18 agosto 2026

¿ES SEGURO COMER LA PIEL DE LA PATATA? SEGÚN LA CIENCIA, LA CLAVE ESTÁ EN LA VARIEDAD, SU CALIDAD Y LA FORMA DE COCINARLA.

 

Artículo de Isabel Martínez García, Investigador Postdoctoral - Química Analítica, Universidad Rey Juan Carlos, María Isabel Sierra, Catedrática de Química Analítica, Universidad Rey Juan Carlos y de Sonia Morante Zarcero, Profesora Titular de Universidad en el área de Química Analítica, Universidad Rey Juan Carlos. Publicado en la revista digital The Conversation.

Cada vez más recetas recomiendan aprovechar la piel de la patata. Desde chips crujientes hasta caldos y guarniciones, esta parte del tubérculo ha dejado de considerarse un simple subproducto para convertirse en un símbolo de la cocina sostenible. En una época en la que reducir el desperdicio alimentario es una prioridad, reutilizar aquello que antes acababa en la basura parece una decisión lógica. Pero surge una pregunta importante: ¿es completamente seguro consumir la piel de la patata?

La respuesta es más compleja de lo que parece. Aunque contiene fibra dietética, vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes, la piel también concentra la mayor cantidad de glicoalcaloides, unas sustancias naturales producidas por este tubérculo como mecanismo de defensa frente a insectos, hongos y otros agentes externos.

Los compuestos que la patata produce para protegerse

Los principales glicoalcaloides presentes en la patata son la α-solanina y la α-chaconina. Su análisis requiere de métodos avanzados, que combinan tratamiento de muestra y análisis, capaces de detectar concentraciones muy bajas en alimentos y productos derivados, y los avances recientes han permitido comprender mejor cómo se distribuyen estos compuestos en diferentes partes del tubérculo.

Si bien se encuentran en toda la planta, sus concentraciones son especialmente elevadas en la piel y en la pulpa cercana a ésta. La piel puede concentrar niveles mucho más elevados de α-solanina y α-chaconina que la pulpa, lo que explica por qué el consumo de patatas peladas supone una exposición mucho menor a estos compuestos.

En cantidades habituales, como las que se encuentran en una patata correctamente conservada y consumida sin piel o con pequeñas cantidades de esta, estos compuestos no representan un problema para la salud. El riesgo aumenta cuando se consumen cantidades elevadas de pieles o patatas con un contenido alto de glicoalcaloides.

En estos casos, se pueden observar efectos adversos como náuseas, vómitos, dolor abdominal o diarrea. En situaciones extremas, descritas principalmente tras el consumo de patatas muy deterioradas o almacenadas incorrectamente, también se han observado alteraciones neurológicas.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera que los glicoalcaloides constituyen un motivo de preocupación cuando la exposición supera determinados niveles (1 mg de glicoalcaloides por kg de peso corporal al día).

La acumulación de glicoalcaloides puede producirse cuando las patatas se exponen a la luz o sufren daños mecánicos durante la manipulación. La característica coloración verde que aparece en algunos tubérculos suele ser una señal de alerta, ya que frecuentemente indica condiciones que favorecen el incremento de estos compuestos. Por este motivo, las autoridades sanitarias recomiendan evitar el consumo de patatas con zonas verdes, brotadas o deterioradas.

En España, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), siguiendo la evaluación científica de la EFSA, recomienda almacenar las patatas en lugares frescos, secos y oscuros, eliminar bien las zonas verdes y los brotes antes del consumo y desechar los tubérculos excesivamente deteriorados.

¿Qué ocurre con la piel al cocinarla?

La creciente popularidad de las estrategias de aprovechamiento alimentario ha impulsado el interés por conocer si los tratamientos culinarios habituales pueden reducir la presencia de estos compuestos. Con este objetivo, nuestro grupo de investigación evaluó el efecto de distintos tratamientos culinarios sobre el contenido de α-solanina y α-chaconina en pieles de patata, analizando cómo las condiciones de procesado modifican la presencia de estos compuestos.

Analizamos distintas técnicas ampliamente utilizadas tanto en el ámbito doméstico como industrial: hervido, horneado y fritura. Además, evaluamos distintas combinaciones de temperatura y tiempo para determinar qué factores tienen una mayor influencia sobre la reducción de los glicoalcaloides.

Los resultados mostraron que el cocinado disminuye de forma significativa el contenido de estos compuestos, aunque la eficacia depende en gran medida de la intensidad del tratamiento aplicado. Tratamientos como el horneado a 200 °C durante 15 minutos o la fritura a 200 ºC durante 5 minutos consiguieron las mayores reducciones de α-solanina y α-chaconina, mientras que el hervido a 100 °C produjo descensos más moderados a los 10 y 20 minutos.

La temperatura y tiempo marcan la diferencia

Entre los métodos estudiados, los tratamientos culinarios más intensos fueron los que consiguieron las mayores reducciones. Así, la fritura y el horneado a temperaturas elevadas lograron disminuir considerablemente las concentraciones de α-solanina y α-chaconina en el producto. En cambio, los tratamientos más suaves, como algunos procesos de hervido o de calentamiento menos prolongados, resultaron menos eficaces.

La explicación está relacionada con la estabilidad de los glicoalcaloides. Aunque son compuestos relativamente resistentes, pueden degradarse parcialmente cuando se someten a temperaturas suficientemente altas durante periodos adecuados de tiempo. Sin embargo, existe un aspecto importante que conviene destacar: cocinar no equivale a eliminar completamente el riesgo. Incluso en las condiciones más eficaces analizadas, los glicoalcaloides no desaparecieron por completo. Esto significa que la seguridad final del producto sigue dependiendo también de la materia prima utilizada.

No todas las patatas son iguales

La variedad de patata constituye uno de los factores más importantes para explicar las diferencias en el contenido de glicoalcaloides. Las pieles de patata crudas de algunas variedades presentan niveles naturalmente más bajos de glicoalcaloides (aprox. 200 mg/kg peso seco), mientras que otras pueden acumular cantidades mucho mayores (hasta 3 000 mg/kg peso seco).

Por tanto, cocinar correctamente las pieles es una medida útil, pero no suficiente por sí sola. La selección de patatas en buen estado procedentes de variedades con bajos niveles de glicoalcaloides debe ser una práctica esencial para minimizar la exposición a estos compuestos.

Economía circular sí, pero basada en evidencia científica

La valorización de subproductos alimentarios constituye una de las estrategias más prometedoras para avanzar hacia sistemas alimentarios más sostenibles. La piel de la patata es un buen ejemplo: se genera en grandes cantidades tanto en los hogares como en la industria alimentaria y contiene nutrientes y compuestos bioactivos de interés que podrían aprovecharse mejor. Su potencial como materia prima para nuevos ingredientes y productos alimentarios está despertando un creciente interés científico. Sin embargo, la sostenibilidad y la seguridad alimentaria deben avanzar juntas.

La economía circular no consiste simplemente en reutilizar subproductos, sino en identificar qué usos son seguros, viables y beneficiosos para el consumidor. En este contexto, la investigación científica desempeña un papel fundamental: permite determinar bajo qué condiciones determinados subproductos pueden reincorporarse a la cadena alimentaria sin generar riesgos. Aprovechar la piel de la patata puede contribuir a reducir el desperdicio alimentario, pero hacerlo de forma segura requiere aplicar recomendaciones respaldadas por la evidencia científica.

Porque una alimentación verdaderamente sostenible no solo busca reducir el desperdicio, sino también garantizar la seguridad de lo que llega a nuestra mesa.

Esta investigación ha sido posible gracias a los fondos del proyecto EVALKALIM II finaciado por el MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE (código de proyecto PID2022-137278OB-I00).

15 agosto 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: CLARA JANÉS

 

Cayó una estrella verde…

Cayó una estrella verde ante mis ojos
y sus chispas naranjas
señalaron el camino.
Los abedules se apartaron.
En mi vagar solitario por los bosques
acogí la señal.
Hubo sonidos furtivos,
un deslizarse entre las hierbas,
crujir de ramas…
Bajo el ala de la luna,
la maleza me guiaba.
Mi corazón, durante años dormido,
despertó.
Sentía una llamada.
Sentía el fuego más allá de la zarza.

 

De: Los secretos del bosque I, 2002

 

Clara Janés Nadal (Barcelona, 6 de noviembre de 1940) es una escritora española que cultiva diversos géneros literarios. Destaca como poeta y como traductora de diferentes idiomas centro-europeos y orientales. Premio Nacional de Traducción en 1997 por el conjunto de su obra, desde 2015 ocupa la silla «U» de la Real Academia Española. Es la décima mujer electa miembro de la RAE. Presentó su discurso de ingreso en junio de 2016, titulado «Una estrella de puntas infinitas. En torno a Salomón y el Cantar de los cantares».

Hija del editor y poeta Josep Janés y de Ester Nadal, se crió en Pedralbes, a las afueras de Barcelona. Su afición por la poesía comenzó a temprana edad tras leer a Santa Teresa de Jesús. En 1957 comenzó su carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona.

Tras la muerte de su padre en 1960 se trasladó a Pamplona y completó su licenciatura en la Universidad de Navarra. Amplió estudios en la Universidad de la Sorbona, donde obtuvo la maîtrise en Literatura Comparada.

A la edad de 23 años consiguió que el escritor Gerardo Diego, el cual tenía amistad con su madre, leyera uno de sus poemas. El escritor hizo posible que publicara su primera obra Las estrellas vencidas” en 1964. Ese mismo año decidió trasladarse a Madrid, ciudad que ya no abandonaría.

Desde 1983 participó en encuentros literarios nacionales e internacionales. Su poesía ha sido traducida a veinte idiomas. Dirigió la colección Poesía del Oriente y del Mediterráneo.

Catalogar a la autora dentro de una corriente literaria concreta de finales del siglo xx resulta complicado, ya que  posee un lenguaje y un estilo propios.

Es  considerada como una mediadora entre el mundo oriental y occidental.

Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas.

 


13 agosto 2026

RINCÓN MUSICAL: OBERTURA DE GUILLERMO TELL

 

Gioacchino o Gioachino Rossini; (Pésaro, Italia, 1792 - París, 1868), fue un compositor italiano conocido sobre todo por sus 39 óperas, aunque también escribió canciones, algunas piezas de música de cámara y piano y algo de música sacra.

Hijo de un trompetista y de una soprano, la existencia de Rossini se vio ligada desde la infancia, al universo operístico. Alumno del Liceo Musical de Bolonia desde 1806, entró en contacto con la producción sinfónica de los clásicos vieneses, Mozart y Haydn, que ejercerían sobre él una notable influencia sobre todo en la fisonomía instrumental de sus grandes óperas, de una riqueza tímbrica y de recursos (los célebres y característicos crescendi rossinianos) desconocidos en la Italia de su tiempo.

Rossini ocupa un lugar preponderante en el repertorio lírico italiano gracias a óperas bufas como Il barbiere di SivigliaLa Cenerentola o L'italiana in Algeri, (El barbero de Sevilla, La cenicienta o La italiana en Argel) que le han dado fama universal, eclipsando otros títulos no menos valiosos.

También compuso óperas serias como Tancredi, Otelo, La dama del Lago, y  Semiramide.  

El genio de Gioachino Rossini empezó a manifestarse en toda su grandeza a partir de 1813, y en 1829 estrenó la que sería su última ópera “Guillermo Tell”. A partir de entonces sólo compondría cantatas, música sacra y música vocal profana. La última gran composición de Rossini fue su “Petite Messe Solennelle” de 1863.

 

 

 

Obertura de Guillermo Tell

La Obertura de Guillermo Tell (en francés Ouverture  de Guillaume Tell) es la obertura de la ópera del mismo título estrenada  en 1829. Consta de cuatro partes, cada una de las cuales sigue sin pausa.  

Estructura

La obertura, que dura aproximadamente 12 minutos, pinta un cuadro musical de la vida en los Alpes suizos, escenario de la ópera. El personaje titular de esta ópera es un héroe de leyenda de la tradición suiza, similar al Robin Hood inglés. Las hazañas de Guillermo Tell son un símbolo de la resistencia suiza contra la dominación austríaca. He aquí la historia.

La orquestación se compone de 2 flautas, 2 oboes, corno inglés, 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, timbales, percusión (bombo, platillos, triángulo) y cuerdas.

La obertura de Guillermo Tell está estructurada como una pequeña sinfonía: una introducción lenta, un allegro que simboliza la tormenta, un andante y un presto final que describe el triunfo del héroe.

La última parte de la obertura, debido a un uso repetido (y a veces a modo de parodia) tanto en la música clásica como en los medios populares, es plenamente identificable, no así la obra en su conjunto.



Esperamos que os guste.


Nuni Yáñez y José Ramón Vega


11 agosto 2026

¿CUÁL ERA EL SIGNIFICADO DE LOS ECLIPSES EN LA ANTIGUA ROMA?

 

Artículo de Javier Andreu Pintado, Catedrático de Historia Antigua y Director del Diploma en Arqueología, Universidad de Navarra. Publicado en la revista digital  The Conversation.

El próximo mes de agosto en España miraremos al cielo para contemplar un histórico eclipse de Sol. Sabemos cuándo comenzará, cuánto durará y qué parte del disco solar quedará oculto por la Luna. Aplicaciones móviles permiten calcular el instante exacto del máximo oscurecimiento y recomiendan lugares concretos desde los que poder contemplarlo.

Sin embargo, durante buena parte de la historia de la humanidad, gracias a la fascinación que, como astro rey, generaba el Sol, estos fenómenos fueron mucho más que una curiosidad astronómica: eran acontecimientos capaces de alterar el orden del mundo.

La antigua Roma no fue una excepción. Con un notable protagonismo del Sol en su primitiva religiosidad, aunque las élites conocían las explicaciones científicas heredadas de la astronomía griega, los eclipses –etimológicamente, en griego, “desaparición del sol”– siguieron interpretándose como señales de los dioses a las que convenía estar atento dado el carácter religioso de la cultura romana.

Ambas formas de entender el fenómeno –la científica y empírica y la prodigiosa y supersticiosa– convivieron durante siglos y nos permiten comprender cómo concebían los romanos la relación entre naturaleza, religión y poder. Esta relación estaba sintetizada en la voz latina omen, presagio que acompañaba a un personaje o a un acontecimiento, definiéndolo.

 

Tenebrae facta sunt: mucho más que una sombra sobre el Sol

Ya los astrónomos babilonios habían descubierto que los eclipses eran cíclicos y podían ser previstos con métodos que posteriormente heredaron los griegos y, a través de ellos, también Roma. Sobre ellos teorizaron, en la Historia Natural y en Tiestes, los escritores e intelectuales Plinio el Viejo y Séneca. El conocimiento astronómico romano, por tanto, estaba lejos de ser rudimentario y bebía de una tradición que, para el mundo clásico, arranca en la literatura homérica.

Un ejemplo significativo lo ofrece el emperador Claudio. El historiador romano Dion Casio cuenta que, antes de un eclipse ocurrido el 1 de agosto del año 45, el cuarto emperador de la dinastía Julio-Claudia hizo anunciar públicamente el fenómeno para evitar que la población cayera presa del pánico. El poder imperial era, pues, consciente tanto de la posibilidad de predecir el eclipse como del temor que, por su carácter tenebroso, este provocaba en la población.

Prodigia et metum: ciencia y religión no eran incompatibles

Pero conocer la explicación astronómica no significaba renunciar a una interpretación religiosa. Para un romano, el universo estaba gobernado por los dioses y un fenómeno natural podía tener una causa física y, a la vez, transmitir un mensaje divino.

El historiador Plutarco, en la Vida de Rómulo, cuenta como en junio del 708 a. C., la muerte del primer rey de Roma fue acompañada de la conversión del día en noche. Acaso por eso, los eclipses pertenecían con frecuencia al ámbito de los prodigia, anuncios de la ruptura del equilibrio entre dioses y hombres que requerían una respuesta de la religión estatal. Las obras del también historiador Tito Livio están repletas de ejemplos. En el año 340 a. C., un eclipse coincidió con una lluvia de piedras y el Senado decretó rituales para restaurar la paz con los dioses. Otro eclipse, el 17 de julio de 188 a. C., oscureció Roma durante cerca de dos horas. Livio cuenta que el fenómeno provocó tal inquietud que se decretaron tres días de purificación en el sagrado monte Aventino.

La coincidencia entre eclipses y momentos de crisis política reforzó su carácter ominoso. En los años de la expansión romana en Macedonia un eclipse se interpretó como antecedente de la derrota de los griegos en la batalla de Pidna del año 168 a. C. En el 49 a. C., Dion Casio menciona un eclipse total de Sol entre una serie de prodigios que anunciaban desgracias para Roma. El impacto fue tal que algunos magistrados llegaron a retrasar la toma de posesión de sus cargos por considerar desfavorable el momento. El político y filósofo Cicerón interpretó como mal augurio para su consulado del 63 a. C. el eclipse parcial de Sol vivido el 18 de mayo de ese año. Y la tradición evangélica alude al eclipse posterior a la muerte de Jesús en época tiberiana como expresión máxima de los prodigia que siguieron a la crucifixión.

En Roma el interés por los eclipses no residía únicamente en que oscurecieran el cielo durante unos minutos sino en el significado que se atribuía a aquella oscuridad. El cosmos y la historia formaban parte de un mismo orden, y cualquier alteración en el firmamento debía ser adecuadamente interpretada. De hacerlo mejor o peor dependían, en buena medida –o esa era la creencia–, el futuro y la salus del pueblo y, sobre todo, del estado.

 

Mentes hominum: lo que sabía el pueblo

La inmensa mayoría de la población romana nunca había leído a Aristóteles o a Posidonio, ni tenía acceso a los textos de Séneca o Plinio. Su experiencia del eclipse era muy distinta. Garante de la luz, el calendario y el orden cotidiano, el Sol desaparecía inesperadamente en pleno día y era lógico interpretar aquella oscuridad como una temible alteración cósmica.

otros pueblos, que también las emplearon: hacer ruido golpeando calderos para ayudar al Sol a recuperar su luz o ahuyentar las fuerzas que parecían amenazarlo haciéndolo desaparecer del cielo. De ese modo, la población creía contribuir a espantar un fenómeno que alteraba el orden cotidiano y que, por tanto, como todo lo desconocido, generaba incertidumbre.

Ante el eclipse de agosto nuestra reacción no será de temor o de desazón. Sin embargo, como acontecimiento histórico que sin duda viviremos, cuando el próximo día 12 el eclipse nos lleve de nuevo a mirar al cielo podremos pensar que también miraron a él los romanos. Y que, al hacerlo, se preguntaban algo a lo que la astronomía no podía responder: ¿qué querían decir los dioses con aquella repentina desaparición del Sol?

 

08 agosto 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: VLADIMIR HOLAN

 

Un día por la mañana

Un día por la mañana, al abrir la puerta,
encontraste en el umbral los zapatos de baile.
Era para besarlos y tú lo hiciste enseguida
y volviste a sentir alegría después de tantos años,
todas las lágrimas largo tiempo contenidas
ascendieron a tu risa.
Luego te reíste y desde el alma rompiste a cantar
con la tranquilidad de la juventud...
No preguntaste qué hermosa
dejó los zapatos en el umbral.
Nunca lo averiguaste
y, sin embargo, de aquel feliz momento
aún vives con frecuencia...


Versión de Clara Janés

 

Vladimír Holan nació en Praga, el 16 de septiembre de 1905.

Fue miembro de una generación de brillantes y comprometidos poetas, que se podría comparar con la que fue en España la Generación del 27.

En 1948 las autoridades comunistas declararon su obra como decadente. Como reacción ante esta miopía agresiva del Estado, se encierra en su casa de la isla de Kampa, para no volver a salir sino en contadas ocasiones. 

Algunas de sus obras son :Sin título (1939-1942), Avanzando (1943-1948), Dolor (1949-1957), Una noche con Hamlet (1949-1956,1962), Historias(1948-1955), Toscana (1958-1963), En el último trance (1961-1965) y Un gallo para Esculapio (1966-1967).

Durante años, Holan estuvo condenado al silencio y sólo a partir de 1963 se le permitió la publicación de sus obras. Desde entonces llegan los reconocimientos oficiales: “el Gran Premio del Estado Checoslovaco”, el “Premio de la Unión de Escritores” y el “Título de Artista Nacional”. En 1966, se le otorgó el “Premio Etna-Taormina”, en Italia. Rompió su silencio, publicó sus libros, pero nunca quiso salir de su casa para recibir estos premios.

En 1982, tras su muerte acaecida en 1980, se publica su libro Abismo de abismo, que reúne algo más de cuatrocientos poemas.

Está considerado como el más grande poeta checo del siglo XX.

 

07 agosto 2026

AQUELLOS DOMINGOS DE VIEJO COLOR

 



El último día de la semana desde siempre ha estado marcado o definido por una característica específica: es el merecido día dedicado al descanso y al disfrute de la actividad lúdica. Pero los cambios en los hábitos y costumbres a lo largo del tiempo han generado que, en muchos aspectos, los domingos actualmente no se diferencien en demasía con respecto al resto de los demás días de la semana. Los siguientes párrafos va a estar dedicados a comentar cómo eran aquellos antiguos domingos de nuestras infancias, centrándonos en las décadas de los 50 y 60 de la anterior centuria. Por supuesto que estos recuerdos son personales. Cada uno tiene anclados en los archivos de la memoria “sus domingos”. También, el escritor. Vamos a destacar, por consiguiente, rasgos generalizables que puedan asumirse por la mayoría sociológica.

Todos los miembros de la familia esperaban con ilusión y necesidad la jornada dominical. El “papá” y, en algunos casos, la “mamá, no tenían que acudir a su puesto de trabajo fuera del hogar. En consecuencia, no había que madrugar, con ese despertador de cuerda que resultaba tan ruidoso e incómodo para el sosiego. El aseo del cuerpo era una obligación ineludible. La leyenda urbana comentaba que muchos sólo se duchaban o lavaban, integral o por partes, los domingos. El preciso puntualizar que no todos los pisos tenían cuarto de baño. Tras el aseo, se desayunaba con esa calma inusual en el resto de la semana.

Había que vestirse “de domingo”. Ropa limpia y planchada, pues era necesario ir bien presentado a cumplir con el precepto de la “fiesta de guardar”: la misa de 12, en la parroquia del barrio o en la más suntuosa y monumental Iglesia Catedral. En el templo magno oficiaba la santa misa el prelado de la diócesis, quien también predicaba la homilía. Muchos pasaban por los confesionarios para poder comulgar, lo cual era una buena señal para representar que eran personas “de bien”. Especialmente comulgaban las señoras y los niños. Había que estar “bien con dios”. Tanto a la llegada al templo parroquial, como a la salida de la misa, eran frecuentes los encuentros con los amigos, vecinos o conocidos. También con los familiares, a los que se veía de tarde en tarde. Se preguntaban por la salud, intercambiando parabienes. “Cada día te veo más joven” “pues estoy de tratamiento de la ciática” “pero qué grande esta este niño, tiene toda la cara del padre” “te acompaño en el sentimiento por lo de tu abuela” “ya tiernes edad de buscarte un novio, que no quiero verte vistiendo a santos” “el niño está bien “colocao” como aprendiz de confitero” “no te pongas tan remilgada, que ya eres mocita vieja” “A Simón le van bien las cosas en el trabajo, ya ha dado la entrada para el seiscientos, yo quiero aprender a conducir pero él no me deja” etc. Esas relaciones después de misa eran también interesantes para hacer algunos negocios, siempre con la cordialidad y la sonrisa “Profidén” en el rostro.




Una vez abandonado el recinto sacro, la familia solía dirigirse al puesto de periódicos más cercano. El padre elegía el Marca o el SUR. Los periódicos editados en Madrid se repartían por todo el territorio nacional, utilizándose el tren como transporte de los diarios, por lo que no se exponían en los puestos de venta hasta el lunes. Pasados los años, el uso del transporte aéreo facilitó la llegada de la prensa nacional en el mismo domingo. Los niños conseguían algún tebeo, como El TBO, El Capitán Trueno, El Jabato y la muy popular Claro de Luna, de ediciones Toray, que narraba una historia basada en una canción del momento.

Muchas familias acudían a algún bar del centro de la ciudad o de la zona del puerto malagueño, a fin de tomar un aperitivo: cerveza o vinos con gambas cocidas, aceitunas “aliñás” para los padres y refrescos de naranjada o limonada para los niños. Los más pequeños de la casa ya habían conseguido de sus padres la compra de algunas “chuches”: pipas de girasol, saras o regalices, chicles “bazokas”, avellanas, etc. Normalmente se almorzaba en casa, pues no estaban los bolsillos para hacer demasiados extraordinarios. Al ser domingo, muchos padres pasaban por la confitería (La Imperial, Casa Anglada, La Española, Aparicio) para llevar “un papelito” de pasteles, para los postres y meriendas del día.


Después del almuerzo los “mayores” hacían la siesta, mientras los niños jugaban. Pero había que preparar la tarde, para el disfrute del día de fiesta. La radio era un eficaz aliado para la distracción. Por supuesto, Radio Nacional de España, para escuchar “el parte” de las 14:30. Muchos padres iban al estadio de la Rosaleda, cuando había partidos del Club deportivo Málaga. En caso de que el equipo de la ciudad jugara en otra ciudad, se sintonizaba la cadena SER de Radio Madrid y escuchaban la marcha de los partidos de fútbol, especialmente los de la 1ª división, ya que la emisora conectaba con todos los campos en tiempo real. Se tenía encima de la mesa la quiniela del PAMDB (Patronato de apuestas mutuas deportivas benéficas) para comprobar si los resultados de los encuentros concordaban con el 1, X, 2 (gana el equipo de casa, empata o pierde) signos que el apostante había anotado en el boleto. Tenían premio económico los acertantes de 14 resultados, y los de trece. Con los años, también los acertantes de 12 resultados recibían alguna compensación en pesetas. Una frase repetida: “desafortunado en el juego, pero afortunado en amores”. La madre solía dedicar parte de la tarde a tricotar, coser, planchar o subía a casa de alguna vecina del bloque para hablar de sus cosas, con el tazón de café con leche y las rosquillas fritas de harina, huevo y azúcar, canela o miel, muy apetitosas.


Y ¿qué hacían los más jóvenes de la familia? Según la edad, los pequeños se juntaban con los vecinos para jugar en la calle a la pelota, si el tiempo acompañaba. Otros tenían la suerte de conseguir las tres o cuatro pesetas para comprar una entrada en el cine del barrio, con programa doble. En el caso de Málaga, los cines más populares con películas de reestreno eran: el Capitol, el Avenida, el Duque, el Moderno, el Plus Ultra y el Cayri cinema. Había que volver a casa no más tarde de las 8 o las 9 de la noche, con lo que se podía ver las dos películas y volver a visionar parte de la primera. Los hijos ya más crecidos buscaban la diversión y el “ligue” en los guateques que se organizaban en casa de algún amigo, que conseguía el permiso de sus padres, para mover los muebles del salón estar. Se utilizaba el pick-up o”picú, pequeño tocadiscos con singles de vinilo, que reproducía las canciones de los grupos y solistas de la época, música para bailar “separados” o “agarrados” (Los Bravos, Duo Dinámico, Los Brincos, Los Diablos, Conchita Velasco, The Platters, Nino Bravo, y Salvatore Adamo, etc). Los padres vigilaban para que no hubiera alcohol, sólo refrescos, tapas o dulces para la merienda.

Algunos jóvenes ennoviados, con el control de los padres respectivos, dedicaban horas al paseo cogidos de la mano y buscando algún rincón discreto para intercambiar ese beso prolongado, “victoria” esforzada para cada salida.


Las “chachas” que servían en alguna casa “bien” tenían libre la tarde dominical para dar sus paseos, ir al cine o salir con el chico con el que habían “ligado” los domingos previos. También solían llevarse los pequeños de los señores al Parque, para que jugaran y darles la merienda (rebanada de pan y pastilla de chocolate Dolca o Nestlé. También galletas Maria. El yogurt no se había generalizado todavía).

Algunas familias solían dar (con el buen tiempo meteorológico) un paseo por el Puerto marítimo, aprovechando la mañana o la tarde dominguera. En aquellos años, el recinto portuario era utilizado para sus funciones propias. No estaba dedicado también al turismo, como hoy ocurre, con restaurantes, tiendas, bares y cafeterías. Por el contrario, había montículos de aceitunas, trigo, naranjas que se exportaban en los barcos mercantes. También, bidones de aceite. Abundaban los veleros o barcos de pesca de arrastre, por la bahía malagueña o para desplazarse a los caladeros marroquíes. El gran SILO, inaugurado en 1952 y hoy desaparecido, servía para guardar los cereales y otras mercancías de importación y exportación. En la gran terraza de una nave adjunta abundaban las parejas de “tortolitos”, quienes se reunían para la ilusión de esas “manitas”, besos o demás tocamientos fugaces, aunque a veces venía el guardia del puerto y soltaba sus buenas reprimendas que casi nunca llegaban a mayores. Cuando el calendario indicaba algún santo o cumpleaños en la familia, además del chocolate y los churros en casa Aranda, se hacía el extraordinario de dar un divertido paseo en un coche de caballos por el centro de la ciudad.

Y pronto llegaba la noche, para hacer la cena e ir la cama, pues el lunes había que madrugar, con el trabajo del padre y el colegio de los niños. No siempre los “deberes” se habían cumplimentado, por lo que había que sacrificarse alguna hora después de cenar. En la oscuridad nocturna, unos y otros, mayores y pequeños, pensaban sus recuerdos acerca de cómo habían pasado el domingo: los juegos, las fiestecillas, los dulces, la quiniela del “otra vez será”, la merienda con la vecina del cuarto en la que se hablaba de “todo” y esa expresión: ¡hasta el domingo que viene, pues a lo mejor iremos de merienda al campo! en el deseo ilusionado de todos los miembros de la casa. Tras el descanso nocturno, llegaba la rutina del lunes en una España de posguerra, con las carestías mejor o peor llevadas, con el catolicismo como doctrina oficial en todos los órdenes de la vida y con la preocupación y cuidado en los comportamientos familiares, por “el qué dirán” los vecinos y amigos del barrio.  Eran los domingos y los días de viejo y ocre color, esperando un mañana que podría ser mejor -


 

José L. Casado Toro

Agosto 2026

 

 


 



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