Versos
Versos,
versos, más versos,
versos
para los hombres buenos, sublimes de ideales
y para los perversos;
versos
para los filisteos, torpes e irremisibles
y los poetas de los lagos tersos.
Versos
en los anversos
y en los reversos
de los papeles sueltos y dispersos.
Versos
para los infieles, para los apóstatas
para los conversos,
para los hombres justos
y para los inversos;
versos, versos, más versos,
poetas, siempre versos.
Ahoguemos con versos
a los positivistas
dejándolos sumersos
bajo la enorme ola de los versos,
en ella hundidos, náufragos, inmersos.
Versos
en el santo trabajo cotidiano
y en los momentos tránsfugas, transversos.
Versos tradicionales
y versos nuevos, raros, diversos.
Versos,
versos,
más versos,
versos,
versos,
Y versos,
siempre versos.
De: Evasión, 1918-1919
Gerardo Diego Cendoya. (Santander, 3 de octubre de 1896 -
Madrid, 8 de julio de 1987). Poeta español miembro de la Generación del
27. En 1920 obtiene la plaza de Catedrático de Lengua y Literatura
e imparte clases como profesor de instituto en distintas ciudades españolas.
Su actividad literaria comienza a una edad muy temprana, publicando en 1918 su
primera obra, el cuento La caja del abuelo, en El Diario
Montañés. Su primer libro de poesías, El romancero de la novia, ve
la luz en 1920.
En
1924 le conceden el “Premio Nacional de Literatura”. En Santander dirigió dos
de las más importantes revistas del 27, Lola y Carmen;
eso le sirvió para entablar relaciones con la plana mayor de la generación del
27 y darla a conocer en su posterior famosa antología, Poesía española:
1915-1931, publicada en 1932.
Durante
los siguientes años, ya en la posguerra, el poeta continúa con su actividad
poética con obras como Ángeles de Compostela, Alondra de
verdad o Romances. Mantendrá una intensa actividad, publicando
nuevos libros, viajando y recibiendo numerosos homenajes y premios. En
1962 obtiene el “Calderón de la Barca” por su retablo escénico El cerezo y
la palmera, su incursión en el teatro.
El
gran reconocimiento del autor llega en 1979 con la concesión del “Premio Miguel
de Cervantes”, que comparte con Jorge Luis Borges.
Representó
el ideal del 27 al alternar con maestría la poesía tradicional y la
vanguardista, dentro, sobre todo, del creacionismo, del que se convirtió en uno
de los máximos exponentes.
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