Los seres
humanos somos muy abiertos a seguir los rituales tradicionales en las distintas
épocas del año, según países, religiones y creencias. Entre las numerosas
celebraciones que se repiten en el calendario, el
sentido de la NAVIDAD puede considerarse universal. En nuestra cultura
cristiana tenemos la artesanía alegre de los belenes, el arbolito en casa bien
adornado, los sencillos y bien conocidos villancicos, toda una repostería
deliciosa (mazapanes, mantecados y borrachuelos) que hay que controlar para el equilibrio
de la salud, las cada vez más frecuentes y opíparas comidas de empresas, sin
que falten esos millones de bombillas led que iluminan y alegran las noches,
convirtiéndolas en cromáticos amaneceres.
De todas
formas, en esta vorágine festiva invernal, hay un factor que potencia la
Navidad, incluso en países de cultura diferente a la cristiana. Ese elemento,
numérico en el almanaque, es importante e insoslayable. Hay cambio de anualidad. Nos hacemos en cada Navidad más
mayores, aunque en el fondo tratamos de no perder el alma ilusionada de niños. Y,
en todo este contexto, la sorprendente y lúdica “lluvia” del intercambio de
regalos, sean en el día de Navidad o aquéllos que traen en sus mágicas alforjas
los tres Magos de Oriente.
A partir de
estas bases, sobrevuela de forma personal u on-line el intercambio millonario
de parabienes y buenos deseos, buscando la frases más originales e ingeniosas,
aunque prevalecen en esta cordial y educada jerarquía el uso habitual del MERRY CHRISTMAS – FELIZ NAVIDAD.
Sin embargo,
en estas lúdicas y alegres fiestas, ornadas de luces, canciones, regalos y
golosas ingestas, debería potenciarse un valor que
cada vez resulta más necesario y que lamentablemente cada día se escatima más. Nos
estamos refiriendo al valor inconmensurable de la BONDAD.
Y no sólo para aplicar el 24-25, 31-1 de los almanaques. Nuestras vidas, humanamente
estresadas, egocéntricas, mal pensantes, envidiosas, intolerantes, violentas,
maliciosas, materializadas, habría que llenarlas del áureo valor de la bondad.
Es cierto que la práctica “ser bueno” no vende mucho en el ranking de las
preferencias mundanas. Incluso el sentido de ser buena persona se distorsiona y
mal interpreta, con una consideración mísera, pobre y degradante, como el de
“ser algo necio”.
La bondad, bien entendida, significa ser más feliz, generando la felicidad en los demás. Si aplicamos una sana reflexión, admitiremos que haciendo el bien no nos sentimos mal, sino todo lo contrario. Tranquilizamos nuestra conciencia y el corazón se siente feliz.
¿Y cómo puedo
yo hacer el bien? Parece una pregunta obvia, para cualquier nivel de
inteligencia. La respuesta es sencilla y operativa. Pensando
menos en ti y más en los demás. ¿Te sientes realmente “feliz” con el
dolor físico o anímico en las demás personas? Si la respuesta es afirmativa, la
solución debe ser inmediata. Tienes que pedir, con urgencia cita con un
psicólogo o con un médico psiquiatra. Igual estos especialistas te pueden
ayudar, con sus conocimientos académicos y la experiencia que atesoran, a
recomponer la mente y “el alma”. Haciendo el bien no podemos sentirnos mal. Si provocamos
el mal, en el fondo de nuestra conciencia sentiremos una profunda infelicidad.
Este
debe ser el sentido del espíritu navideño y del cambio de anualidad.
Lastimosamente, cuando observamos nuestro “alrededor” percibimos el odio, la
guerra, la intolerancia, la maldad, el egocentrismo, la mentira, el desprecio,
el dolor y el sufrimiento insoportable. Miremos a través de la ventana o dentro
de la habitación. Estas muy penosas realidades no representan en modo alguno el
sentido de la Navidad. Aquellos que aplican esas “maldades” son pobres personas
que no le dan una lúcida y justa oportunidad a la bondad. Es irrefutable que el
mundo está “enfermo” y esa enfermedad no es sino la falta, la carencia de
bondad.
Precisamente, NAVIDAD rima con BONDAD. Ese debe ser, con la lógica del corazón y el sentimiento de la mente, el verdadero sentido de la Navidad. Y no podría terminar esta sentida reflexión, repitiendo una frase que se debe incardinar en nuestro diario caminar. PAZ EN LA TIERRA, A LOS HOMBRES Y MUJERES DE BUENA VOLUNTAD. -
José L. Casado Toro
Navidad 2025
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