14 enero 2026

LA FILÓSOFA MARÍA ZAMBRANO Y SUS VIAJES AL "IMPERIO DE LA LUZ" DE ANDALUCÍA


Artículo publicado en National Geographic. Viajes.

 

Hay lugares que nos marcan la vida para siempre. Para la filósofa y escritora María Zambrano, ese sitio era casualmente el que la vio nacer, y también el que la vio morir. Durante el exilio soñaba con aquel “imperio de la luz” que era para ella su "Ítaca soñada" al estilo del gran Ulises. “Hay un lugar en el Mediterráneo”, escribía, “donde la tierra pierde su valor elemental, donde el agua marina desciende al menester de esclava y convierte su líquida amplitud en un espejo reverberante, que refleja lo único que allí es real: la luz”. Con estas palabras imaginaba aquel paraje de ensueños que hoy podemos visitar, y que mantiene viva la memoria de la que fue su gran pensadora, su gran amante y su más grande hija predilecta.

Fueron muchas las formas en las que María Zambrano habló de Vélez-Malaga, el pequeño pueblo andaluz al que coronó “imperio de la luz”. La llamó su “patria primera”, por haber nacido en abril de 1904 de un matrimonio dos maestros. Pasó allí sus primeros años, antes de que la familia se trasladara a Madrid y luego a Segovia.

La llamó también “Ítaca soñada”, cuando se sentía como aquel Ulises que lucha por volver al hogar, cuando vivió el exilio en Europa y América. Durante aquellos fríos años de su vida, las imágenes del mar, los limoneros y los cantares populares se convirtieron en un espacio interior de consuelo. Una geografía pintada en la mente.

Fue para ella, además, la tierra “paradisíaca” del mar, la luz y las huertas, un núcleo afectivo sobre el que se articulaba su sensibilidad poética. Fue lugar de reconciliación, de descanso y reconocimiento, pues hoy Vélez-Málaga la reconoce como Hija Predilecta la ciudad, y lucha por mantener viva su memoria. Y fue su patria final, dado que es en Vélez-Málaga donde descansan sus restos.

Las descripciones de Zambrano nos sirven para imaginar una primera estampa de Vélez-Málaga, o al menos de aquel pueblo con el que soñaba desde el exilio. Un lugar en el que, sin duda, destaca la luz, que cae dorada sobre las fachadas blancas. Un paraíso en el que el aire huele a azahar, a sal marina, a historia viva. Desde sus colinas, el pueblo se derrama en callejuelas estrechas que serpentean como susurros, entre balcones floridos y sombras frescas que invitan a perderse sin prisa.

En este precioso pueblo nació María Zambrano, en una calle discreta del casco histórico en la que se encuentra hoy la casa natal de la filósofa. No cabe duda de que para quien desee conocer el municipio siguiendo la sombra de la escritora, el punto de partida lo marca el umbral de su puerta. No se puede visitar, pero comenzar el paseo por el pueblo desde este punto permite acercarse a su memoria.

La primera visita que sí puede incluirse en este itinerario es la Fundación María Zambrano, ubicada en el Palacio de Beniel, con exposiciones, biblioteca y un archivo dedicado a su obra. Es el núcleo institucional de su memoria en la ciudad, así como un edificio digno de admiración. Tras su fachada de piedra noble y aire señorial del siglo XVII, se esconde la memoria de una autora que convirtió a Vélez-Málaga en ciudad del pensamiento.

Vélez-Málaga tiene otros espacios dedicados a la memoria de la autora, que merecen su parada propia y su momento de admiración. Ejemplo de ello es la escultura urbana de María Zambrano, incluida en el recorrido de las principales rutas que se hacen por el pueblo en busca de su memoria.

Aunque quizá el lugar favorito para los amantes de la filosofía sea el Parque María Zambrano, con sus árboles del exilio. Se trata de un parque dedicado a la filosofía. Más que un jardín, es un mapa emocional del exilio, un territorio sembrado de memoria, pensamiento y raíces que se debe recorrer.

Entre senderos tranquilos y zonas de sombra, se encuentran murales con códigos QR que cuentan la historia de Zambrano en su exilio. El itinerario botánico incluye también especies de los países en los que vivió: Chile, México, Cuba, Puerto Rico, Italia, Suiza y Francia. Se convierte así la naturaleza en biografía, y los árboles, en símbolos de memoria y resistencia.

Tras el exilio, María Zambrano pudo regresar a España, y decidió pasar los últimos años de vida en la que había sido su “Ítaca soñada”. En Vélez-Málaga encontró un lugar en el que descansar, perdonar y olvidar. Y es también en este pueblo donde se encuentra su último reposo.

En el cementerio municipal de Vélez-Málaga, lejos del bullicio y del tránsito cotidiano, se encuentra el pequeño mausoleo de María Zambrano. Es discreto y sobrio, adornada apenas la estampa por los cipreses y los senderos de grava que conducen hasta su ubicación. No hay grandilocuencia, tan solo justicia. Porque en este imperio de la luz con el que soñó en los momentos más oscuros, descansa la que fue siempre hija de Málaga y de este precioso pueblo que hace tanto por recordar su memoria.


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