09 marzo 2026

NUEVA REFLEXIÓN ¿PRIMAVERAL?

 

Tras estas largas semanas —escandalosamente lluviosas—  ha salido de nuevo el sol y hemos disfrutado durante  unos pocos días de un adelanto primaveral que lo cambia (casi) todo. La luz de esta tierra ilumina de una forma especial el panorama y aleja los pensamientos negativos. Pero ¡ay! la realidad, la cruda realidad, siempre termina por imponerse. Todo cuanto percibimos a través de las distintas pantallas: las de los teléfonos, la televisión, o lo nos llega por los oídos: la radio, los comentarios de compañeros y amigos, etc. no animan a ilusionarse con la situación que nos rodea.

       Ucrania sigue ahí: sin calefacción y con varios grados bajo cero, y los drones rusos sobrevolando y causando víctimas. Y también Gaza, que ha perdido la terrible actualidad que nos encogía el ánimo y que sigue sufriendo el abandono, el hambre y unas miserables condiciones de vida, y otros muchos lugares de este planeta a los que ni se nombra y que sufren males parecidos.


      Y desde hace varios días otra vez tenemos “galleando” al primo de Zumosol (leáse Trump) con el objetivo dirigido, ahora, hacia Irán. Y no es que esta teocracia indigna no merezca ser destituida —las mujeres iraníes en especial pueden confirmarlo— pero el papel de “salvador de países” que se atribuye el presidente norteamericano, hace temer que se equivoque de enemigo y cualquier día ataque a quien menos se espera y merezca. Sin valorar las consecuencias que una acción de guerra en el país iraní puede significar en el menguado equilibrio internacional.




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Los párrafos anteriores los escribí hace una semana (el viernes pasado) y en estos siete días transcurridos se ha confirmado lo que muchos temíamos. Y casi me he quedado bloqueada, incapaz de continuar con el artículo que me había propuesto escribir y sin conseguir hilvanar los argumentos necesarios para terminarlo. El laberinto que supone reflexionar sobre la actualidad mundial resulta inextricable. Y empleo este adjetivo porque me parece que la confusión se eleva a límites superlativos.

Trump y Netanyahu, encantados de haberse conocido y sumergidos en esta ola destructiva que se amplía cada vez más, no parecen mantener un discurso lógico sobre el fin que persiguen con esta guerra. (Imagino que, como siempre, habrá importantes intereses detrás). Israel, o su cruel gobernante, trata de limpiar de enemigos sus fronteras y Trump enriquecer, aún más, la industria armamentística americana y aprovecharse de las riquezas (leáse petróleo) de la antigua Persia.



Y tenemos a Europa, con el paso cambiado, titubeante y en la difícil tarea de armonizar veintiocho voluntades, las de los países que la integran. Y mientras unos gritan ¡no a la guerra! envían fragatas en son de paz y otros se muestran discretos pero también colaboran en el “batiburrillo” de esta actualidad perturbada. El mundo es un enorme manicomio y a muchos de sus dirigentes convendría ponerles una camisa de fuerza.




Y me queda por analizar al tercer dictador tal y como prometí en un artículo anterior: Xi Jinping.  Pero dada su actitud cautelosa en el momento presente y haberse alejado del foco que nos deslumbra le voy a dar “cuartelillo”, al menos durante un par de semanas más.

Quiero recordarles que “siempre que llueve escampa”, que “tras la tempestad llega la calma”. Confiemos, por tanto, en que las “aguas vuelvan a su cauce”. Y en otro caso, como último recurso, nos queda Marte. En la tierra que extrajeron de este planeta ha germinado la planta de los garbanzos. Al menos allí no pasaremos hambre.


Mayte Tudea

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