06 abril 2026

INCALIFICABLE

 



Reflexionar sobre el panorama actual, tan cruel y engañoso, vamos a dejarnos de eufemismos, es como un salto sin red. No hay fórmula magistral para comprender el amasijo de información sobre todos los acontecimientos que nos rodean.

Cuando se escribe un artículo debe estar basado en hechos fidedignos y documentados. En los cuentos o relatos, muchas y muchos escogemos la ficción, partiendo de casos verídicos pasados por el tamiz de la imaginación. Éstos últimos los manejamos a nuestro albedrío dando vida a unos personajes, más o menos verosímiles, dependiendo de quién los crea. Pueden ser buenos, malos, regulares o bipolares, pero permanecen en el territorio de lo imaginario. Nacen y crecen en el contexto de una historia; a veces mueren, con finales abiertos o cerrados. En muchas ocasiones, al menos en mi caso, con un buen desenlace como una forma de dulcificar el esperpento diario.

Al hilo de este pensamiento recordé una entrevista, que le hicieron a Margaret Atwood, autora, entre otras obras literarias, del magnífico y distópico libro, El cuento de la criada, en la que le preguntaron cómo definiría ella los conceptos de utopía y distopía. Y contestó de una manera muy concisa. Utopía: las cosas podrían ir mejor,  distopía: las cosas podrían ir peor.

Y yo me pregunto, ¿dónde estamos ahora y cómo se llamaría este momento irrealmente real en el que nos encontramos? En un mundo al margen de los parámetros de la justicia, la lógica y la verdad. Al mando de un descerebrado que lo modela golpe a golpe de sus propios intereses; rodeado de otros personajes, no menos peligrosos masacrando a cualquiera impunemente según se le antoja. Es un ser caprichoso y con poder, tan inflado de vanidad como el muñeco de Michelin, en una variedad color naranja. Su falaz vocabulario habla de malvados, fuerza épica para una guerra corta, volverán a la edad de piedra, de amenazas arancelarias, ahora quiero este país, mañana el otro, asegura buscar soluciones pacíficas mientras sus bombas destruyen sin remordimientos, y demás perlas dialécticas que avergonzarían a cualquier corto de mente. Sin embargo, él se siente orgulloso de sí mismo con el mundo en sus manos, porque las reacciones del resto son tibias o inexistentes.

Antes de volver al universo ficcional, mucho más satisfactorio, aunque el natural no deja de inquietarnos y generar incertidumbre, creo haber dado con la palabra que lo definiría. No estará en la RAE, ni falta que hace. Podríamos decir que nos ha tocado vivir, en un género no literario, más allá de la peor de las distopías y tan incalificable como quien lo ha creado, una Trumptopía.


                                         Esperanza Liñán Gálvez


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