Nota
1.-
Hace tanto que interrumpí estas colaboraciones que he olvidado la numeración de
la última. Para respetar una cronología aunque sea ficticia, elijo la cifra 40
y esperemos continuidad.
Nota
2.-
Un número bien reciente de la revista que me sirve de guía ha elegido a modo de
tema central “El problema de la vivienda”. En él aparece un artículo de Laura
Chivite titulado En construcción que me ha parecido reseñable
porque, cambiando las localizaciones de Madrid a Málaga, se lee con idéntica
complicidad.
Bajo despacio la calle Mesón de Paredes y
desde Tirso de Molina a la plaza Mandela, un recorrido más bien corto,
contabilizo ocho cafeterías de café de especialidad. En la plaza, a mi derecha,
el restaurante senegalés al que solía ir
a comer los miércoles lo cerraron para construir pisos turísticos; a mi
izquierda, el local donde iba a oir conciertos geniales con una acústica
terrible, lo cerraron en 2022, no sé muy bien por qué.
Hablar de cómo ha cambiado Lavapiés en
unos años es como decir que el agua moja. Quejarse de los turistas, de los
precios, de la destrucción de los barrios, de la destrucción de la vida, es una
cantinela que no cala a fuerza de repetirla. No hay nada que pueda
reivindicarse que no se haya reivindicado ya seiscientas veces. Ignoro de qué
manera puedo protestar para que pueda tener algún impacto, pero es urgente que
sigamos haciéndolo de todos los modos que se nos ocurran.
En 2001 vi En construcción, un
documental de José Luis Guerin que me pareció interesante sin conmoverme
especialmente. Lo he vuelto a ver y me ha parecido uno de
los documentales más importantes que he visto nunca. En él se cuenta la
intimidad de dos obreros de la construcción en el barrio barcelonés del Raval,
un catalán y otro marroquí. Uno de ellos dice: “El capitalismo no durará como
estas obras, no es eterno. Pasará como el esclavismo”. Y el otro responde: “El
capitalismo existió, existe y existirá”- Lucho por creer al primero, miro
alrededor y solo puedo creer al otro.
A mitad del metraje empieza a nevar y el
árabe dice: “La naturaleza susurra a Barcelona con la nieve”. Veinticinco años
después, a mitad de enero, nieva en Madrid. Nieva sobre el bar en el que me han
cobrado cuatro cincuenta por una cerveza, nieva sobre mis amigas que cada vez
viven en barrios más lejanos. Nieva sobre los taladros que alteran mis sueños,
sobre todos los locales vivos y, sobre todo, sobre los locales muertos.
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