24 julio 2026

LA MÍSTICA REPRESENTATIVA DEL UNIFORME

 




El uniforme ha sido desde siempre una cuestión de opiniones controvertidas, especialmente en el sector escolar. La misma palabra o concepto lo explica con suma facilidad. Una forma de organizar externamente a un colectivo, para la igualdad de la imagen, el equilibrio y la semejanza identificativa.

Esa uniformidad distintiva ha sido y es muy utilizada en el ÁMBITO EDUCATIVO, de manera especial en los centros escolares de titularidad privada. Es una de las principales insignias aplicadas para la representatividad del centro escolar. Los alumnos visten un modelo único que los padres pueden comprar en algún céntrico establecimiento de ropa. Suele predominar el color azul marino en la indumentaria, aunque también son usados otros colores, como el verde oscuro, rojo bermellón o el gris. Los zapatos son mayoritariamente de color negro con cordones, aunque el modelo de calzado, cerrado, puede variar según la opción familiar, pero siempre respetando el color oficial.

El uniforme siempre ha resultado muy útil para los padres pues socializaba en la igualdad a todos los alumnos. La familia reducía los gastos de vestimenta escolar, pues el desembolso se realizaba sólo una vez al comienzo del curso. No había distinción “jerárquica” para el vestuario diario. También era una seña de identidad del centro, para lo bueno y lo “malo”. Los profesores les decían a los escolares “si vais a una fiesta o a otro lugar con el uniforme, pensad que estáis representando al buen nombre del colegio al que pertenecéis”.


Con el aumento del poder adquisitivo de las familias, comenzaron los “problemas” Precisamente fueron los alumnos, especialmente a nivel de adolescencia, quienes rechazaban el uniforme, pues deseaban lucir sus propias faldas, pantalones o zapatillas deportivas “de marca”. Muchos centros educativos han ido cediendo y la permisividad fue llegando, especialmente para los alumnos mayores en la etapa formativa secundaria. 

En la actualidad apenas hay uniformes en los centros públicos. Se mantienen en los colegios privados. Realmente los uniformes con diseños y colores atrayentes, sobre todo aquellos que llevan el escudo de la institución en la camisa, jersey o chaqueta, incluso corbata, ofrecen una imagen que prestigia y resalta al centro docente en donde estudian los escolares. 


Pasemos al ÁMBITO CASTRENSE, en donde es imprescindible e indiscutible usar un uniforme. Todo cuerpo de ejército lo tiene y lo ostenta con gallardía y sentimiento. Facilita Identificar perfectamente a cada cuerpo militar o civil. Ejército de tierra, mar o aire. Guardia Civil. Policía Nacional. Policía local. El Tercio de la Legión. En todos estos cuerpos militares, al uniforme se le aplican determinadas insignias, para indicar el grado militar que ostenta el soldado y los méritos adquiridos en el desarrollo de su misión. Durante el combate bélico, esos uniformes identifican a los países enfrentados en guerra, para, además de defender el honor de una bandera no cometer errores o confusión con el “enemigo” que provocaría daños irreparables.

En el ÁMBITO SOCIOECONÓMICO, también podemos ver la utilización de algunos uniformes de empresa, en los centros comerciales, deportivos, técnicos o administrativos. La  presencia física del profesional mejora sobremanera y el cliente se ve favorecido cuando ha de realizar alguna consulta o gestión y el establecimiento se halla con un gran número de clientes, para localizar algún dependiente, comercial o encargado de sección. Hay empresas que establecen normas generales para que sean seguidas por sus empleados: chaquetas, pantalones largos, con tonalidad azul o gris oscura, zapatos cerrados. En ocasiones, también el uso de la corbata. Faldas, pantalones, jersey, con tonalidades discretas, etc. para las empleadas. Zapatos cerrados en invierno y sandalias elegantes para el verano. Las plaquitas ensartadas en el traje, indicando los nombres y el cargo correspondiente en la empresa, también resultan muy necesarias.


Parece fuera de toda duda que un uniforme añade prestancia y honorabilidad a la persona que lo luce. No sólo psicológica, sino también por la actitud “de respeto” que recibe de los demás. Una gorra con el logotipo en la cabeza ofrece genera más respeto que una cabeza “calva” al aire. El uniforme imprime autoridad, seriedad, orden, control, al funcionario o empleado que lo lleva. Cuando se lo quita y viste con ropa “de calle”, su relevancia social se reduce bajo mínimos, y más si el uniforme implica llevar armas o porras defensivas. Fui testigo de una anécdota curiosa, cuando tuve que realizar una gestión en una residencia militar. Un soldado vistiendo uniforme me indicó que en unos minutos “el capitán” me atendería, aplicando un lenguaje autoritario. Esperé pacientemente en la sala castrense, hasta que el oficial del ejército me llamara. Pasados unos largos minutos vi entrar en la oficina un hombre de baja estatura, con muy escaso cabello, vistiendo un pantalón de pana marrón, una camisa de franela a cuadros y un pequeño bigotillo en la cara. Calzaba unas deportivas de color negro. Entendí que se trataba de era otra persona que deseaba realizar alguna gestión administrativa en la sección en que nos hallábamos. El modesto ciudadano portaba en la mano un diario nacional, concretamente el ABC. De inmediato el soldado se “cuadró” al verlo y saludó llevándose la mano a la sien, dando un golpe en suelo con los tacones de sus botas. “¡A sus órdenes, mi capitán! Este señor desea realizar una consulta”. Por alguna circunstancia, aquel militar no llevaba puesto su uniforme castrense en ese momento. La impresión que ofrecía era la de una persona corriente, humilde, modesta, de las muchas con las que nos cruzamos diariamente por la calle.

Además de los valores estéticos y psicológicos, el elemento identificativo es primordial para el uso útil de los uniformes. En una competición deportiva, fútbol, baloncesto, etc. si los participantes no fueran agrupados por el uniforme propio, los errores en el juego serían numerosos y en ocasiones cómicos. “¿A quién le has pasado el balón?”

Aunque no siempre es fácil distinguirlo, las personas llevamos también el uniforme inmaterial de nuestro carácter. Lo mostramos en la forma de ser y en el trato que deparamos a las demás personas y con nosotros mismos. Se trata de un precioso atuendo: el UNIFORME DE LA BONDAD. –


José L. Casado Toro

Julio 2026


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