24 julio 2020

UN VERANO DISTINTO

         Cuesta hacerse a la idea de que hemos llegado a una nueva normalidad teniendo en cuenta, además, que lo normal no necesita adjetivos. En fin, nuestros dirigentes tienen  gran capacidad para crear nuevos conceptos con los que revestir la realidad que nos ha tocado vivir —tan alejada de la habitual— y tratar de edulcorarla. Si recurrimos a nuestro refranero, habrá que recordar que aunque la mona se vista de seda…

         Convendremos en que es bastante nuevo salir a la calle cubierto con una mascarilla, saludarse con un choque de codos y hacer colas para que te atiendan en el Banco, en la mercería, o para comprar el pan.  Por fortuna, en los supermercados, y normalizadas ya las existencias de papel higiénico, ha regresado la fluidez del tráfico en los pasillos, al menos en el que yo frecuento. Ahora bien, llamar a esto normalidad me parece excesivo.

         Efectivamente, estamos viviendo un período de dolorosas novedades. Reunirte con tu familia cada uno sentado en distintas esquinas del salón, sin un abrazo previo o un beso, y sentarse alrededor de una mesa —en contadísimas ocasiones— con una sensación de culpa y de temor por estar, en parte, contraviniendo lo que aconsejan nuestros científicos.

         Esto nos hará mejores… Saldremos más fuertes… No dejaremos a nadie atrás… Me asombran los eslóganes creados para esta extraña situación, que nunca pensamos  pudiera ocurrir, y que nos ha caído encima como una losa de la que quisiéramos liberarnos, aunque no sabemos cómo.   

         Recuerdo aquellos otros del famoso Mayo francés de 1968, tan alejado ya en el tiempo.  Seamos razonables, pidamos lo imposible… La imaginación al poder….



         Ahora, transcurridos cincuenta y dos años de aquellos lemas tan ingeniosos, parece que comienzan a cumplirse. Pedimos que Europa nos regale cifras escalofriantes sin ninguna contraprestación y desde el poder se emplea la imaginación para llamar a las cosas de manera diferente a como son. Conviene intervenir con anestesia.

         Pues nada, a esperar otros cincuenta años para que esta pandemia

nos haga mejores, más fuertes, y por supuesto, sin dejar a nadie atrás.

         Que ustedes tengan un nuevo y buen verano. Se lo deseo de corazón.

MAYTE TUDEA.


2 comentarios:

  1. Mayte, tus palabras están llenas de lógica y verdad. Estos nuevos eufemismos que crean unos y alientan otros, no van a disolver esta realidad que es de todo menos normal, la llamen como la llamen. Enhorabuena por tu artículo.

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  2. Con la nueva normalidad no hacemos más que engañarnos a nosotros mismos. No estamos preparados para esta nueva normalidad y el número de contagios diarios nos lo está recordando.

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Por favor: Se ruega no utilizar palabras soeces ni insultos ni blasfemias, así todo irá sobre ruedas.
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