Augusto
Monterroso fue un escritor muy famoso, conocido como el mejor referente en los
Talleres de Escritura Creativa, para la enseñanza de los relatos hiperbreves o microrrelatos.
Su obra El Dinosaurio es quizá
el relato más corto escrito en castellano y con él dio el campanazo literario: «Cuando
despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.»
¿Quién
despertó? Tampoco nos dice si el dinosaurio estaba vivo, muerto o era el esqueleto
de algún museo arqueológico. Según los expertos, en esas incógnitas radica su
valor imaginativo. Es cuestión de gustos literarios.
Este
famoso autor hondureño, también nos dejó su «Decálogo del escritor.», tan seguido y respetable como toda su obra. Aunque, desde mi opinión
y con un punto de humor no exento de realidad, me permito redactar un contra decálogo,
solo para quienes desean triunfar como escritores, sin parecerse al del
dinosaurio:
Primero.- Si tienes
algo que decir, no lo digas. Cállate y cuéntaselo solo a tu psicólogo. Ni se te
ocurra escribirlo. Deja esa tarea para los autores consumados.
Segundo.- Escribe
para ti mismo o tus antepasados. No lo hagas para el futuro, en el que quizá no
vivas para verlo. Sería muy molesto salir de la tumba si, por casualidad, te
dieran algún premio literario.
Tercero.- Cuando te
entren ganas de emborronar un folio piensa que: «En
literatura todo está escrito.»
Cuarto.- Si con
doscientas palabras ya has escrito un cuento, añádele toda la paja que creas
necesaria. No tienes más que darte una vuelta por las librerías y verás
innumerables tochos convertidos en best
sellers.
Quinto.- Haz oídos
sordos a los que dicen que los escritores son artistas. Más bien son
funambulistas o, en el mejor de los casos, personajes de un circo literario de
vanidades.
Sexto.- Deja pasar
las malas rachas, tanto económicas como mentales. No escribas ni una palabra en
esos estados. Muchos lo hicieron y los lectores ya están saturados de miserias
humanas, con las propias tienen suficientes para varias reencarnaciones.
Séptimo.- Busca el éxito, incluso acósalo si se resiste.
Dicen que el éxito acabó con Cervantes. Esa es otra fake news, puesta en circulación por ciertos escritores para
eliminar competencia. Cuando la consigas se volverán tan verdes como las ranas.
Octavo.- No importa
que tus lectores sean mediocres. Normalmente a éstos les gusta alardear ponderando
los libros que leen. En sus ambientes hay muchos como ellos que querrán imitarlos,
lo que te asegurará las ventas.
Noveno.- No tengas
tanta confianza en ti mismo. Las dudas te harán ser mejor escritor, si no que
se lo digan al manuscrito que guardas hace dos años en un cajón.
Décimo.- Menosprecia
al lector de vez en cuando. Tu inteligencia tiene que brillar en cada párrafo,
de lo contrario no volverá a leerte.
Undécimo.- Los
lectores olvidan sus sentimientos cuando están inmersos en tus historias, así
que tienes carta libre para remodelarlos con la carencia de los tuyos. Pero no
te quejes si de esa metamorfosis surgen asesinos o psicópatas.
Duodécimo.- Cuánto peor
escribas más lectores tendrás. La autoficción es la piscina a la que se arrojan
con vehemencia los junta letras del actual y variopinto mercado literario: pseudoescritores
de todas las profesiones. Hoy en día hay más escritores que lectores.
Dejo al
libre albedrío del futuro escritor hacer caso omiso a los dos últimos consejos,
ya que en un contra decálogo debería haber solo diez.
Esperanza Liñán Gálvez





