Artículo de José Alberto Moráis Morán, Profesor Titular de Universidad,
Universidad de León y María Dolores
Teijeira Pablos, Catedrática de Historia del Arte, Universidad de León.
Publicado en la revista digital The Conversation.
La Edad Media es el periodo histórico-artístico comprendido desde
el surgimiento del cristianismo en Europa occidental a partir del siglo IV
hasta la época del arte gótico, durante los siglos XIII al XV. Es un tiempo
que, tradicionalmente, aparece imaginado en el cine, las series de televisión,
la literatura y la pintura romántica como una etapa oscura, siniestra, azotada por las enfermedades
pandémicas que asolaban Europa, con
ciudades y edificios sucios e insalubres y rodeada de una evidente falta de
higiene.
En la novela y
el filme El nombre de la rosa los edificios son tétricos y lóbregos, en la
serie Juego de Tronos (que, aunque situada en un mundo imaginario, bebe de
las referencias medievales) la guerra, la violencia y la muerte dominan la
sociedad.
Incluso
en Los pilares de la Tierra se dice que las construcciones románicas se idearon
como ejemplos de una arquitectura tosca y sombría. El Medievo, que comienza con
las oleadas atacantes de los mal llamados pueblos bárbaros, se nos ha
presentado siempre lleno de calles embarradas, palacios fríos, muros de áspera
piedra y un ambiente plomizo.
Sin embargo, la investigación realizada por los medievalistas en
las últimas décadas, conjugada con las nuevas técnicas de reconstrucción
digital, ha permitido romper esos mitos y presentarnos un mundo más acorde con
la realidad. A partir del estudio de las fuentes escritas, las arqueológicas y,
sobre todo, los objetos materiales y los edificios, aparece ante nosotros un
panorama brillante.
Destellos en la Alta Edad Media
La mayoría de los expertos consideran que el arte y la
arquitectura medievales surgen en el siglo IV, con edificios que en muchos
casos llegaron hasta nuestros días muy modificados e incluso destruidos.
Desde España, expertos como Pablo Aparicio Resco han reconstruido,
por ejemplo, la basílica que el emperador Constantino levantó en San
Pedro del Vaticano (Roma), demolida y
sepultada por la construcción moderna que hoy vemos. Siguiendo una indagación
histórica, los datos obtenidos fueron trasladados a las nuevas tecnologías y
así se pudo idear una imagen virtual del edificio.
En su interior todo era color, brillo,
suntuosidad, esbeltas proporciones y ventanales que daban luz. El edificio, con
sus mármoles, mosaicos, textiles y otros elementos, desmiente rotundamente el
mito de la arquitectura medieval como espacio oscuro y siniestro.
Todos los edificios de la Alta Edad Media
estaban pintados con colores saturados y resplandecientes, a pesar de que el
paso de tiempo ha borrado los frágiles murales.
Un
proyecto llevado a cabo por el diario asturiano La Nueva España aunó
los esfuerzos de informáticos y diseñadores digitales con expertos
internacionales en arte del antiguo reino de Asturias durante el siglo IX. Esta
colaboración, puesta en práctica en
el interior de la iglesia prerrománica de San Julián de los Prados, dio nueva vida a un conjunto pictórico
que, en su estado actual, dista mucho de la exuberancia cromática que tuvo en
su día recién pintado. En la iglesia, además, los muros acogieron imágenes de
edificios imaginarios, es decir, arquitecturas fingidas y cortinajes hoy muy
difíciles de percibir.
No se trata, en ninguno de los casos que
mencionamos, de reconstrucciones fantásticas para un público de masas, sino del
fruto de trabajos de documentación realizados por los estudiosos durante años.
Las iglesias de los monasterios de estas
etapas, las basílicas y las catedrales no fueron lóbregas ni sus muros fríos.
Incluso cuando ha desaparecido íntegramente la construcción, como en el caso de
la catedral románica de Gerona, los trabajos de Gerardo Boto, Marc Sureda y Pablo Aparicio han generado una imagen esplendorosa
de su interior. Allí, todo refulgía: los muros pintados, los baldaquinos de oro
y plata, las telas ricas y la luz que, mediante velas y candelas, iluminaba
cada recoveco.
El gótico, las catedrales y la luz
Las grandes
catedrales góticas aparecen muchas veces presentadas como espacios siniestros. Así
se describe la catedral parisina en la novela Nuestra Señora de París de Víctor Hugo (1831) y se visualiza en la adaptación
de Disney El jorobado de Notre-Dame (1996).
Pero nada más lejos de la realidad. La arquitectura levantada
entre los siglos XII y XV, prodigiosa técnicamente, permitió la apertura de
grandes ventanales cubiertos con vidrieras policromadas. Estas proyectaron
haces centelleantes en su interior, acariciando los muros, pilares y el
mobiliario litúrgico de esos edificios. La luz dentro de los templos góticos
generaba una atmósfera que potenciaba la vivencia espiritual del fiel en su
acercamiento a Dios.
Los bienes muebles, por su fragilidad, desaparecieron en muchas
ocasiones. Pero los concienzudos estudios de investigadores como Fernando
Gutiérrez Baños han permitido
visualizar cómo eran, por ejemplo, los retablos y tabernáculos de esos
espacios. Lo han conseguido aplicando técnicas de reconstrucción digital y
recomponiendo elementos dispersos o destruidos.
Las telas, los tapices y textiles, cubrían muros, suelos y
altares, generando una imagen suntuosa. Muchos de esos elementos se perdieron
fruto de incendios, humedades y robos. Las catedrales de Zamora y Palencia,
entre otras muchas, conservan importantes obras artísticas de cronología gótica
(siglos XIV y XV), donde los artistas usaron colores –rojos, amarillos y
verdes– de gran impacto visual. El uso de las nuevas tecnologías ha permitido
ubicarlos en sus lugares originales.
Ese es el caso del trascoro de la catedral palentina, donde se ha revivido el espacio que el obispo Juan
Rodríguez de Fonseca ideó en los primeros años del siglo XVI, conjugado con la presencia de tablas pintadas.
El color estaba en todas partes
La pintura medieval, por su delicadeza y fragilidad, ha sido
objeto de estudios científicos que buscan reconstruir virtualmente ciclos
dañados. Así se hizo con las tablas del convento de Santa Clara de
Toro (Zamora) a partir de técnicas
muy útiles para el patrimonio, como el registro fotogramétrico y la
renderización, procesos informáticos que permiten generar animaciones a partir
de modelos tridimensionales o 3D.
Por otra parte, las grandes catedrales góticas de Francia, entre
ellas Notre-Dame de París y Amiens, han sido sometidas a documentadísimas
investigaciones por parte de Stephen Murray y Andrew Tallon, sobre las que
aplicaron técnicas láser y de análisis estructural. Sus estudios han sido claves a la hora de determinar cómo
han de restaurarse esos templos, especialmente para el caso de la catedral
parisina, muy dañada tras el incendio en abril de 2019.
Hoy sabemos que el arte medieval destacaba por su color y viveza.
No hay más que ver la restitución cromática que se ha hecho de la fachada de
la catedral de Amiens, donde destacaban los
potentes colores rojos y azules aplicados sobre las esculturas. La aplicación
de técnicas 3D y de renderizado sobre la arquitectura y el arte de la Edad
Media es una herramienta muy útil que permite conocer mejor el pasado. Sin
embargo, si se pretende crear imágenes cercanas al estado inicial de las obras,
esto siempre debe ir acompañado de estudios minuciosos de las fuentes
documentales, la arqueología y las obras artísticas en sí mismas.
Cuando ese objetivo se logra, el arte medieval, lleno de claridad,
color y luminosidad, se revela ante nosotros. Sin duda, en el futuro la
investigación seguirá dando luz a tanta falsa oscuridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Por favor: Se ruega no utilizar palabras soeces ni insultos ni blasfemias, así todo irá sobre ruedas.
Reservado el derecho de admisión para comentarios.