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21 septiembre 2017

LA POSVERDAD


No sé quien acuñó la frase de que una mentira mil veces repetida termina por convertirse en verdad. Algunos llegarán a aceptarla como tal, pero no cabe duda de que continuará siendo una mentira.

Por desgracia, esto es lo que está ocurriendo actualmente en Cataluña. 

Cuando escucho el desparpajo con el que los líderes de la Generalitat juegan con los eslogánes repetidos hasta la naúsea “El derecho internacional nos permite…” “No hay mayor democracia que la de votar…”, “Las leyes del Parlamento catalán nos autorizan…” “Seguiremos perteneciendo a la Comunidad Europea…” La irritación que me produce escucharlos me obliga a apagar la radio o la televisión y hace que me refugie en el ordenador a continuar trabajando en todo lo que ahora me ocupa. Coloco un disco de música clásica y mi ánimo se serena, al menos, por el tiempo que media hasta volver a escuchar los repetidos sonsonetes . 
El único que me hace sonreir, a mi pesar, el más “chusco” de todos, es el de “Aquellos catalanes que lo deseen podrán tener las dos nacionalidades: la catalana y la española”. Y dos huevos duros, como diría mi admirado Groucho Marx.
El pasado año visitamos Croacia y en la hermosa Duvronik, 

en una de las salas de su Ayuntamiento improvisada como museo, pudimos ver, con espanto, las fotografías de los jóvenes que cayeron en la última guerra de Bosnia. Muchachos de dieciocho, veinte años, y poco más enfrentados a vecinos con los que habían convivido, compañeros con los que habían estudiado, amigos con los que compartieron infancia y juventud. En la catedral se celebraba un homenaje musical dedicado a ellos y conmovía ver resbalar las lágrimas por las caras de las mujeres que participaban. No comprendíamos la letra de las canciones que entonaban, pero si el sentimiento de dolor por la pérdida de los que, absurdamente, murieron en ese enfrentamiento. No juguemos con fuego, por favor.
“Los pueblos que no conocen su historia están obligados a repetirla”. Y al parecer, los que la conocen deformada, también.

MAYTE TUDEA

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