Artículo
de Lorenzo Antonio Justo Cousiño, Profesor
de la Facultad de Fisioterapia. Fisioterapeuta, Doctor en Neurociencia,
Universidade de Vigo y Mª Mercedes Soto
González, Profesora en la Facultad de Fisioterapia. Fisioterapeuta,
Universidade de Vigo. Publicado en The Conversation.
Está demostrado que bailar es una
actividad que “pone en danza” diversas dimensiones del ser humano: físicas,
cognitivas, emocionales y sociales.
En primer lugar, requiere que mantengamos
la atención, nos sincronicemos con la música y ejecutemos diferentes tipos de
pasos. Pero además, facilita la expresión y regulación de emociones, así como
una mayor interacción social. En el caso de la población mayor, promueve la
participación tanto de las personas sanas como la de aquellas que adolecen de
limitaciones.
Terapia de danza
La ciencia ha evidenciado que el baile
genera importantes cambios en el cuerpo: favorece la estimulación del sistema
sensoriomotor, el ejercicio cardiovascular, la coordinación motora y la
activación de redes cerebrales ligadas al movimiento y la cognición.
Se llama terapia de danza a una intervención de
psicoterapia a que emplea el movimiento y el baile para mejorar la salud y el
bienestar del individuo. Este concepto surgió en la década de 1940 cuando sus
creadores, en gran parte bailarines y bailarinas, se percataron de los
beneficios psicológicos de su actividad.
Un estudio realizado en Finlandia reveló que
incorporar terapia de danza al tratamiento habitual de la depresión provoca una
mejoría mucho mayor que con una terapia convencional aislada. En este punto es
necesario recordar que cualquier intervención en una patología psicológica debe
ser abordada por psicólogos o psiquiatras y que una intervención basada en
movimiento (ejercicio terapéutico) ha de ser pautada por fisioterapeutas.
Cerebros más moldeables
La neuroplasticidad es la capacidad de
nuestro cerebro de adaptarse y cambiar en base al aprendizaje, experiencias o
reparación de lesiones. Se ha observado que la danza mejora esta propiedad:
tiene la capacidad de integrar movimiento y sonido y favorece la conexión entre
los dos hemisferios del cerebro. Además, los movimientos complejos del baile
estimulan múltiples áreas cerebrales: motoras, sensoriales y cognitivas.
Una investigación realizada en adultos
mayores en los que se comparó el baile frente a una intervención basada en
ejercicio repetitivo observó un mayor impacto cerebral asociado a la danza.
Esto podría estar asociado a una demanda mucho más variada –cognitiva, física y
de coordinación–, lo que podría tener potencial para neutralizar la pérdida de
materia gris relacionada con la edad.
También se estudia su efecto en enfermedades neurodegenerativas. De
hecho, una publicación reciente describe que la
danza es una práctica multitarea que cumple los estándares clínicos requeridos
para la enfermedad de Parkinson: capacidad aeróbica, equilibrio, ritmo, marcha,
control postural y habilidades cognitivas.
Tradiciones saludables
Pero ¿esto se aplica a todo tipo de
bailes? ¿También a los tradicionales y folclóricos? En un
estudio de 2025 se explica que cualquier modalidad tradicional
que implique desempeño físico tendrá beneficios para la salud. También
considera que su eficacia en el ámbito cardiovascular, funcional y metabólico
es comparable a la de otras formas de ejercicio estructurado.
Además, las danzas folclóricas ofrecen una ventaja
añadida: transmiten identidad e historia. Por ejemplo, el baile tradicional gallego ha sido declarado
bien de interés cultural.
Otra publicación reciente refuerza estas
ideas, concluyendo que el baile tradicional español (que incluye la jota, el
flamenco y las sevillanas) contribuye al bienestar físico y emocional, con un
impacto positivo en la calidad de vida. Adicionalmente, la danza tradicional
estimula un sentimiento de unidad y acompañamiento en los participantes,
ayudando a conectar a las personas.
Entre los beneficios de los bailes
tradicionales destacan los cardiovasculares y del equilibrio, ya que incorporan
pasos ágiles, cambios de dirección y elevación de la frecuencia cardíaca.
También se asocia una mejora en la musculatura, pues muchas modalidades
implican movimientos vigorosos que movilizan grandes extensiones corporales.
Las exigencias posturales y la coordinación
del movimiento favorecen el equilibrio y la coordinación, mientras que las
amplitudes motoras en los diferentes patrones de baile favorecen la movilidad
articular.
Para
todas las edades
En 2019, un estudio realizado en 130 personas mayores
de 60 años demostró que practicar baile tradicional (en este trabajo era
griego) durante 32 semanas mejoraba la condición física en todas las pruebas
evaluada por el Senior Fitness Test, una batería de 6 pruebas que
evalúa la fuerza en miembros, flexibilidad, resistencia aeróbica y equilibrio
dinámico.
Acorde a los resultados observados, la
danza folclórica se mostró como una herramienta eficaz para mejorar la
funcionalidad y prevenir las caídas. Y no es solo cosa de mayores: también ha
demostrado efectos positivos en estudiantes de secundaria y universitarios, generando mejorías en el
estado de ánimo y la condición física.
Más
allá del baile: políticas sanitarias
En la actualidad ya existen programas de
salud pública que buscan actuar por medio del baile. Estos proyectos,
denominados Dance for Health (Baile
para la Salud) son proyectos comunitarios que buscan promover la implicación
ciudadana en la salud y en la sociedad por medio del baile.
