Artículo de Francisco López Muñoz, Profesor Titular de Farmacología y Vicerrector de Investigación y Ciencia, Universidad Camilo José Cela y José Antonio Guerra Guirao, Profesor de Farmacología y Toxicología. Facultad de Farmacia. Universidad Complutense de Madrid.
En la pasada reunión del Comité de
Farmacovigilancia para la Evaluación de Riesgos (PRAC) de la Agencia Europea de
Medicamentos (EMA), celebrado a finales de septiembre, se acordó recomendar a
las agencias nacionales de medicamentos de los países europeos que incluyeran
una nueva advertencia en la ficha técnica y
en los prospectos de los medicamentos analgésicos que contienen una combinación
a dosis fijas de codeína e ibuprofeno.
El objetivo es advertir al consumidor de
la posible aparición de lesiones renales, daños gastrointestinales y
alteraciones metabólicas, junto a fenómenos de abuso y dependencia a la
codeína, cuando estos fármacos se administran a dosis superiores a las
recomendadas o durante un periodo de tiempo muy prolongado. La advertencia de
la EMA se fundamenta en numerosos casos comunicados a las autoridades
sanitarias de diferentes países europeos, incluidos algunos de desenlace
mortal.
El anuncio ha sorprendido porque se trata
de fármacos analgésicos de
uso muy habitual. El ibuprofeno es un antiinflamatorio de la familia
de los denominados no esteroideos (AINE), mientras que la codeína es un agente
opioide de los considerados de baja potencia. Lo más común es que se utilicen
solos, pero también se combinan en ocasiones, por ejemplo en el
marco de protocolos de analgesia postoperatoria o por parte de especialistas en
dolor crónico.
Perfil de seguridad del ibuprofeno y la
codeína
El ibuprofeno es un AINE perteneciente a
la familia química de los derivados del ácido propiónico. Su efecto analgésico
y antiinflamatorio se debe a su capacidad para bloquear la síntesis de unos
mediadores celulares (prostaglandinas), mediante la inhibición de las dos
formas de la enzima ciclooxigenasa, COX-1 y COX-2.
Pero resulta que este mismo mecanismo es
el responsable de los problemas de seguridad de este tipo de fármacos, como
lesiones gastrointestinales (al disminuir la protección de la mucosa gástrica),
renales (por disminución del flujo sanguíneo renal) y, en menor medida,
cardiovasculares (al favorecer la agregación plaquetaria y la formación de
trombos). Todo ello puede dar lugar a un incremento de la mortalidad secundaria
por hemorragias digestivas o perforaciones intestinales, insuficiencia
coronaria o renal, y accidentes cerebrovasculares. La dosis tóxica del
ibuprofeno es de 100 mg/kg, y por encima de 400 mg/kg existe ya
riesgo vital.
En cuanto a la codeína, es un fármaco
opioide que, entre otras indicaciones, se encuentra autorizado como analgésico,
bien solo o combinado con otros principios activos. Tanto sus efectos
terapéuticos como sus efectos tóxicos se relacionan con su acción estimulante
de los receptores opioides de tipo µ, aunque presenta por ellos una menor
afinidad que la morfina y otros agentes opioides. Por ello, posee una acción
analgésica moderada-débil. Además, está indicada en tratamientos de la tos
(antitusígeno) o como antidiarreico, al disminuir la motilidad intestinal.
Hay que tener presente que el efecto
farmacológico de la codeína se debe a su transformación en morfina por las
enzimas hepáticas. Eso implica que en función de la expresión genética de las
enzimas en cada persona, existe una gran variabilidad en la respuesta
terapéutica o tóxica a este fármaco.
Así, las personas que expresan una gran
cantidad de estas enzimas (llamadas “metabolizadoras ultrarrápidas”) pueden
generar unos niveles muy altos de morfina y presentar cuadros tóxicos más
intensos. De hecho, en 2015 el PRAC realizó una revisión de la seguridad de la codeína, sobre todo en
niños, concluyendo que los menores de 12 años de edad presentan un
mayor riesgo de sufrir reacciones adversas tras la administración de codeína,
sobre todo los metabolizadores ultrarrápidos (un 10 % de la población
caucásica).
Los peligros de la codeína
Los efectos tóxicos de los opioides pueden
ser muy graves, incluso mortales. Entre otras cosas porque ocasionan depresión
respiratoria (bradipnea/apnea) y depresión del sistema nervioso central
(sedación o coma). Además, el uso prolongado de los mismos, incluyendo a la
codeína, a pesar de ser considerada un opioide débil, puede provocar tolerancia y dependencia.
Las muertes relacionadas con el consumo de
codeína han aumentado en las últimas décadas. Una proporción importante del
aumento se deriva de sobredosis accidentales, sobre todo en pacientes con
historial de problemas de abuso de sustancias, uso de drogas inyectables y
diagnosticados de dolor crónico. Las dosis
máximas toleradas de codeína son 360 mg/día (en
preparaciones de liberación inmediata) y 600 mg/día (en formulaciones de
liberación controlada).
¿Es seguro combinar ibuprofeno y codeína?
Cuando se consumen simultáneamente estos
dos fármacos, sobre todo a dosis altas o durante un periodo prolongado, el
riesgo de ocasionar un daño renal se incrementa. Esto se traduce en una
disminución del funcionamiento de los riñones (insuficiencia renal) que
dificulta la eliminación de las sustancias ácidas presentes en la circulación
sanguínea hacia a la orina. Esta insuficiencia renal también ocasiona niveles
muy bajos de potasio en la sangre (hipopotasemia), lo que a su vez puede causar
síntomas como debilidad muscular y mareos.
Adicionalmente, al dificultar la
eliminación renal de ambos fármacos, aumentan sus concentraciones plasmáticas
y, por tanto, se potencia el riesgo de toxicidad que tenían por separado. Esta
problemática, evidentemente, es más acusada en pacientes de edad avanzada.
Por todo ello, la medida tomada por la EMA
parece bastante adecuada y pertinente. Máxime cuando, en muchas ocasiones, los
agentes analgésicos son consumidos de una forma excesiva y algunos de ellos,
como precisamente la codeína y el ibuprofeno, son considerados por muchos
consumidores como fármacos inocuos que apenas generan problemas de seguridad.
Esto ocurre, sobre todo, en países donde estos medicamentos se dispensan sin
prescripción médica (que es donde más casos de toxicidad por esta combinación
se han comunicado).
En cualquier caso, estas medidas de
farmacovigilancia, sin generar ningún tipo de alarma excesiva en la población,
siempre deben ser bienvenidas, en aras de una mayor seguridad en el consumo de
medicamentos.
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