28 marzo 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: RAINER MARÍA RILKE

 

La primavera ha vuelto…

La primavera ha vuelto una vez más. La tierra
se parece a una niña que se sabe poesías:
muchas, oh muchas, sí… Por lo que le ha costado
su largo aprendizaje recibe el premio ahora.

Severo fue el maestro. Nos resultaba grato
contemplar la blancura de su barba de viejo.
Ahora, cómo se llaman el verde y el azul
podemos preguntarle: ¡lo sabe, ella lo sabe!

Tierra que estás feliz de vacaciones, juega
ahora con los niños. Te vamos a pillar,
tierra alegre. El que más lo esté, lo logrará.

Oh, lo que su maestro le enseñó, que fue tanto,
y lo que impreso está en raíces y troncos
altos y complicados. ¡lo canta, ella lo canta!

 

De: Sonetos a Orfeo – XXI, 1923

 

Rainer María Rilke.- (Praga, 4-12-1875 – Valmont (Suiza), 29-12-1926) Es uno de los principales poetas en lengua alemana de la primera mitad del siglo XX.

Sus primeras obras publicadas fueron poemas de amor, titulados “Vida y canciones” (1894).

Tras un viaje por Rusia, las dimensiones y la belleza del paisaje así como la profundidad espiritual de la gente con que se encontró, formó en Rilke la creencia de que Dios está presente en todas las cosas. Estos sentimientos encontraron expresión poética en “Historias del buen Dios” (1900).

Poco tiempo después dejaría atrás el lirismo, adoptando un estilo preciso y concreto, del que pueden dar ejemplo los poemas recogidos en el “Libro de las imágenes” (1902) y las series de versos de “El libro de las horas” (1905).

En París, en 1902, Rilke conoció al escultor Auguste Rodin convirtiéndose en su secretario desde 1905 a 1906.

Rodin enseñó al poeta a contemplar la obra de arte como una actividad religiosa y a hacer sus versos tan consistentes y completos como esculturas. Los poemas de este período aparecieron en “Nuevos poemas” (2 volúmenes, 1907-1908).

En 1912 viajó por España, visitando ciudades como Toledo, Córdoba o Sevilla. Estuvo instalado durante dos meses en Ronda, en el Hotel Reina Victoria, donde escribiría la sexta de las “Elegías a Duino”.

Rilke residió en Múnich durante casi toda la I Guerra Mundial y en 1919 se trasladó a Sierre (Suiza), donde se estableció, salvo visitas ocasionales a París y Venecia, para el resto de su vida. Allí completó las “Elegías de Duino” y escribió “Sonetos a Orfeo” (1923). Estos dos ciclos son considerados como su logro poético más importante.


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