabriela Mistral (Chile, 1995) y la medalla Pablo Neruda (Chile, 2005). Asimismo, recibió la distinción Honoris Causa en la Universidad de la República en Montevideo (2004) y VIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (España, 1999).

 

 


04 septiembre 2026

PATINETAS Y MONOPATINES ELÉCTRICOS

 




Hace seis o siete décadas los muy mayores de hoy eran niños, que vivían en una España que trataba de superar una muy cruenta guerra entre hermanos. El terrible enfrentamiento bélico de casi tres años de duración, iniciado en julio de 1936, había sido motivado porque unos querían imponer un tipo y sentido de la vida que los otros rechazaban. Los fascistas de derecha “los nacionales” se sublevaron contra los republicanos de izquierda “los rojos”. Los dos bandos protagonizaron y tropelías y crueldades de lo más abyecto de la maldad humana, con una violencia denigrante y deshumanizada. El 5º mandamiento, para los creyentes religiosos, fue olvidado por todos los contendientes. La izquierda ideológica perdió la guerra y el nacional catolicismo de la derecha tuvo el campo libre para modelar una España a su antojo e interés, durante casi cuarenta años. La cruel represión militar y policial de los vencidos no finalizó el 1 de abril de 1939.

Los niños de la difícil posguerra no se habían olvidado de jugar, esa imprescindible actividad para sonreír y vitalizar su desarrollo. Era una España gris y taciturna, en donde el miedo y la represión imperaba, las carencias eran múltiples y las leyes impuestas por los vencedores, con el apoyo del catolicismo en todos los órdenes de la vida, cercenaban libertades de todo signo y carácter. Ante tanta miseria material e ideológica, los niños al menos podían y necesitaban jugar.

La imaginación era el mayor tesoro que esos niños de los cincuenta poseían, ante la carencia de grandes e importantes juguetes. Pocos eran los que podían acceder a una bicicleta, a un tren eléctrico o a balones de badana. Entonces había que improvisar, con el mayor desenfado y habilidad. Una piedra, un trozo de loza o de madera o el cierre de latón o chapa de una botella de cerveza podía suplir y hacer las veces de ese balón de reglamento del que se carecía para jugar. Los trenes de juguete, si se tenían había que impulsarlos con las manos y si no había vagones o máquinas de tren se improvisaban con cajas de cartón, o cajas de cerillas vacías, en donde “viajaban los pasajeros”. La bici era el juguete más anhelado por todos los niños. Si algún amigo o vecino tenía la suerte de tener una bicicleta, aunque fuera de segunda mano, provocaba la admiración de todos sus amigos. Podías pedirle que te la prestara durante unos minutos, a cambio de entregarle alguna canica de barro pintado o cristal o láminas coleccionables de las que traían las chocolatinas.


 

Pero la despierta imaginación infantil fue arbitrando medios para el desplazamiento “a gran velocidad”. Las dos piernas de los niños permitían correr “a toda pastilla”. La gente joven no se cansaba como los mayores. El invento pronto surgió: se buscaba un trozo de madera sin uso, al que se aplicaba cuatro ruedas de cojinetes. Algún padre o vecino habilidoso prestaba la ayuda técnica. Con ello ya se poseía un carrito plano y tosco para deslizarse con el impulso de los pies o se buscaba algunas calles con algo de pendiente, que se podía bajar con velocidad ayudándose del angular correspondiente. Los accidentes en esos juegos eran frecuentes. La cura con el mercurocromo, el esparadrapo o la visita al practicante resolvían las lesiones. Pero a la par del invento de este carrito deslizante con el suelo empedrado, apareció el gran sustituto de la bicicleta, para los que menos dinero tenían: LA PATINETA.



Un tablón alargado y estrecho en cuyo extremo delantero se aplicaba un eje vertical, también de madera, con una terminación horizontal a modo de manillares para la mejor conducción. Todo este cuerpo era sostenido por dos ruedas traseras y una delantera coordinada con el eje vertical. El sistema de empuje o motriz era muy ecológico, pues encina de la base se colocaba la pierna izquierda, mientras que la pierna derecha impulsaba la patineta aprovechando la rigidez del suelo. La velocidad de desplazamiento se incrementaba pateando el suelo con mayor frecuencia y fuerza. Tanto las ruadas de los tableros con cojinetes, como las ruedas de las patinetas generaban un ruido alegre e infantil para el disfrute.

Javi tuvo la suerte de conseguir una patineta en época de carestía. Un tío segundo, Diego tenía un amigo que trabajaba en los talleres de la RENFE, a quien pidió si podía hace una patineta para su sobrino. El buen carpintero construyó una espléndida patineta, de recia madera, con la particularidad de que las tres ruedas eran acanaladas, en las que insertó ruedas de goma para que al deslizarse por el suelo ganase en velocidad y redujera el sonido de rodadura. Javi se convirtió en el niño del barrio que más corría con su patineta, conduciendo con gran destreza a sus ocho años. Tomaba las curvas con la maestría de un avezado motorista. Se sentía muy contento con ese regalo que le hacía feliz para jugar y recorrer las calles.

 

Al paso de los muchos años, seis décadas más o menos, las necesidades de espacio y el coste del combustible ha hecho el “milagro” de renacer el uso de los MONOPATINETES, ahora impulsados por energía eléctrica que genera una batería recargable en la parte inferir del vehículo. Sólo tienen dos ruedas (delantera y trasera) y mandos eléctricos en los manillares.  



Los usuarios (preferentemente jóvenes, aunque también personas de más edad) apenas realizan esfuerzo físico, como no sea mantener el equilibrio y colocar en línea (uno delante del otro pie) los dos pies que con dificultad descansan en la plataforma, con lo que el gasto de calorías corporales no se realiza. La bicicleta no eléctrica al menos exige el esfuerzo de pedalear casi de continuo. La velocidad que pueden alcanzar estos monopatines eléctricos es incluso superior a los 20 km/h, velocidad que no está autorizada cuando circulas por los carriles bici en las aceras. El principal problema de estos usuarios es que no quieren desplazarse por la calzada, ya que temen el golpe lesivo de los coches y autobuses.


A este fin, los municipios han incrementado la construcción de carriles bici en las aceras de los peatones, Éstos han perdido seguridad y espacio para pasear por las calles, porque una mayoría de patinetes no circulan por los carriles sino por el espacio de los peatones y a gran velocidad. Aunque pueden ser multados, la impunidad de que gozan es inadmisible. No es que se esté pidiendo un policía para cada acera, pero si efectivamente se sancionara con rigor económico a los patinetes que circulan por lugares no autorizados sus conductores se lo pensarían, antes de amenazar los tobillos y piernas de los intranquilos paseantes. En ocasiones pueden verse a dos personas encina del monopatín, lo que hace preguntarnos dónde colocan los cuatro pies en la no amplia plataforma del vehículo. Recientemente se ha prohibido que los usuarios de estos monopatines puedan llevarlos cuando viajan en el autobús, por el peligro de la carga eléctrica de la batería que podría explosionar, con el riesgo para todos los viajeros.


Para finalizar, volvemos a echar la mirada sobre aquellos niños de la posguerra civil española (1936-1939) quienes disfrutaban ilusionados aplicando el poder de su imaginación con esos tableros de cuatro ruedas de cojinetes, los patines atados a sus zapatos y esas patinetas que impulsaban con la fuerza de su pierna derecha o izquierda. Los niños apetecían jugar en las calles, socializando su carácter. Pero en la actualidad son tiempos totalizados por el ordenador, las tablets o el móvil de última generación. Los niños permanecen sentados durante largas horas, utilizando sólo la energía de los dedos de sus manos. En la mayoría de los casos los sistemas operativos y la AI “piensan” por ellos. El sobrepeso de los niños aumenta con el peligro subsiguiente para el desarrollo de sus vidas adultas.  –

 

José L. Casado Toro

Septiembre 2026

 


 




01 septiembre 2026

PASEO A ORILLAS DEL MAR, DE JOAQUÍN SOROLLA

 


Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 – Cercedilla, 1923) es uno de los pintores españoles más universales y queridos. Aclamado mundialmente como el "Maestro de la Luz", dejó un impresionante legado de más de 2200 obras catalogadas. Su estilo, definido como luminismo valenciano, combinó la frescura del impresionismo francés con el realismo de la tradición pictórica española.

Huérfano a los dos años por una epidemia de cólera, fue criado por sus tíos. Comenzó a trabajar en el taller de cerrajería de su tío, compaginándolo  con clases nocturnas de dibujo. Su talento le abrió las puertas de la prestigiosa Escuela de Bellas Artes de San Carlos. También trabajó como ayudante del fotógrafo Antonio García Peris, quien se convirtió en su mentor y, más tarde, en su suegro al casarse con su hija Clotilde García, su gran musa. El encuadre fotográfico influyó decisivamente en la composición de sus cuadros.

 

 En sus inicios logró reconocimiento internacional con obras de denuncia social que retrataban la crudeza de las clases trabajadoras, como “¡Aún dicen que el pescado es caro!”

Su consagración llegó al pintar al aire libre (en plein air) en las playas valencianas. Abandonó los contornos rígidos y el color negro, enfocándose en capturar los destellos cambiantes del sol sobre el agua y la arena, el viento en las ropas y los juegos de los niños.

Tuvo un gran éxito Internacional, conquistando  París, Londres y Nueva York. Su mayor hito internacional fue el encargo de la Hispanic Society of América para pintar la serie “Visión de España”: 14 murales monumentales que retratan las regiones y costumbres del país.

 

El Museo Sorolla, ubicado en la que fuera su residencia y taller en Madrid custodia la mayor colección de sus obras. Actualmente, el recinto se encuentra en la fase final de un ambicioso proyecto de rehabilitación y ampliación que duplicará su espacio, con una reapertura al público prevista para octubre de 2026.

 

Paseo a orillas del mar es una de las obras maestras de Joaquín Sorolla, realizada en el verano de 1909 en la playa de la Malvarrosa, Valencia.

El cuadro, pintado al óleo sobre lienzo, el medio preferido por Sorolla para lograr superposiciones fluidas de color, densidades variables en la pintura y efectos lumínicos directos,  mide 205 cm de alto por 200 cm de ancho.

Al tener estas dimensiones, la obra cubre una superficie de más de cuatro metros cuadrados. Esto permite que las figuras se muestren a una escala prácticamente natural, envolviendo al espectador en la escena playera.

Para ejecutar obras de este tamaño al aire libre expuesto al viento de la playa, Sorolla utilizaba pinceles de mango larguísimo (de hasta un metro de longitud). Esto le permitía aplicar pinceladas largas, fluidas y espontáneas mientras se mantenía a una distancia prudencial para evaluar la composición global bajo la luz del sol.

Este lienzo destaca por plasmar las características esenciales del luminismo valenciano y la madurez artística de su autor.

Las figuras que caminan por la playa son su esposa  Clotilde García que  sostiene una sombrilla, y su hija mayor, María Clotilde. Representan  la costumbre del paseo elegante o promenade, una práctica de ocio estival propia de la alta burguesía y la aristocracia de la época.

Sorolla utiliza una paleta con tonos azules, malvas y turquesas para el agua, aplicando pinceladas largas y sueltas, demostrando el uso magistral de la luz mediterránea.

La composición es moderna, con un claro encuadre fotográfico que recorta la pamela de Clotilde y deja un espacio vacío de arena, aportando instantaneidad a la escena. El viento, visible en el movimiento de las gasas y vestidos blancos, evoca las formas de la escultura clásica grecorromana.


29 agosto 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: HARRY MARTINSON

 

PARTIDO EN DOS.  

 

 Tu avidez de calma y tu ansia de movimiento, de inquietud

cantan un dúo hostil a lo largo de una vida de olas y valles.

¿Cuál es la razón de vivir? Ninguna y sin embargo todas.

¿Cuál es la razón de morir? Lo mismo.

Esos ojos desgraciados vieron más de lo que podían arreglar,

esos ojos felices vieron con una confianza heredada

las cosas rectas y redondas, los árboles con raíces y copas.

El fluir y volar y arrastrarse, una ruina felizmente combinada.


De “Antología Poética” 1971 


Harry Edmund Martinson (Jämshög, 1904 - Sollentuna, 1978) Poeta y novelista sueco, uno de los poetas más originales de su país en el siglo XX, que perteneció a la corriente de los llamados "escritores proletarios" suecos. Su primera obra, Barcos fantasmas (Spökskepp, 1929) fue muy bien acogida.

Sus poemas de la antología Cinco jóvenes reflejan una actitud de celebración de la vida, por oposición a una cultura enjuta, de la que cada vez intentará alejarse más, en pos de una simplicidad original y de tener contacto con el mundo. Martinson consigue, gracias a una renovación del lenguaje y a la creación de neologismos, una concisión de las imágenes que recuerdan a la poesía oriental.

Tras unos años sin escribir, publica sin solución de continuidad diez grandes obras -entre ellas el volumen de poesía Los vientos alisios (Passad, 1945) y la novela Camino de Klockrike, de 1948- que son una síntesis de sus tomas de partido anteriores en contra de la tecnología y a favor del hombre, con elementos del misticismo oriental.

En Cigarra (Cikada, 1953) y sobre todo en el gran poema épico interestelar Aniara, de 1956, lleva a cabo una crítica a la civilización de la velocidad, que ha conquistado el cielo y la Luna pero que ha perdido la humanidad. Otras obras dignas de mención son El camino de la libertad y su Antología poética. En 1974 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

 


28 agosto 2026

FÁBULAS DE ESOPO

 

El buey y el mosquito

En el cuerno de un buey se posó un mosquito.

Luego de permanecer allí largo rato, al irse a su vuelo preguntó al buey si se alegraba de que por fin se marchase.

El buey le respondió:

-Ni supe que habías venido, ni notaré cuando te vayas.

A veces no somos tan importantes como creemos.

 

El avaro y el oro

Un avaro vendió todo lo que tenía de más y compró una pieza de oro, la cual enterró en la tierra a la orilla de una vieja pared y todos los días iba a mirar el sitio. 

Uno de sus vecinos observó sus frecuentes visitas al lugar y decidió averiguar que pasaba. Pronto descubrió lo del tesoro escondido, y cavando, tomó la pieza de oro, robándosela. 

El avaro, a su siguiente visita encontró el hueco vacío y jalándose sus cabellos se lamentaba amargamente. 

Entonces otro vecino, enterándose del motivo de su queja, lo consoló diciéndole: 

-Da gracias de que el asunto no es tan grave. Ve y trae una piedra y colócala en el hueco. Imagínate entonces que el oro aún está allí. Para ti será lo mismo que aquello sea o no sea oro, ya que de por sí no harías nunca ningún uso de él.

“Valora las cosas por lo que sirven, no por lo que aparentan”.

 

El cuervo enfermo

Un cuervo que se encontraba muy enfermo le dijo a su madre:

-Madre, ruega a los dioses por mí y ya no llores más.

La madre contestó:

-¿Y cuál de todos, hijo mío, tendrá piedad de ti? ¿Quedará alguno a quien aún no le hayas robado la carne ?

No te llenes de enemigos innecesariamente,
pues no encontrarás un solo amigo cuando lo necesites.

 

El lobo orgulloso de su sombra y el león

Vagaba cierto día un lobo por lugares solitarios, a la hora en que el sol se ponía en el horizonte. Y viendo su sombra bellamente alargada, exclamó:

-¿Cómo me va a asustar el león con semejante talla que tengo? ¡Con treinta metros de largo, bien fácil me será convertirme en rey de los animales!

Y mientras soñaba con su orgullo, un poderoso león le cayó encima y empezó a devorarlo. Entonces el lobo, cambiando de opinión, se dijo:

-La presunción es causa de mi desgracia.

No valores tus virtudes por la apariencia con que las ven tus ojos.

 

El abeto y el espino

Disputaban entre sí el abeto y el espino. Se jactaba el abeto diciendo:

-Soy hermoso, esbelto y alto, y sirvo para construir las naves y los techos de los templos. ¿Cómo tienes la osadía de compararte a mí?

-¡Si recordaras -replicó el espino- las hachas y las sierras que te cortan, preferirías la suerte del espino!

A veces la fama no es conveniente.

 

El cisne tomado por ganso

Un hombre muy rico alimentaba a un ganso y a un cisne juntos, aunque con diferente fin a cada uno: uno era para el canto y el otro para la mesa.

Cuando llegó la hora para la cual era alimentado el ganso, era de noche, y la oscuridad no permitía distinguir entre las dos aves. Capturado el cisne en lugar del ganso, entonó su bello canto preludio de muerte. Al oír su voz, el amo lo reconoció y su canto lo salvó de la muerte.

No actúes sobre alguien sin conocer su verdadera identidad.

 

 

La paloma y la hormiga

Obligada por la sed, una hormiga bajó a un manantial; arrastrada por la corriente, estaba a punto de ahogarse.

Viéndola en esta emergencia una paloma, desprendió de un árbol una ramita, la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga y la salvó.

Mientras tanto un cazador de pájaros se adelantó con su arma preparada para cazar a la paloma. Lo vio la hormiga y lo picó en el talón, haciendo soltar al cazador su arma. Aprovechó el momento la paloma para alzar el vuelo.

 Debemos ser agradecidos y devolver los favores que recibimos.

 

Los dos perros

Un hombre tenía dos perros. Uno era para la caza y otro para el cuido. Cuando salía de cacería iba con el de caza, y si cogía alguna presa, al regresar, el amo le regalaba un pedazo al perro guardián. Descontento por esto, el perro de caza lanzó a su compañero algunos reproches: que sólo era él quien salía y sufría en todo momento, mientras que el otro perro, el cuidador, sin hacer nada, disfrutaba de su trabajo de caza.

El perro guardián le contestó:

-¡No es a mí a quien debes de reclamar, sino a nuestro amo, ya que en lugar de enseñarme a trabajar como a ti, me ha enseñado a vivir tranquilamente del trabajo ajeno!

 Que tus mayores te enseñen un trabajo digno para afrontar tu futuro.


25 agosto 2026

LA CURIOSIDAD NO ENVEJECE Y LA CIENCIA NO DEBERÍA IGNORARLO

 

Artículo de Delfina Roca Marín, Profesora de Comunicación y coordinadora de Divulgación Científica de la Universidad de Murcia, Universidad de Murcia y Soledat Rubio Candel, Directora de la Unitat de Cultura Científica i de la Innovació, Universitat de València. Publicado en la revista digital The Conversation.

En Una historia verdadera (David Lynch, 1999), Alvin Straight atraviesa más de quinientos kilómetros subido a un viejo cortacésped para reconciliarse con su hermano enfermo. La imagen resulta casi absurda al principio. Un hombre anciano, con movilidad reducida y la vista deteriorada avanza lentamente por carreteras infinitas mientras el mundo entero parece moverse a otra velocidad.

Lynch convierte esa lentitud en una forma de conocimiento. A cada parada, Alvin habla poco y escucha mucho. Cuando lo hace, sus palabras tienen el peso de los años. En ellas, la guerra, la familia, la culpa y la pérdida encuentran su lugar. Sencillamente, ha vivido mucho.

Ahí se revela una de las grandes cegueras de nuestra época, en la que confundimos rapidez con inteligencia y juventud con capacidad de aprender. Mientras la sociedad celebra la velocidad, las personas mayores siguen caminando con algo mucho más difícil de adquirir: la perspectiva.

Leonard Cohen escribió en su canción Anthem que “there is a crack in everything, that’s how the light gets in” –en todo existe una fractura, así es cómo penetra la luz–. La vejez también está llena de grietas y, sin embargo, a menudo olvidamos que es en esta etapa donde más vivencias y sabiduría se acumulan.

La edad, lejos de restar valor, se convierte en uno de los lugares donde el conocimiento adquiere más sustancia. ¿Por qué seguimos entonces construyendo buena parte de nuestras actividades culturales, educativas y científicas como si la curiosidad tuviera fecha de caducidad?

Aprendizaje durante toda la vida

El envejecimiento poblacional es uno de los grandes fenómenos estructurales del siglo XXI. La Organización Mundial de la Salud estima que, para 2050, más de una quinta parte de la población mundial superará los 60 años.

Sin embargo, esta nueva realidad convive todavía con una interpretación de la vejez asociada a la dependencia, el deterioro y la pasividad. Bajo el término edadismo se agrupan los estereotipos, prejuicios y prácticas discriminatorias basadas en la edad. Estas representaciones no solo afectan a la percepción social de este colectivo; condicionan también las oportunidades que se les ofrecen para participar en la cultura, el aprendizaje o la generación de saberes.

En este contexto, el paradigma del lifelong learning –aprendizaje durante toda la vida– adquiere una relevancia especial al postular que la formación no pertenece a una etapa concreta de la vida, sino que debe acompañarnos siempre. Garantizar oportunidades formativas en todas las edades no solo refuerza la autonomía y favorece la inclusión social, sino que ayuda a mantener viva la actividad intelectual.

¿Dónde queda la ciencia para mayores?

Durante décadas, la comunicación pública de la ciencia ha invertido enormes esfuerzos en escolares, jóvenes y familias. Museos, festivales y talleres científicos se diseñan mayoritariamente para ellos. Mientras tanto, las personas mayores apenas aparecen como público prioritario de estas actividades, a pesar de ser uno de los colectivos con mayor tiempo y disposición al diálogo.

Precisamente por su carácter de aprendizaje no formal, la divulgación científica podría ocupar un lugar central en la vida cultural de la población mayor, con espacios para actualizar conocimientos, sostener la curiosidad y fortalecer el vínculo con la ciudadanía.

Ahora bien, cuando la ciencia se dirige a las generaciones de mayores, suele arrastrar una forma de infantilización sutil que pasa desapercibida. El término elderspeak define ese lenguaje excesivamente simplificado, sobreexplicativo o paternalista que se utiliza con las personas mayores, incluso de forma inconsciente. Se manifiesta en gestos cotidianos, como bajar la voz innecesariamente, abusar de diminutivos, explicar obviedades o asumir limitaciones cognitivas que no existen. Este tipo de habla deteriora la autoestima y empobrece la calidad de la comunicación.

Este fenómeno pone de manifiesto un error de fondo: hacer accesible el conocimiento no significa simplificarlo hasta vaciarlo de sentido. Significa construir lo que la teoría de la comunicación denomina horizontalidad comunicativa, una relación basada en la reciprocidad, el respeto y el reconocimiento mutuo.

Y es aquí donde la paradoja se hace evidente. Pocos grupos sociales han acumulado tanta memoria del cambio como las actuales generaciones mayores. Han visto cómo la ciencia alargaba la vida con antibióticos, cómo la televisión transformaba los salones, cómo el ser humano llegaba a la Luna, cómo internet comprimía el mundo y cómo la inteligencia artificial empieza ahora a reescribirlo.

En una época dominada por pantallas, algoritmos y flujos constantes de datos, el colectivo de personas mayores está en una posición privilegiada para recordarnos que conocer no consiste únicamente en coleccionar información, sino en otorgarle sentido.

La Tercera Ciencia: práctica e investigación

La Tercera Ciencia, un proyecto de las universidades de Murcia y Valencia, lanza una propuesta singular. No solo divulga ciencia con personas mayores; investiga cómo se relacionan con ella. Es, a la vez, práctica e investigación.

La iniciativa reunió a 150 personas de 65 años en dos macroeventos celebrados en Murcia y Valencia, donde convivieron cuatro monólogos científicos centrados en neurociencia, envejecimiento saludable, sueño y alimentación, junto a cuestionarios secuenciales y once grupos focales simultáneos. El diseño metodológico combinó herramientas cuantitativas y cualitativas para observar no solo cuánto comprendían, sino cómo interpretaban, relacionaban y daban sentido a lo escuchado.

Los resultados son reveladores porque cuestionan numerosos prejuicios. Lejos de confirmar los estereotipos, muestran altos niveles de interés por la ciencia, una fuerte percepción de utilidad práctica y una clara demanda de actividades específicamente pensadas para ellos.

Las personas mayores valoran especialmente la cercanía, la posibilidad de intervenir y el lenguaje claro, pero no simplista. No quieren ser espectadores. Quieren ser interlocutores. Y eso cambia todo.

Porque, como explica la teoría de la apropiación social del conocimiento, la ciudadanía no incorpora la ciencia únicamente recibiendo información, sino integrándola en su experiencia, reinterpretándola y poniéndola en diálogo con su vida cotidiana.

Lo que sabe el tiempo

En el poema ÍtacaKonstantínos Cavafis aconsejaba desear un camino largo, lleno de aventuras, conocimientos y descubrimientos. El viaje importa más que la llegada. Es quizá la vejez el tramo del camino desde el que mejor se entiende el paisaje.

Hoy vivimos rodeados de información, pero escasos de contexto. Obtenemos más datos y comprendemos menos relaciones. Consumimos titulares como quien bebe agua salada y descubre que, cuanto más bebe, más sed siente.

Tal vez por eso la ciencia necesita algo que la población mayor puede ofrecer con especial claridad. Ese conocimiento que no aparece en los manuales, pero que permite distinguir lo importante de lo urgente, lo nuevo de lo superficial y lo complejo de lo simplemente complicado.

Alvin Straight tampoco emprendió su viaje solo para llegar, sino para recorrerlo con todo lo que la vida le había enseñado. Ahí reside también el verdadero valor de la vejez: no en seguir acumulando respuestas, sino en saber qué preguntas importan y en aportar esa mirada imprescindible a una conversación científica que necesita de su experiencia para entender mejor el mundo que intenta explicar.

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