Artículo
de Alberto Romero Ferrer,
Catedrático de Literatura Española, Universidad de Cádiz. Publicado en la
revista digital The Conversation.
Heredero directo y sin complejos de la copla y el pasodoble, la figura de Carlos Cano supuso un importante punto de inflexión respecto a la
tradición de la canción española. Cano apareció justo en unos momentos, los
años del tardofranquismo y la transición, donde todo ese mundo musical en
blanco y negro destilaba un penetrante olor a nacionalcatolicismo y a una
Andalucía de charanga y pandereta.
25 años después de su fallecimiento tenemos la distancia suficiente
como para ofrecer una lectura sosegada sobre su
significativa aportación a la cultura musical –y literaria– española. Tampoco
debemos olvidar el fuerte compromiso social y artístico con los desheredados de
la tierra asociado al autor de “Luna de
abril”.
Carlos Cano nació a finales de los años 40 en una Granada caciquil
anclada al pasado. Lo hizo, además, dentro de una familia muy castigada por el
régimen franquista: su abuelo materno fue sentenciado a muerte a principios de
la guerra civil, con todo lo que ello implicaba como estigma social.
En ese ambiente de posguerra y restricciones su banda sonora se
nutrió, como la de todos los españoles de la época, de la copla y el flamenco.
A través de la radio y el cine escuchó “Tatuaje” de Concha Piquer, “El
emigrante” de Juanito Valderrama, “Los campanilleros” y los fandangos de La Niña de
la Puebla.
Memoria histórica y cultura del exilio
Estas coplas y canciones de orígenes
bastante humildes, también de consumo popular, adquirieron con el tiempo un
papel esencial en la obra y trayectoria de Carlos Cano, para transformarlas en
patrimonio cultural, social y político.
Durante su carrera, el cantante elaboró un
interesante juego de complicidades éticas y estéticas muy comprometido con la
lucha antifranquista y la defensa del nacionalismo andaluz. Así, reivindicó la
copla como una categoría musical autónoma más allá de las manipulaciones, las
lecturas y la apropiación interesada y esclerótica que de ella había hecho el
régimen franquista. Esta apropiación se había realizado eludiendo los obvios
orígenes republicanos del género, así como sus coqueteos con los aires libertinos y la obscenidad del cuplé.
Lo cierto es que la copla se había institucionalizado durante la
II República española y fue símbolo de identidad en quienes tuvieron que
exiliarse durante la dictadura al otro lado del Atlántico. Muchos de sus
letristas y músicos siguieron compartiendo credos republicanos, como el caso de
Ramón Perelló, anarquista, afiliado a la CNT y autor de los populares “Mi
jaca”, “La bien pagá” y “La falsa monea”.
Cano recuperó letras y músicas de las obras de Perelló, pero no
solo. Recogió el testigo de figuras como el polifacético y purgado por el
régimen Miguel de Molina, el exiliado
Ángel Sampedro Montero, “Angelillo” –uno de los más abiertos defensores de la
República–, o el maestro Salvador Valverde –autor de “María de la O”–.
También se hizo eco del trabajo de Agustín Castellón Campos,
“Sabicas” –uno de los pilares fundamentales de la guitarra flamenca– y de
Encarnación López Júlvez, “La Argentinita”, y su hermana Pilar López –ambas
herederas de “La Argentina”–. Nombres que destacan dentro de un amplio elenco
de artistas que, tras la guerra civil y la represión franquista, tuvieron que
huir al exilio para, en muchos casos, no regresar a España.
Padre musical del
andalucismo
En 2025 –el 19 de diciembre– se cumple el 25 aniversario de la
muerte de este cronista de su tiempo. Y el 28 de enero de 2026 Cano hubiese
cumplido ochenta años como coplero y cantautor granadino estrechamente
vinculado a las tierras gaditanas. A ellas les dedicó algunos de sus grandes
éxitos, como las “Habaneras de Cádiz”.
Padre musical
del andalucismo con su himno “Verde,
blanca, verde”, el cantante también
musicalizó varias obras de los poetas prohibidos, de Miguel Hernández a
Federico García Lorca –Diván
de Tamarit: Gacelas y Casidas–. Igualmente, reivindicó la música y
las letras de la copla con sus álbumes Cuaderno de coplas, Quédate con la copla y La copla; memoria
sentimental.
En ellos
interpretó temas republicanos como “¡Ay, Maricruz!” (1934), “Chiclanera” (1936)
o “Falsa moneda” (1939), pero también coplas nuevas, como “María la
Portuguesa”, o las populares “Habaneras de Sevilla”,
con letra de Antonio Burgos. En su obra también merece recordarse su antología
personal del género: De lo perdido y otras
coplas.
El propio Cano llegó a afirmar que se puso a cantar copla en un
momento en que era un género marginal, de homosexuales y franquistas, y que su
labor ayudó a normalizar la situación. No obstante, también cultivó otros
géneros como el bolero, el fado, el fandango, la murga, el pasodoble o el
tango.
Nuevos aires para la
copla
Un cuarto de siglo después de su fallecimiento, su legado, siempre
en estado latente, vuelve con mucha fuerza gracias a una recodificación
contemporánea en donde la tradición dialoga con los ritmos del jazz, el pop, el
rock, el rap o la electrónica.
Así sucede,
por ejemplo, con el pasodoble de Genaro Monreal, Camilo Murillo y Francisco
Naranjo, “Campanera” (1953) dentro de la canción “Demasiadas
mujeres”, de C. Tangana. En otro orden, también se
está llevando a cabo la recuperación del repertorio histórico para públicos
desconocidos gracias a voces como Pasión Vega –Pasión por Cano–, Diana Navarro, o los talent
shows de copla como La bien cantá.
En todas estas realidades de la copla, hoy se
siente el magisterio y compromiso de Cano, de la literatura a la música y de la
música a la conciencia andaluza, de acuerdo con un pueblo y una cultura con una
fuerte marca de identidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Por favor: Se ruega no utilizar palabras soeces ni insultos ni blasfemias, así todo irá sobre ruedas.
Reservado el derecho de admisión para comentarios.