21 julio 2020

UN VERANO MARCADO POR LA DIFERENCIA

El 20 20 de la anualidad continúa marcando hitos, de difícil calificación para los archivos de nuestra memoria. Con admirable y paciente esfuerzo, los ciudadanos asumimos una Primavera “fantasma”. Y ahora tratamos de ir dando forma a un Verano, inevitablemente marcado por la diferencia. Casi todo parece diferente, aunque tratemos de darle o vestirle con el entrañable ropaje de la normalidad. Pero la realidad es bien tozuda. Aunque los gestores que nos administran vayan dosificando o “abrumándonos” con normas, leyes y decretos permisivos, los antiguos hábitos y costumbres difícilmente se pueden implementar desde un despacho, ante esa ineludible y peligrosa convivencia con un virus indeseado, hostil y visceral contra lo humano y sin la posesión de una pócima eficaz que lo aniquile o aletargue.

Se nos arenga con esa lógica consigna que a todos suena bien: hay que salvar la maltrecha economía, como “segunda” prioridad (es obvio que todos sabemos cual es la “primera”). Entonces abrimos los aeropuertos. Permitimos el 100 % en la ocupación de los restaurantes, las cafeterías y los medios de transporte. Los comercios de todo tipo ya están en plenas rebajas. Se “suavizan” aquellos rígidos metros fronterizos entre las familias que descansan sobre la arena de las playas. Desaparecen horarios y confinamientos y las ofertas de viajes, por supuesto nacionales, no cesan de aparecer en las páginas de Internet… Gratísima tolerancia para la “normalidad” pero con una innegociable condición: desde los seis años, todos con mascarilla, a modo de escudo protector, aunque los termómetros marquen cifras que se acercan o superan las tres decenas de grados centígrados. Y amplia difusión gratuita de geles, con diferente aroma, textura y dosificación. La desinfección y suavidad de nuestras manos es manifiesta.

Pero, como decíamos supra, la realidad es un tanto rebelde al poderío del decreto. Llegas al aeropuerto y además de no poder entrar en el edificio (como no lleves un billete de vuelo en tu mano) te encuentras su “macrio” aparcamiento, ese que generaba tan suculentos dividendos, cerrado a cal y canto. Blindado. Si llevas a un familiar en el coche, te dan 15 minutos de gracia en el parking VIP o Exprés  para despedirte de él, pero sin poder acompañarlo a franquear la puerta de entrada en el monumental recinto. El porcentaje de los vuelos desde el extranjero ha decrecido hasta cifras desconocidas por la costumbre. Y estamos en Julio. Muchos tiemblan, ante lo que pueda ocurrir con los viajes aéreos a partir de septiembre.

Te desplazas a un gran centro comercial y ves que las multinacionales de las franquicias ya han instalado los grandes carteles ofertando las rebajas veraniegas. Pero dentro de las tiendas sólo hay algunos clientes, para tan grandes espacios. Miras el reloj y compruebas que son las siete o las ocho de la tarde. Los más avisados y despiertos empresarios negocian a “toda pastilla” las ventas on-line. Encargas desde tu ordenador el artículo y vas a recogerlo en el corto plazo de una hora. O te lo llevan a casa de forma gratuita, si la compra supera los 30 euros de coste. La telemática se aplica, ya sin mesura, para todo: en lo comercial, en la sanidad, en lo educativo, en lo afectivo, en lo político, y en el ámbito cultural. Algunos periodistas escriben que las salas de los cines, sólo aquellas pocas que tímidamente han abierto sus puertas, con “estrenos” como Apocalipsis Now o Cinema Paradiso, están prácticamente vacías de asistentes. Los grandes hoteles permanecen cerrados, a pesar de los decretos permisivos. Por cierto ¿has visto alguna agencia de viaje, con las persianas levantadas y a su personal presto a recibir clientela?

Porque frente a esa ansiada búsqueda de la “nueva” normalidad, que imite a la “antigua” normalidad, el “indeseado” sigue campando sin freno por toda la geografía mundial. Y se ha buscado un término floral o vegetativo para darle más belleza a lo patético: el rebrote. En los medios de comunicación escrita, visual o radiofónica, ya tenemos los mapas de esa nueva y peligrosa “agricultura de la pandemia” que germina con insolencia en los lugares, momentos y circunstancias más insospechadas, contra toda clase de personas.

Y pegas el oído a esas frases que inevitablemente escuchas en calles, ascensores o terrazas de los bares (que ya han “tomado” con el permiso municipal las aceras y espacios peatonales del espacio urbano). Antes se preguntaba, por estas fechas ¿a dónde vais a ir este verano? Interrogante que ahora ha cambiado de matiz: ¿Qué vas a hacer este verano? Aquellas arrogantes respuestas de ostentosos lugares exóticos, lejanos o de gran monumentalidad lúdico-cultural, ahora se han mutado en entrañables y próximos destinos nacionales, a ser posible vinculados a esos gratos entornos de la naturaleza, la del árbol, la montaña y la casa rural. También las playas, pues España tiene un entorno costero verdaderamente precioso (aunque dudosamente saneado, a pesar de las banderas azules) que nunca es tarde para descubrir y disfrutar.

Y este verano, muy diferente de aquellos otros estíos de la “fanfarria” consumista, festiva y viajera, por supuesto que se nos presenta con ilusión, prudencia y sencillez.  ¿Tendrá incentivos suficientes para el disfrute y para la recuperación, en lo posible, del cuerpo y del ánimo?

Es verdad que esta muy dura experiencia, que aún nos asola, sin embargo y como contraste, viene acompañada de interesantes beneficios que con inteligencia, imaginación y humildad pueden ser verdaderamente terapéuticos para nuestras alocadas y desordenadas existencias. La pandemia nos está ayudando ¡quién lo diría! a implementar en nuestros modelos de vida un mayor sosiego y tranquilidad para nuestras respuestas; una racional relativización de los problemas, que hasta hace poco banalmente tanto nos afectaban y alteraban nuestra cotidianidad; una valoración más inteligentes de esas opciones que antes despreciábamos y que ahora consideramos verdaderamente sustanciales, próximas y trascendentes, para sentirnos mucho mejor; una mayor fraternidad y sinceridad en nuestras relaciones sociales, priorizando la amistad como principio universal; una vuelta a la verde y mágica naturaleza, como espacio que tonifica nuestros cuerpos y enriquece nuestros espíritus, alterados por todos esos montajes “trileros” de lo insustancial; un nuevo descubrimiento de los entornos hispanos, que tienen mucho que decir, narrar y sugerir y, por supuesto, para gozar.

En definitiva, de las más complejas adversidades y desgracias, es positivo, prudente, racional, imaginativo, útil y atractivo, sacar consecuencias operativas y educativas, que nos hagan ser algo, un mucho mejores. El “indeseado” ha venido cargado de no poco dolor en sus alforjas pero, en su microscópica voracidad, no ha reparado en la generación de un efecto respuesta y paralelo: está colaborando en hacer posible ese mundo más humanizado, a la vez humilde y valiente, que tanto necesitamos y ansiamos para enriquecer nuestras vidas.-

José L. Casado Toro

Julio, 2020.

 

 


1 comentario:

  1. Ante la inminente debacle de la economía, hemos querido inventar una nueva normalidad engañandonos a nosotros mismos que no somos capaces de obedecer las mínimas medidas de prevención y pronto veremos el despertar del monstruo que sólo estaba dormido.

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