Parte I
Cautivo y desarmado……
(una historia casi verídica)
Entre 1931 y 1936 se vivió una etapa de inestabilidad en toda España; y
esto fue más acusado en los pueblos pequeños: vecinos, amigos y familiares se
fueron enfrentando poco a poco hasta que esos enfrentamientos, al principio
verbales, en algunos casos terminaron en violencia. Mi pueblo, al igual que
casi toda la provincia, había quedado en la zona controlada por el
Frente Popular, donde, en muchos casos, el poder estaba en manos de incontroladas
“milicias republicanas”. En estos
pueblos la religión, la gente culta, el empresario y la gente
conservadora estaban en peligro.
Mis padres, al empezar la Guerra y viendo el cariz que iba tomando la
convivencia, decidieron ir a vivir una temporada a un pequeño pueblo de
la provincia de Córdoba, limítrofe con la de Jaén. Con ellos se llevaron a los
dos hijos pequeños: Mercedes y José Ramón. Allí estuvieron hasta que la contienda
terminó. Al mayor le pilló en Burgos y al segundo en Valencia.
A mí pronto me alistaron en el ejército republicano con los de mi quinta de
1920, la llamada “Quinta del Biberón”; jóvenes de apenas 17 años que sin
preparación alguna, fuimos alistados para ir al frente. Junto a mi amigo de la
infancia “Tobal” y otros jóvenes del pueblo, nos llevaron en un destartalado
camión a la estación del ferrocarril, allí nos montamos en un tren que nos
trasladó hasta Iznalloz; vuelta a montar en una camioneta para ir a Velez de
Benaudalla, y después a nuestro destino: una compañía que vigilaba parte de la
costa granadina, en Castell De Ferro, del subsector de Vélez de Benaudalla,
bajo las órdenes del Coronel Salafranca Barrio. Yo, que era de tierra adentro,
no olvidaré nunca la impresión que me produjo ver el mar por vez primera, así
como su olor y el ruido de las olas.

Esta era una zona relativamente tranquila, aunque el 23 de mayo de
1938 ocurrió un acto militar denominado “Operación Carchuna”. Un comando
de mi compañía, mandados por los tenientes José y Joaquín Fernández, se
trasladaron en lancha, de noche, hasta la cercana población de Carchuna, donde
había un castillo en el que estaban, presos de los nacionales, 300 soldados del
ejército republicano. En un golpe de mano perfecto, los liberaron para que, al
abrigo de la noche, huyeran y pasaran la cercana línea del frente para ponerse
a salvo. El comando regresó a Castell De Ferro sin incidencias.
Al poco nos trasladaron a una posición cercana al Puerto de la Mora, para
controlar el paso de Granada hacia Murcia (la carretera de Murcia). La posición
era en lo alto de un cerro. Allí pasamos mucho miedo, mucho frío y mucha
hambre. Apenas llegaban provisiones, y a veces tuvimos que alimentarnos con
raíces, lagartos, serpientes, conejos y ratas, que por allí había. En Granada
capital, había triunfado el golpe de estado de Franco, pero no así en muchas
zonas de la provincia, como en las que yo estuve. Allí permanecimos hasta que
las fuerzas del ejército nacional conquistaron toda la provincia de
Granada.

Al rendirse el mando republicano, fuimos detenidos y llevados presos a la
capital granadina. Nos encerraron en uno de los varios campos de concentración
habilitados; en concreto, a nosotros nos llevaron a la antigua Plaza de Toros,
(“La Chata”, que luego fue demolida en 1948. Hoy ocupan su lugar los jardines
del Triunfo), junto a más de 3.500 soldados. La condena era a muerte, pero,
excepto jefes y oficiales, milagrosamente muchos nos salvamos; en cambio,
la gran mayoría de los mandos fueron fusilados. Enterado de nuestra situación,
mi hermano Juan Antonio, que pertenecía al ejército de Franco, se presentó en
Granada y logró la libertad para los que allí quedábamos del grupo de mi pueblo.
Volví a casa por poco tiempo…..
Pedro J. Tíscar Marín
Julio de 2020
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