28 julio 2026

¿SIRVE DE ALGO REFLEXIONAR?

 

¡Qué pereza, Dios mío, ¡qué pereza! Una quiere cavilar sobre las cosas que pasan y que nos inquietan (corrupción, polarización, casos judiciales que nos mantienen asombrados y desolados), y ahora, hoy, hay que añadir a nuestras preocupaciones estos incendios devastadores de última generación que arrasan con la naturaleza, los bienes de las personas y hasta las vidas humanas, como ocurrió en nuestra Comunidad en fechas recientes. Y con sinceridad, ya no sabes si enfrentarte al ordenador para comentarlos o meter la cabeza en un cubo de agua muy fría y que las ideas se paralicen y el cabreo monumental que a una le domina baje de grados. (El  baño en agua fría es un sistema que apliqué en contadas ocasiones cuando mis hijos tenían fiebre muy alta y el dalsy no lograba controlarla). Y resultaba efectivo.

Los incendios se apagan en invierno. Frase lapidaria pronunciada por alguno de los responsables que en su día estaban obligados a cumplirla. Y, además, dicha sin ningún  rubor. Siempre los otros son los culpables.

       Y uno se pregunta ¿cómo es posible? Hemos tenido un invierno y primavera de lluvias muy abundantes y los bosques, el campo y los caminos se han llenado de maleza.  ¿Nadie ha previsto que esos matorrales se secan con el calor y se convierten en yesca hambrienta de recibir la más mínima chispa para convertirse en llama? Y la terrible experiencia del pasado verano ¿tampoco nos sirve?

       El alegato perfecto para encontrar un culpable a esta situación es el cambio climático. Y lo manosean y lo repiten los responsables políticos hasta la saciedad. Y es cierto. Hemos abusado del planeta y está enfadado con nosotros y lo demuestra a la menor ocasión. Las frecuentes danas que hemos sufrido últimamente son la confirmación de ello.

       Pero ¿es el único responsable? ¿Y los ecologistas de salón que dificultan cualquier labor para regular ríos y barrancos, limpieza de montes y otras acciones que ayudarían a evitar ciertas catástrofes que ahora nos asolan?

       La naturaleza es sagrada. De acuerdo. Pues ayudemos a mantenerla y respetarla con inteligencia y sentido común.

 

MAYTE TUDEA

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