Cuesta hacerse a la idea de que hemos
llegado a una nueva normalidad teniendo en cuenta, además, que lo normal
no necesita adjetivos. En fin, nuestros dirigentes tienen gran capacidad para crear nuevos conceptos
con los que revestir la realidad que nos ha tocado vivir —tan alejada de la
habitual— y tratar de edulcorarla. Si recurrimos a nuestro refranero, habrá que
recordar que aunque la mona se vista de seda…
Convendremos
en que es bastante nuevo salir a la calle cubierto con una mascarilla,
saludarse con un choque de codos y hacer colas para que te atiendan en el
Banco, en la mercería, o para comprar el pan.
Por fortuna, en los supermercados, y normalizadas ya las existencias de
papel higiénico, ha regresado la fluidez del tráfico en los pasillos, al menos
en el que yo frecuento. Ahora bien, llamar a esto normalidad me parece excesivo.
Efectivamente, estamos viviendo un
período de dolorosas novedades. Reunirte con tu familia cada uno sentado en
distintas esquinas del salón, sin un abrazo previo o un beso, y sentarse
alrededor de una mesa —en contadísimas ocasiones— con una sensación de culpa y
de temor por estar, en parte, contraviniendo lo que aconsejan nuestros
científicos.
Esto nos hará mejores… Saldremos más fuertes… No dejaremos a nadie atrás… Me asombran los eslóganes creados para esta extraña situación, que nunca pensamos pudiera ocurrir, y que nos ha caído encima como una losa de la que quisiéramos liberarnos, aunque no sabemos cómo.
Recuerdo
aquellos otros del famoso Mayo francés de 1968, tan alejado ya en el tiempo. Seamos razonables, pidamos lo imposible… La
imaginación al poder….
Ahora,
transcurridos cincuenta y dos años de aquellos lemas tan ingeniosos, parece que
comienzan a cumplirse. Pedimos que Europa nos regale cifras escalofriantes sin
ninguna contraprestación y desde el poder se emplea la imaginación para llamar a
las cosas de manera diferente a como son. Conviene intervenir con anestesia.
Pues nada, a esperar otros cincuenta
años para que esta pandemia
nos
haga mejores, más fuertes, y por supuesto, sin
dejar a nadie atrás.
Que ustedes tengan un nuevo y buen
verano. Se lo deseo de corazón.
MAYTE
TUDEA.


Mayte, tus palabras están llenas de lógica y verdad. Estos nuevos eufemismos que crean unos y alientan otros, no van a disolver esta realidad que es de todo menos normal, la llamen como la llamen. Enhorabuena por tu artículo.
ResponderEliminarCon la nueva normalidad no hacemos más que engañarnos a nosotros mismos. No estamos preparados para esta nueva normalidad y el número de contagios diarios nos lo está recordando.
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