23 enero 2026

DIÁLOGOS SOBRE LA VIDA

 


El diálogo entre las personas es una de las posibilidades más importantes que tenemos los seres humanos, para nuestro enriquecimiento cultural y la apertura relacional. Resulta evidente que los libros, las instituciones regladas formativas (escuelas, institutos, universidades) la “infinita revolución de Internet, los medios de comunicación (prensa, radio, televisión), las redes sociales, los centros culturales, etc. todo ello nos aporta amplia y variada información de manera continua y en la mayoría de las ocasiones de forma gratuita.

Pero esa lúcida facultad de poder hablar con un interlocutor es un recurso natural y fascinante en su valor. Ese amable compañero de charla nos facilita una información que ha sido generada por algo tan sutil, enriquecedor y misterioso como es el ejercicio de la vida. Vamos a comentar algunos significativos ejemplos que avalan y sustentan esta afirmación.

Vamos caminando por el entorno natural y nos encontramos con UN HOMBRE DEL CAMPO. En su modesta apariencia acumula bastantes años en su memoria. Ha podido ser labrador, pastor, cabrero, leñador, ganadero. Nos acercamos a él y tras los buenos días observamos un rostro curtido por el sol y agradecido por nuestra atención. A Demetrio, sin duda, le agrada hablar, expresarse, ser escuchado, acerca de lo que le preguntamos (especialmente, si tiene relación con el campo. En su experiencia tiene mucho que decir y aportar. Lo hace con generosidad, tratando de que se le entienda. El ritmo expresivo es pausado, lento, casi teatral, porque para este campesino las prisas, los relojes y las aceleraciones, carecen de sentido. La información que nos facilita es de primera mano, pues la ha obtenido a través de la experiencia, con su duro trabajo, sometido a la rudeza de los cambios del tiempo, en cada hora y día, a través de muchos años. Larga vida laboral trabajando la tierra, cuidando a los animales y aprendiendo sobre su entorno. Primero fue la radio y después la televisión. Nos dice, con sencilla franqueza, que no necesita de “aparatos” para saber la hora del día ni para conocer la temperatura del aire. “Yo le puedo asegurar cuando va a llover, si va a venir una helada y si el viento soplará de aquí o de allá”.

Nos contará también que muchas de las medicinas, que le recetan los médicos para aliviar las dolencias, él puede conseguirlas eligiendo determinadas hierbas del campo. De inmediato comenta una serie de problemas corporales, aclarando que, para cada dolencia, hay una hierba apropiada que alivia e incluso cura. Demetrio se enorgullece de ser un buen “chef de restaurante” pues sabe mezclar los alimentos, básicamente naturales, para conseguir platos suculentos y exquisitos. Si se nos ocurre preguntarle por el estado del mundo, sabe hacer un resumen asombrosamente lúcido, aunque reconoce que apenas sabe leer y aplicar las “cuatro reglas” de la aritmética. Explica que vivimos en un mundo enloquecido por el dinero, en donde los ricos tienen cada vez más poder y los pobres más necesidad. Él tiene la suerte de vivir en plena naturaleza, alejado de tantas ambiciones y falsedades que viajan por todo el planeta. Un mundo que no sabe bien para dónde ir.  

Al final nos despedimos con un “a la paz de dios”, no sin antes haberte dejado con sus palabras y gestos un rico bagaje de sabios y prácticos consejos para sobrellevar la existencia, Su generosidad es admirable y su sencillez positivamente envidiable.



Hay también otros “tertulianos” que en el curso de su trabajo apenas pueden estar callados. Y a poco que les des un enlace temático ya no dejarán de parlotear. La necesidad de hablar y dialogar difícilmente pueden reprimirla. Nos estamos refiriendo al PELUQUERO y al TAXISTA. El paralelismo entre uno y otro profesional se define en la necesidad de comunicar, mientras están realizando su trabajo. El peluquero tiene algo de más tiempo para ese diálogo o monólogo, aunque el taxista puede tener una “carrera” larga y entonces el tiempo para dialogar con el cliente se amplía. En uno y otro caso, normalmente los clientes no suelen preguntarles. Son ellos quienes, con más o menos tacto o discreción, realizan preguntas que puedan abrir temáticas para el diálogo. Son personas “de ciudad” y las cuestiones en las que sienten más a gusto son de naturaleza sociopolítica, económica o costumbrista. Se cuenta alguna anécdota acerca de un famoso profesional de la tauromaquia, quien, estando sentado en el sillón de una peluquería, a la pregunta del barbero sobre qué servicio deseaba, aquél le respondió (no era la primera vez que estaba en manos de ese locuaz barbero) con brevedad y firmeza: “que se calle”.


No podemos olvidarnos de otras personas a quienes también les agrada y necesitan “hablar de lo que sea”. Son los JUBILADOS, cuya acción de comunicar y escuchar se agudiza cuando no tienen en casa a nadie más con el que poder contactar. Hacen todo lo posible por iniciar el intercambio de las palabras, debido a que su capacidad expresiva la tienen “bloqueada” por no tener a quien los escuche. Se esfuerzan en hacer nuevos amigos “en donde sea y cuando se pueda”. Estos jubilados urbanos, también, por supuesto, los que residen en el ámbito rural, han ido acumulando en su itinerario vital numerosas y variadas experiencias. Les gusta que la gente les pregunte. También se sienten felices, respondiendo a esas personas más jóvenes, que los tratan con discreción y respeto. Cuando no tienen interlocutor para intercambiar sus opiniones, su tiempo lo van dibujando con lentos paseos, tantas veces sin norte o destino. Cuando se sienten cansados toman asiento, contemplando ese horizonte marítimo, vegetal o urbano, “hablando” en silencio con esos atardeceres que nos despiden del día cuando llega la noche. No pocas veces se van recreando en la nostalgia de sus recuerdos, anhelos y frustraciones.

Concluyendo, el diálogo es bueno, necesario y didáctico, para enriquecer la experiencia y lúcidamente terapéutico contra el acre nublado de la soledad. No importa que nuestro interlocutor carezca de títulos y prebendas universitarias. Su cultura, procedente del recorrido por la vida, tiene el valor testimonial de lo verdadero y la sencillez transparente de la proximidad. Cuando hablemos con alguno de estos hombres del campo, hay que tratarlos con respeto, tanto por la edad, como por la sabiduría que han sabido ir acumulando en sus mágicas alforjas. Son “ilustres licenciados” por la Universidad de la Vida.


Es obvio que practicar el diálogo tiene unas REGLAS BÁSICAS. Los tiempos de intervención deben ser equilibrados, para cada interlocutor. Hay que respetar las opiniones que no compartimos, exponiendo “sin enfados” nuestros particulares puntos de vista. En ningún momento se debe menospreciar o infravalorar a la persona con la estamos hablando. Cuando estemos en tiempos de “crispación” social, deben evitarse determinados temas que pueden ser conflictivos en su deriva. De manera especial, los de naturaleza política. Todo diálogo puede reportarnos enseñanzas y valores. La cortesía y las buenas formas deben ser inexcusables. -
 


José L. Casado Toro

Enero 2026

 





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