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10 junio 2018

VOCES DEL PASADO

VOCES DEL PASADO


En nuestra ciudad quedan muy pocas cabinas telefónicas, y mucho menos que funcionen. Todo el mundo tiene un móvil y nadie se acerca a ellas salvo algunos indigentes en busca de monedas olvidadas. Están sucias, cubiertas de arañazos y pintadas. Sus cables penden rotos de los auriculares como un cordón umbilical desconectado.

Es verdad que hubo un antes y un después en su protagonismo desde que vimos el mediometraje «La cabina» de Antonio Mercero. Compartimos la angustia de un José Luis López Vázquez que representaba la imagen del españolito encerrado y condenado a perecer entre esas paredes transparentes. Una pesadilla hecha metáfora de la sociedad de aquella época y que, al parecer, dejó pasar la censura.

A partir de entonces era fácil vernos llamar por teléfono sujetando la puerta con una mano, una pierna o poniendo cualquier cosa para impedir que se cerrara. Ciertamente nos caló muy hondo el argumento y sus consecuencias.

Seguro que más de una vez usamos sus teléfonos públicos para llamar a la novia o al novio y estar a salvo de oídos indiscretos. Desde el fijo de casa se enteraba toda la familia, era imposible un mínimo de intimidad. Otra ojeada al reloj y camino de la puerta decíamos: mamá voy a tirar la basura, o a pasear al perro. Unas cuantas monedas en el bolsillo y en la cabina de la esquina sabías que te esperaba la ilusión a través de esa voz metálica y a veces entrecortada. Lo malo era cuando había cola y tocaba esperar. Algunos se eternizaban sin pensar en el prójimo. Luego las hicieron abiertas y así han llegado hasta nuestros días. Nunca tuvieron el encanto de las rojas londinenses que siempre han sido el símbolo y orgullo de su ciudad.

A las nuestras, o lo que queda de ellas, les ha llegado su fin. Van a ser retiradas del paisaje urbano porque ya no son útiles.
Antes de que se las lleven a algún depósito o cementerio de cabinas merecerían un recuerdo por las historias que nos evocan. Así como a las voces del pasado que, como ellas, ya no volveremos a escuchar a través de su línea telefónica. R.I.P.


© Esperanza Liñán Gálvez

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