Artículo
de Paula Núñez, Profesora de
Fisiología, Universidad de Oviedo. Publicado en la revista digital The
Conversation.
Dormir bien es fundamental para mantener una buena salud y resulta
especialmente importante en las personas mayores. Mantener un ritmo de vida
matutino puede favorecer la movilidad en la vejez, siempre que vaya acompañado
de una vida activa. Sin embargo, factores como la contaminación lumínica o el
uso de somníferos pueden dificultar un descanso verdaderamente reparador.
En un estudio reciente con 151
personas de entre 62 y 92 años, todas ellas estudiantes del Programa
Universitario para Mayores de la Universidad de Oviedo (PUMUO), observamos que incluso en personas físicamente activas, con una
intensa vida social y altas puntuaciones en pruebas cognitivas, los ritmos
biológicos internos siguen desempeñando un papel determinante en la salud.
En concreto, los sujetos del estudio encarnaban el perfil del
envejecimiento activo, realizaban ejercicio físico regular –como caminar,
gimnasia de mantenimiento o pilates– y obtenían puntuaciones excelentes en
todas las pruebas físicas y cognitivas.
En los test de movilidad, sus medias
se situaron en el rango de “bajo riesgo de caídas”, lo que indica una agilidad
envidiable. De igual forma, en los test
cognitivos sus resultados rozaron el máximo de
la escala, lo que demuestra una lucidez y una capacidad mental sobresalientes.
Pero a pesar del envidiable nivel de actividad de los
participantes, el sueño seguía siendo el gran talón de Aquiles para muchos de
ellos.
¿Alondras o búhos?
Todos conocemos a alguien que salta de la cama con energía al
amanecer (llamados “alondras”) y a quien rinde mejor cuando cae el sol (los
“búhos”). Esta preferencia natural se llama cronotipo y no es un simple hábito: es la predisposición biológica de
nuestro cuerpo para estar alerta o descansar a determinadas horas del día.
Es muy común que, con el paso de los años, las personas
experimenten un avance de fase. Esto significa que nuestro reloj biológico se
adelanta, empezamos a sentir sueño antes por la noche y nos despertamos de
forma natural de madrugada.
Por este motivo, los resultados con nuestros participantes fueron
los esperables: casi la mitad de ellos eran del tipo matutino. Lo más revelador es que estas personas demostraron un equilibrio
y una movilidad superiores a los de perfil vespertino. Los búhos del grupo
obtuvieron puntuaciones satisfactorias, pero más bajas en las pruebas de
estabilidad.
Esto sugiere que vivir en sintonía con la luz natural favorece una
mejor coordinación motora. En las personas mayores, ese pequeño margen de
estabilidad puede ser clave para prevenir caídas.
El sueño no es igual
para todos
Dormir bien no es solo un placer: es el “taller” de reparación de
nuestro organismo. Durante la noche, el cerebro se limpia de toxinas y los
músculos se regeneran para mantenernos ágiles. Sin embargo, este proceso no se
desarrolla de la misma manera en todas las personas.
Uno de los hallazgos más llamativos es que las mujeres presentan
peor calidad de sueño que los hombres, con más despertares nocturnos asociados,
por ejemplo, a dolores físicos o sofocos. Además, se identificaron dos grandes
enemigos del descanso:
1. La luz nocturna. Dormir con
claridad en la habitación o usar dispositivos electrónicos antes de acostarse
empeora drásticamente la calidad del sueño. Un descanso reparador debe ser
ininterrumpido y profundo, permitiendo que el cuerpo complete sus ciclos
naturales. Si hay luz, el sueño se vuelve ligero y fragmentado, lo que provoca
que nos despertemos con una sensación de agotamiento, como si no hubiéramos
descansado.
2. Los fármacos para dormir. El uso de
esta medicación se asocia con un menor rendimiento cognitivo. En términos
sencillos, estas pastillas podrían estar nublando la agilidad mental y la
memoria de quienes las consumen. Por ello es fundamental que cualquier ajuste o
cambio en la medicación se realice siempre bajo supervisión médica.
Claves para un
envejecimiento activo
Para que nuestro cuerpo sepa que es hora de dormir, necesitamos
mantener una “higiene de luz” un par
de horas antes de acostarnos. Lo ideal es usar luces tenues y cálidas en casa y
evitar las pantallas de móviles y tablets. En caso de despertarnos a medianoche
es importante mantenernos a oscuras lo máximo posible. Esto ayuda a que el
cerebro fabrique melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño y
facilita el descanso.
En el caso de los adultos mayores, las guías médicas son
claras: las pastillas para dormir deben ser la última opción. Si se usan, debe
ser por periodos breves y a dosis muy bajas. Lo más recomendable es apostar por
estrategias naturales, como rutinas fijas y terapia especializada, que ataquen
la raíz del insomnio sin generar dependencia.
Sin duda, para valernos por nosotros mismos -incluso a edades
avanzadas- no basta con estudiar y mantenernos activos: también hay que
escuchar al reloj biológico y cuidar la calidad del sueño.
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