Cuando
pensamos en Francisco Umbral
(1932-2007) nos asalta la imagen del hombre adusto con bufanda, abrigo de
Pierre Cardin y gafas de pasta, de semblante cínico, algo desafiante y voz
grave, casi cavernosa.. Umbral fue, sobre todo, un gran articulista del que se
han recopilado más de 200 escritos en dos libros recientes. Algunos extractos
los recojo a continuación.
Embrión
de Mortal y Rosa (1971)
Estoy oyendo crecer a mi hijo y quisiera
para él un mundo mejor, más justo y más libre. Cuando yo me haya muerto
quisiera que los hombres hubiesen dejado de matar niños y los niños hubiesen
dejado de pensar en matar hombres el día de mañana. Decía Camus que entre su
madre y la justicia se quedaba con su madre. Decía Madariaga que un día dejó de
creer en la justicia para creer en la libertad.
Ellas,
las columnistas (1994)
La primera que se metió en el lío fue
Rosa Montero, Mafalda de Cuatro Caminos, padre banderillero y actriz con los
Goliardos. Fumaba porros, se pintaba estrellitas y hablaba como Forges.
Carmen Rigalt venía de la Universidad de
Navarra y empezó en Madrid escribiendo en la tercera de “Pueblo” con Manuel
Alcántara, Cándido y otros consagrados.
Las mujeres son criaturas muy narrativas
y por eso el mejor columnismo lo hacen hoy unas cuantas chicas que saben
contar, cantar y encantar.
Toros
(1972)
Admiro el rito, la liturgia, el color, el
minué de sangre, pero me repugna que haya una víctima inocente llenando de
sangre el crepúsculo con su muerte. Yo soy el espontáneo que se tiraría al
ruedo para darle un beso al toro.
Vejez
(1995)
A la juventud le espanta envejecer, pero
con la edad se aprende que el envejecimiento es un confort, una instalación en
la vida. El hombre, a partir de los 60, sabe que ha vivido y que la vida
consiste en versos, políticas, amantes, alcoholes y algunos minicines.
Vejez
(1996)
Aprendamos despacio que envejecer es bello,
aprendamos despacio que morir no es un rayo, que morir es oficio como vivir y
amar, oficio de vivir, oficio de septiembre, oficio de morir, largo oficio del
hombre. Seamos los artesanos de nuestra vejez larga, seamos los viejos gremios
que trabajan el tiempo, que barroquizan lentos la luz de cada día, que tejen
con su lino nuestra inmortal mortaja porque sabemos
siempre que muriendo felices seremos recordados por todos los vecinos y vendrán
de otros barrios a pegarnos un beso y vendrán de otros barrios con grandes
padrenuestros.
Nota 1.-
Mortal y Rosa, publicada en 1975, es
una obra híbrida de elementos de memorias, diarios personales, y monólogos.
Escrito en prosa poética relata la muerte de su hijo fallecido a los 5 años.
Nota 2.-
El segundo texto de Vejez es un
ejemplo perfecto del estilo literario de Umbral. Está escrito en versos alejandrinos;
es decir, versos de 14 sílabas divididos en dos partes (hemistiquios) de 7+7
José
Ramón Torres Gil
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