Artículo publicado en National Geographic. Viajes.
Hay lugares que nos marcan la vida para siempre. Para
la filósofa y escritora María Zambrano, ese sitio era casualmente el
que la vio nacer, y también el que la vio morir. Durante el exilio soñaba con
aquel “imperio de la luz” que era para ella su "Ítaca
soñada" al estilo del gran Ulises. “Hay un lugar en el Mediterráneo”,
escribía, “donde la tierra pierde su valor elemental, donde el agua marina
desciende al menester de esclava y convierte su líquida amplitud en un espejo
reverberante, que refleja lo único que allí es real: la luz”. Con estas
palabras imaginaba aquel paraje de ensueños que hoy podemos visitar, y que
mantiene viva la memoria de la que fue su gran pensadora, su gran amante y su
más grande hija predilecta.
Fueron muchas las formas en las que María Zambrano
habló de Vélez-Malaga, el pequeño pueblo andaluz al que coronó “imperio de
la luz”. La llamó su “patria primera”, por haber nacido en abril de 1904
de un matrimonio dos maestros. Pasó allí sus primeros años, antes de que la
familia se trasladara a Madrid y luego a Segovia.
La llamó también “Ítaca soñada”, cuando se
sentía como aquel Ulises que lucha por volver al hogar, cuando vivió el
exilio en Europa y América. Durante aquellos fríos años de su vida, las
imágenes del mar, los limoneros y los cantares populares se convirtieron en un
espacio interior de consuelo. Una geografía pintada en la mente.
Fue para ella, además, la tierra “paradisíaca” del
mar, la luz y las huertas, un núcleo afectivo sobre el que se
articulaba su sensibilidad poética. Fue lugar de reconciliación, de descanso y
reconocimiento, pues hoy Vélez-Málaga la reconoce como Hija Predilecta la
ciudad, y lucha por mantener viva su memoria. Y fue su patria final, dado que
es en Vélez-Málaga donde descansan sus restos.
Las descripciones de Zambrano nos sirven para imaginar
una primera estampa de Vélez-Málaga, o al menos de aquel pueblo con el
que soñaba desde el exilio. Un lugar en el que, sin duda, destaca la luz,
que cae dorada sobre las fachadas blancas. Un paraíso en el que el aire
huele a azahar, a sal marina, a historia viva. Desde sus colinas, el pueblo se
derrama en callejuelas estrechas que serpentean como susurros,
entre balcones floridos y sombras frescas que invitan a perderse sin
prisa.
En este precioso pueblo nació María Zambrano, en una
calle discreta del casco histórico en la que se encuentra hoy la casa
natal de la filósofa. No cabe duda de que para quien desee conocer el
municipio siguiendo la sombra de la escritora, el punto de partida lo marca el
umbral de su puerta. No se puede visitar, pero comenzar el paseo por el pueblo
desde este punto permite acercarse a su memoria.
La primera visita que sí puede incluirse en este
itinerario es la Fundación María Zambrano, ubicada en el Palacio de
Beniel, con exposiciones, biblioteca y un archivo dedicado a su obra. Es
el núcleo institucional de su memoria en la ciudad, así como un edificio digno
de admiración. Tras su fachada de piedra noble y aire señorial del siglo XVII,
se esconde la memoria de una autora que convirtió a Vélez-Málaga en ciudad del
pensamiento.
Vélez-Málaga tiene otros espacios dedicados a la
memoria de la autora, que merecen su parada propia y su momento de admiración.
Ejemplo de ello es la escultura urbana de María Zambrano, incluida en el
recorrido de las principales rutas que se hacen por el pueblo en busca de su
memoria.
Aunque quizá el lugar favorito para los amantes de la
filosofía sea el Parque María Zambrano, con sus árboles del exilio.
Se trata de un parque dedicado a la filosofía. Más que un jardín, es un mapa
emocional del exilio, un territorio sembrado de memoria, pensamiento y raíces
que se debe recorrer.
Entre senderos tranquilos y zonas de sombra, se
encuentran murales con códigos QR que cuentan la historia de Zambrano
en su exilio. El itinerario botánico incluye también especies de
los países en los que vivió: Chile, México, Cuba, Puerto Rico, Italia, Suiza y
Francia. Se convierte así la naturaleza en biografía, y los árboles, en
símbolos de memoria y resistencia.
Tras el exilio, María Zambrano pudo regresar a
España, y decidió pasar los últimos años de vida en la que había
sido su “Ítaca soñada”. En Vélez-Málaga encontró un lugar en el que descansar,
perdonar y olvidar. Y es también en este pueblo donde se encuentra su último
reposo.
En el cementerio municipal de Vélez-Málaga, lejos
del bullicio y del tránsito cotidiano, se encuentra el pequeño mausoleo de
María Zambrano. Es discreto y sobrio, adornada apenas la estampa por los
cipreses y los senderos de grava que conducen hasta su ubicación. No hay
grandilocuencia, tan solo justicia. Porque en este imperio de la luz con el que
soñó en los momentos más oscuros, descansa la que fue siempre hija de Málaga y
de este precioso pueblo que hace tanto por recordar su memoria.
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