01 agosto 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: JOSÉ ÁNGEL VALENTE

 

El adiós

 

Entró y se inclinó hasta besarla porque de ella recibía la fuerza.

(La mujer lo miraba sin respuesta)

Había un espejo humedecido que imitaba la vida vagamente. Se apretó la corbata, el corazón, sorbió un café desvanecido y turbio, explicó sus proyectos para hoy, sus sueños para ayer y sus deseos para nunca jamás

(Ella lo contemplaba silenciosa)

Habló de nuevo. Recordó la lucha de tantos días y el amor pasado. La vida es algo inesperado, dijo.

(Más frágiles que nunca las palabras.)

Al fin calló con el silencio de ella, se acercó hasta sus labios y lloró simplemente sobre aquellos labios ya para siempre sin respuesta.

 

José Ángel Valente es un poeta español representativo de la poesía social de la década de 1950. Nació en Ourense el 25 de abril de 1929 y murió en Ginebra el 18 de julio de 2000.

Estudió Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela y obtuvo la licenciatura de Filología Románica en la Complutense de Madrid. Dio clases en la Universidad de Oxford y en Ginebra ejerce de traductor de organizaciones internacionales; posteriormente trabajará en París en la sede de la UNESCO. En sus últimos años alternará su residencia suiza con la española, y recibe múltiples distinciones como el Premio Príncipe de Asturias de las Letras o el Premio Nacional de Poesía.

Cultivador de la más rigurosa prosa poética y narrativa, su primera obra de este género, Número trece (1971), fue secuestrada por la censura franquista y le ocasionó un auto de procesamiento, pero pudo ser parcialmente reunida en El fin de la Edad de Plata (1973), ciclo complementado más adelante con Nueve enunciaciones (1982).

El reconocimiento crítico de la obra en verso y en prosa de José Ángel Valente fue inmediato y perdurable, aunque no siempre estuvo a la altura de su calidad literaria. Su primer libro, A modo de esperanza, obtuvo el Premio Adonais, mientras que el segundo, Poemas a Lázaro, recibió el Premio de la Crítica, galardón que volvería a obtener en 1980 con Tres lecciones de tinieblas. Ocho años más tarde recibiría el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

 

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