19 octubre 2024

UN POEMA PARA EL SÁBADO: EMILY DICKINSON

 

La Esperanza

La esperanza es una cosa con plumas
que se posa en el alma
y canta una canción sin letra,
y nunca, nunca se calla.
Y más dulce suena en el vendaval;
Y muy fuerte tiene que ser la tormenta
para acallar a ese pajarillo
que a todos nos alienta.
La oí en las tierras más frías
y en el más lejano mar;
aunque nunca me pidió una migaja
ni en la mayor adversidad.

 

Emily Dickinson (1830-1886), nació en Amherst, una pequeña ciudad de Massachusetts, en el seno de una familia influyente (su padre, Edward, abogado eminente, era diputado en el Congreso de Estados Unidos). Después de haber estudiado en la Academia de Amherst, en 1847 entró en el Seminario femenino de Mount Holyoke, aunque interrumpió sus estudios al año siguiente, afectada por una fuerte nostalgia por su familia y el paisaje natal. Excluidas algunas breves estancias en Washington, Filadelfia y Boston, llevó una vida retirada y solitaria en la casa paterna de Amherst, ocupándose del jardín, escribiendo poesía y manteniendo una extensa correspondencia con amigos y tutores.

Autora de 1.789 poemas, esta escritora es considerada uno de los pilares de la literatura estadounidense moderna y una de las mejores poetas de la literatura universal. Su obra denota una extraordinaria capacidad para observar el mundo a su alrededor, desde el sutil zumbido de una abeja hasta el carácter inapelable de la muerte. Compuso todos sus poemas a lápiz en pequeños trozos de papel que su hermana Lavinia encontró y publicó tras su muerte.

Los poemas se publicaron en varias ediciones, siguiendo un orden completamente arbitrario (ya que la autora nunca puso fecha a sus versos) y quedando divididos en cuatro grupos: Vida, Naturaleza, Amor y, por último, Tiempo y eternidad.


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