Hay lugares en los que coinciden un número
amplio de personas y en los que, aún sin quererlo, escuchas conversaciones,
confidencias, y algún que otro exabrupto o palabra malsonante. Todo ello
permite formarte una opinión sobre el que habla, opinión a todas luces
epidérmica pero inevitable. Trenes, autobuses, bares, cafeterías, consultas
médicas y un largo etcétera son los territorios a los que me refiero. Y ahora,
en este cosmos veraniego en el que estamos inmersos, incluiré la playa. Un
sitio abierto donde por mucho que se intente bajar la voz lo que hablamos o lo
que escuchamos llega con una nitidez digna de mejor causa.
Esta vez me he puesto muy seria y se lo he
dicho bien pero que bien clarito. No estoy dispuesta a pasarle ni una más…
¿Qué se habrá creído la niña? El resto
del año porque estudia y ahora porque está de vacaciones, no da un palo al
agua. Que está cansada, dice. Y yo…
Limpia, compra, guisa, friega, plancha y todo con este calor… Pues nada, me he
venido un rato a la playa y que se hunda el mundo. Me cogerá fresquita porque
el agua está helada con este terral…
¿No habíamos quedado que para finales de
mayo el local iba a estar totalmente terminado? Fíjate en las fechas en las que
estamos: julio se está acabando y aún os queda… Es que cada día que pasa es uno
más que el negocio no funciona y entérate bien, pierdo pasta. Y tú reclamando
más anticipos. Me parece que voy a seguir tu mismo camino, retrasar los pagos.
Yo es que hago cuentas y lo que me sale son
rosarios. Por mucho que lo estire y vaya en peregrinación de supermercado en
supermercado buscando las ofertas, no consigo llegar a fin de mes. Y mi marido
dice que no sé economizar. Pues nada, voy a suprimirle las cervezas, las patatas
fritas, las aceitunas y ponerle a dieta. Y así mataré dos pájaros de un tiro:
ahorraré dinero y las camisas, que le revientan por la barriga cervecera que ha
echado, le van a quedar perfectas.
Yo no sé si lo del cambio climático es
cierto y no lo discuto porque no soy un
entendido, pero digan lo que digan aquí, en Julio y Agosto, siempre ha hecho calor. Tres clases de calor
además: el caló, la caló y la calora que esta sí, esta te deja “asufrao”, creo
que la palabra viene por lo del azufre del infierno.
¡Niño! Que te quedes en la orilla, que
hay muchas olas y son peligrosas. ¿Vas a obligarme a ir?
¡Abuela, qué el agua está hoy muy chuli! Sigue sentada que yo salto las olas muy bien.
Estas
breves greguerías, con ligeras
variantes, son reales como la vida
misma. Y las distintas voces que las han pronunciado han resultado anónimas para mí. Tendida en mi “hamaquita”
me parecía indiscreto volver la cabeza o levantarme para conocer al hablante. He ido recopilando una larga lista de otras
más que comentaré si se tercia.
También,
por supuesto, ha habido chismorreos
sobre política. Pero con este calor conviene no recalentar más las neuronas.
Hay que evitar que explosionen.
MAYTE
TUDEA.
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