16 octubre 2026

ESCRIBIR SOBRE UNO MISMO

 


No resulta fácil hacerlo. Algunos especialistas, como psiquiatras, psicólogos y educadores, aconsejan a sus pacientes que escriban cada día unos minutos, acerca de cómo les ha ido el día, los proyectos e ilusiones conseguidos o frustrados, las causas de los errores y aciertos de los que han sido protagonistas y la proyección organizativa que tiene para el día siguiente. Pero hay que reconocer con franqueza que “abrirse” ante la sinceridad del folio vacío, el archivo de texto receptivo en el escritorio del ordenador o compartir la intimidad ante la persona amiga, es una decisión muy complicada, casi “heroica” en su adopción.

Desde tiempo inmemorial un género literario muy interesante, por el contenido del texto y por la aceptación del público lector o investigador es el de la BIOGRAFÍA. Hay dos tipos de publicaciones biográficas: aquella que realiza un investigador externo y esa otra que escribe el propio personaje o AUTOBIOGRAFÍA. En uno y otro caso, la intervención del protagonista de la vida historiada es necesaria, casi imprescindible.

Pero ambos géneros suelen estar lastrados por la subjetividad del escritor. Esa interpretación inevitable es comprensible. En principio, el autor se esfuerza en decir la verdad. Pero a pesar de esas nobles intenciones, cuando finalizamos la lectura de una autobiografía tenemos de inmediato una percepción. La necesidad, más o menos encubierta, que tiene el autor de “explicar” o de justificar o incluso mentir acerca de muchos o destacados comportamientos que jalonan su existencia. Ese es un pequeño o gran lastre, pues se modela los hechos con los detalles más favorecedores, “olvidándonos” de otros que enturbiarían la nitidez y veracidad de nuestra imagen. En otro sentido, toda biografía es un punto de vista acerca de cómo el personaje vivió e interpretó el contexto social, político y económico en el que le correspondió vivir.



A pesar de las limitaciones y condicionantes, el género es en sumo atrayente y documental, también comprensivo, para empatizar con el protagonista de del relato. Es significativo que leamos, en la crítica especializada, esa destacada frase de “Es la mejor biografía acerca del personaje histórico, que se ha publicado hasta el momento”. Aunque tenga elementos novelados o con aportes de ficción, nos ayudará a conocer y comprender mejor la época y el contexto histórico en donde transcurre la vida del personaje estudiado.

Y de aquí pasamos al DIARIO PERSONAL, reflexión íntima y privada de una parte, más o menos amplia, de la evolución de una vida. Esta narrativa posee, en la mayoría de las ocasiones, un sentido terapéutico para superar depresiones o bloqueos anímicos. Hablando con nosotros mismos, vamos reflexionando acerca de los más significativo que nos ha sucedido en el día. Resulta comprensible que en esos resúmenes diarios haya habido vivencias positivas y otras menos afortunadas, aciertos y errores, disgustos y alegrías. De manera especial nos detenemos en aquellos hechos “problemáticos” en los que dudamos o nos reafirmamos sobre la calidad de nuestros actos. Rememorar acontecimientos desagradables nos ayuda a poner las bases para tratar de evitar su repetición o para aplicar pautas más afortunadas de respuesta. En ocasiones hacemos un verdadero ejercicio de introspección “desnudándonos” ante nuestra conciencia. Esos diarios varían según sea la edad del que escribe, junto a las circunstancias ambientales y familiares que puedan afectarle. Desde luego, las páginas escritas pertenecen a la absoluta privacidad e intimidad de sus autores. Tratamos, por todos los medios posibles, que nadie conozca su contenido salvo que por nuestra voluntad o necesidad sea conocido por algún familiar, amigo o especialista de salud mental.




Hay una modalidad especial en estos géneros narrativos. Se trata de ESCRITOS SOBRE NUESTRA VIDA. En este caso deseamos que alguno de nuestros descendientes conozca una parte, más o menos amplia y detallada, sobre alguna decisión trascendental que hayamos tomado con respecto a nuestra existencia. Habrá secretos o acciones, de naturaleza confidencial, que aceptamos sean conocidos después de nuestra vida. También hay personas que, sin el ánimo de querer escribir una autobiografía, cuentan humildemente su existencia, guardando el conjunto de folios. Cuando se les pregunta, manifiestan con sencillez eso de “aquí está contada mi vida. ¿a quién puede interesarle? Puede tratarse de una persona viuda, con los hijos independizados, que no ha tenido o protagonizado grandes logros, sino su trabajo responsable en la actividad que haya desarrollado. Esos muy humanos y veraces “papeles” quedan guardados secretamente en el armario e irán adquiriendo el color amarillento, signo del paso del tiempo. Normalmente, tras su fallecimiento, alguno de los hijos, ya mayores, descubren el admirable “tocho” familiar. Su lectura generará sentimientos y emociones inesperadas en sus descendientes y allegados.

Sí, es bueno y saludable que escribamos. Y que el protagonista de esas intensas y transparentes líneas sea nuestra propia persona. Es necesario que esas reflexiones vayan ornadas de valentía, sinceridad y humildad. Cuando lo hacemos, estamos hablando o dialogando con nosotros mismos. Esos pensamientos, esos valiosos renglones ayudará a conocernos mejor. En realidad, somos unos desconocidos, en nuestro microcosmos existencial, siendo la vida un proceso, un complicado camino para entendernos y hacernos mejores, pensando con más generosidad en las personas próximas. –



José L. Casado Toro

Octubre 2026



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