Artículo
de José Miguel Soriano del Castillo,
Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva
y Salud Pública, Universitat de València. Publicado en la revista digital The
Conversation
Lejos de ser una más barra de chocolate más en los
estantes, el chocolate Dubái –o Dubai Chocolate, según su nombre original– ha
sabido posicionarse como uno de los fenómenos gastronómicos más virales del
siglo XXI. Pero ¿qué tiene este dulce que ha hecho que millones de personas lo
busquen, lo compartan y hasta viajen para probarlo?
De un vídeo en TikTok a la fama mundial
En diciembre de 2023, la influencer gastronómica
Maria Vehera subió un vídeo a TikTok comiéndose una peculiar barra de chocolate
rellena de una crema verde, crujiente por dentro y con una apariencia artesanal
y lujosa.
El vídeo, que hoy en día suma más de 7
millones de visualizaciones y en el que puede oírse el característico crack al
partir la barra, se volvió viral en cuestión de días. En apenas un mes, el
90 % de las publicaciones sobre chocolate en redes sociales estaban
dedicadas al chocolate Dubái.
El producto había sido creado por Sarah Hamouda, una emprendedora
británico-egipcia que no encontraba un chocolate que realmente satisficiera sus
antojos de knafeh o kunafa (postre
típico árabe elaborado con queso fresco y fideos) y pistacho durante el
embarazo. Así nació, en 2022, Fix Dessert Chocolatier, pequeña tienda artesanal
con sede en Dubái que hoy es responsable de uno de los productos gourmet más
deseados del mundo.
Hamouda llamó a su creación “Can’t Get
Knafeh Of It” (No puedo quitarme el knafeh), un juego de
palabras con la pronunciación de la expresión en inglés “Can’t Get Enough of
It”, que vendría a significar “No puedo dejar de comerlo”. Esta se considera
ahora la última serendipia gastronómica de la historia.
¿Qué lo hace tan especial?
El secreto del chocolate Dubái está en su fusión de
sabores e identidades culturales. Combina una cobertura de chocolate con leche
(aunque se han visto versiones con chocolate blanco y negro), con un relleno a
base de crema de pistacho (hecha con pistacho, chocolate blanco y leche), tahini
(pasta de sésamo) y kadaif o kadayıf crujiente (un tipo de
masa de hilos finos, similar al cabello de ángel).
La combinación resulta exótica, pero armónica. El dulzor del chocolate, la cremosidad del pistacho, el amargor suave del tahini y la textura crujiente del kadayıf crean una experiencia multisensorial difícil de olvidar. A eso se le suma su presentación: un corte transversal que revela colores dorados y verdes vibrantes, ideal para redes sociales.
Pero más allá del sabor, hay un factor
clave: la exclusividad de la marca original. FIX produce 500 barras al día,
disponibles únicamente en Dubái, y se venden en minutos. Este sentido de
escasez, sumado al componente estético y a la historia auténtica de su
creadora, ha catapultado el producto a la categoría de ícono gourmet.
Entre el sabor y el turismo
Según un artículo de Time Out Dubai, basado en
el informe sobre tendencias de viaje Unpack ’25 de Expedia, la barra de
chocolate pistacho estilo kunafa se sitúa como uno de los productos más
buscados por viajeros que incluso estarían dispuestos a volar hasta Dubái solo
para probarla. Diversos encuestados documentan sus viajes exclusivamente para
compartir sus reacciones tras hincarle el diente.
La fiebre ha sido tal que cientos de
versiones caseras han inundado redes como TikTok e Instagram bajo hashtags como
#dubaichocolate y #pistachiobar. Las imitaciones también han llegado a tiendas
de Estados Unidos y Europa, aunque muchas no están autorizadas por la marca
original. Así, el chocolate Dubái ha pasado de ser un postre local a un
vehículo de turismo gastronómico, empujando a miles a explorar la cultura
culinaria de Medio Oriente desde una barra de chocolate.
¿Por qué se ha vuelto viral?
Un estudio académico publicado en la revista turca Akşehir Sosyal Bilimler Dergisi en
2024 identificó ocho razones principales por las que el chocolate Dubái se
había vuelto un fenómeno global:
·
Sabor
único: mezcla inesperada de ingredientes orientales con chocolate occidental.
·
Atractivo
visual: altamente fotogénico para redes sociales.
·
“Efecto influencer”:
la viralidad fue impulsada por figuras como Maria Vehera.
·
Exclusividad:
su producción limitada genera deseo y urgencia.
·
Autenticidad:
la historia personal de su creadora genera empatía.
·
Interacción
digital: fuerte presencia en redes y participación comunitaria.
·
Innovación
culinaria: combina tradición y vanguardia.
·
Aprovechamiento
del formato corto (TikTok, reels de Instagram) con un
contenido breve, adictivo y compartible.
Estos factores lo convierten en un caso
modelo de marketing gastronómico viral, donde el producto no
solo se consume: se vive, se graba y se comparte.
¿Y desde la perspectiva nutricional?
Detrás del brillo dorado y el relleno verde
irresistible del chocolate Dubái también hay una realidad más terrenal: se
trata de un postre altamente calórico y denso en grasas. Según su análisis nutricional, una porción de 40 gramos
contiene aproximadamente 228 kilocalorías; 16,5 gramos de grasa total (de los
cuales 6 g son saturadas); 19,6 gramos de carbohidratos, incluyendo 13,5 g de
azúcares; 6,5 gramos de proteína, y 2,6 gramos de fibra dietética.
Desde este punto de vista, sus ingredientes presentan
efectos mixtos. Mientras que el pistacho aporta grasas saludables, fibra,
vitamina E, potasio y antioxidantes, el tahini suma grasas monoinsaturadas,
calcio y hierro. Por su parte, el chocolate, dependiendo del tipo, puede
ofrecer polifenoles antioxidantes si es negro, aunque en la mayoría de
versiones comerciales predomina el chocolate con leche o blanco, ricos en
grasas saturadas y azúcares añadidos.
No es, pues, un alimento saludable en sentido
estricto, pero sí un capricho que puede disfrutarse ocasionalmente dentro de
una dieta variada. Su gran atractivo sensorial (una mezcla de texturas
crujientes, cremosidad y sabores dulces con matices tostados y salados)
favorece el consumo excesivo, lo que representa su mayor riesgo.
Además, es importante advertir que el chocolate Dubái
no es apto para personas alérgicas, ya que contiene frutos secos (pistacho y
posibles trazas de nueces), sésamo (tahini), lácteos (en el chocolate y el
relleno) y soja (por emulsificantes como lecitina).
¿Lo puedo preparar en casa?
Para quienes desean recrear en casa la experiencia del
chocolate Dubái, es posible hacerlo con ingredientes relativamente
accesibles. La receta incluye tres componentes
principales: una crema de pistacho, un elemento crujiente y una cobertura de
chocolate.
Para la crema se necesitan pistachos
pelados sin sal, chocolate blanco, un poco de leche y una cucharada de tahini,
que aporta profundidad al sabor. El crujiente se logra con masa kadayıf o,
en su defecto, tiras finas de pasta filo u hojaldre. Y, finalmente, se utiliza
chocolate con leche de buena calidad para la cobertura, aunque puede emplearse
chocolate negro o blanco según preferencia. Para decorar, algunos optan por
añadir pistachos picados o hilos de chocolate blanco.
La preparación es sencilla pero requiere
algo de técnica. Primero, se trituran los pistachos junto con el chocolate
blanco derretido, la leche y el tahini hasta formar una pasta densa y cremosa.
Por separado, el kadayıf se tuesta en una sartén sin aceite, o
con un poco de mantequilla, hasta que esté dorado y crujiente. Esta masa
crujiente se mezcla luego con la crema de pistacho, formando el relleno. En
moldes rectangulares, se vierte una primera capa de chocolate fundido para
formar la base, se enfría, se añade el relleno y, finalmente, se cubre con más
chocolate para sellar la barra.
Tras refrigerar durante unos 30 minutos, el resultado
es una barra con una textura mixta y un perfil de sabor complejo que emula, con
bastante fidelidad, la experiencia sensorial del chocolate Dubái original.
Es la prueba de que, en tiempos de algoritmos, un
producto puede hacerse mundial no por millones de dólares en publicidad, sino
por una buena idea, una buena historia y una buena mordida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Por favor: Se ruega no utilizar palabras soeces ni insultos ni blasfemias, así todo irá sobre ruedas.
Reservado el derecho de admisión para comentarios.