Una de las frases más
recurrentes en nuestras expresiones, a medida que vamos acumulando cifras en el
almanaque vital, es ese lamento acerca de una limitación que consideramos
difícil de resolver: “cada día tengo peor
la memoria. Se me olvidan tantas cosas...” Estos lapsus
de memoria le suceden a un importante número de personas, con más o
menos reiteración, desazón e incomodidad. Esta pérdida se agudiza especialmente
con el paso de los años “La verdad es que
lo tengo en la punta de la lengua, pero ahora mismo no me viene la palabra a la
mente.”
Muchos hemos comentado
este problema a nuestro médico de familia, en más de alguna ocasión, preguntándole
qué podríamos tomar para mejorar esa memoria cada vez con un mayor deterioro.
No es infrecuente que el facultativo, con una amplia sonrisa en el rostro, nos
responda: ¡qué más quisiera yo que
aconsejarte. A mí me ocurre lo mismo! Esos olvidos y lapsus en el recuerdo los
tengo repetidamente a lo largo del día. Y no sólo se olvidan las palabras, sino
también los objetos de uso cotidiano, como las llaves, las gafas, la caja de
las pastillas, el monedero, el paraguas, aquella factura ... ¿Dónde la habré
puesto?”
Las causas
de estos olvidos pueden ser variadas. Entre ellas, solemos echar la culpa al
estrés en el que estamos inmersos, por el tipo de vida acelerada que hemos ido
construyendo y asumiendo en nuestro comportamiento diario. También, la falta de
una buena organización en nuestra forma de vida, que agudiza este problema.
Pero, sobre todo, culpamos a los años de nuestro organismo, como el principal
causante de esta debilidad evocadora para expresar palabras, recordar datos o
acordarnos en dónde hemos puesto tal o cual objeto.
¿Es inevitable o
imposible de resolver esta limitación que, con más o menos frecuencia, nos
molesta y enfada? En absoluto. Los expertos vienen a decirnos que, si desde
siempre hemos cultivado la memoria, estaremos en mejores condiciones para conservarla
o mantenerla en el mejor estado que nuestro organismo pueda alcanzar. Hay
fáciles prácticas que conducen al mismo destino: el
ejercicio mental. Al igual que ocurre con nuestro cuerpo y sus
articulaciones: tobillos, rodillas, cintura, muñecas, cuello, columna
vertebral, etc. la práctica de una “gimnasia mental” frecuente hará posible su
mejor conservación, a pesar de la edad. Citemos algunos de los más útiles y asequibles:
LA SOPA DE LETRAS. LOS CRUCIGRAMAS. LOS DAMEROGRAMAS. EL JUEGO
DE LAS DIFERENCIAS. LOS PUZLES. LOS SUDOKUS. EL AJEDREZ. EL CÁLCULO NUMÉRICO.
CONTAR LOS NÚMEROS HACIA ATRÁS. DELETREAR PALABRAS. DESCRIBIR UNA PINTURA O UNA
FOTOGRAFÍA. ESTUDIAR IDIOMAS. LEER BUENAS OBRAS LITERARIAS. ESCRIBIR RELATOS O
DIARIOS PERSONALES. PRACTICAR EL DIÁLOGO. NARRAR LA TRAMA ARGUMENTAL DE UNA
PELÍCULA, UNA REPRESENTACIÓN TEATRAL O UNA NOVELA. INTENTAR HACER DOS O MÁS
COSAS AL MISMO TIEMPO. Etc.
Como estamos
comprobando, existen caminos o medios para alimental, adiestrar, mejorar o
conservar nuestra capacidad y potencialidad para el recuerdo. En este contexto,
hay una práctica que suele dar excelentes resultados, cuando queremos mantener
en nuestra memoria nombres de personas, datos, palabras o conceptos, más o
menos complicados o difíciles. Ese recurso no es otro que la asociación de ideas. Relacionar una palabra con
otra, un concepto con otro, para que el segundo te ayude a conservar y
rememorar el primero. Dos ejemplos, contrastados en complejidad. Te presentan a
una persona que se llama Encarnación. Asocias ese nombre con la palabra virgen
o con una persona muy conocida por ti, que se llame también Encarna. Te dan por
teléfono una cita médica y en ese momento no tienes donde apuntarla pues estás
en una estación de metro y con prisa. Entonces repites varias veces, de una
forma mecánica “otorrino veinte dieciocho A o 2018 A” Ya en casa, más
tranquilo, anotas que tienes consulta con el otorrino el 20 Abril a las seis de
la tarde. Puedes utilizar datos importantes de tu vida o la Historia, para esta
asociación o vinculación de ideas.
Una máxima que resulta
primordial para reducir los fallos en la memoria: aquellos datos o hechos que realmente
nos interesan se recuerdan mucho mejor. Efectivamente, el
interés por algo facilita que ese dato, acción o experiencia se grabe
con más intensidad en los archivos mentales, lo que permitirá hacerlo explícito
con más rapidez cuando recurramos a él. Esta pequeña regla la vemos de manera
continua en nuestra vida cotidiana. Tenemos recuerdos muy concretos de
experiencias bastante lejanas en el tiempo. Y otras vivencias más recientes
aparecen en nosotros mucho más difuminadas e inconcretas. La razón es obvia: el
interés que en su momento nos proporcionaron unas y otras acciones.
La publicidad en los
medios de comunicación nos ofrece de continuo determinados productos
farmacéuticos, con bastante fósforo en su composición, que dicen garantizar su
eficacia a fin de potenciar la memoria. Como la mayoría de los productos
vendidos en farmacias, no son precisamente baratos. Desde luego los médicos no
son tampoco muy abiertos a su recomendación. Por el contrario suelen repetirte
en sus consultas la conveniencia de mantener una dieta variada en la ingesta y
el diario ejercicio mental, a fin de mantener mejor la memoria. Las agendas, en
papel o electrónicas, ayudan sin duda. Los cuadrantes para actividades pendientes
resultan también sumamente útiles. Algunas personas olvidadizas encuentran una
interesante ayuda en las etiquetas de papel
autoadhesivas, que tienen colores
de gran intensidad, denominadas post-it, las cuales tienen repartidas por toda
la casa y de manera especial alrededor del entorno informático personal. El
positivo hábito de colocar cada cosa en un sitio
concreto, nos permitirá en cualquier momento su pronta localización. Todas
estas pequeñas, pero rentables, normas facilitan los recuerdos a las personas
olvidadizas.
Podemos priorizar en
nuestro organismo unos sentidos o facultades sobre otras. Pero, entre las capacidades
más importantes, tiene un puesto de privilegio nuestra memoria. Recuerden a ese
alumno que dedica escaso tiempo a estar ante los libros y que, sin embargo,
obtiene excelentes calificaciones. Por supuesto que es inteligente pero, muy
probablemente, tiene una gran potencialidad en su memoria. Es una valiosa facultad
que habrá que cuidar para su ejercicio en todo momento, pero de manera especial
en las edades avanzadas de nuestros calendarios. Y no “olvidar” que el consejo
del médico especialista será siempre importante.-
José
L. Casado Toro
Noviembre
2020
Interesante
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