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02 abril 2018

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R.A.E.



El restaurante no es bueno, sino lo siguiente…

Así terminan casi todas las frases referentes a cualquier tema que escuchamos últimamente, ya sea en conversaciones directas o a través de medios audiovisuales, aunque ya está calando también en la prensa escrita. Estas dos palabras pueden tener infinitos significados, dando a entender que es algo superior, siempre precedida de una negación. En general se refieren a un superlativo de un calificativo anterior, pero lo dejan a la imaginación, poca o mucha, del oyente. Es más cómodo utilizar estas dos palabras y que quien lo escuche decida qué es lo siguiente.
En un intento de modernidad, a mi parecer, mal entendida, renuevan y reducen las frases pretendiendo seguir la estela de los mensajes breves y cercenando, una vez más, nuestro rico lenguaje.
Pobres y defenestrados: muchísimo, buenísimo, grandísimo, elegantísimo, feísimo, guapísimo, así como otros términos que, sin ser superlativos, definen a la perfección cualquier situación.
¿Quiénes introducen estas modas lo hacen por comodidad o por ignorancia de vocabulario?
No hace mucho tiempo, y todavía permanece en el habla de algunos elementos pijos, se extendió aquello de: super bueno, super ideal, super chulo, etc., etc.
Tendremos que seguir escuchándolo hasta que se imponga otra muletilla que la deje atrás, o quizá se quede para siempre. Ventajas y desventajas de una lengua viva que se mimetiza con las personas y su tiempo. Ahora cabe preguntarse: ¿qué será lo siguiente?

Esperanza Liñán Gálvez

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