Artículo de José Antonio Lozano Rodríguez, Científico
Titular experto en petrología y geoquímica. Trabajo en geoarqueología,
ofiolitas y vulcanología, Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(CSIC). Publicado en la revista digital The Conversation.
Los megalitos son estructuras hechas de grandes piedras y se
encuentran en una variedad de regiones a lo largo del mundo, sobre todo en la
Europa de la Prehistoria Reciente (Neolítico, Edad del Cobre, Edad del Bronce y
Edad del Hierro). Encierran, además, profundos mensajes sociales e ideológicos
durables y visibles.
La longevidad de las piedras (a diferencia de la madera) y su impacto visual en los paisajes circundantes sugieren que la persistencia a largo plazo fue un importante motor de su construcción. El dolmen de Menga (Antequera, Málaga) está situado encima de un altozano que se eleva unos 50 metros sobre la llanura del valle del río Guadalhorce.
Es el dolmen de grandes piedras más colosal
y antiguo que se conoce, diseñado como un proyecto de ingeniería avanzado y
completamente original, del que no se han encontrado precedentes en la
península ibérica. Nuestras investigaciones, fruto de la
colaboración del CSIC y las universidades de Alcalá de Henares, Sevilla,
Salamanca y Granada, indican lo evolucionado de las capacidades intelectuales,
prácticas y técnicas de las sociedades neolíticas.
Único por su tamaño y antigüedad
En la península ibérica no se conocen
monumentos megalíticos de estas dimensiones anteriores a Menga. Levantado entre
3800 y 3600 a. C., se trata de un dolmen de galería, de 24,9 metros de
longitud, con una anchura máxima de 5,7 m y una altura que oscila entre
los 2,40 y los 3,50 m. El acceso al espacio interior se realiza a través
de un pequeño atrio sin techo. Conserva tres pilares alineados, aunque
posiblemente tuviese un cuarto. Las 32 piedras que lo forman pesan unas
1 140 toneladas. Está coronado por 5 losas (o cobijas) y un imponente
túmulo impermeable de unos 50 m de diámetro.
Diez años de investigaciones, plasmadas en
un artículo en
la revista Science Advances, ofrecen una respuesta completamente
nueva y sorprendente sobre cómo se construyó este titánico monumento.
La piedra más grande jamás movida para un dolmen
Con 150 toneladas, la losa de cubierta más
profunda de Menga es por el momento la piedra más pesada nunca movida como
parte del fenómeno megalítico en Iberia, y la segunda de Europa, solo superada
por el gran menhir partido de ErGrah (sur de Bretaña, Francia).
Estas moles fueron arrastradas desde una cantera situada a unos
850 metros mediante la preparación de una pista con traviesas niveladas y
montadas sobre un sistema de trineos que permitía dirigirlas en cualquier
dirección sin que se partieran.
Por ello, la planificación del proyecto
debió abarcar desde el planteamiento del trabajo de cantera hasta la perfecta
colocación de las grandes piedras en el dolmen, pasando por su difícil y
arriesgado transporte cuesta abajo. Esta planificación se basó en sofisticados
conocimientos de ingeniería, geología, geometría, física y astronomía.
La preparación del camino pavimentado fue
imprescindible. Su nivelación con travesaños facilitó que los trineos donde
iban montadas se deslizasen fácilmente y siempre con pendiente descendente
favorable.
Transporte para genios
Así se redujo el esfuerzo, con menor
energía necesaria para iniciar y mantener el movimiento, ya que la energía
potencial gravitatoria es convertida en energía cinética.
Por otra parte, en la cuesta abajo, la
fuerza gravitatoria puede causar una aceleración continua del objeto a medida
que desciende, los constructores debieron tomar elementos correctores más allá
de la fricción por rozamiento, como por ejemplo el cálculo de la pendiente
óptima de la rampa para que las piedras no bajaran demasiado deprisa.
A todo esto, hay que sumarle un
conocimiento profundo de las propiedades y ubicación de las rocas disponibles,
así como la estimación del centro de masa o capacidad de carga de las piedras
transportadas.
Otra genialidad muy elegante de estos
ingenieros de la prehistoria consistió en soterrar el edificio megalítico tres
cuartas partes, haciendo que los ortostatos (piedras colocadas verticalmente)
quedaran firmemente asentados en el subsuelo. De esta manera, se pudo deslizar
las pesadas losas de cobija sobre ortostatos y pilares sin necesidad de rampas
ascendentes.
Arcos de descarga como en las catedrales
La enorme presión ejercida por el peso de
las losas superiores y el túmulo que lo recubre hizo que los ingenieros
diseñasen los ortostatos con una inclinación entre 83 y 86 grados, con el fin
de que apoyasen unos sobre otros y el edificio se asentara formando una unidad.
Para que las losas no se rompiesen por el
centro, se colocaron pilares y se le dio a la cara superior de las cobijas
(sobre todo a la losa más pesada) una forma convexa. Así se consiguió que
actuasen como arcos de descarga, tal y como ocurre en el techo de las
catedrales medievales y modernas.
Es el primer uso constatado del principio
del arco de descarga de la humanidad, hace casi 6 000 años, convirtiendo a
este dolmen en uno de los primeros edificios complejos en piedra de la historia
de la Humanidad.
El transporte, por su parte, siguió una
planificación muy inteligente, según la dirección de la cantera y siguiendo el
eje longitudinal del dolmen. La penúltima etapa de construcción, justo antes de
la colocación del túmulo protector, fue la de rebajar el nivel geológico en el
interior del edificio hasta el nivel actual visitable.
Orientación al paisaje y connotación solar
Pero Menga también muestra un alineamiento astronómico, con una
orientación solar que, durante el solsticio de verano, hace que el lado
izquierdo de la cámara (al entrar) permanezca en sombra mientras gran parte del
lado derecho queda iluminado. Para lograrlo, el lado izquierdo está diseñado
con una curvatura perfecta, adaptándose a una ecuación polinómica de tercer
grado.
Por todo ello, Menga demuestra el exitoso
intento de hacer un colosal monumento que perdurase miles de años. Ello
representa no solo una hazaña de la ingeniería temprana, sino también un paso
sustancial en el avance de la ciencia humana, que refleja la acumulación de
conocimientos avanzados. La región de Antequera hubo de ejercer como centro de
agregación y atracción de los expertos ingenieros de aquellos tiempos.


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