Artículo
de Manuela Catalá Pérez, Doctora en
Filología Hispánica, profesora de Lengua española, Facultad de Comunicación y
CC.SS., Universidad San Jorge. Publicado enla revista digital The Conversation.
Se acerca uno de esos momentos especiales
del año: la Navidad. Más allá de las competiciones por ser la ciudad más
iluminada del mundo o tener el árbol decorado más alto, y de las incitaciones
al consumo por cualquier calle y plataforma, la Navidad cuenta con un
vocabulario muy específico que nos puede sorprender.
Navidad
es la festividad cristiana que conmemora el nacimiento de Jesucristo, el 25 de
diciembre según el calendario gregoriano. La palabra “Navidad” procede del
latín nativitas,-atis (nacimiento) a partir de la que se
realizó una síncopa, es decir, la desaparición de la sílaba “ti”. Antes de que
los cristianos adoptaran el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de
Jesús de Nazaret, los romanos celebraban esa misma noche la
fiesta del Sol Invictus, en honor al nacimiento del dios Sol
durante el solsticio de invierno.
Las fechas concretas en las que se celebró la primera
Navidad varían según las fuentes, pero todas se mueven en un
periodo de treinta años a mediados del siglo IV y se considera que el primer
banquete de Navidad se celebró en el año 379 en Constantinopla.
A partir de esta fecha comenzó a
extenderse por el resto del Imperio romano. Un siglo después ya alcanzó Egipto
y con el tiempo se fue uniendo a otras fiestas paganas hasta que el periodo
navideño se asentó como una celebración desde el 25 de diciembre hasta el 6 de enero.
De los ‘christmas’ a los memes
Navidad
en inglés es Christmas, palabra que procede del inglés antiguo Cristes
maesse. Esta expresión, que se utilizó por primera vez en 1038 y cuya
traducción literal al español es “la misa de Cristo”, aludía a la eucaristía
que se celebraba la noche del 24 de diciembre para conmemorar el nacimiento de
Jesucristo.
En español, “christmas” se recoge en el
diccionario como anglicismo con el significado de tarjeta de
Navidad. A este tipo de evolución semántica lo llamamos “metonimia”, ya que
designamos algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o
viceversa. Cuando mandábamos correo postal, en aquel pasado lejano previo a la
aparición del teléfono inteligente, solíamos adaptar la pronunciación de este
concepto y simplificarlo en la voz “crismas”.
Ahora son los soportes tecnológicos los
que utilizamos para felicitarnos las fiestas a través de los más sorprendentes
“memes”. Esta palabra proviene también del inglés, y fue acuñada en 1976 por el
biólogo inglés Richard Dawkins para referirse a un
elmento básico de la transmisión cultural, por paralelismo con el gen biológico
(de “gene” en inglés a “meme”). Proviene de la raíz griega “μίμημα” (“mímēma” ‘cosa que se imita’) y se
refiere a esas creaciones jocosas que combinan imágenes ya existentes en
internet y mensajes de texto con fines caricaturescos.
¿Belén, nacimiento, pesebre o portal?
Muchas casas dedican un espacio a un
belén. “Belén” (nombre tomado de la localidad palestina donde nació
Jesucristo), “nacimiento” (del latín “nascere”, “nacer” y de ahí por
alusión al nacimiento de Jesucristo mediante la
representación con figuras), “pesebre” (tomado del lugar donde comen
las bestias por ser el lugar en el que nació Jesucristo) y
“portal” (derivado
de “puerta) son las palabras más habituales para referirse a la
representación del nacimiento de Jesús que adorna millones de iglesias y
hogares. La tradición católica sitúa el primer belén en el siglo XIII, obra de San Francisco de Asís.
En Costa Rica emplean también la voz "pasito”, que se aplica al conjunto de
las cinco figuras principales: la Virgen María, san José, el Niño Jesús, la
mula y el buey. Se podría sostener que la palabra “pasito” es el diminutivo de
la palabra “paso” entendida como la efigie o grupo que representa un suceso,
muy presente en la Semana Santa, esta vez vinculado no a la pasión de
Jesucristo sino a su nacimiento, al ser también una exposición pública o
privada de este.
Turrón, guirlache y polvorones
No hay Navidad sin dulces y muchos son los
conceptos y alimentos que solo utilizamos e ingerimos en estas fechas. Por
ejemplo, el turrón, palabra de origen incierto. En otras zonas, como en
Nicaragua, el turrón es una “bola de harina de trigo bañado con miel de rapadura”.
El
guirlache, un dulce también muy navideño, es una palabra que procede del
francés antiguo (grillage: manjar tostado). Tal vez por eso sea mucho
más frecuente en zonas próximas a Francia, como es el caso de Aragón.
La palabra “polvorón” procede de pólvora, en
su acepción “partículas a que se reduce una cosa sólida”. Un origen muy
apropiado si consideramos la explosión que sentimos en la boca al comernos un
polvorón e intentar decir, al mismo tiempo, la palabra “Pamplona”.
El
origen de la palabra mazapán podría ser árabe: pičmáṭ, palabra árabe
proveniente de la raíz griega παξαμάδιον (“paxamádion”: bizcochito),
influenciado por las palabras masa y pan.
Otros
dulces, procedentes de otros países, ya son habituales en nuestras mesas. Uno
de ellos es el panettone, propio de Italia. La palabra panettone es
un italianismo crudo, es decir, no se ha adaptado, por lo que deberemos
escribirlo en cursiva. Las forma sugeridas para el español serían panetone
o panetón.
Villancicos y regalos
Las canciones más típicas navideñas son
los villancicos. Esta palabra procede de “villano”, es decir, el que es de la
villa o aldea, frente al noble. Por eso se trata de un tipo de canción popular,
del pueblo, de la villa.
¿Y de dónde sale esa “Marimorena” a la que
nos referimos en uno de los villancicos más populares? Parece ser que la
Marimorena era una mujer de armas tomar; tanto es así que en nuestros modismos
tenemos “armarse la Marimorena” como sinónimo de gresca o trifulca. Por eso, la
letra el villancico apela a la Marimorena a que esté calmada ese día, porque
“es la Nochebuena”.
La Nochebuena debe ser una “noche de paz”,
en la que nace el “chiquirritín”, el niño Jesús. “Chiquirritín” es el
diminutivo de “chiquitín”, que ya es diminutivo de “chico”. Así se hace más
pequeño y tierno al recién nacido.
Además
de los Reyes Magos y Papá Noel (siendo esta última una expresión adaptada que
viene de Francia, ya que allí la Navidad se dice Noël, de ahí que
comenzaran a llamar a Santa Claus “Pere Noël”, ‘el padre de la Navidad’) los
regalos navideños los puede traer, en Chile, el “Viejito Pascuero” (ya que allí
se habla de Pascua y no de Navidad).
En España también trae los regalos el
Apalpador (o Pandigueiro) en Galicia; l’Anguleru en Asturias; las Anjanas y el
Esteru en Cantabria; el Olentzero en Navarra y el País Vasco o el Tió de Nadal
en Aragón y Cataluña.
No importa quién traiga los regalos ni
cuándo, lo importante es que nadie se quede sin ellos, sobre todo sin el de la
salud. Feliz Navidad.
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