28 julio 2020

La "QUINTA DEL BIBERÓN" en la Guerra Civil. 1ª parte

Parte I

Cautivo y desarmado……

(una historia casi verídica)

 

Entre 1931 y 1936 se vivió una etapa de inestabilidad en toda España; y esto fue más acusado en los pueblos pequeños: vecinos, amigos y familiares se fueron enfrentando poco a poco hasta que esos enfrentamientos, al principio verbales, en algunos casos terminaron en violencia. Mi pueblo, al igual que casi toda la provincia,  había quedado en la zona controlada por el  Frente Popular, donde, en muchos casos, el poder estaba  en manos de incontroladas  “milicias republicanas”. En estos pueblos la religión, la gente culta,  el empresario y la gente conservadora estaban en peligro.  

Mis padres, al empezar la Guerra y viendo el cariz que iba tomando la convivencia, decidieron ir a vivir una temporada a  un pequeño pueblo de la provincia de Córdoba, limítrofe con la de Jaén. Con ellos se llevaron a los dos hijos pequeños: Mercedes y José Ramón. Allí estuvieron hasta que la contienda terminó. Al mayor le pilló en Burgos y al segundo en Valencia. 

A mí pronto me alistaron en el ejército republicano con los de mi quinta de 1920, la llamada “Quinta del Biberón”; jóvenes de apenas 17 años que sin preparación alguna, fuimos alistados para ir al frente. Junto a mi amigo de la infancia “Tobal” y otros jóvenes del pueblo, nos llevaron en un destartalado camión a la estación del ferrocarril, allí nos montamos en un tren que nos trasladó hasta Iznalloz; vuelta a montar en una camioneta para ir a Velez de Benaudalla, y después a nuestro destino: una compañía que vigilaba parte de la costa granadina, en Castell De Ferro, del subsector de Vélez de Benaudalla, bajo las órdenes del Coronel Salafranca Barrio. Yo, que era de tierra adentro, no olvidaré nunca la impresión que me produjo ver el mar por vez primera, así como su olor y el ruido de las olas. 

                                                        


Esta era una zona relativamente tranquila, aunque el 23 de mayo de 1938  ocurrió un acto militar denominado “Operación Carchuna”. Un comando de mi compañía, mandados por los tenientes José y Joaquín Fernández, se trasladaron en lancha, de noche, hasta la cercana población de Carchuna, donde había un castillo en el que estaban, presos de los nacionales, 300 soldados del ejército republicano. En un golpe de mano perfecto, los liberaron para que, al abrigo de la noche, huyeran y pasaran la cercana línea del frente para ponerse a salvo. El comando regresó a Castell De Ferro sin incidencias. 

Al poco nos trasladaron a una posición cercana al Puerto de la Mora, para controlar el paso de Granada hacia Murcia (la carretera de Murcia). La posición era en lo alto de un cerro. Allí pasamos mucho miedo, mucho frío y mucha hambre. Apenas llegaban provisiones, y a veces tuvimos que alimentarnos con raíces, lagartos, serpientes, conejos y ratas, que por allí había. En Granada capital, había triunfado el golpe de estado de Franco, pero no así en muchas zonas de la provincia, como en las que yo estuve. Allí permanecimos hasta que las fuerzas del ejército nacional conquistaron toda la provincia de Granada. 

                                                            


Al rendirse el mando republicano, fuimos detenidos y llevados presos a la capital granadina. Nos encerraron en uno de los varios campos de concentración habilitados; en concreto, a nosotros nos llevaron a la antigua Plaza de Toros, (“La Chata”, que luego fue demolida en 1948. Hoy ocupan su lugar los jardines del Triunfo), junto a más de 3.500 soldados. La condena era a muerte, pero, excepto jefes y oficiales,  milagrosamente muchos nos salvamos; en cambio, la gran mayoría de los mandos fueron fusilados. Enterado de nuestra situación, mi hermano Juan Antonio, que pertenecía al ejército de Franco, se presentó en Granada y logró la libertad para los que allí quedábamos del grupo de mi pueblo. Volví a casa por poco tiempo…..

                                                            

 

 

Pedro J. Tíscar Marín

Julio de 2020


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