Artículo
de José Miguel Soriano del Castillo,
Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva
y Salud Pública, Universitat de València. Publicado en la revista digital The
Conversation
El 8 de diciembre es el Día de la Inmaculada Concepción, una de
las festividades marianas más extendidas y arraigadas del calendario litúrgico.
Aunque para muchos se trata simplemente de un día festivo que anuncia la
llegada inminente de la Navidad, si se observa con detenimiento, esta fecha ha
actuado durante siglos como un punto de inflexión cultural: marca el inicio de
un tiempo de preparación, de expectación y, sobre todo, de una profunda
transformación alimentaria que todavía hoy podemos rastrear en los hábitos
gastronómicos de diversos países.
Una tradición que empieza en los conventos
En España, buena parte de la relación
entre la Inmaculada y la alimentación se forjó en los conventos de clausura,
muchos de los cuales llevan siglos bajo la advocación de la Purísima. La
repostería conventual, una de las joyas gastronómicas españolas, surgió como una actividad económica esencial para la vida
monástica. Dulces como las yemas, los mazapanes o los mantecados se elaboraban en estas fechas
y comenzaban a venderse precisamente alrededor del 8 de diciembre, anticipando
la llegada de la Navidad.
La iconografía mariana y
la gastronomía: el simbolismo del blanco
Además, la Inmaculada es la advocación que
representa la pureza original de María, un concepto ligado históricamente al
color blanco. Este simbolismo ha convivido durante siglos con alimentos
considerados “puros” o “nutritivos”, especialmente aquellos asociados a la
maternidad y la protección.
La leche, presente en numerosas escenas
marianas medievales, simbolizaba alimento sagrado, vínculo entre madre e hijo.
La almendra, blanca bajo su cáscara, se convirtió en base de muchos de los
dulces emblemáticos de diciembre: mazapanes, peladillas o turrones. Y en algunos
conventos, preparaciones como las yemas blancas o los bollos glaseados
reforzaban esta estética luminosa, vinculando lo culinario a lo espiritual.
Al observar la gastronomía de diciembre
desde esta óptica, aparece con claridad cómo la cultura alimentaria europea
integró, durante siglos, un lenguaje religioso en aquello que se comía y en
cómo se comía.
Principio del “maratón
gastronómico navideño”
Aunque hoy los supermercados exhiben
turrones desde octubre, la realidad antropológica es diferente.
Tradicionalmente, el 8 de diciembre marcaba el principio de la decoración
navideña, la compra de dulces, la preparación de platos festivos y los
encuentros en torno a la mesa. Era, en la práctica, el “kilómetro cero” de la
Navidad gastronómica, el inicio de lo que podríamos denominar el “maratón
nutricional navideño”.
La
Inmaculada y el desafío nutricional del diciembre moderno
Esto plantea dos retos. El primero es la
moderación: los dulces conventuales o caseros, consumidos puntualmente, no
representan un riesgo significativo; el problema aparece cuando se integran en
la dieta diaria durante varias semanas.
El segundo reto es la gestión de la
abundancia: la apertura del ciclo gastronómico navideño invita a revisar cómo
comemos y cuál es el papel cultural de estos alimentos, para encontrar un
equilibrio entre tradición y salud.
Una
festividad religiosa con impacto cultural, económico y alimentario
Así pues, el Día de la Inmaculada no es
solo un episodio devocional: es un marcador cultural que ha influido en la
tradición culinaria de España y de buena parte de América Latina durante
siglos. Desde la repostería monástica hasta los dulces fritos italianos
preservados en el continente americano, desde los simbolismos iconográficos
hasta los desafíos nutricionales contemporáneos, esta festividad modela
prácticas alimentarias que aún hoy permanecen vivas.
Cada 8 de diciembre, las mesas, en
cualquier parte del mundo, siguen recordándonos que la gastronomía es un
territorio donde la historia, la identidad y el placer se entrelazan. Y que,
más allá de la devoción mariana, esta fecha sigue siendo el punto exacto donde
comienza, simbólicamente, la Navidad.
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