09 enero 2026

UN ANÓNIMO WHATSAPP EN TIEMPO DE NAVIDAD

 

En esta época de las comunicaciones súper instantáneas, en las que sin embargo permanecen por doquier muchas soledades, anímicas y físicas, llegan a nuestros potentes aparatos electrónicos (móviles, tablets, ordenadores) mensajes de muy diversa naturaleza, que nos provocan sensaciones muy contrastadas y variadas. Algunos de esos mensajes nos generan satisfacción, alegría e incluso calor humano. Otros, por el contrario, resultan infortunados, desagradables y tantas veces inoportunos. Algunos de estos mensajes nos indignan, pues “juegan” con nuestra paciencia y sosiego. Especialmente, los de naturaleza publicitaria (empresas de telefonía, electricidad, seguros o ventas de productos específicos) pues nos llaman “a cualquier hora” de manera reiterada y contumaz. Muchas de estas llamadas proceden de provincias con las que no se tiene vínculo alguno y con la rareza de que cuando decimos “dígame” cortan la comunicación de inmediato, dejándote con la duda de “¿para qué llaman?”. En este contexto se inserta nuestra breve y curiosa historia.


FLAVIO Ramírez, 42, analista químico, separado conyugalmente desde hacía tres años, se encontraba en su apartamento terminando la cena. Lo acompañaba el sonido monocorde de una cadena televisiva. Como era habitual, sonó la señal de entrada en su Iphone de algún mensaje. De manera automática observó la pantalla, viendo que en su aplicación de whatsapp le enviaban una foto, desde un número que no estaba entre sus contactos. Entonces, movido por la curiosidad, entró rápidamente en la aplicación para ver el contenido de la foto. Para su sorpresa, la imagen enviada ya había sido borrada, frustrando su interés por verla. Revisó sus contactos telefónicos e incluso estuvo comprobando si desde ese número lo habían llamado alguna vez.

Como se encontraba un tanto aburrido del “tostonazo” del canal que tenía sintonizado, tuvo la ocurrencia de ejercer de “detective” a fin de averiguar quién era la persona que había utilizado su número. En principio, era razonable deducir que este comunicante se hubiera equivocado y había rectificado de inmediato, borrando la foto enviada. Pero ¿y si no había sido un equívoco o error? ¿Habría tenido alguna intencionalidad en la comunicación? Tenía una buena oportunidad para distraer su soledad, así que arbitró una habilidosa respuesta. Tomó la decisión de enviar un mensaje a través de esa nueva línea de Whatsapp que permanecía operativa. ¿Y qué le iba a escribir? Jugueteaba con el teclado discurriendo las breves palabras que pensaba enviar.

“Buenas noches. ¿quién eres? No te tengo en mis contactos. ¿Cómo has conocido mi número? Si ha sido un error, pues no pasa nada”

Tras enviar el mensaje, encendió su portátil, pensando en “navegar” por las redes un rato, buscando algo de distracción ante de irse a la cama. Llevaba unos minutos repasando los titulares de la prensa del día, cuando volvió a escuchar el conocido clic en su móvil. ¡Tenía respuesta a su mensaje!

“Hola, soy Anne. Necesitaba comunica con alguien y me inventé un número de teléfono, cuidando que los tres primeros dígitos fueran usuales en la proximidad. ¿Puedes decirme tu nombre?”


Flavio dudó en responder. Se preguntaba quién sería la tal Anne. Al ver que la respuesta no llegaba, esta mujer escribió otras palabras. “¿Estás solo? ¿Podemos compartir algunos minutos de conversación? El sorprendido analista químico se animó a continuar ese “travieso juego” que se había generado de una manera tan improvisada. 

“Bueno Anne. Mi nombre es Flavio. Me encuentro solo y me haría bien intercambiar unas palabras, ahora que se acerca la Navidad” De esta forma tan sencilla e inesperada comenzó entre ellos un curioso diálogo, en el que a medida que pasaban los minutos uno y otro comunicante fueron aportando datos, ilusiones y comentarios, en una aproximación personal un tanto insólita, sorpresiva e incluso divertida. Ambos daban muestras de la necesidad de comunicar. El tiempo transcurría y ambos parecían estarlo pasando bien. Flavio percibió que Anne era un tanto precavida acerca de su vida íntima. Le agradaba hablar de todo, pero evitaba en lo posible ser protagonista.  Al fin se despidieron, aplicando cortesía y el afecto cálido de una amistad “traviesamente” iniciada. Se comprometieron a que en la noche siguiente volverían a conectarse.

Flavio, taciturno pero muy ilusionado por los 45 minutos que la casualidad le había regalado, pasó por la cocina para hacerse un vaso de soja caliente con cacao puro. Tenía que tomar la pastilla que le ayudaría a descansar.

La noche siguiente, en fechas próxima a la Nochebuena, reanudaron la comunicación a partir de las 22:30. Hablaron, fundamentalmente de cosas sencillas, cómo les había ido el día, algunas anécdotas, también de la buena temperatura que estaban gozando en pleno diciembre… Anne era una persona agradable, parecía cariñosa, que sabía escuchar y comprender, al número que la suerte le había deparado. Ambos parecían tener problemas de soledad, que trataban de “suavizar” con esta pequeña aventura nocturna, que tanto les confortaba. Anne le había pedido, expresamente, el hablar sobre cualquier tema, pero le rogaba que respetara, por ahora, su íntima privacidad. Flavio respetó, desde el primer momento este comprensible ruego.

A la quinta noche, era viernes, el ilusionado analista tuvo la espontaneidad, a todas luces lógica, de sugerir a la “misteriosa” Anne si aceptaba compartir una merienda o cena para el sábado. Tendrían la oportunidad de disfrutar del fascinante espectáculo de luces navideño que adornaba y alegraba a la ciudad, en estas fechas tan señaladas del calendario.  Anne guardó unos “interminables” y breves minutos de espera para la respuesta. Al fin llegó el mensaje “Ten un poco de paciencia. Voy a grabarte un largo mensaje de voz”.

“En la vida, amigo Flavio, son muchas las cosas que vemos y escuchamos. Pero la verdad no siempre la encontramos detrás de esos hechos. Debo ser sincera contigo y descubrirte mi verdadera personalidad. Eres un buen hombre, que durante cuatro maravillosas noches me has regalado sencillez, verdad, ilusión, confianza. No mereces el engaño. Practico con frecuencia lo que te sorprendió y motivó. El recibir un Whatsapp con una foto que de inmediato se borra, suele mover a la curiosidad. Todos nos sentimos tentados a conocer que hay detrás de esta acción, detrás de un número telefónico de nueve dígitos. Así es como suelo hacer “amistades”. En ocasiones, interesantes contactos que me reportan vida, distracción y también importante sustento económico. Me puedes calificar con las palabras que consideres oportunas, tras conocer mi verdadero “oficio”. Pero, no mereces el engaño. Mi vida tiene no pocos nublados, para la tristeza, la necesidad y el sufrimiento. Pero he tenido que luchar para subsistir. A pocos minutos de hablar contigo, ya fui tomando conciencia que no eres la persona de la que me podría aprovechar, vendiéndote esa ilusión pasajera para sosegar los instintos. Por supuesto que no quiero perder tu noble amistad. Pero ahora, que ya conoces la realidad, eres tú quien debe decidir. Estaré en ese lugar y hora del sábado, Parador de Gibralfaro, que me has propuesto, desde como bien dices se tienen las mejores vistas de Málaga, ahora con la maravillosa iluminación navideña. En modo alguno me enfadaría, si no asistes a tu propuesta de encuentro. Siempre esperaré el fascinante momento de volver a escuchar tue palabras y el de compartir los limpios sentimientos que atesoras”. 


Flavio permaneció inmóvil tras escuchar tan prologada y expresiva comunicación, plena de sinceridad y grandeza, en lo humano. Se sentía muy abrumado y confuso, tras conocer el trasfondo de un número de Whatsapp desconocido y una foto que se borraba al instante. Creyó que no era el mejor momento para responder a Ann, considerando el estado anímico o emocional en el que se encontraba. Se fue pronto a la cama, cuando la noche arropaba a tantas vidas insomnes. Una pregunta recorría su mente, en dura negociación con el sentimiento ¿Qué debía hacer mañana, a las seis de la tarde?  El cielo y las estrellas, los astros que modelan nuestras voluntades, tendrían a bien decidir, en TIEMPO DE NAVIDAD.

 

José L. Casado Toro

Diciembre 2025



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