Siempre que
nos llega una nueva estación estival, fluye en nuestra mente un lúdico conjunto
de elementos que despiertan nuestra ilusión y las expectativas vitales para el
disfrute. Citemos algunos de esas alegres actividades: VACACIONES.
VIAJES DE PLACER. SOL Y PLAYA. FIESTAS POPULARES. HELADOS. ROPA FRESCA. BROCEADO
NATURAL. PASEOS AL ATARDECER. GAZPACHOS Y ENSALADAS. CINE AL AIRE LIBRE. FERIAS
ANUALES. ATRACCIONES Y CONCIERTOS. DESCANSO. HOGUERAS DE SAN JUAN. 2ª VIVIENDA.
REENCUENTROS Y AMISTADES. BARBACOAS NOCTURNAS. NATACIÓN. CAMPAMENTOS
INFANTILES. HORARIOS RELAJADOS. CARRICOCHES Y CALESITAS. CURSOS DE VERANO.
Etc.
Las
expectativas son abundantes y bien fundadas. Las realidades y los “caprichos”
del destino, también. Pero la ilusión difícilmente desfallece. El porcentaje de
objetivos cumplidos es una cifra traviesamente variable, casi siempre con
tendencia a la baja. Lo verdaderamente importante es la ilusión por realizar
numerosas actividades que, durante otros meses del año, no son factibles de
llevar a cabo. Obviamente, los distintos grupos de edad tienen o potencian
objetivos específicos para el disfrute veraniego. No es lo mismo tener 15, 30,
60 o más años, ante la estación vacacional.
Cuando el calendario de nuestras vidas marca cifras avanzadas, se recuerdan con simpatía y nostalgia algunas vivencias que sólo permanecen, viradas en sepia, en las fotografías conservadas y en los archivos de nuestras memorias. Recordamos, con sonrisas y añoranzas, aquellos grupos y pandillas escolares o vecinales, que, al estar libres de obligaciones escolares, procuraban multiplicar las horas de divertimento relacional en las playas, en los paseos, en las fiestas y guateques, prácticas de cromatismo juvenil que se llevaban a cabo en la mayoría de los días de la semana.
Algunas
familias, tras el ahorro de muchos meses, podían permitirse el “lujo” de
alquilar una casita o piso cercano a las playas, a fin de disfrutar ese mes
vacacional en el que el “cabeza de familia” gozaba de las esperadas y legales vacaciones
pagadas. En Málaga este desplazamiento mensual o quincenal para el descanso y
el goce, tenía tres destinos clásicos a los que se fidelizaban muchas familias
de nivel medio: el Rincón de la Victoria, Torre del Mar y Fuengirola.
Eran tres importantes localidades que se veían “visitadas” por el turismo “medio”
de la capital.
La aparición
del utilitario y mítico coche SEAT 600,
en 1957 (estuvo fabricándose hasta 1973), permitió “el milagro” de que en él
viajaran los padres, hijos e incluso la abuela o la tía, camino de la playa o
de unas vacaciones. Resultaba todo un espectáculo ver salir a tantos miembros
familiares, con sus playeros enseres, de un utilitario tan pequeño. Las
emergentes clases medias tenían que ponerse en lista de espera, durante meses, para
conseguir tan versátil vehículo para la movilidad. El precio de ese vehículo
rondaba las 60.000 pesetas, que las familias tenían que pagar para acceder a
esa señal de distinción de que “papá ya tiene
coche”. La llegada del 600 a un hogar suponía todo un acontecimiento.
Vecinos y familiares acudían a verlo, “tocarlo” e incluso pedían poder sentarse
en su interior. ¡Qué cómodo y espacioso! ¡Con él
puedes viajar a cualquier parte, vas a ser el rey de la carretera! ¡A
disfrutarlo con salud! ¡Y Vd./tú que lo veas!
Pasar 15 o 30
días de las vacaciones alejado del hogar y cerca de la arena de la playa,
viajando en autobús o en el nuevo coche Seat era un objetivo irrenunciable para
aquellos que se lo podían permitir.
Al paso de las décadas, los destinos viajeros se han ido amplificando en la distancia y el coste. Europa, Asia, América, con el aumento del poder adquisitivo de las familias, han ido sustituyendo al levante y al sur peninsular. Los viajes organizados por las agencias turísticas ya no son de un mes ni una quincena. Normalmente, 8 días, 7 noches. Según el tipo de estancia en los hoteles (habitación y desayuno, media o pensión completa) una estancia en una zona costera, durante los meses de julio y agosto, puede superar los 1000 € por persona y siempre que no se utilice el transporte aéreo.
Una
cómica pantomima, con respecto al turismo veraniego, podía generarse
en algunas familias que, por una mala racha económica, no podían realizar el
viaje de vacaciones anual. Al disgusto por no poder salir de vacaciones se unía
el condicionante vecinal, ya que provocaba vergüenza o pudor que los vecinos
del bloque comprobaran que ellos no se iban de vacaciones en verano. Se
arbitraban soluciones verdaderamente ingeniosas. Comentaban en voz alta que ese
verano iba a viajar en el 600 a la Costa Brava, o a la costa Cantábrica, durante
quince o treinta días, “en hoteles de muchas estrellas”. Cuando llegaba el día
del desplazamiento, cogían las maletas, cerraban el piso y todos trataban de “acomodarse”
en el utilitario familiar. Se despedían de los vecinos, que les decían con
fraternales palabras “¡Que bien lo vais a pasar! ¡A disfrutar las vacaciones!”.
Realmente emprendían un viaje corto, a
casa de los abuelos, en el campo, o de algún amigo de la oficina, que les
dejaba el alojamiento en la casa del pueblo por un precio módico, en donde
disfrutarían el agosto vacacional.
Volviendo a
la actualidad, estamos a las puertas de un nuevo verano. Por estas tierras del
sur el calor aprieta, con numerosas horas de insolación. El aire acondicionado
o mejor los ventiladores de techo son soluciones muy útiles y necesarias. La
opción de playa o piscina será elegida por cada cual, según sus gustos y
preferencias. Realmente, viajar en julio o agosto puede no ser muy conveniente,
por los precios y la masificación. Septiembre es un mes ideal. Siempre que el
viajero pueda utilizarlo.
Para finalizar este comentario, no podemos olvidarnos de una acción o actividad muy apropiada para los meses vacacionales. Durante el resto del año, los aficionados a la lectura hemos ido comprando libros, por interés, curiosidad, publicidad del “boca a boca” o trayectoria del autor. Muchos de estos ejemplares reposan en las estanterías de nuestros hogares, “adormecidos”, con paciente letargo hasta que, al fin, abramos sus páginas. De otros libros apenas hemos leído sus primeros párrafos. Ahora que llegan los meses del estío, la oportunidad de poder dedicar un tiempo inteligente a la lectura es insoslayable. Además de la distracción y el deleite de sus historias, facilitará el fascinante ejercicio de nuestras neuronas, para la comprensión y el análisis. Cuando estemos empatizando imaginativamente con sus páginas y contenidos, sentiremos la emoción y el dinámico “frescor” anímico que la lectura nos proporciona, en las horas más apropiadas del día o la noche.
José L. Casado Toro
Junio 2026



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