Los alumnos del Aula de Mayores, en la Universidad de Málaga, hemos recibido una reciente comunicación electrónica procedente de la UMA, fechada el viernes 26 de junio. En la misma, además de otros aspectos, se nos indica que están trabajando en el borrador de la Programación para el curso 2020-21, archivo que enviarán a finales de Julio. Otros años se nos ha preguntado en las propias aulas o a través de una encuesta electrónica, nuestra posición acerca del curso que finalizaba y las aportaciones que podíamos hacer con respecto al curso siguiente. Sin embargo este año no se ha planteado la usual encuesta, a fin de que nuestras opiniones pudieran ser útiles y tenidas en cuenta para la futura programación. Creo que es un deber y una necesidad que los alumnos aportemos nuestras criterios, expresados de manera específica para la preparación de un nuevo curso. En base a ello, puntualizo o amplio algunas sugerencias expresadas y contenidas en recientes artículos que he publicado en el blog de AMADUMA.
Es una obviedad que el desarrollo de este curso del Aula de Mayores, 2019-20, junto a la inmensa mayoría de la actividades socioeconómicas y culturales, ha quedado severamente lastrado por la anormalidad de una muy grave pandemia mundial, aún sin solución médica efectiva. Esta situación nos hace “convivir” a diario junto al virus Covid19, con el riesgo que tal indeseada compañía conlleva. Ante la incertidumbre que se cierne en torno al próximo curso, no podemos olvidar que el alumnado del mismo es mayor de 55 años (en muchos de los casos, esa cifra habría que incrementarla notablemente). Somos personas de alto riesgo sanitario, frente el contagio y la enfermedad de la cruel epidemia. Ante la evidencia de la inexcusable prevención ¿qué tipo de docencia podría articularse, para este próximo curso que debería iniciarse a partir de octubre?
a) Clases presenciales, con exigentes e ineludibles medidas de prevención.
b) Clases mixtas, según módulos y actividades, con sesiones presenciales y otras de naturaleza y desarrollo on-line.
c) Clases no presenciales, utilizando los recursos telemáticos por parte de los profesores y los alumnos desde sus propios domicilios.
Habría incluso una cuarta opción, a todas luces de carácter drástico e indeseado. Suspender las actividades del Aula de Mayores, hasta la aparición de una vacuna o medicina efectiva para las secuelas del virus.
Unas y otras posibilidades tienen ventajas y riesgos, según los puntos de vista y condicionantes que se apliquen en su desarrollo. Según leemos en la prensa, las informaciones que nos llegan acerca de la decisión que habrá de tomar los dirigentes de la UMA parece estar en la línea de optar por una docencia semipresencial, al menos para los alumnos universitarios de las distintas facultades y disciplinas. Estas actividades mixtas o no presenciales pueden agradar más a unos que a otros. Para nosotros, los alumnos del Aula de Mayores, habría módulos más factibles que otros para poder llevarlas a cabo con efectividad y eso sin contar con la destreza en el manejo informático, tanto de software (programas) como de Hardware (equipos disponibles). Desde luego a muchos alumnos puede no agradarnos recibir enseñanzas y participar en todo un curso a través de la pantalla del ordenador. Entonces pensemos ¿Cómo podrían ser y articularse las clases tradicionales, siempre en actividades presenciales, para una situación de convivencia con el virus? Veamos algunas ineludibles y lógicas exigencias.
1. Los alumnos que integrarían cada módulo no deberían superar la cifra de 15. En caso de poder habilitarse aulas de mayor extensión, en metros cuadrados, esa cifra podría llegar a 20 participantes. Ello haría posible la separación física efectiva entre personas con elevado riesgo sanitario para el contagio.
2. Para un mayor número de integrantes, en determinados módulos, habría que utilizar aulas específicas. Piénsese, por ejemplo, en el Paraninfo de la Universidad, ubicado en la Facultad de Económicas o en los Aularios del Campus de Teatinos.
3. Los grupos de alumnos del Aula de Mayores estarían repartidos en horarios de mañana y de tarde, a fin de evitar la aglomeración personal que se produce normalmente durante el horario vespertino en las instalaciones del Ejido.
4. El tiempo de entrada y salida de clase estaría organizado en franjas horarias escalonadas, de manera que los módulos no coincidieran en lo posible con el inicio y finalización de las actividades diarias.
5. La duración de cada clase se acortaría, con respecto a los 90 minutos que la mayoría de los módulos desarrollan por sesión. Si se rentabiliza bien el trabajo (evitando perder el tiempo) sería suficiente con aplicar clases de 45 minutos y como mucho de una hora de duración. Noventa minutos es un tiempo excesivamente largo, que posibilita el cansancio e incrementa la desconcentración.
6. En las actuales circunstancias, sería conveniente reducir la oferta diversificada de módulos. Se suprimirían, para estos tiempos de pandemia, aquéllos que tuvieron una menor demanda (Curso 2019-20) o el índice de absentismo a clase fue más notorio. En este sentido sería necesario volver a controlar la asistencia a clase, a fin de verificar los alumnos que estando matriculados asisten regularmente al aula. También sería interesante conocer el por qué los alumnos del Aula de Mayores ofrecen tal absentismo, en determinados módulos. ¿Por qué no se les pregunta?
7. Para todas estas exigencias, siempre en clases de actividad presencial, sería necesario la dedicación de un mayor número de profesores. En tiempos de contracción económica no es fácil incrementar las plantillas por parte de los gestores universitarios. Pero habría que intentarlo, con generosidad e imaginación.
8. La implementación en aulas y pasillos de dosificadores de gel desinfectante, medidores de temperatura en las entradas de los recintos escolares, e incluso de pruebas analíticas aleatorias a los alumnos, serían unas saludables y preventivas medidas.
9. Con el buen transporte público que disponemos en Málaga, el desplazamiento de algunos módulos a las instalaciones del Campus de Teatinos no sería una medida que los alumnos del Aula de Mayores rechazarían. Allí hay aularios de notable capacidad.
10. Algunos sábados, por la mañana, podrían ser utilizados para desarrollar determinadas actividades del Aula de Mayores, de manera especial para los alumnos verdaderamente interesados en el objetivo de aprendizaje. Por ejemplo, marchas senderistas mensuales o natación.
Sin duda, los dirigentes y encargados del Aula de Mayores habrán analizado estas y otras posibilidades, para la planificación del curso 2020-21. Sin embargo los alumnos, que llevamos muchos o menos años participando en las actividades del Aula de Mayores, también tenemos nuestro punto de vista, que no se nos ha preguntado, acerca de cómo organizar mejor ese borrador que en la actualidad se está diseñando.-
José L. Casado Toro.
Julio 2020
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