Gustav Klimt
(Baumgarten, Austria, 14 de julio de 1862- Alsergrund, Austria, 6 de febrero de 1918) fue un pintor simbolista, y uno de
los más prestigiosos representantes del movimiento modernista de
Viena.
Klimt
pintó lienzos y murales con un estilo personal muy ornamentado, que también
manifestó a través de objetos de artesanía, reunidos en la Galería de la Secesión Vienesa. Klimt encontró
en el desnudo femenino una de sus más recurrentes fuentes de
inspiración.
Las mujeres (preferiblemente
pelirrojas) eran musas, amantes y catalizadores del simbolismo de Klimt. Símbolos
de la vida y de la muerte; amenazantes y seductoras al mismo tiempo (las
conocidas como femmes fatales). En este sentido su obra se calificó
de «pornográfica» por su lenguaje abiertamente sexual.
Sus
obras están dotadas de una intensa energía sensual. En sus inicios, se formó
dentro de la tradición académica vienesa, desarrollando un
estilo ecléctico y detallista, con un fuerte interés por los
temas históricos y alegóricos. Sin embargo, su búsqueda personal lo llevó
a romper con las convenciones del academicismo y a convertirse en una de las
figuras centrales del movimiento que definiría la modernidad artística del
cambio de siglo: el Modernismo (Art Nouveau).
A
partir de 1909, Klimt inició una etapa de experimentación en la que
perfeccionó el uso del oro, los mosaicos y las texturas
ornamentales inspiradas en el arte bizantino. Este lenguaje visual, lleno de
simbolismo y sensualidad, alcanzó su máxima expresión en obras como El
beso (1907–1908) o Judit (1901), que son la cima
del Modernismo vienés. Su dominio del detalle y la composición transformó el
retrato en una experiencia estética que unía cuerpo, espíritu y decoración.
Los
grandes temas de la obra de Klimt —la sexualidad, el amor y la muerte—
reflejan su visión profundamente humana del arte. Uno de sus cuadros más
célebres, el Retrato de Adele Bloch-Bauer I (1907), sintetiza esa
fusión entre erotismo y espiritualidad.
Klimt
fue también uno de los fundadores de la Secesión de Viena, movimiento que
defendía la libertad creativa frente a las normas académicas. Su influencia se extendió a artistas
como Egon Schiele y Oskar Kokoschka, marcando el inicio de una
nueva sensibilidad en el arte europeo, más introspectiva y emocional.
Hoy,
más de un siglo después, el universo dorado de Gustav Klimt sigue fascinando al
mundo. Sus mujeres miran desde los lienzos con la misma intensidad con la que
fueron pintadas, y sus obras —infinitamente reproducidas en redes, moda y
diseño— demuestran que el tiempo no ha podido borrar su fulgor.
Título original: Der Kuß (El beso)
Museo: Österreichische Galerie Belvedere, Viena (Austria) |
Técnica: Óleo (180 × 180 cm.)
Tesoro
nacional austríaco, El beso de Gustav Klimt es
además la obra más conocida del artista, y una de las estrellas del
Österreichische Belvedere de Viena, donde miles de personas se reúnen cada día
para verlo cara a cara y quedar deslumbrados por esta magnífica creación del
ser humano.
La
obra representa a dos amantes a tamaño natural que están rodeados de oro. Es
un ejemplo claro del “Periodo Dorado” de Klimt, inspirado en los
mosaicos bizantinos que tanto habían impresionado al artista en su viaje a
Rávena.
Los
dos amantes se besan entre una lluvia de oro y una naturaleza
que los cubre de arriba a abajo. Flores y plantas proliferan en sus
cabezas y a sus pies, evocando que todo terreno es fértil si en él se besan dos
apasionados enamorados.
Él
viste un manto con motivos geométricos de rectángulos verticales negros y
grises, muy masculino. Ella tiene una vestimenta mucho más suavizada, sin
aristas, en definitiva más femenina, con círculos y adornos florales, muy
del estilo de otras obras de Klimt
Es un poco inusual que el artista metiera a
una figura masculina en una de sus obras, pero hay quien quiere ver en este
sujeto sin rostro un autorretrato de Klimt y a la mujer a Emilie
Flöge o quizás a Adele Bloch-Bauer. Ambas mujeres ya habías sido
sus modelos.

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