10 abril 2026

EL MANGO, EL FRUTO QUE SE PROPAGÓ GRACIAS AL IMPERIO ESPAÑOL (NO, NO EXISTÍA EN AMÉRICA)

 

Artículo publicado en National Geographic.

Gracias a las rutas atlánticas y al famoso galeón de Manila, cultivos americanos llegaron a Europa y Asia, mientras que otros, como el mango, cambiaron el paisaje de América.

 

Hay alimentos que parecen de toda la vida de un país… hasta que echas un vistazo al pasado y descubres que no es así. El mango es uno de esos casos. Hoy lo asociamos con México, el Caribe, Centroamérica o Venezuela pero, históricamente, el mango no es americano. Llegó desde Asia en el contexto de la expansión marítima europea y, de forma muy especial, por las rutas y redes del Imperio español.

La primera pieza del puzle es clara, ya que el mango (Mangifera indica) se originó en la región nororiental del subcontinente indio, en un área que hoy se corresponde con Bangladés, el noreste de India y Myanmar, y se cultiva en el sur y sudeste asiático desde la Antigüedad. En otras palabras, ni por origen puede asociarse al continente americano.

El viaje de una fruta emblemática

¿Y cómo llega el mango a América? Viajando, sobre todo, cuando el mundo empieza a conectarse por rutas oceánicas y redes de intercambio. Inicialmente, los mangos se cultivaban en la región indo-birmana (desde hace más de 5.000 años) y, siglos después, viajaron con comerciantes y exploradores. Fueron precisamente exploradores españoles en el siglo XVII quienes los llevan a Sudamérica y México. En el hemisferio occidental, llega a Brasil alrededor del 1700 y a las Antillas en torno a 1740.

Esto significa que durante la era colonial, el mango se difunde globalmente, introducido en Brasil desde África occidental por los portugueses en los siglos XVI-XVII, así como su expansión al Caribe y México en el XVIII, contando con la famosa vía del galeón de Manila, ruta española para intercambios transpacíficos. Estos galeones transportaban mercancías muy diversas, desde seda, pasando por especias y otros productos y las llevaban desde Filipinas o Manila hasta Acapulco, México.

¿Por qué el Imperio español fue clave?

Queda claro que el Imperio español no fue el único agente propagador de esta fruta, pero sí que es cierto que la Corona española creó (y mantuvo) rutas, puertos, redes y mercados en los que plantas, semillas y cultivos se movían a gran escala. Es, probablemente, la fase más temprana de la globalización, conectando grupos antes aislados y creando un mundo atlántico de contacto, comercio y colonización.

Las plantas viajaban en estos navíos por razones muy simples: para alimentar poblaciones en crecimiento en colonias y ciudades portuarias, para rentabilizar tierras con cultivos comerciables y para sostener un sistema imperial basado en flujos constantes de plata, azúcar, especias, mano de obra... y también frutas, claro está.

¿Por qué pensamos que el mango es de origen latinoamericano?

El mango asiático (Mangifera indica) no existía en América como cultivo conocido y extendido antes del contacto atlántico, lo que no significa que en América no hubiera frutas tropicales; solo que esta especie llegó después. Y cuando llega es todo un éxito, ya que alcanza un continente con tradiciones riquísimas de frutas, fermentos, chiles, maíz y técnicas de conservación. Por eso se integró tan bien en su cultura y dieta, hasta tal punto que se convierte en ingrediente local y muchos creen que procede de allí.

Un fruto que llega como 'exótico' en su origen, como en este caso, puede transformarse en producto local cuando se cultiva de forma masiva, se seleccionan variedades mejores para el suelo y el gusto local, se introduce en recetas populares, se vuelve barato o abundante, y pasa una generación o dos.

En la práctica, el mango terminó siendo tan de la casa que olvidamos su pasaporte histórico. La conclusión es que el mango es latino de adopción pero no de origen, así que tiene una historia doble; por un lado, la de su origen botánico en el noreste del subcontinente indio y por otro, la de su viaje humano en el siglo XVII por la exploración y colonización española. Nació en Asia; cruzó mares en la era de los imperios; se aclimató a los climas americanos; y hoy se ha vuelto símbolo del verano y de las cocinas latinoamericanas.

 

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