Los medios de autodefensa que apliquemos para sobrevivir, en esta
sociedad viciada que protagonizamos, son necesarios, posibles, imprescindibles
y compensatorios pues estamos conviviendo con respuestas y comportamientos
“selváticos”, absurdos, violentos e irracionales, que paulatinamente van
empobreciendo la irrenunciable dignidad de lo humano.
Cuando abrimos la mirada a este mundo descontrolado que nos rodea,
sentimos el aturdimiento subsiguiente de convivir con muy numerosas realidades
que marchan “al revés. De manera especial nos decepciona la sorprendente
inacción, el cobarde silencio, la tolerancia vergonzosa, mostrada por
prestigiosos y antiguos órganos supranacionales, creados para regir la
coexistencia mundial. Sin embargo, estas instituciones parecen estar mirando
hacia “otro lado”, cuando no en connivencia con los desvaríos bélicos y genocidas
de caracterizados e impasibles líderes políticos, deseosos de construir otro
mundo a su antojo. El descaro, el cinismo, la arrogancia “tabernaria”, la
desvergüenza, la ambición y la impunidad de estos dirigentes, atroces e
inhumanos en su lesivo proceder contra la racionalidad y la humanidad, generan
el asombro y el miedo más desalentador.
En su laxa conciencia, los ejércitos de estos crueles y repulsivos
dirigentes llevan la violencia, el sufrimiento, el miedo y la muerte a
centenares y miles de vidas, ya sean niños, mujeres, ancianos, hombres y mujeres
inocentes ante tan crispada y sangrienta barbarie. Destruyen con sus potentes
misiles y bombas mortíferas, ciudades, aldeas, fábricas, hospitales, riquezas
monumentales, cultivos, viviendas, sembrando la desesperación en tantas vidas carentes
de esa mínima felicidad que todo ser humano debe disfrutar. ¿Y qué hace la ONU,
la OTAN, la Unión Europea y la Justicia internacional? ¿Y qué hacen los ángeles
y los dioses, desde su críptico e ignoto “Paraíso? ¿y la propia Humanidad,
sojuzgada y envilecida?
Frente a este desolador panorama, el ser individual o colectivo se
pregunta ¿Cómo sobrevivir en medio de tanta inmundicia?
Sólo nos puede salvar nuestra generosa bondad,
nuestra valiosa racionalidad y nuestra
fértil imaginación. Resulta obvio que no nos
podemos quedar con los brazos cruzados. La autoprotección
es innegociable y pragmáticamente terapéutica.
INFORMACIÓN. Es necesaria
e imprescindible, para cualquier buen ciudadano. Pero no resulta útil, para la
salud de nuestro estado anímico, seguir leyendo y escuchando, de continuo, esas
deprimentes noticias que los medios de comunicación (muchas veces viradas de
inconfesables intereses) nos ofrecen. Bastante dolor nos proporciona la
aventura de vivir, para que encima suframos con esas injusticias, violencias,
maldades y atrocidades generadas por desquiciadas voluntades, con las que los
mass media rellenan sus titulares y artículos de opinión, ilustradas con un
material gráfico que repugna cualquier sensatez. Para compaginar información y autoprotección
anímica lo más aconsejable podría ser reducir, en lo posible, la “vorágine
informativa”, centrándonos en titulares y en resúmenes ofrecidos por medios
responsables y no interesados en ideologías extremistas.
LITERATURA. Una vez informados en lo estrictamente básico, hay que buscar compensaciones y sustitutivos que nos ofrezcan lo mejor y más estimulante de la existencia. La lectura de libros puede ser un muy adecuado e inocuo “Lorazepam” con efectos secundarios vitalizadores. Novela, ensayo, biografía, memorias, Historia, ciencia, etc. El ejercicio lector proporciona una fascinante inmersión en un mundo ficticio o real, a través de diálogo mágico que mantenemos con el escritor o creador literario.
NATURALEZA VEGETAL.
Trasladarnos con frecuencia a un ambiente rural, rodeados de árboles, montañas,
colinas, hierbas y flores naturales, en la inmensidad de un horizonte que se
une con la cúpula celeste, nos genera esa satisfacción de sentirnos pequeños y grandes
a la vez. Respirar el aroma de la vegetación, escuchar la acústica delicada de
las aves o de ese fluido hídrico que discurre buscando hidratar los elementos
físicos con los que se encuentra, es un delicado placer, muy próximo a esa
cuota de felicidad que el ser humano necesita, como medicina paliativa, para sonreír
y vivir.
NATURALEZA MARÍTIMA. Muchos
tenemos la suerte de poder desplazarnos fácilmente a las playas o a las zonas
portuarias. La grata sensación de caminar por la arena, Gozar con las formas y
acústicas encadenadas de las olas, oler el aroma salobre del mar, con la
posibilidad de viajar con el vaivén lúdico sobre las aguas, favorece nuestra
proximidad a esa naturaleza a la que pertenecemos. La natación, practicada en
el mar o en las piscinas aclimatadas, es un juicioso método para “olvidar” las
crueles miserias que otros provocan.
En esta larga lista de recursos compensatorios, no podría faltar la MAGIA DEL CINE, proyectado en las salas o en la pequeña pantalla de nuestros hogares. Empatizar con los protagonistas de historias narradas durante 90 o más minutos, nos lleva al conocimiento de otros mundos, otras vidas y otros comportamientos posibles. Nos enseña, nos distrae, nos ilusiona, nos hace pensar y reflexionar sobre un mundo que necesita acudir con urgencia a la clínica terapéutica de la sensatez.
Por supuesto que, en este breve listado de recursos compensatorios disponibles,
faltarían otros a los que también podríamos recurrir para el objetivo que nos
ocupa. Pero cada persona conoce, en lo íntimo de ser, aquello que más necesita
y favorece, en el noble e inteligente objetivo de compensar tiempos acremente nublados.
Hágase la luz. –
José L. Casado Toro
Abril 2026
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