Artículo
de Victoria Mazoteras Pardo, PROFESORA
TITULAR DE UNIVERSIDAD, Universidad de Castilla-La Mancha. Publicado en la
revista digital The Conversation.
La hipertensión es traicionera:
normalmente no avisa. Solo midiéndola correctamente con regularidad podemos
detectarla, hacer seguimiento y evitar que se complique dando lugar a
enfermedades cardiovasculares, que son la primera causa de muerte en el mundo.
Lo malo es que, según la Organización
Mundial de la Salud, una de cada tres personas adultas tiene la tensión
elevada y más de la mitad lo desconoce. La evidencia muestra
que hasta un 80-90 % de las dudas en el diagnóstico o el
control podrían resolverse mediante mediciones realizadas por el propio
paciente, siempre que se sigan criterios correctos y se utilicen
dispositivos validados.
El autocontrol de la presión arterial es
un reto
Medirse a uno mismo la presión arterial
(AMPA, siglas de Automedición de la Presión Arterial), pese a parecer sencillo,
es una tarea rodeada de errores frecuentes. Para colmo, en ocasiones usamos
dispositivos de dudosa validez.
Tiene como ventaja que ofrece valores más
representativos de la presión arterial real, evitando el “efecto de bata blanca”, que puede
dar cifras de tensión alta en la consulta, o la “hipertensión enmascarada”, que se produce
cuando las mediciones son normales en el centro sanitario pero altas en casa.
Medir la tensión arterial en el entorno doméstico, habitual, predice mejor el
riesgo cardiovascular.
Además, la automedición fomenta la
participación activa del paciente, mejora la adherencia al tratamiento y reduce
la necesidad de visitas clínicas, además de contribuir a la prevención incluso
en personas sin hipertensión.
Quién puede realizar la automedición
Antes de recomendar la AMPA, los
profesionales deben valorar si el paciente o su cuidador son candidatos
adecuados. Deben descartarse limitaciones físicas o cognitivas que impidan el
manejo del aparato, y evitarla en casos de arritmias graves, temblores intensos
o un alto nivel de nerviosismo ante la toma.
Además, el paciente debe aprender el uso
del dispositivo, la frecuencia de medición y las condiciones adecuadas mediante
una correcta educación sanitaria. Sin una formación correcta, la
automedición puede generar errores o ansiedad.
Las guías aconsejan
realizarla durante siete días consecutivos, tres veces por la mañana
y tres por la noche, descartando el primer día y calculando la media del resto.
Para el seguimiento a largo plazo, bastaría con repetirla uno o dos días por
semana.
Errores frecuentes que alteran los
resultados
Los fallos
más comunes se deben a factores internos (estrés, dolor,
arritmias) o externos (postura incorrecta, manguito inadecuado o falta de
reposo).
La medición debe hacerse en una habitación
tranquila con una temperatura entre 20 y 25 ºC, tras cinco minutos de
reposo, evitando comer, fumar o hacer ejercicio media hora antes. El brazo debe
apoyarse a la altura del corazón, la espalda recta y los pies en el suelo. El
manguito ha de colocarse directamente sobre la piel, ajustado pero sin
comprimir.
Los dispositivos de muñeca solo son
recomendables cuando el de brazo no puede usarse. En la primera sesión se aconseja
medir ambos brazos y tomar como referencia el que muestre valores más altos.
No todos los dispositivos son iguales
Muchos dispositivos, incluidos relojes
inteligentes y aplicaciones móviles, no han sido validados ni calibrados según
los estándares internacionales.
Un error de pocos milímetros de mercurio
puede alterar un diagnóstico. Por ello, los tensiómetros para AMPA deben ser
automáticos, de brazo y con marcado CE. Su exactitud debe estar respaldada por
protocolos de validación reconocidos, como
el acuerdo AAMI/ESH/ISO, y figurar en las listas de dispositivos
validados de iniciativas como STRIDE BP.
Las guías recomiendan revisarlos al menos
una vez al año para asegurar su calibración.
La salud digital como aliada
Las
nuevas tecnologías han abierto un escenario prometedor. La llamada M-Salud
permite monitorizar la presión arterial mediante aplicaciones, relojes
inteligentes y plataformas digitales. Se estima que la mitad de los usuarios de
teléfonos recopilan información sobre su salud y uno de cada cinco utiliza
una app sanitaria.
En la hipertensión, estas herramientas
ayudan a reducir la presión arterial en torno a 5 mmHg, mejoran la adherencia
al tratamiento y aumentan la conciencia sobre factores que influyen en la
tensión, como el estrés o la actividad física. Además, facilitan la
comunicación entre pacientes y profesionales y reducen costes sanitarios al
evitar visitas innecesarias.
Aun así, no todas las aplicaciones son
fiables. Es fundamental elegir aquellas basadas en evidencia científica y con
respaldo de instituciones sanitarias.
En un mundo donde las enfermedades
cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte, promover el
conocimiento ciudadano sobre cómo y cuándo medirse la tensión es una
herramienta poderosa de prevención.
Medir bien la tensión no es un gesto trivial: es una forma de participar activamente en el propio cuidado y de reducir el impacto de la hipertensión en la población.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Por favor: Se ruega no utilizar palabras soeces ni insultos ni blasfemias, así todo irá sobre ruedas.
Reservado el derecho de admisión para comentarios.