Con motivo del nuevo concurso de relatos que estamos preparando, en esta sección se irán colocando algunos de los relatos que participaron en la edición de 2011.
RELATO A CONCURSO N.º 011 - LA CARTA
El sol
derramaba los últimos rayos iluminando la estancia. En una de sus esquinas,
junto a la ventana, un individuo leía con interés una carta.
Querido Simón:
Bebes
mucho y malo. Ese coñac que consumes con nombre de competición hípica te está
destrozando el estómago, el hígado y las vísceras del resto de cavidades de tu
cuerpo.
Donde
más se muestra tú deterioro es en el carácter. Te has vuelto huraño y violento,
malhumorado y zafio y sobre todo has perdido el encanto que desbordabas al
inicio de nuestra relación. ¿Por qué este cambio tan radical?
Nuestro
idilio se ha ido corrompiendo hasta envilecerse. Ya no eres el hombre que me
susurraba al oído aquellas palabras mágicas que me trasportaban a un cielo que
desconocía hasta entonces. Todo te lo soportaba. El amor por ti era la pantalla
en la que rebotaban tus desaires.
¡Ya no te aguanto más! Tu mujer y tus hijas sabrán todo lo nuestro y la clase
de persona que realmente eres, muy lejos de la imagen que das como funcionario
honrado en constante servicio a la sociedad.
―
¡Jefe! Abajo están el juez y el forense ― avisó un policía de uniforme desde la
puerta del apartamento.
El
individuo abandonó la lectura murmurando tacos y se guardó la carta en el
bolsillo de la americana.
― ¿Qué
les digo Jefe? ― preguntó de nuevo el policía desde la puerta.
― Diles que suban y a los del anatómico que esperen en la furgoneta hasta que
se les avise ― replicó visiblemente molesto.
Sentado
y con los brazos extendidos sobre la mesa del comedor se hallaba el cuerpo sin
vida de un hombre joven con la cabeza apoyada sobre el lado izquierdo de la
cara. Tenía un disparo que le entraba bajo la oreja derecha y le salía por el
ojo izquierdo. El mantel que cubría la mesa se había empapado de sangre dejando
caer un finísimo hilo en el suelo. En su mano derecha sujetaba una pistola
plateada de pequeño calibre con las cachas de nácar.
El que
parecía ser el Juez entró junto al resto de su equipo y saludó.
― ¡Hola comisario! ¿Qué tenemos aquí?
― Buenas
tardes señoría. Otro desgraciado más que, cansado de vivir, se ha pegado un
tiro. Su nombre es Manuel Cifuentes, viejo conocido en mi comisaría como
chapero.
― Bien.
Señora secretaria: mientras el forense inspecciona el cuerpo usted redacte el
acta de levantamiento del cadáver, se la firmaremos el forense y yo. Mal día ha
escogido éste para pegarse un tiro ― bromeó el Juez ― la televisión retransmite
la final de liga.
El
forense se inclinó sobre el cuerpo, le alzó la cabeza sujetándola por el
cabello observando de cerca los orificios dejados por el proyectil y certificó
la muerte. Hizo unas fotos desde diversos ángulos y se dirigió al Juez
― Por mi
parte ya he terminado. Lleva entre dos y cuatro horas muerto. El resto me lo
dirá la autopsia.
― Pues
entonces vámonos y usted Simón ― dijo el Juez volviéndose hacia el comisario ―
no se pierda el partido, promete ser de infarto, y afloje en la bebida hombre,
que tiene usted mala cara.
Nono Villalta
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