EL ECO DE LA PIEL de ELIA BARCELÓ
(Fragmento de: La memoria es
un arma cargada de coartadas Recuerdos y reflexiones de Selma Plath-1979)
Todo es como se cuenta
y sólo permanece lo que se ha narrado, como en los cuentos infantiles, casi con
las mismas palabras, una y otra vez, una y otra vez, hasta que esas palabras en
ese orden se convierten en la historia de una persona, de un pueblo, de un
país, en la Historia con mayúsculas. Todo lo demás –lo que no se ha narrado por
olvido, por descuido, porque no parecía tan importante o no se adaptaba al tono
general que uno quería conseguir-- se desdibuja, desaparece, llevándose consigo
los matices, los tonos grises, las aparentes contradicciones que son lo que
realmente hace la vida humana, la realidad de un ser en el tiempo.
Cuando una vida se
acaba, lo que queda es el recuerdo en la mente de los que sobreviven al
difunto, un recuerdo hecho de palabras; palabras ajenas impuestas sobre la vida
de quien se ha ido. No permanece lo que a uno le habría gustado que quedara de
su paso por la tierra, sino lo que los demás dicen de él o ella, lo que han
seleccionado de ochenta o noventa o cien años de vida. Y ni siquiera ha sido
una selección pensada y ponderada, sino la inercia de las frases repetidas, de
las anécdotas más intrascendentes de lo banal.
Quedan también los
objetos: las cosas de uso cotidiano que de repente se convierten en territorio
de nadie, en trastos que se juzgan en función de su posible utilidad y
supervivencia en las casas de los que se pasean entre ellos decidiendo qué se
guarda y qué se tira; las cosas que uno, erróneamente, llama «recuerdos» pero que solo recuerdan algo a quienes los
amaban y que no evocan nada a nadie ajeno a ellos.
¿Cómo saber que aquel
pisapapeles tan cursi de cristal veneciano era para la tía Marta una tarde de
sol en la laguna, con las góndolas cabeceando suavemente frente al café donde
ella y el tío Gonzalo se miraban a los ojos, felices de estar solos por primera
vez en el extranjero, en su luna de miel?
Quizá, en alguna
ocasión, ella hubiera dicho con una sonrisa: «Esto lo trajimos de nuestro viaje de novios». Quizá no. Pero para nadie que no sea ella
es accesible la chispa traviesa en los ojos de un Gonzalo de veintiocho años,
su mano acariciando la rodilla de su mujer por debajo de la mesita de mármol,
el recuerdo que comparten de la noche anterior, el sabor del vino tinto y de
los besos.
Eso nunca lo sabrá
nadie y se perderá con la tía Marta, para siempre. El pisapapeles cambiará de
manos, con suerte, llegará a una tienda de trastos viejos y alguien se lo
llevará a su casa para imbuirlo de recuerdos nuevos que también se perderán. El
ciclo de la vida y de la muerte, de la pérdida, de la recuperación… y vuelta a
la nada.
Sin embargo… Sin
embargo…
Si alguien, la tía
Marta misma, o una de sus sobrinas, o incluso alguien ajeno a la familia, pone
palabras a ese pisapapeles y de pronto tiene una historia, esa historia
permanece; aunque no sea verdad, aunque sea una invención, interesada o no, las
palabras lo dignifican, lo ennoblecen, hacen más difícil perderlo, regalarlo,
tirarlo a la basura…porque de pronto esa cursilada de pisapapeles pertenece a
la historia familiar.
«El padre del tío Gonzalo se lo trajo de la
guerra. Un soldado italiano se lo dio en agradecimiento por haberle escrito una
carta a sus padres cuando se estaba muriendo en un hospital de campaña.»
«Se lo regalaron a la abuela de la tía Marta, que
era cantante de ópera. Una vez, en la Fenice, después de una Butterfly, una señora se le acercó ya en
la puerta y, sin palabras y con los ojos llenos de lágrimas, se lo puso en la
mano y desapareció en la noche. »
«Lo compraron la tía Marta y el tío Gonzalo en su
viaje de bodas, en la tienda de un anciano que iba a cerrar para siempre porque
sus dos hijos habían muerto en la guerra y no tenía a quién pasársela. Los dos
sabían que era una cursilada, pero les dio pena del viejo. »
¿Importa realmente
cuál de esas versiones refleja la verdad cuando los protagonistas de la
historia han dejado de existir? ¿Importa el amor y el dolor expresados en una
carta antigua cuando ya apenas sabemos quién fue la persona que la escribió?
¿Cómo saber quién es
aquel desconocido? ¿Cómo saber quiénes somos nosotros mismos?
Primero somos lo que nos dicen que
somos, después, con suerte, lo que nos decimos a nosotros mismos cuando
empezamos a poner palabras a nuestro yo, a nuestra identidad. Nada más nacer
una criatura, la primera pregunta de todos los padres es: «¿qué es?».
Y con eso
solo se refieren a si es varón o hembra, la primera marca de una vida. Poco a
poco te van marcando cada vez más: «eres
una niña», «eres la mayor de tres hermanos», «eres el pequeño y tendrías que haber sido chica», «fuiste un error de Nochevieja», «eres tonto», «eres
muy inteligente», «eres
especial», «nunca llegarás a nada», «serás médico, como todos en esta familia», «eres una marimacho», «pareces mariquita», «eres muy guapa», «no eres gran cosa, pero tienes pase», «no te pareces nada a tus hermanos»…
Es difícil salir de las palabras que otros te
imponen y conforman tu identidad, tu mundo, tu historia. Y después de muerto es
imposible. La muerte te arrebata el control incluso sobre quién fuiste, dejándote
en manos de los que te narran, te explican, te definen.
Estamos hechos de palabras, propias y ajenas. De
amor y tiempo y palabras. El amor nos da vida, el tiempo nos mata, las palabras
nos hacen ser lo que somos y permanecer en el recuerdo de los demás. O morir
para siempre.
Elia Barceló: (Elda, Alicante,
1957). Se la considera una de las escritoras más versátiles de la narrativa
española y es una de las autoras de mayor prestigio en el ámbito del fantástico
y la ciencia ficción. Ha publicado treinta novelas: realistas, criminales,
históricas…, unas para adultos y otras para jóvenes, y unos setenta relatos, en
España y en el extranjero. Ha sido traducida a veinte idiomas con gran éxito de
público y crítica, consolidándose como una de las voces españolas más
internacionales de la narrativa actual. Es autora de obras como El color del silencio, El secreto del orfebre,
Las largas sombras, El eco de la piel, La noche de plata, Disfraces feroces,
Muerte en Santa Rita. Le fue concedido el Premio Nacional de Literatura
Infantil y Juvenil en 2020 por el Efecto
Frankenstein.
Durante
muchos años fue profesora de Estudios Hispánicos en la Universidad de
Innsbruck, en Austria. Ahora se dedica a la escritura a tiempo completo.
Amaduma

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Por favor: Se ruega no utilizar palabras soeces ni insultos ni blasfemias, así todo irá sobre ruedas.
Reservado el derecho de admisión para comentarios.