17 enero 2026

UN POEMA PARA EL SÁBADO: MIGUEL HERNÁNDEZ

 

ACEITUNEROS

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma, ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos, decidme en el alma ¿quién
quién amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

 

Miguel Hernández nació en Orihuela (Alicante) el 30 de octubre de 1910 en una familia de ganaderos y pastores. Estuvo en  el colegio  hasta los catorce años, aunque diversas dificultades en el negocio familiar hicieron que abandonara los estudios y se dedicara al pastoreo. 

Su interés por la literatura lo llevó a profundizar en la obra de algunos clásicos, como Garcilaso de la Vega y Luis de Góngora, así como en la de Rubén Darío y Antonio Machado.

 Al  estallar la guerra civil, se alista como voluntario en el ejército republicano. En 1937 contrae matrimonio con Josefina Manresa. Publicó diversos poemas en las revistas El Mono AzulHora de España y Nueva Cultura, y dio numerosos recitales en el frente.

Terminada la guerra regresó a Orihuela, donde fue detenido en septiembre de 1939. Murió en el penal de Alicante el 28 de marzo de 1942, víctima de un proceso de tuberculosis.

Su primer volumen de versos fue Perito en lunas, al que siguió El rayo que no cesa (1936), considerada su obra maestra y de madurez. En él la vida, la muerte y el amor son los ejes centrales del poemario. Durante la contienda cultivó la llamada poesía de guerra. Prueba de ello es  Vientos del pueblo, en el que se incluyen “Canción del esposo soldado” o “el niño yuntero”. También en este periodo inicia El hombre acecha que manifiesta su visión trágica y pesimista de la contienda fratricida. Mientras se hallaba en la cárcel escribió Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941), donde hizo uso de formas tradicionales de la poesía popular castellana para expresar en un estilo conciso y sencillo su hondo pesar por la muerte de su primer hijo, por la separación de su mujer y su segundo hijo, destinatario de las célebres “Nanas de la cebolla”, así como la angustia que le producían los efectos devastadores de la guerra.

 

“Aceituneros” es un poema de reivindicación social, se convirtió en un himno de conciencia obrera.

Tanto el cantautor Paco Ibáñez, como el grupo musical Jarcha le pusieron música.



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