26 mayo 2025

NUESTRA FAROLA

 


Mi primer recuerdo de la Farola de Málaga, todavía siendo una niña y mucho antes de conocerla, era aquella frase que me repetía mi madre cuando me ponía muy pesada. ¿Por qué no te vas un rato a tomar viento a la farola? Y yo le preguntaba, ¿eso dónde está? Ella miraba hacia arriba, suspiraba y por respuesta me daba un abrazo mientras me decía que algún día la conocería.

Nostalgias de emigrantes, ligadas a sus vidas, en frases escuchadas a sus padres y abuelos. Eran como el cordón umbilical que les unía a su ciudad natal en la distancia: Recuerdos de su Farola, del olor a salitre y la mar chocando contra las rocas, donde entonces su único paisaje se extendía en una vasta llanura al otro lado del océano.

Muchos años después, ya en Málaga, madre e hija fuimos a verla y entendí su significado. Un faro mirando desafiante a la mar, mientras soplaban fuertes vientos. Algunas gotas saladas nos salpicaban la piel y me decía: así huele mi tierra que ahora también es la tuya, mientras llenaba los pulmones con su aroma. La farola, en femenino, como esa mar que contempla. La única bautizada así desde tiempos inmemoriales, quizá por quienes mejor la conocen.

La han pintado infinidad de artistas en distintos momentos de su existencia. Siempre como símbolo de identidad atemporal de Málaga. Algunos de ellos la inmortalizaron cuando se veía, como telón de fondo, desde todos los puntos de la ciudad. Sin ir más lejos, don Emilio Millán Ferriz, un hábil acuarelista, como lo califican sus escasas referencias biográficas, la plasmó en su lienzo «El Copo» en 1907, cuya imagen adjunto a este escrito. Esa fue una de sus obras pictóricas dedicada a nuestras playas, los marengos y al costumbrismo de la época.



Mucha es la historia de nuestra Farola, y gracias a ella muchos fueron salvados pudiendo labrar así su propia historia.   

El 25 de julio de 2023 fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Monumento. Ojalá eso sirva para su mejor conservación y no sigan ahogándola con cemento en sus alrededores hasta que un día la perdamos de vista, porque ella nunca lo haría.     


    Esperanza Liñán Gálvez 


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