Artículo
de Manuel Casado Velarde, Catedrático
emérito de Lengua Española, especializado en análisis del discurso, innovación léxica,
Lexicología y Semántica del español, Universidad de Navarra. Publicado en la
revista digital The Conversation.
En las lenguas se va sedimentando todo
aquello que forma parte de la vida de quienes las hablan: creencias, cultura,
afanes, actividades. “La lengua es el archivo de la historia”, escribió Ralph Waldo Emerson.
Y estudiar la historia de una lengua
equivale a adentrarse en la forma de vivir, en las ideas y los valores con que
vibraron y encontraron el sentido de la vida sus hablantes.
La lengua española ofrece gran riqueza
léxica y expresiva en el ámbito de las festividades que nos disponemos a
celebrar al final de cada año: la Navidad y su entorno.
Un nacimiento histórico
El
uso de la palabra castellana Navidad está documentado a
principios del siglo XIII (como nadvidad): es una abreviación
de natividad (en latín nativitate), que significa
“nacimiento”. La natividad o nacimiento de Jesús de Nazaret fue un hecho histórico que no solamente marca el calendario
para los creyentes. Vivimos en el año 2025 “después de Cristo” porque ese es
aproximadamente el tiempo que ha pasado desde este nacimiento.
En
cambio, algo tan típico de la Navidad actual como el árbol de Navidad no
se registra en el Diccionario académico usual hasta la edición de 1956, lo cual
es indicativo del carácter relativamente reciente de esta tradición, originaria del norte de Europa.
Pascuas o navidades
Al ser una de las fiestas más importantes
del año cristiano, junto con la Pascua de Resurrección, es costumbre arraigada
el intercambio de felicitaciones, ya sea con la frase “Felices Pascuas” o
“Feliz Navidad”. ¿Pero estamos felicitando lo mismo con cada una de estas
expresiones?
La voz pascua es de
origen hebreo (פֶּסַח pesaj, “paso”),
usada para referirse a la liberación de la esclavitud de Egipto y el tránsito
del pueblo judío por el mar Rojo. Al castellano llega a través del griego (πάσχα páscha)
y el latín (pascha), para hacer
referencia al “paso” o “transformación” operada por el nacimiento de Cristo y
su resurrección, tal como queda reflejado en las
definiciones académicas.
De esta manera, existen dos “pascuas”, pasos o transformaciones en
el año cristiano: la que se refiere al nacimiento de Jesús (el 25 de diciembre)
y la que se refiere a su muerte y resurrección (durante la Semana Santa y
el “tiempo
pascual”. Para esta segunda se suele
utilizar el nombre en singular: “Feliz Pascua”.
Por eso la
fiesta que se celebra tras la cuaresma se llama a veces “Pascua de Flores”,
“Pascua Florida” y “Pascua de Resurrección”, para distinguirla de la “Pascua de
Navidad”, en que florece la flor
de Pascua (Euphorbia
pulcherrima), si bien es cierto que este último significado ha
decaído en el uso general.
Por otra
parte, la voz pascua(s),
con este significado navideño, es más abarcadora que “Navidad”: engloba “el tiempo
desde la Natividad de Cristo hasta el día de Reyes inclusive” y ha dado lugar a múltiples locuciones y refranes:
“dar las Pascuas” significa felicitar a alguien en esas fechas; si alguien está
“como unas pascuas” es que está alegre; “cara de pascua(s)” es un rostro
risueño y apacible; “hacer la pascua” a alguien es fastidiarlo, molestarlo o
perjudicarlo; y la expresión “santas pascuas” se usa para dar a entender que es
forzoso conformarse con lo que sucede, se hace o se dice.
‘Adviento’: un aviso de
la llegada
Las cuatro
semanas antes del día del nacimiento de Jesucristo se denominan Adviento (del
latín adventus, que
significa “llegada”) y se refieren al tiempo litúrgico de preparación de la
Navidad.
Adviento es un cultismo que ha conocido diversas formas gráficas (aduiento, aviento, auiento),
cuyos testimonios de uso se
remontan a 1253. En Andalucía se documenta
la locución estar o quedarse en Adviento con
el significado de “en ayunas, por la costumbre de ayunar en Adviento”. Como
coincide con el mes de diciembre, este mes en vascuence se denomina abendua.
En algunos
lugares existe la tradición nórdica, ahora muy extendida a otras latitudes, de
la corona de Adviento,
hecha a base de ramas de pino o abeto, con cuatro velas que se van encendiendo
cada domingo previo al día de Navidad. El encendido de las velas es una
preparación para la Natividad, que recuerda a los creyentes la venida de Jesús,
quien dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida”.
Diversos refranes mencionan este tiempo: “Adviento, tiempo de
viento”, “Cada cosa en su tiempo, y las castañas en Adviento”.
Un ‘belén’ o un
‘nacimiento’
El español dispone de cuatro palabras, “belén”, “nacimiento”,
“pesebre” y “portal”, para designar la “representación
con figuras del nacimiento de Jesucristo en el portal de Belén”, que suele hacerse por estas fechas navideñas. “Belén” es
uno de tantos nombres propios geográficos que se ha convertido en nombre común,
independientemente del hecho de que existan en el mundo al menos 17 ciudades
que se llaman así.
Hablan del arraigo idiomático de la palabra “belén” los diversos
significados figurados que ha ido adquiriendo esta voz desde antiguo: “sitio
en que hay mucha confusión”, “confusión o desorden”, “embobamiento”.
Uno de los significados de “pesebre” es “nacimiento,
representación del de Jesucristo”, que el
Diccionario académico presenta como
sinónimo de “belén”, “nacimiento” y “portal”. Lo curioso es que, en algunos
lugares, como en Costa Rica, este significado haya desplazado al originario
de “especie de cajón donde comen las bestias”.
‘Aguilando’ y
‘aguinaldo’
De origen
incierto es la voz “aguinaldo” para
nombrar el regalo que se da en Navidad o en la fiesta de la Epifanía. Se
documenta antes aguilando (1393),
posiblemente del latín hoc
in anno (en este año), de donde evolucionaría a aguinaldo. Las dos
formas alternan hasta finales del siglo XVI, en que se impone la segunda.
“Aguinaldo” es otra palabra de cuyo arraigo dan fe desarrollos de
más acepciones: desde una composición poética para felicitar el Año Nuevo a una
publicación literaria con motivo del Año Nuevo, pasando por villancico de
Navidad o canción que se canta para pedir el regalo de Navidad.
Y en esta sintética enumeración no puede faltar la voz villancico. En su primera acepción es hoy la ‘canción popular, principalmente de asunto religioso, que se canta en Navidad’. Vinculado a villa y villano, la palabra se documenta desde el siglo XVI como canción popular y, desde 1620 (Franciosini), canción de contenido festivo relacionado con la Navidad. Felices Pascuas.
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