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29 abril 2017

PINTADAS CON CLASE

Hace algún tiempo ha surgido una oleada colorista en nuestras calles y plazas. Unas veces en solitario y otras conviviendo con las paredes inundadas de pintadas y burdos graffitis que molestan la vista y el ánimo, hay verdaderos artistas que las han vestido con una esencia, quizá menos purista para algunos, pero demostrando que la creatividad se abre camino en los lugares más insospechados.

Las paredes que rodean la Plaza de la Judería


son un ejemplo de museo al aire libre. La más llamativa es la de una andaluza de ojos negros y profundos capaces de detener el tiempo; trasladarte a esa Málaga flamenca que subyace bajo los adoquines y recrear una historia de tablaos, bailaoras y amores reñidos. Sus labios sugerentes en cuya comisura apoya unos largos dedos seducen con osadía. En la parte inferior la enmarca un negro abanico abierto cuyo lenguaje, lejos de ser una barrera, invita al transeúnte a otra realidad. Hombre o mujer, nadie puede sentirse indiferente ante ella y se detienen a admirarla.

Hay otras muy buenas pinturas en los laterales de edificios que se han puesto de largo con imágenes igualmente bellas, formando parte del nuevo paisaje urbano de la ciudad.
No puedo dejar de referirme a la calle Lagunillas, emblemática como el barrio de la Victoria y que en su afán de renacer de las cenizas como el Ave Fénix tiene nuevos habitantes en sus muros. Diversos artistas han contribuido a ese variado estallido de color que conmueve y se prende en las pupilas. 

En la plaza de la Esperanza
parecen darnos la bienvenida con el ánimo de que reine en él lo que de su nombre se espera.

Cada rincón de nuestra ciudad encierra una historia que va más allá de sus edificios y el asfalto de sus calles. La real y la que el talento de estos artistas nos recrea en el lienzo de sus paredes.

Esperanza Liñán Gálvez

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